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SERIE
EL REINO DE LOS DRAGONES
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EL DRAGON
DE CRISTAL
RICHARD A. KNAAK

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folio
TIMUN   MAS















No se permite la reproduccin total o parcial de este libro, ni el registro en un sistema informtico, ni la transmisin bajo cualquier forma o a travs de cualquier medio, ya sea electrnico, mecnico, por fotocopia, por grabacin o por otros mtodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.
Diseo de cubierta: Singular
Ttulo original: The Crystal Dragon (Book 5 of The Dmgonrealm)
Traduccin: Gemma Gallan
 1993 by Richard A. Knaak
This edition is published by arrangement with Warner Books. Inc., New York.
 Grupo Editorial Ceac, S.A., 1994
Para la presente versin y edicin en lengua castellana.
ISBN: 84-413-0275-8 (Obra completa)
  84-413-0534-X (volumen 33)
Depsito legal: B. 38388-1996
Impreso en:
Litografa Roses, S.A. (26-2-1997)
Gav (Barcelona)
Encuadernado en:
Printer Industria Grfica, S. A.
Sant Vicen dels Horts (Barcelona)
Printed in Spain
I
Al despertar encontr su mundo invadido. Una oscura plaga en forma humana se desparramaba por el reluciente paisaje rocoso, contaminndolo con su mera existencia. Se concentr, permitiendo que la cristalina cmara le mostrara ms. Una innumerable coleccin de imgenes relacionadas con su solicitud llen las paredes. Vio los tres enormes navos, negros como la pez, anclados frente a la orilla y se pregunt cmo habran podido llegar tan cerca sin que l se percatara. Era una seal preocupante, una advertencia de que haba dormido ms profundamente de lo que haba deseado.
En lugar de dar ms vueltas a la cuestin, se dedic a estudiar los otros reflejos. Una de las facetas revel una imagen detallada de algunos de los invasores, y fue esta imagen la que seleccion para obtener un primer plano. Le resultaban familiares, aunque el nombre que utilizaban no le vino a la memoria al principio. En contraste con la regin baada por el sol que ahora ocupaban, las figuras llevaban armaduras del color de la noche, armaduras desprovistas de adornos a excepcin del yelmo. ste estaba coronado por una cresta con la forma de una cabeza de lobo de mirada malvola y en actitud de gruir, como si fuera un reflejo de los propios hombres. A lo lejos pudo distinguir los estandartes ondeando al viento. El perfil del mismo lobo sobre un fondo de oscuro color carmes guardaba al ejrcito, pues esto es lo que era.
El nombre acudi por fin a su memoria. Como pueblo, se referan a s mismos como los aramitas; pero, para aquellos de los que haban abusado durante generaciones, exista otro ttulo ms apropiado.
Los piratas-lobos.
Ahora se encontraban aqu, en sus dominios. Solt la imagen que haba escogido y busc entre las otras. A primera vista parecan todas iguales, un reflejo tras otro de hombres con armaduras negras infestando su reino. Sise, lleno de frustracin. Nada de esto lo ayudaba.
El deseo de regresar a su sopor, de hacer caso omiso de la situacin, se torn ms poderoso. No obstante, saba que dejarse dominar por tan tentadora eleccin significaba provocar la cada de todo lo que era suyo. A pesar del peligro que supona para su mente..., para su mismo ser..., deba permanecer despierto. Conoca lo suficiente a los piratas-lobos para saber que no se los poda dejar sin supervisin.
Aaaaah...
Ah estaban. Los oficiales. El comandante en jefe que los aramitas denominaban jefe de la manada no estaba all, pero el resto de los chacales, sus subordinados, s estaban.
A excepcin de las capas negras y rojas que llevaban, no haba demasiadas seales que los diferenciaran de los soldados corrientes. Adems de la capa, el jefe de la manada exhibira un yelmo de elaboracin ms cuidada y un nico distintivo con la figura de un lobo en ella, pero eso era todo. Aparte de eso, a los aramitas les importaban muy poco las insignias que indicaban el rango; un oficial era un oficial, y eso era todo lo que contaba. Los oficiales estaban para ser obedecidos en todo. La obediencia ciega formaba parte del credo de los piratas-lobos.
El primer vistazo que les dedic no revel nada de importancia y estuvo casi tentado de buscar otro reflejo, cuando la escena adquiri repentinamente significado. Los piratas-lobos tenan un prisionero. En un principio no pudo distinguir quin o qu era, pues los enlutados soldados rodeaban a la desventurada criatura, como fascinados por lo que haban capturado. Empujaban al desgraciado con sus cortas espadas y no dejaban de comentar entre ellos.
Haba uno entre ellos que no rea, sino ms bien se mantena apartado; su joven rostro redondo era una mscara de aburrimiento. Habra parecido por completo indiferente al mundo que lo rodeaba de no haber sido por la avidez visible en sus ojos. stos se movan veloces de un lado a otro, absorbindolo todo pero a la vez sin pararse en ningn objeto durante ms de unos segundos. Interesado muy a su pesar, el vigilante busc un reflejo que le ofreciera una mejor imagen de este pirata concreto.
Era de estatura algo pequea y a primera vista no pareca gran cosa, pero haba algo en l que obligaba a ser precavido. Cuando los ojos del joven aramita se volvieron de improviso en su direccin, la intensidad con que miraban result tan perturbadora que el vigilante casi pens que lo haban descubierto. Entonces, el pirata-lobo devolvi su atencin al cautivo, y el hechizo se rompi.
Contrariado, el seor de la cristalina estancia sigui la mirada del aramita y, por primera vez, contempl al prisionero de los piratas-lobos.
Se trataba de un Quel. Incluso atado y de rodillas, era casi tan alto como los humanos. Una malla gris lo envolva desde lo alto de la acorazada cabeza hasta el suelo, pero dejaba bastante de l visible. El vigilante se maravill de que una cuerda pudiera sujetar a la criatura, especialmente en el caso de un macho tan grande como ste. Tambin le haban rodeado con cuerda el largo hocico ahusado, o bien para poner fin a sus ululantes gritos o para impedir que arrancara los dedos de cualquier pirata lo bastante estpido como para acercarse demasiado. Los piratas tambin haban sido lo bastante inteligentes para atar los gruesos brazos del prisionero a la espalda de modo que el Quel no pudiera utilizar sus largas zarpas. Diseadas para cavar en el duro suelo de esta tierra, las garras del habitante del mundo subterrneo podan fcilmente atravesar la armadura y la carne de un soldado aramita de un solo zarpazo. Lo ms probable era que los piratas-lobos lo hubieran averiguado en su propia carne, ya que era dudoso que la captura hubiese sido tarea fcil. Incluso l respetaba la increble fuerza que se ocultaba tras aquellos garfios desgarradores.
Por qu un Quel?, se pregunt. Haba atacado el Quel el campamento? Acaso haban cogido a ste desprevenido en el momento en que emerga del suelo? Esto ltimo no pareca muy probable, si se tena en cuenta lo bien que las criaturas subterrneas conocan esta regin, ya que haban estado aqu mucho ms tiempo aun que l. Tal vez los piratas simplemente consideraban a su prisionero como un animal de algn tipo y no como alguien perteneciente a una raza mucho ms antigua que la suya. Los humanos podan ser muy presuntuosos cuando se trataba del puesto que ocupaban en el esquema de las cosas.
A l no le importaba la suerte del Quel. La raza se mantena alejada de sus dominios, a pesar de que ello haba significado abandonar lo que en una ocasin haba formado parte de su enorme ciudad subterrnea. Para un Quel, nada excepto una amenaza de muerte lo obligara a invadir su reino. Teman no slo a l, sino tambin al poder que l controlaba.
El poder que l controlaba... Por un momento, el vigilante olvid su tarea y ri en silencio de s mismo. Si l controlaba el poder, entonces ste lo controlaba a l en igual manera. Posiblemente ms. Jams podra librarse de l, porque quedar libre significara perderse a s mismo para siempre.
Su mente empez a ir a la deriva y la estancia, respondiendo a cada uno de sus pensamientos, conscientes o inconscientes, permiti que la multitud de imgenes se desvaneciera, para ser reemplazadas de forma casi inmediata por una sola repetida una y otra vez en las facetas de las paredes cristalinas. Era un nico rostro de facciones toscas oculto en parte por un yelmo y una barba, un rostro en muchos aspectos parecido a los rostros de los piratas-lobos. Un guerrero, un soldado de carcter obsesivamente obediente sin importar la causa que tuviera que defender.
Era demasiado. Entre rugidos, se alz de su lugar de reposo y agit una enorme garra en direccin a la coleccin de rostros. Las imgenes se desvanecieron tan deprisa como se haban materializado. En su lugar regres el campamento de los invasores. Poco a poco, el miedo y la clera fueron desapareciendo, aunque no por completo. Una vez ms, el Quel y sus capturadores pasaron a primer plano, y casi fueron bien recibidos ahora, pues cualquier cosa era mejor que dilatarse demasiado tiempo en un pasado que llevaba tanto tiempo muerto que ya no pareca ms que otro sueo.
Pero, en esta ocasin, al mirar a las paredes descubri que algo no iba bien. Lo cierto era que algo estaba terriblemente mal. Los reflejos vacilaban, se contorsionaban, dando la impresin de que el mundo situado al otro lado de la estancia se haba vuelto fluido. En un principio pens que se trataba de su propia mente enloquecida, pero no era as. Haba vivido en el interior de la estancia durante tanto tiempo que conoca su forma de actuar, conoca sus limitaciones e idiosincrasias tan bien como se conoca a s mismo. Quiz mejor.
Fuera cual fuera la causa, provena del exterior, y no le caba la menor duda de que de alguna manera sus races conducan hasta aquellos que haban osado pensar que podan hacer suyo el territorio que le perteneca a l.
Proyectando sus pensamientos, utiliz el poder de la habitacin para buscar el origen. Las imgenes vacilaron an ms y muchas cambiaron a medida que l se concentraba ms en un punto. La causa se encontraba cerca del lugar donde se retena al Quel, pero, por mucho que lo intentaba, resultaba imposible enfocar exactamente el punto deseado. Tambin eso resultaba peculiar; nada escapaba durante mucho tiempo a los poderes de penetracin de la estancia.
Por un breve instante, la lechosa visin de una tienda sali a la superficie en varias de las facetas de las relucientes paredes. Atisbando con ms atencin, el vigilante pugn por reforzar las imgenes. Se vio recompensado con nuevas visiones, tan lbregas como la primera, de un hombre cubierto de armadura sentado en la tienda. Recibi una fugaz visin de una bestia de algn tipo arrollada a sus hombros y otra imagen que indicaba que haba una segunda figura de pie detrs de la primera. De esta segunda figura todo lo que poda decirse era que resultaba tan alta como bajo haba sido el joven pirata que custodiaba al Quel y que su piel, por asombroso que resultara, pareca ser de un brillante tono azul.
Ms! Debo averiguar ms!
En pocas ocasiones le haba fallado la estancia, su sanctasanctrum, de aquella manera. Que lo hiciera ahora converta la necesidad de descubrir la verdad en algo an ms esencial para l. Si los piratas-lobos eran la causa de esto, entonces eran una verdadera amenaza para el frgil equilibrio que haba mantenido durante tanto tiempo.
Sus zarpas araaron el suelo y abrieron nuevas hendiduras en la ya destrozada superficie. Su respiracin se aceler. Significaba un gran esfuerzo tener que concentrarse tanto, en especial sin un descanso suficiente. Ahora ms que nunca, exista el peligro de que pudiera perderse a s mismo, convertirse en lo que otros antes que l se haban convertido...
Casi obtuvo la imagen, un objeto que sostena una de las manos del aramita sentado, con toda probabilidad el jefe de la manada a quien buscaba antes. En su ansia por ver, sin embargo, permiti que el control se le escapara ligeramente. La visin volvi a vacilar... y luego se transform en una mancha informe.
Maldito sssseas, esssspejo malvolo! rugi, perdiendo el control y olvidando lo que tales arranques de furia representaban para l.
Las llamas lamieron las mltiples imgenes del campamento de los piratas-lobos a medida que su frustracin se converta en accin. Hizo restallar la cola y la estrell contra la pared opuesta, donde ms de una docena de Quel idnticos levantaban la vista hacia los oscuros ojos de ms de una docena de idnticos oficiales jvenes, cada uno de los cuales haba sacado una barra de treinta centmetros de su cinturn. Una segunda llamarada chamusc momentneamente los reflejos de una veintena de soldados que rebuscaban entre la roca incrustada de cristales, por algn misterioso motivo que, de momento, careca de inters para el enloquecido vigilante.
Mientras sus ojos llameaban enfurecidos y se preparaba para volver a golpear con su cola, los piratas-lobos desaparecieron una vez ms. Durante un segundo, la estancia de cristal se torn opaca; luego, los apagados muros grises dieron paso a un nuevo reflejo. El fuego que arda en su interior se apag bruscamente. El vigilante contempl, paralizado, a la legin de enloquecidos rostros reptilianos, y stos, a su vez, le devolvieron la mirada, una reluciente coleccin de cabezas monstruosas que mostraban la misma expresin de incredulidad y horror que l. Las fauces llenas de afilados dientes estaban abiertas y en cada una de ellas se agitaba una lengua bfida; unos ojos estrechos e inhumanos ardan en cada cabeza; una piel brillante como una joya se ondulaba con cada profunda y entrecortada inspiracin; alas correosas se desplegaban y plegaban sin pausa.
Retrocedi atemorizado ante las condenatorias imgenes, pero no haba forma de escapar del hecho de que todos y cada uno de aquellos reflejos lo representaban a l.
Ssss... yo sssoy el sssseor de la Pennsula Legar, no es assss? Sssoy el monstruo al que los hombres llaman el Dragn de Crisssstal... Volvi a enfrentarse a los reflejos, esta vez desafiante. Pero tambin soy yo mismo, y siempre lo ser!
No obstante, a pesar de su actitud desafiante, saba que haba estado demasiado cerca de sucumbir, ms cerca de lo que lo haba estado en siglos. Los ltimos aos tenan en gran parte la culpa. Casi dos dcadas atrs, se haba visto obligado a agotarse para rescatar al Reino de los Dragones de su fatalista colega del norte, el nada llorado Dragn de Hielo. Anular el hechizo de la muerte helada lanzado por el demente dragn le haba costado un alto precio. La clera casi lo haba dominado en aquella ocasin. No haba estado tan cerca como ahora de perderse, pero haba estado muy prximo.
Los piratas-lobos no se marcharan por propia voluntad. Al igual que los parsitos que eran, se quedaran o bien hasta que los erradicaran o bien hasta que hubieran arrancado al territorio todo lo que pudieran. Si an no saban nada del legado de los Quel, el Dragn de Cristal no dudaba que no tardaran en saberlo... y ese legado los conducira tambin a l. El soberano de la pennsula Legar comprenda perfectamente que su presencia no detendra a hombres como aqullos. Su tenacidad recordaba casi otra poca, otra gente.
Y as pues, al final, debo luchar... aun cuando eso signifique una victoria en la cual todo lo que yo deseo salvar se pierda! Intent borrar de sus pensamientos la repelente idea, pero ya haba quedado firmemente clavada en su mente. No habra forma de escapar de ella. Lo perseguira despierto y dormido. Rindindose por fin a aquel inevitable hecho, el Rey Dragn se tranquiliz. El sueo, algo que necesitaba, ya no era realmente una opcin para l; podra descansar, pero no podra permitirse el lujo de un profundo y envolvente olvido. La plaga que haba cado sobre su reino tena que ser eliminada antes de que se extendiera fuera de su control.
El Dragn de Cristal se estremeci ante la idea de lo que se vera obligado a hacer si eso suceda. Slo le quedara una eleccin entonces... y sus consecuencias haran que, en comparacin, la devastacin intentada por el Dragn de Hielo pareciera una bendicin.
De todos modos, para l s valdra la pena.
II
La Mansin no posea otro nombre, ninguno que hubiera quedado. Muchos la llamaban la Mansin Verde, pero eso era ms una descripcin que un autntico ttulo. Para Cabe Bedlam, su nombre era simplemente la Mansin. Cunto haca que la haban construido y quin lo haba hecho era tema de conjetura; el estilo no se pareca a nada que el hechicero de negros cabellos hubiera visto antes ni despus. Aunque gran parte del edificio estaba tallado en piedra, la seccin derecha estaba formada por un rbol enorme tan viejo como el tiempo. Segn la posicin del observador, la Mansin tena dos o tres pisos de altura. Columnas de mrmol se alzaban hacia el cielo a cada lado de la puerta principal, y, cerca del tejado, la efigie metlica de uno de los Rastreadores pareca lista para lanzarse en picado sobre cualquier intruso.
Algunos suponan que la haba construido la raza de aves, en parte porque la mayora de las estatuas y decoraciones parecan girar alrededor de las vidas de los seres-pjaros. El que un rbol formara parte de la Mansin reforzaba esta teora. Sin embargo, siempre haba parecido extrao que criaturas que normalmente habitaban en las alturas y construan sus nidos en las cuevas de montaas elevadas hubieran edificado un hogar tan terrestre. A Cabe le pareca ms probable que las estatuas y otras cosas hubieran sido aadidas ms tarde, mucho despus de la desaparicin de los constructores originales.
En realidad, la historia de la Mansin significaba menos para l que el hecho de ser ahora su dueo. Aqu, en el corazn del Bosque de Dagora, l y su esposa, la hechicera Gwendolyn, gobernaban como soberanos. Aqu criaban a sus hijos..., tanto humanos como draconianos.
Desde su puesto en el balcn del segundo piso de sus aposentos privados, Cabe poda contemplar gran parte del enorme jardn de la casa. Observ cmo criados de ambas razas se ocupaban de sus quehaceres o pasaban su tiempo libre disfrutando del da. La primera vez que vi este lugar, iba huyendo para salvar la vida.
Los Reyes Dragn lo haban descubierto, el nieto desconocido y sin pretensiones de Nathan Bedlam, un hechicero que haba estado a punto de derribar a los dragones gobernantes. El mechn plateado de sus cabellos, la marca de los poderes mgicos, habra sido suficiente para condenarlo, pues los dragones despreciaban a los magos humanos, pero el descubrimiento de su ascendencia haba sellado su destino. A algunos de los Reyes Dragn les haba entrado el pnico y haban intentado matarlo inmediatamente, pero en su lugar uno de ellos haba perecido, y al hacerlo haba despertado los poderes mgicos de Cabe, largo tiempo aletargados. El muchacho haba huido hasta aqu, donde haba encontrado a Gwen, la Dama del mbar, congelada desde haca ms de un centenar de aos por el propio padre del novato hechicero, Azran. Juntos, Cabe y la hechicera haban sobrevivido a los Reyes Dragn, a ejrcitos y a hechiceros locos. Tras la muerte de Azran y la dispersin del ejrcito del duque Toma, haban regresado a la Mansin y convertido a sta en su hogar... si es que era posible que alguien pudiera hacer suyo el antiguo edificio.
Una risita ahogada lo hizo mirar abajo. Cabe se qued rgido al ver a su hija, Valea, aparecer corriendo, con un dragn de un color amarillo verdoso y tan grande como un hombre adulto persiguindola. A punto de convertirse ya en toda una mujer, la muchacha era la viva imagen de su madre, incluidas las llameantes trenzas rojas. Ataviada con un traje de montar verde esmeralda, mucho ms prctico que los vestidos que Gwen intentaba hacerle llevar, la muchacha debiera haber podido dejar atrs al animal.
Pero no hizo nada parecido. En lugar de ello, Valea gir en redondo y fue hacia el dragn con los brazos abiertos. Cabe alz una mano para defenderla, pero se contuvo cuando el animal empez de repente a brillar. Las patas reptilianas se enderezaron y adelgazaron; las alas correosas se encogieron hasta desaparecer, como sucedi tambin con la cola. Mientras la cambiante criatura se sostena sobre lo que haban sido sus patas traseras, el rostro draconiano se incrust hacia adentro, para convertirse en ms humano a cada segundo que pasaba. Cabellos del mismo tono amarillo verdoso brotaron en la parte superior de su cabeza.
Donde antes haba habido un monstruo, haba ahora una hermosa joven slo unos pocos aos mayor que Valea. Iba vestida con un conjunto idntico al de su compaera, slo que era de un tono rosa plido en lugar de verde esmeralda.
Valea lleg junto a ella y la abraz con fuerza. Desde donde se encontraba, Cabe poda orlas a las dos.
Esta vez has cambiado ms deprisa que las otras veces, Ursa! Ojal pudiera hacer yo eso!
Crees que mejoro? inquiri la otra muchacha en tono esperanzado.
Sus estrechos ojos contrastaban fuertemente con los rasgados de Valea. Como todas las hembras de dragn cuando adoptaban la forma humana, la muchacha era impresionante y extica. Su figura ya rivalizaba con la de mujeres humanas que le doblaban la edad y su rostro era de una gran belleza, de labios carnosos y tentadores. nicamente sus modales infantiles impedan que fuera ya una mujer seductora.
Kyl no hace ms que decir que soy tan lenta que debera estar con los menores! sorbi con fuerza. No, no lo soy, verdad?
Cabe hizo una mueca. Los dragones menores eran animales, puros y simples, y por uno de ellos haba tomado equivocadamente a la muchacha dragn momentos antes. Apenas si eran otra cosa que lagartos gigantescos con alas, que sus congneres solan utilizar como montura. En lo que posiblemente era el aspecto ms peculiar de la raza draconiana, tanto dragones menores como dragones inteligentes podan salir de la misma nidada. Ni siquiera los dragones podan explicarlo. Llamar a Ursa dragn menor era el peor de los insultos entre los de su raza. Tendra que hablar con Kyl, algo que nunca resultaba fcil.
Las dos muchachas rean ahora, despus de que Valea hubiera dicho algo que Cabe no haba captado. La pareja se alej corriendo. Cabe se maravill de lo fcil que resultaba para su hija aceptar a una compaera de juegos que pasaba de la forma humana a la de un monstruo, en especial cuando esta ltima era la forma original de la muchacha. Todava se senta incmodo en compaa de la mayora de los dragones, y no lo reconciliaba con ellos el hecho de que los dragones, por su parte, sentan un muy sano respeto por sus poderes mgicos.
Caballo Oscuro se echara a rer si lo supiera... Se pregunt dnde estara el elemental. Persiguiendo an el fantasma del hechicero Sombra? Esperaba que no. Sombra estaba muerto; el incorpreo corcel lo haba presenciado personalmente. No obstante, Caballo Oscuro haba registrado el Reino de los Dragones una y otra vez, sin dar crdito a lo que sus propios ojos le haban mostrado. Lo cierto es que exista una justificacin. Sombra haba estado sometido a una maldicin que lo obligaba a volver a nacer tras cada muerte, pasando de la oscuridad a la luz y de sta otra vez a la oscuridad, segn qu inclinacin haba seguido la reencarnacin anterior. La ltima muerte haba parecido definitiva...
Cabe desech la idea antes de que, tambin l, empezara a ver fantasmas. Haba otros asuntos de importancia. Las noticias que el rey Melicard de Talak les haba hecho llegar eran preocupantes, ms an porque uno no saba qu creer y qu no creer. Curiosamente, lo que no dejaba de rondarle la mente no eran los rumores ms sustanciales de una posible confederacin compuesta por los supervivientes de los diezmados clanes de los dragones o la aparicin de una nueva generacin de hechiceros humanos, sino ms bien el menos probable.
Alguien haba afirmado haber avistado tres enormes naves negras en las aguas del noroeste del Reino de los Dragones. Naves que se dirigan al sur.
No pareca muy posible, sin embargo, ya que se deca que el origen del rumor estaba en los enanos de las colinas, famosos por inventar historias increbles. No existan muchas probabilidades de que los aramitas dispusieran del tiempo y los medios para iniciar una nueva empresa de la magnitud que indicaban los rumores. Tres de tales navos significaban cientos de muy necesarios soldados arrebatados a la defensa del cada vez ms desmoronado imperio de los piratas-lobos.
No obstante... ninguna noticia de la gran revuelta que se desarrollaba en ultramar haba llegado al Reino de los Dragones desde haca un ao. En la ltima comunicacin, uno de los puertos martimos de mayor importancia que quedaban bajo el poder de los piratas se hallaba a punto de caer. Las fuerzas del Grifo se encontraban por aquellas fechas a slo das de distancia.
Deseaba fervientemente que las cosas no hubieran cambiado.
En qu piensas con tanto inters en estos momentos?
El hechicero se volvi hacia su esposa, que acababa de entrar en la habitacin. Gwendolyn Bedlam era una mujer alta de llameantes cabellos rojos que le caan en forma de cascada hasta casi llegar a la cintura. Un nico mechn plateado le recorra los cabellos, sealndola, como suceda con la reina Erini de Talak y con Cabe, como persona con poderes mgicos. Posea ojos de color esmeralda que centelleaban cuando estaba contenta y labios carnosos que en estos momentos estaban curvados en una sonrisa. La tnica verde oscuro que llevaba era mucho ms amplia que la azul oscuro de l, pero por alguna razn la de ella se le pegaba al cuerpo, perfilando perfectamente sus voluptuosas formas. l cruz hasta el centro de la habitacin para ir a su encuentro y la abraz. El beso fue tan largo y ardiente como la primera vez que se haban besado. Cabe, con su nariz ligeramente aguilea y rostro redondo, se haba preguntado a menudo cmo alguien de unas facciones tan ordinarias y constitucin tan poco corpulenta como l haba tenido la fortuna de obtener su mano.
Pensaba en muchas cosas, pero principalmente en lo que nos dijeron en Talak contest Cabe, cuando por fin consigui separarse de ella.
Las naves negras?
A lo mejor es slo que estoy preocupado por el Grifo repuso l, asintiendo con la cabeza. Hizo tanto por m cuando yo me encontraba confuso y asustado hace tantos aos... Nos dio asilo. Ahora, ni una palabra desde hace tanto tiempo... y luego este repentino rumor.
El trayecto desde el otro lado es muy largo, Cabe. Gwen lo tom del brazo y empez a conducirlo fuera de la habitacin. Tal vez el ltimo barco ha sufrido un retraso.
l asinti, pero la molesta sensacin se negaba a desaparecer.
Quiz, pero no puedo evitar pensar que algo ha sucedido.
Troia y Demion no permitiran que le sucediera nada. Demion parece tener una actitud muy protectora hacia su padre. Aunque jams haban visto a la compaera del Grifo ni a su hijo, los conocan casi tan bien como si los hubieran visitado cada da.
Supongo...
Su padre era un hombretn corpulento, ms alto que l y con una presencia tan imponente que siempre se senta obligado a arrodillarse ante l. Ambos iban vestidos con el mismo tipo de armadura verde de escamas de dragn; pero, mientras que l simplemente se senta acalorado e incmodo, su padre era realmente la encarnacin del guerrero, todo un modelo por el que el resto del clan se meda.
La figura barbuda baj la mirada hacia l.
Espero completa lealtad de todos mis hijos! Vosotros no me fallaris como vuestros hermanos, verdad?
Y dio la impresin de que contestaba ms de una voz, pues pareca haber otros junto a l, todos arrodillados ante el hombre a quien llamaban padre...
Cabe!
Padre? Parpade. Gwen?
Ello lo hizo girar de modo que ambos quedaron cara a cara. Los ojos de la hechicera reflejaban una profunda preocupacin, una preocupacin que rozaba el miedo por l. Le acarici la mejilla.
Te encuentras bien? Te quedaste aqu inmvil durante un momento y tus ojos se pusieron en blanco. Pens que estabas a punto de desmayarte!
Yo... Qu haba sucedido?. Recib... una rfaga de algo.
La hechicera se apart varios mechones de rojos cabellos que le haban cado sobre el rostro a causa de la excitacin. Su expresin se nubl.
Fue..., fue Azran?
El nombre an provocaba escalofros en Cabe.
Azran est muerto y jams lo llamara padre, de todos modos. Slo fue responsable de mi nacimiento. Hadeen, el semielfo que mi abuelo escogi para que me criara, l s fue mi padre. Adems, ste era el padre de otro... aunque durante ese instante me pareci como si l y yo furamos la misma persona.
Qu viste?
Le describi la escena, y entonces descubri lo sombra que haba sido. Era como si la visin fuera muy vieja. Cabe mencion tambin eso a Gwen.
Un fantasma del lejano pasado... sugiri ella, paseando la mirada a su alrededor. La Mansin es muy, muy antigua. A lo mejor tropezaste con uno de sus recuerdos.
Durante el tiempo transcurrido desde que haban hecho de la Mansin su hogar, haban descubierto que sta estaba encantada. No por autnticos fantasmas y seres no muertos, sino ms bien por recuerdos vivientes de los muchos seres que haban vivido o pasado temporadas en ella. La mayora de las visiones resultaban fugaces y nebulosas. Una veloz aparicin de una mujer alta de expresin severa con un vestido dorado. Una criatura parecida a un lobo, pero ms erguida, posiblemente de una raza desaparecida ahora.
Unas pocas imgenes eran ms ntidas. Acontecimientos efmeros como el presenciado por Gwen al principio de estar all. Se haba tratado de una boda, pero la imagen slo haba durado el tiempo suficiente para que ella escuchara cmo los dos participantes daban su asentimiento. Haba otras visiones, visiones ms oscuras pero poco frecuentes, y slo los muy dotados en las artes mgicas perciban siquiera los recuerdos ms corrientes. Los Bedlam haban aprendido a convivir con ellos, pues no haba nada en aquellos recuerdos que pudiera hacer dao a nadie.
ste result ms fuerte de lo normal se quej Cabe. Pero sigui el modelo de los otros; slo que nunca antes lo haba visto.
Probablemente existe un montn que no hemos visto. Cuando estuve aqu la primera vez, en tiempos de Nathan, experiment unos cuantos que an no he vuelto a ver. Su mano se cerr con ms fuerza sobre el brazo de l. Todava lo ves?
l neg con la cabeza. Incluso los ltimos vestigios de la visin ya no eran ms que recuerdos de un recuerdo en su cerebro.
Estoy perfectamente.
La mujer asinti, pero l se dio cuenta de que segua sin estar satisfecha. Cabe comprendi que estaba considerando otra posibilidad.
No, no fue un Rastreador. S la sensacin que produce su comunicacin mental y sta no se pareca en absoluto. sta pareca antigua. Lo percib. Lo que vi fue algo que sucedi hace mucho tiempo, puede que incluso antes de que existieran los Reyes Dragn, los Rastreadores y los Quel, aunque nunca pens que los humanos se remontaran tan lejos en la historia del Reino de los Dragones.
La respuesta pareci tranquilizarla. Lo bes suavemente y le tom la barbilla entre sus dos manos.
Muy bien. Pero, si sucede otra vez, quiero saberlo.
De acuerdo.
Recorrieron el pasillo despacio, y la conversacin gir hacia las preocupaciones ms mundanas de gobernar lo que empezaba a transformarse en un pequeo pueblo. Tanto Toos el Regente, gobernante de Penacles, como el Dragn Verde, que controlaba la inmensa regin boscosa que rodeaba su hogar, insistan en incrementar su ya gran nmero de sirvientes, y, no sin esfuerzo, los Bedlam haban aumentado la zona cubierta por el hechizo protector de la Mansin. Los humanos y dragones a su servicio necesitaban construir nuevos hogares, pues los edificios ms pequeos que constituan la finca de la Mansin ya no podan alojar a todo el mundo. En una ocasin Cabe haba bromeado diciendo que poco a poco se iba convirtiendo en el seor de un diminuto pero creciente reino. Ahora, el hechicero empezaba a pensar que la broma se iba transformando en realidad.
Su conversacin se vio interrumpida inopinadamente cuando algo menudo cruz a toda velocidad el vestbulo.
Qu fue eso? Gwen arrug el entrecejo, pensativa. Pareca como un..., como un...
Un gemelo de la primera criatura pas corriendo en la misma direccin. Esta vez, los dos pudieron verlo mejor.
Ibas a decir un hombre palo? inquiri Cabe en tono inocente.
Una tercera criatura atraves el vestbulo. sta se detuvo y contempl a las dos enormes figuras a pesar de que apenas se le vean ojos. Al igual que las otras, la cabeza era una simple extensin del palo que conformaba el torso. Los brazos y las piernas eran ramitas que alguien haba atado al palo mayor con un cordel.
Su curiosidad aparentemente saciada, la ridcula figura se escabull en pos de sus congneres.
Ya tenemos bastante gente viviendo aqu sin aadir stos ahora decidi la hechicera. Sera buena idea averiguar adnde se dirigen.
O de dnde salieron aadi Cabe. Quieres seguirlos t o lo hago yo?
Yo los seguir. T descubre quin es el responsable, aunque me parece que los dos lo sabemos.
No respondi. Lo ms probable es que ella tuviera razn. Cuando por los pasillos de la Mansin vagaban hombrecillos diminutos hechos de ramas o las estatuas de bronce se transformaban en letales proyectiles voladores, slo poda haber una persona responsable de ello.
Los hombres palos haban salido de la escalera que conduca a la planta baja. Cabe descendi tan deprisa como le pareci seguro; no poda saber si no se tropezara con otra de las diminutas figuras. Lleg al pie de la escalera con relativa facilidad; pero, quiz demasiado confiado a causa de ello, el hechicero no advirti que una pared viviente se acercaba a l por la derecha.
Perdonadme, lord Bedlam. Debo admitir que mis ojos y mis pensamientos estaban en otra parte o desde luego me habra dado cuenta de vuestra presencia.
Benjin Traske se detuvo ante Cabe, una visin impresionante si es que alguna vez hubo una. Traske meda ms de metro ochenta de altura y posea las dimensiones que correspondan a dicha estatura. Su rostro era redondo y gordo y en cualquier otra persona habra dado a sta un aspecto jovial, pero en aquel hombre de letras recordaba ms a un juez a punto de dictar sentencia. Llevaba la capa con capucha propia de los estudiosos, una prenda gris y envolvente con un reborde dorado en el cuello, y las ropas negras de los de su oficio. Traske llevaba tambin espada, lo cual no formaba parte del equipo corriente de un hombre de su profesin, pero el hechicero conoca el motivo. El mismo da de la llegada del tutor haba averiguado que ste era un superviviente de Mito Pica, una ciudad arrasada hasta los cimientos por los ejrcitos del Emperador Dragn en su bsqueda de un joven Cabe Bedlam. Benjin Traske haba visto morir a su esposa e hijo porque no tena otra cosa que sus manos desnudas para protegerlos. El mismo apenas si haba conseguido sobrevivir a una herida en el estmago.
Desde entonces, la espada haba permanecido junto a l, como un smbolo de su voluntad de defender a aquellos puestos bajo su cuidado aunque fuera a costa de la propia vida.
Haba existido la incgnita de si podra vivir entre dragones, y an ms si podra ensear a sus cras, pero el Dragn Verde, que era quien lo haba descubierto, haba asegurado a los Bedlam que Benjin Traske vea la cooperacin entre las dos razas como el nico futuro posible.
Incluso cuando no estaba dando clase, Traske daba la impresin de estar echando un sermn, y Cabe descubri que jams poda escuchar al buen maestro sin tener la impresin de ser uno de sus pupilos.
No hay por qu disculparse, maese Traske! Tampoco prestaba yo demasiada atencin.
El tutor se pas la mano por los finos cabellos grises salpicados ligeramente de plata, y una expresin exasperada apareci en su rostro.
Entonces habis visto la ltima obra de vuestro nio prodigio. Ya me lo tema. Debo entender que se han trasladado al piso superior?
Los tres asinti Cabe. Lady Gwen los persigue en estos momentos.
Slo tres de ellos? Debera haber cinco.
Tal informacin no anim precisamente a Cabe con respecto a los esfuerzos realizados por su hijo.
No vimos ms que tres.
En ese caso, si me perdonis, lord Bedlam dijo Traske con un suspiro, buscar a los otros dos mientras vuestra encantadora esposa se ocupa de los tres del piso superior. Me considero algo culpable, pues, cuando l perdi el control, mi mente estaba en otra parte.
Le estabais enseando magia? Aunque se detectaba un atisbo de poderes mgicos en el tutor, a Cabe jams le haba parecido una persona experta en tales artes.
El comentario pareci divertir al maestro.
Ensearle magia? Slo si el joven amo Aurim desea saber cmo levantar una pluma durante tres segundos. No, mi seor, mis habilidades jams irn ms all de simples ilusiones. Si yo fuera un experto, la cada de Mito Pica no se habra producido. En el caso de vuestro hijo fui simplemente su pblico. Tengo la impresin de que el muchacho intentaba impresionar al maestro, por as decirlo. No, la magia de las matemticas y de la historia es la nica magia que puedo ensear.
Bueno, creo que lo mejor ser que le ensee un poco sobre concentracin y paciencia... otra vez. Dnde est?
En el centro del jardn. Benjin Traske realiz una reverencia, un logro de gran importancia para alguien de su constitucin. Si me perdonis, seor, no deseo que mi presa vaya demasiado lejos y, si los otros dos no estn arriba, eso significa que deben dirigirse a la cocina.
La seora Belima tendr un ataque si ve uno. Belima era una campesina que gobernaba las cocinas como si se tratara de su propio reino, y, considerando los resultados que obtena, Cabe estaba ms que dispuesto a concederle ese territorio.
Desde luego. El robusto profesor se alej, movindose con una rapidez y elegancia que dejaron maravillado al hechicero.
Cabe no tard ms que unos minutos en llegar al lugar donde Traske haba dicho que estara su hijo. Aurim se encontraba sentado en uno de los muchos bancos de piedra situados aqu y all por todo el jardn. Tena la cabeza inclinada y el rostro hundido entre las manos. El mechn plateado que recorra la mitad de su cabeza contrastaba violentamente con la dorada melena que le caa hasta los hombros. Llevaba una tnica parecida a la de su padre, slo que sta era de color rojo oscuro.
Nunca los localizars as.
Aurim levant la cabeza, y su expresin pas de la frustracin a la vergenza. En conjunto se pareca a su padre, pero por fortuna, por lo que se refera a Cabe, haba heredado de su madre una barbilla ms noble y una nariz ms recta. Aunque tan slo tena unos pocos aos ms que Valea, generalmente consegua pasar por alguien que haba dejado atrs la adolescencia haca ya algn tiempo... excepto cuando el fracaso asomaba su desagradable rostro.
Lo sabes.
Los vi. Tambin los vio tu madre.
El muchacho se puso en pie. Ya llegaba a la altura de los ojos de Cabe aun cuando no pudiera todava sostener su mirada.
Era algo muy sencillo! T y maese Traske siempre me estis diciendo que mi problema es paciencia o concentracin! Hice a los hombres palos para practicar. Hay diez cosas diferentes que puedo hacerles realizar, todo para demostrar que tengo ms cuidado y me concentro mejor!
Y pues?
Intent darle nimos. Al contrario que Aurim, Cabe haba recibido sus poderes casi de golpe. La experiencia y paciencia que su abuelo, Nathan, le haba literalmente traspasado le haban dado una ventaja que ningn otro hechicero haba tenido jams. Incluso entonces, la propia inexperiencia e incertidumbre haban dado pie a una batalla de ingenio contra s mismo. Todava tena mucho que aprender. Su hijo no haba tenido tal ventaja; todo lo que aprenda lo haca desde el principio. La hechicera, aunque pareca sencilla de entender y utilizar, era cualquier cosa menos eso.
Pues que volv a perder el control! A mitad de la segunda serie. Sencillamente se escaparon. Una expresin sombra apareci en el semblante del muchacho. Y ahora puedes volver a sermonearme.
Aurim...
Si esa estpida visin no hubiera... Su hijo apret con fuerza los puos.
Qu visin? Toda consideracin sobre la imprudencia de Aurim se esfum.
Igual que las otras. Recuerdos de la Mansin, como decs t y madre. Slo que ste result ms ntido. Hombres con armaduras de escamas. Uno muy fornido hablando a otros. Creo..., creo que todos eran sus hijos.
Y t eras uno de ellos. Te habl a ti de lealtad; de cmo te la exiga.
El muchacho lo mir boquiabierto.
Lo sabes?
Tuve la misma visin... probablemente al mismo tiempo que tu, dira yo.
Cabe se sinti inquieto. Nada como eso haba ocurrido jams antes. Las visiones solan aparecer ante una persona, por lo general Gwen o l. Slo en los ltimos tiempos haba empezado Aurim a percibirlas y, puesto que conoca su existencia por sus padres, el joven no haba tenido ningn problema para aceptarlas. Si las cosas empezaban a cambiar, entrometindose ms en el mundo del presente, significaba eso acaso que algn da tendran que abandonar la Mansin?
Aurim, que conoca bien a su padre, dej a un lado, por el momento, sus propias preocupaciones e inquiri muy serio:
Significa eso algo?
Podra. Ya no posea los recuerdos de Nathan Bedlam para guiarlo, pero Gwen saba mucho ms sobre los caprichos de la hechicera que ningn otro ser vivo a excepcin de los Reyes Dragn y posiblemente el Grifo. La hechicera quiz podra arrojar alguna luz sobre este repentino cambio.
Gwen! Todava estaba persiguiendo a los hombres palo!
Tenemos que discutir esto con ms detalle, pero primero hemos de ocuparnos de un pequeo problema que sigue en libertad.
Las mejillas del larguirucho joven enrojecieron.
He estado intentando pensar qu hacer. No podramos llamarlos con un conjuro?
Has intentado un llamamiento?
S. El fracaso en el tono de Aurim aument en intensidad.
Ya lo tema. En el acaloramiento del momento, la idea ni le haba pasado por la mente a Cabe, pero saba que en algn instante Gwen deba de haberlo pensado. De todos modos, no crea que hubiera funcionado. Las creaciones de Aurim no resultaban nunca fciles de tratar; era una seal del gran potencial del muchacho. Mantuviste la concentracin?
Lo hice! Esta vez lo juro!
Entonces probablemente no harn caso de nadie... y tendremos que ir tras ellos. T ve en busca de maese Traske; necesitar la ayuda. Yo encontrar a tu madre.
S, padre. Aurim hizo una pausa, y luego aadi: Todava sigo sin poder quitarme la visin de la cabeza. Existen otras tan ntidas?
nicamente unas pocas. Tendremos que hablar de cmo protegerte de ellas si te molestan tanto.
Oh, no me importan; en cualquier otro momento, resultan interesantes. Quines supones que eran?
Cabe comprendi que su hijo intentaba ganar tiempo ahora, en gran medida porque Aurim no senta demasiados deseos de enfrentarse a su tutor tras tan psima exhibicin. No obstante, por una vez se trataba de una pregunta que el hechicero dese poder contestar.
No lo s. Me recuerdan algo que he ledo, pero nada especfico me viene a la mente ahora.
Cmo es la pennsula Legar?
Haba preguntas y preguntas y Cabe, que intentaba ser un padre comprensivo pese a considerar que casi dos dcadas no bastaban para aprender cmo serlo, haba tenido suficiente.
Creo que maese Traske apreciara tu ayuda sin tardanza, Aurim. Luego, cuando hayis terminado, l puede darte una conferencia sobre la geografa de Legar o de cualquier otro lugar.
Slo me preguntaba si es verdad que brilla tanto como lo haca en mi visin... refunfu el muchacho, frustrado.
De qu hablas? Colocndose cara a cara ante su hijo, Cabe repiti la pregunta y aadi: Viste Legar en la visin?
Aurim trag saliva, sin saber qu era lo que haba hecho mal ahora. Asinti y dijo con voz entrecortada:
A lo lejos. Estaba all a veces. Me..., me pareci que estaba. Siempre has hablado de cmo centelleaba, y maese Traske dijo una vez que estaba cubierta de diamantes.
No de diamantes; no exactamente. Cabe lo corrigi sin demasiado entusiasmo. De cristales, s. Desvi la mirada. Y realmente brilla con fuerza suficiente para cegar a una persona durante el medioda si mira en la direccin equivocada. Y yo no la vi. Por qu?, pens.
Las visiones de la Mansin jams se haban extendido a regiones tan lejanas. Siempre haban tenido que ver con el antiguo edificio en s o con los terrenos que ocupaba. Si Aurim haba visto Legar, y Cabe no dudaba de sus palabras, entonces esto era ms que un simple recuerdo perdido en el tiempo.
No poda decir por qu o cmo lo saba, pero de alguna forma, mientras se encontraba all de pie, Cabe Bedlam estuvo seguro de que la respuesta a esta misteriosa visin tena relacin con tres naves negras.
El animal estaba muerto. No suceda a menudo que Orril D'Marr sobrestimara su presa, pero la condenada criatura haba parecido tan insensible al dolor que l haba ido demasiado lejos. Era una lstima. Lord D'Farany se disgustara, lo que era siempre un peligro, pero D'Marr estaba seguro de que lo poco que haba conseguido sacar a la criatura justo antes del final compensara con creces su error.
El joven oficial aramita se rasc la barbilla mientras observaba cmo los soldados se llevaban a rastras el cuerpo del Quel. En un principio lo haba sorprendido comprobar que era ms que un simple animal, aunque debera haber sabido que, cuando el hombre azul deca que algo era cierto, eso era as sin el menor asomo de duda. D'Rance era una fuente de informacin y, por suerte para la expedicin, haba estudiado a fondo la historia de esta tierra insondable. Era una pena que no fuera un autntico aramita de nacimiento en lugar de ser uno de los poco fiables hombres azules de la zona septentrional del imperio. Todo el mundo saba que era slo cuestin de tiempo que un miembro de aquella raza se volviera en contra de uno. D'Marr esperaba ser el que recibiera la orden de matar al norteo. Resultara interesante ver cmo mora el hombre azul.
El sol descenda rpidamente, para alegra de D'Marr. El clima en este lugar era asqueroso, apto slo para criaturas como el crecido armadillo que acababa de matar. El sol arda todo el da, convirtiendo la negra armadura en una cafetera al rojo vivo. Lo que empeoraba an ms las cosas era que nadie ms pareca advertirlo.
D'Marr se volvi y se encamin a una loma situada al oeste del campamento. Era una larga caminata, pero saba que era all donde encontrara al jefe de la manada y posiblemente tambin a D'Rance, aunque se supona que el hombre azul estaba en estos momentos conduciendo la bsqueda de la entrada de la caverna. De todos modos, nunca se poda estar seguro con el norteo. Lo que haca a menudo iba en contra de lo que se supona que un pirata-lobo deba hacer. No haba la menor duda de que nicamente el hecho de que obtuviera resultados impeda que lord D'Farany pusiera punto y final de modo permanente a las bufonadas del hombre azul.
S, resultara interesante verlo morir.
Lleg a la loma diez minutos ms tarde. Los centinelas situados cerca de la base lo saludaron e inmediatamente se hicieron a un lado. La mayora de los soldados eran lo bastante espabilados para saber que uno no se interpona en el camino de Orril D'Marr durante mucho tiempo. Mientras pasaba entre ellos, el joven oficial sonri perezosamente al ms alto de los dos; los ojos del hombre se abrieron asombrados, luego se desviaron. Una vez hubo pasado, D'Marr borr la sonrisa y se olvid de ellos por completo. No significaban nada para l. nicamente un hombre entre todos aquellos que se haban convertido en parte de esta desesperada aventura haba obtenido su respeto y obediencia... por no mencionar su temor.
Al acercarse a la cima, un gruido lo oblig a mirar a lo alto. Una criatura salvaje del tamao de un perro pequeo pero con un aspecto ms parecido al de una rata gigante lo contemplaba desde arriba. Su feo rostro era chato, casi como si al nacer alguien se lo hubiera hundido, y, cuando las mandbulas se abrieron, aparecieron afilados colmillos por todas partes. En cuanto D'Marr se encontr casi a su alcance, el animal intent morderlo. La expresin de aburrimiento desapareci del rostro del aramita mientras ste maldeca en silencio al animal y lo golpeaba con una mano enfundada an en los gruesos guantes de su armadura. Sin dejar de gruir, el peludo adversario retrocedi unos pasos. D'Marr odiaba a los verloks y de buena gana habra acabado con ste si no fuera porque era la mascota de su seor. nicamente lord D'Farany era capaz de considerar a una criatura tan depravada como un juguete.
Perdida la ventaja, el verlok trot junto a su amo. D'Marr se detuvo un instante para recuperar aliento y a la vez poner en orden las ideas. Sus ojos se clavaron en la espalda del jefe de la manada, que se hallaba de pie en el extremo opuesto de la elevacin mirando en direccin al mar. El viento de la tarde haca revolotear furiosamente la capa de lord D'Farany, pero aparte de eso el cabecilla pirata permaneca tan inmvil como una roca.
El comandante aramita estaba solo; aun as, mientras D'Marr avanzaba hacia l, escuch la voz de D'Farany que deca:
Lo sientes? Tan cerca y a la vez tan lejos... El lugar casi resplandece con la luz del poder...
D'Marr lleg junto a su comandante y se arrodill a su lado. El verlok se apart, dirigindole una mirada enfurecida.
Mi seor.
Lo has matado, D'Marr.
El aramita mir a su alrededor para comprobar si de alguna forma se le haba pasado por alto la presencia de alguien, de alguien que hubiera informado a lord D'Farany de su error. No haba nadie. El preocupado pirata baj los ojos al suelo. Una y otra vez se recordaba a s mismo que su seor ya no era un guardin, ya no era uno de los hechiceros aramitas cuyas almas haban estado ligadas al salvaje y muy real dios de los piratas-lobos, el Devastador. Cuando su dios los haba abandonado justo antes de la revuelta, se haba llevado sus dones con l, lo que haba significado locura y muerte para la mayora de los guardianes, ya que el poder del Devastador los haba utilizado en la misma medida en que haba sido utilizado por ellos. Los haba esclavizado a la voluntad del dios lobo; sin l, los supervivientes se haban convertido en seres tan desvalidos como cachorros recin nacidos..., todos ellos excepto Ivon D'Farany.
D'Marr se dio cuenta con un sobresalto de que an no haba respondido.
S, mi seor.
Te extralimitaste en tu celo.
S, mi seor.
Levntate, Orril, y nete a m. El comandante aramita todava no haba apartado la mirada del mar. D'Marr se puso en pie y aguard, sabiendo que su seor hablara cuando quisiera.
Transcurri ms de un minuto antes de que lord D'Farany decidiera por fin comentar:
Desde aqu, todava parecen cazadores, no te lo parecen, Orril?
D'Marr tard un instante o dos en comprender lo que quera decir su seor. Luego sus ojos se clavaron en los tres enormes barcos que haban transportado a los piratas-lobos tan lejos. Era cierto; todava parecan los cazadores que haban sido en una ocasin. Altos, negros y, a pesar de su gran tamao, tan veloces como cualquier otro navo que surcara los mares.
Y lo bastante veloces para llevarnos lejos de la revuelta mientras seguamos con el rabo entre las piernas..., se dijo y en voz alta contest:
Nos han servido bien, mi seor.
Y padecido por nuestra culpa.
S, seor.
Y tanto que haban padecido! Desde lejos quiz podan an parecer los terrores del mar que haban sido, pero de cerca los estragos de la revuelta que arrasaba todo el imperio resultaban muy evidentes. Las velas haban sido remendadas tantas veces que ahora tenan ms remiendos que tela original. Las marcas de quemaduras y los maderos rotos en el casco evidenciaban la buena puntera de las armas enemigas. A bordo era an peor; la mayora de las barandillas estaban rotas o haban desaparecido; todava existan enormes agujeros en las cubiertas porque ya no quedaba suficiente material para repararlas. A bordo de una de las naves la tripulacin apenas haba conseguido asegurar el palo mayor despus de que una andanada haba estado a punto de derribarlo. Resultaba un milagro que los piratas hubieran conseguido llegar tan lejos con tan slo unas pocas vidas perdidas en alta mar.
Los tres navos negros ya no eran cazadores. Ahora eran simples sombras de lo que haban sido.
chalos a pique. Esta noche.
Mi seor?
El comandante pirata se volvi entonces, y D'Marr trag saliva. Lord D'Farany no haba escapado a la locura que se haba apoderado de sus compaeros guardianes, y los vestigios de esa locura se haban convertido en parte permanente de su rostro. La piel era plida, casi blanca, y se vean cicatrices, insuficientemente disimuladas por una barba corta y bien cuidada, all donde haba intentado desgarrar la propia carne durante aquel perodo. Tres das gritando sin pausa haban dejado su boca sin labios curvada para siempre hacia arriba en las comisuras, de modo que pareca como si el antiguo guardin encontrara siempre muy divertido todo lo que lo rodeaba. Lo peor de todo, no obstante, eran los ojos, ya que nunca parecan mirar directamente, y sin embargo capturaban la atencin del otro y lo obligaba a mirarlos. Para D'Marr, para quien el mundo era un enemigo que necesitaba una vigilancia continua, verse obligado a contemplar aquellos ojos y slo aquellos ojos era el horror supremo.
chalos a pique. Esta noche. Merecen descansar. Los ojos se desviaron hacia el mar pero no llegaron a fijarse en l.
Sss, mi seor.
D'Marr empez a temblar cuando el otro rompi el contacto. Luego el temor desapareci al considerar lo que la orden del jefe de la manada implicaba en realidad. Se encontraran atrapados aqu; se veran obligados no slo a sobrevivir, sino tambin a hacerse fuertes con la mayor rapidez posible. Tendran que hacer suyo aquel reino o perecer.
A D'Marr ni se le ocurri protestar, rechazar la orden. No se ponan en duda las rdenes del jefe de la manada. As no se comportaba un aramita.
Lo har yo mismo, seor. Hay algo que deseara probar y esto me proporcionar la oportunidad.
Deberas haber tenido ms cuidado, Orril dijo lord D'Farany, cambiando al tema anterior como era a menudo su costumbre. Chasque los dedos. El verlok se acerc a l al trote, y el jefe de la manada se agach y tom a la monstruosidad en sus brazos. El animal gru por lo bajo cuando l empez a acariciarlo; era lo ms parecido a un ronroneo que poda emitir. Este..., este... Quel... era valioso.
All estaba su oportunidad de redimirse.
S, mi seor, lo era. Ms de lo que podramos haber imaginado.
La mano que acariciaba el lomo del verlok se detuvo. Unos ojos gris plido se deslizaron hasta un punto situado a un lado de la cabeza del oficial. No medi palabra, pero D'Marr era consciente de que le acababan de ordenar que hablara.
Ahora s dnde se encuentra la entrada exterior a las cavernas, mi seor empez. La entrada a la ciudad de los habitantes del mundo subterrneo. A su poder. Por mucho que la hubiramos buscado no la habramos descubierto, lord D'Farany. Est sumamente bien escondida.
Pero t puedes encontrarla.
S, mi seor. Fcilmente.
Asintiendo con la cabeza para mostrar su aprobacin, el jefe de la manada se dio la vuelta, pero D'Marr no tom esto como una indicacin de que poda retirarse. Conoca a su seor demasiado bien para suponer tal cosa.
Maana, pues. Conducirs la bsqueda.
Como deseis. A pesar del odio que senta por el calor y la cegadora luz del sol que se vera obligado a soportar, el joven pirata estaba satisfecho. La gloria sera suya y no del hombre azul.
Hay algo ms, no es as?
Algo ms? D'Marr no consegua recordar nada de importancia que no fuera lo que ya haba comunicado. La situacin del hogar del monstruo haba sido su nica baza, la nica que haba considerado necesaria.
Qu hay del dragn, Orril?
El dragn! Cmo poda haberlo olvidado? El dragn que gobernaba aqu haba sido la nica cuestin preocupante, la nica amenaza a la realizacin de sus planes.
El Rey Dragn no nos ocasionar demasiadas preocupaciones, mi seor. ste en concreto se oculta en su ciudadela y jams sale. Esto lo averig por el Quel. Mientras no intentemos entrar, l y los pocos que integran su clan no se preocuparn por nosotros. Podemos hacer lo que queramos. Todo lo que parece hacer es observar. Observar sin hacer nada. Esta ltima afirmacin era pura conjetura por parte del aramita, pero tena sentido para l. Al parecer, al Dragn de Cristal no le importaba quin penetraba sin permiso en lo que se supona que era su territorio siempre y cuando a l no lo molestaran. As pues, podemos seguir adelante y dejar al dragn para ms tarde, cuando estemos ms seguros de nuestro poder.
Lord D'Farany no respondi enseguida. En lugar de ello, se volvi despacio otra vez hacia su subordinado y, por primera vez desde que D'Marr se haba reunido con l, clav la mirada en el joven oficial. El verlok se qued extraamente quieto, como si estuviera tan asustado como D'Marr.
Espero que no te equivoques en tus suposiciones, Orril. Al dragn no se lo puede tomar a la ligera. No habra vivido tanto tiempo rodeado de tanto poder sin verse afectado por l. El jefe de la manada volvi a acariciar a su mascota, pero esta vez el animal no se mostr nada tranquilizado. Si llegara a tener lugar un enfrentamiento entre el dragn y yo, puedes estar seguro de que preparar una trampa adecuada para el reptil... y t sers el cebo. Los ojos volvieron a mirar al vaco, y el jefe de la manada empez a darse la vuelta. Puedes retirarte.
Orril D'Marr necesit de toda su fuerza de voluntad para no echar a correr al abandonar la loma. Alguien en el campamento tendra que sufrir esta noche; alguien tendra que sufrir para calmar sus temores. Era la nica forma en que poda liberarse de ellos, la nica forma para poder enfrentarse a sus deberes al da siguiente con la mscara de la indiferencia colocada.
Mejor el dragn cualquier da pens que la clera de mi seor.

Abrindose camino por las turbulentas aguas del Mar Oriental, el solitario navo se aproxim al Reino de los Dragones. Mientras que las naves que haban dado que pensar a Cabe haban sido mortferos mastodontes, gigantes diseados para aterrorizar, sta era menuda y elegante, un diminuto monstruo destructivo construido para transportar con rapidez a un simple puado de pasajeros hasta su destino. De hecho, slo haba una caracterstica que comparta con los tres enormes barcos piratas.
Era totalmente negra.
III
Estamos muy cerca ya. Percibo su llamada. Fue una suerte que el Quel no nos mintiera observ lord D'Farany mientras contemplaba cmo sus hombres avanzaban por el resplandeciente terreno en direccin al lugar donde el moribundo Quel haba afirmado que se ocultaba la entrada a su ciudad.
Lord Ivon D'Farany no se esforz por contener el tono de demencia de su voz. Saba que los otros no podan percibir lo que l perciba, pues ninguno de ellos haba sido adiestrado como guardin. Eran dignos de compasin y a la vez de envidia, decidi. Compasin porque jams haban experimentado el poder seductor del gran dios de los aramitas, el Devastador, y envidia porque no haban tenido que sufrir el desgarrador horror de la retirada cuando les haba sido arrebatado aquel poder justo antes de la guerra. A l lo consideraban uno de los afortunados, pero era porque nadie poda comprender jams el vaco instalado ahora permanentemente en su interior. Su mano se crisp cuando en un viejo gesto automtico busc todava el talismn que haba posedo, el vnculo con su dios.
Pero eso cambiar musit. Muchas cosas cambiarn. Las comisuras de los labios de D'Farany se elevaron un poquitn ms, en lo ms aproximado a una sonrisa que poda esbozar. Nunca era una buena idea sonrer, pues desconcertaba enormemente a los hombres.
Cuando haban arrebatado de su espritu el poder de su dios, l, como el resto, haba enloquecido. Haba gritado y luego redo, con una risa que haba helado a los que lo vigilaban. Mentalmente, haba muerto, de una forma completa y total; y, cuando la cordura haba regresado, un hombre diferente ocupaba aquel cuerpo. Los desesperados comandantes haban buscado el poder de un guardin para que los ayudara en la repentina y arrolladora revuelta que haba estallado, pero en su lugar se haban encontrado con otra cosa. Algo que no se dejaba manipular sino que ms bien manipulaba.
Recordando dnde se encontraba, lord D'Farany mir a su alrededor. A pesar del sol y del calor, sus hombres se movan an con paso rpido. Las filas de soldados rasos no saban lo que buscaban realmente, slo que sus jefes les haban ordenado buscar una caverna y estar preparados para la batalla.
Puede que estuviera equivocado, que ste no fuera el lugar que haba aparecido en sus sueos durante las ltimas semanas. Claro est que no haba contado a nadie esos sueos. Nunca lo haca. Los capitanes de los barcos haban obedecido su orden de dirigirse hacia esta tierra en lugar de hacia una de las ms frtiles regiones del norte, pero estaba claro que consideraban la refulgente pennsula un interesante pero poco til pedazo de barro. La vegetacin era escasa, e informes ms antiguos haban advertido que el interior era inhspito y consista principalmente de interminables colinas de roca y cristal. Aqu no haba nada de valor para un pirata-lobo corriente; los cristales resultaban fascinantes, pero eran, en su mayora, cristales ordinarios.
Pero l saba ms cosas. Haba percibido el poder que emanaba de aquel territorio casi yermo incluso das antes de que desembarcaran. Ahora, en tierra firme, era ms que una percepcin; lo viva. Aqu exista una fuerza que poda llenar el vaco de su interior, que poda por fin convertirlo en un ser completo.
Todo lo que sus hombres deban hacer era arrebatrselo a las bestias que vivan all abajo.
Esto es un error, verdad? dijo una voz perspicaz a su izquierda. Aunque el comentario haba sido expresado en forma de pregunta, como la mayora de las cosas que deca su acompaante, era en realidad una afirmacin.
Da a Orril su oportunidad, Kanaan. Es su recompensa y tambin su castigo.
Existe otro camino, mi seor. Un camino mejor, creo.
D'Farany saba lo que su ayuda de campo quera decir. Asinti despacio.
Cuando sea necesario. Paciencia, Kanaan.
La alta figura que andaba junto a l se qued silenciosa, pero el jefe aramita saba que Kanaan D'Rance no estaba en absoluto apaciguado. Como muchos de los de su raza, era impaciente y ambicioso, una combinacin de rasgos que habran hecho que la mayora de comandantes lo hubieran ejecutado el primer da pero que convenan perfectamente a Ivon D'Farany. El jefe de la manada senta afecto por los caracteres despiertos, y el hombre azul ciertamente lo era. Tambin era un manantial de informacin. D'Rance haba hecho del Reino de los Dragones su obsesin.
El enjuto norteo haba sido todo un hallazgo. Sus mltiples talentos complementaban a la perfeccin las considerables habilidades de Orril D'Marr; sin embargo, los dos eran tan diferentes en forma de pensar que su constante competencia tambin serva a D'Farany. Lo ltimo tambin aseguraba que los dos jams se uniran para convertirse en una amenaza para l; no hubiera soportado que eso sucediera, pues habra significado la necesidad de eliminar a dos armas muy valiosas. No se atreva a hacer eso hasta volver a estar completo.
Completo... El jefe de la manada frunci el entrecejo. Ni siquiera esto lo convertira en realmente completo. Nada excepto el regreso de su glorioso dios poda conseguirlo. De todos modos, no me faltar mucho para serlo.
Fue entonces cuando sinti cmo el poder que lo rodeaba cambiaba y tomaba forma y, aunque saba lo que significaba, Ivon D'Farany se limit a permanecer all inmvil y absorber la sensacin.
Todo a su alrededor estall en un fogonazo de luz... seguido de los tardos gritos de hombres.
Ya lo advert, no es as? Ya advert que esto sucedera, s!
D'Farany oblig a sus ojos a concentrarse en un punto. No vea como las personas normales, ya no, pero haba ocasiones en que era necesario intentarlo. Cuando el pirata consigui ver por fin lo que los habitantes del mundo subterrneo haban hecho, no pudo evitar sonrer, no obstante el horrible aspecto que saba que ello le daba.
Magnfico!
Delante de l, sus soldados se desperdigaban en un intento de resultar un blanco menos atractivo. El jefe de la manada apenas si prest atencin a sus desesperados esfuerzos; sus ojos no vean ms que el maravilloso resultado de tanto poder, poder que iba a ser suyo.
Haba habido una pequea elevacin en el lugar donde las bestias haban atacado con su magia, una pequea elevacin poblada de unas pocas plantas desnutridas y, en el momento del ataque, posiblemente una docena o ms de soldados. Ahora, la elevacin era un estanque lleno de cristal al rojo vivo, y las plantas y los hombres que haban tenido la desgracia de encontrarse all en aquel momento... haban desaparecido.
A pesar de ello, el ejrcito pirata sigui adelante; les haban dado una orden y eso era todo lo que necesitaban.
Magnfico volvi a musitar el comandante aramita. Su mano se crisp al buscar el talismn que le habra permitido manipular tal poder.
La misma sensacin anterior volvi a envolverlo. Un segundo fogonazo lo transform todo en un ocano de luz. D'Rance y los otros se vieron obligados a retroceder y protegerse los ojos, pero lord D'Farany apenas si se dio cuenta. Aspir el aroma de la destruccin y sinti una fuerza que no haba sentido desde haca aos.
Con una expresin casi melanclica en su destrozado semblante, gir despacio hacia el hombre azul y orden con voz tranquila:
-Treme la caja ahora, Kanaan.
Sin dejar de parpadear, el barbudo norteo introdujo una mano en las profundidades de su capa y sac un diminuto recipiente rectangular. El jefe de la manada asinti complacido, sabedor desde el principio de que el hombre azul la haba llevado encima pese a sus rdenes para que no lo hiciera. Perdonaba tales cosas a D'Rance, porque le satisfaca hacerlo. Llegara un da en que se extralimitara y, cuando eso sucediera, D'Farany lo castigara adecuadamente o lo entregara a D'Marr, quien nunca haba ocultado que deseaba el pellejo del hombre azul.
El comandante aramita gustaba de considerarse un hombre justo. Estaba tambin totalmente dispuesto a entregar al joven oficial al norteo si las circunstancias lo exigan.
Se quit los guantes y, con sumo respeto, tom la diminuta caja negra que le entregaba D'Rance. El antiguo guardin pas un dedo por la superficie de la tapa, recorriendo la cabeza de lobo grabada all. Le haba costado muchos esfuerzos y tiempo reunir a los poderes guardados en su interior, y los trataba con el cuidado que merecan.
Un tercer estallido de luz provoc nuevos gritos y alaridos, pero los sonidos eran simples irritaciones insignificantes para l mientras abra la tapa y admiraba su trofeo.
En la poca en que existan los guardianes, lo habran llamado el Diente del Devastador. Un objeto curvo tallado de forma que pareciera el colmillo de un perro, y que era lo bastante pequeo para encajar en la palma de su mano. En una ocasin haba tenido uno como ste, antes de la poca del vaco. Con gran avidez, lord D'Farany sac el talismn de la caja y lo sostuvo sobre la palma de su mano izquierda; la terrible sonrisa se distendi an ms mientras permita que el diente lo hechizara por unos instantes.
Amo, por qu nos has abandonado?
En el talismn permanecan los restos de la impa voluntad del Devastador. Haca ya tiempo, un joven D'Farany haba descubierto que, aunque el dios de los suyos haba desaparecido llevndose con l su poder, existan restos de este poder en los talismanes de los guardianes... e incluso restos en los mismos guardianes. La tarea de localizar los objetos y los cuerpos y extraer de ellos el poder que an quedaba haba sido siniestra, pero haba triunfado. Aun as, el poder contenido en esta pieza era limitado; cada utilizacin agotaba un poco ms el talismn, y muy pronto estara tan vaco como lo estaba l.
Pero no por mucho tiempo... El jefe de la manada acun el objeto en la mano y devolvi la caja al hombre azul. Luego se volvi hacia el lugar donde sus hombres luchaban por sobrevivir y extendi el talismn en direccin al reluciente paisaje donde supona que se encontraba la entrada de la cueva.
Una vez ms la tierra se vio sacudida por un estallido de mortfera luz. Puede que los Quel ya no fueran los amos del reino, pero todava controlaban poder. Sus ataques tambin eran sistemticos; cada vez que los piratas se apartaban del punto donde haba estallado el ataque anterior, se vean atacados de nuevo desde el lado opuesto.
Un manto de silencio pareci rodear al antiguo guardin mientras sostena el talismn hacia el cielo. El nico que todava se atreva a permanecer junto a l era D'Rance, quien miraba a su comandante con una mezcla de expectacin y envidia.
Contemplad el legado de mi seor el Devastador. Contemplad su gloria. El diente tallado brill con fuerza.
Su efecto no fue algo que pudiera verse; no, al menos, por los piratas-lobos presentes all. Como mximo, unos pocos que posean una cierta sensibilidad, como Orril D'Marr, percibieron una ondulacin en la textura del mundo mismo. La ondulacin cubri la zona como una marea al barrer la orilla. Pas sobre una hilera tras otra de hombres, avanzando con rapidez hacia el frente para luego perderse a lo lejos.
No debe destruir murmur el jefe de la manada para s. No debe aprovechar la ocasin. Simplemente arrebatarles la combatividad.
El silencio que rodeaba a DFarany tambin se extendi; los gritos mismos parecieron desvanecerse a medida que el poder liberado por el talismn cubra el terreno. Incluso aquellos que no posean ni un pice de magia en su interior tambin se dieron cuenta de que algo haba cambiado.
Por fin, el diente dej de brillar y lord D'Farany lo contempl con enorme tristeza. El conjuro haba agotado todo el poder acumulado, y ahora no era ms que una chuchera intil. De todos modos, el jefe de la manada no lo tir, sino que lo devolvi a un intimidado D'Rance, quien, a su vez, lo devolvi con sumo cuidado al interior de la caja.
Pueden volver a avanzar.
La orden result innecesaria. Los soldados se reorganizaban ya y avanzaban. D'Marr haba comprendido lo sucedido. El aramita asinti para s. Era un ejemplo de por qu el joven oficial era uno de sus favoritos.
Ahora los piratas se movan sin impedimentos. Ni siquiera lord D'Farany saba lo que haba liberado, pero s saba que los Quel habran quedado impotentes ahora. Les haba sido negado su poder durante un tiempo y ese tiempo sera suficiente para asegurar una total victoria aramita.
Vamos, Kanaan. Ha llegado el momento de unirnos a ellos.
S, mi seor. El hombre azul realiz una inclinacin de cabeza.
Mientras seguan lentamente a las tropas que avanzaban, D'Farany se puso a meditar sobre lo que hara con ese poder ahora que era suyo. La construccin de nuevos barcos era una posibilidad, pero qu sentido tena regresar en auxilio de los locos que an combatan all en su tierra? Era mucho mejor reclamar una porcin de este reino y empezar a extenderse aqu. Era mucho ms satisfactorio arrebatar a los amigos del Grifo lo mismo que el hombre-pjaro haba arrebatado a los aramitas.

D'Marr atisb en la oscuridad de la entrada de la caverna. Las paredes centellearon dbilmente bajo la luz de la antorcha que haba ordenado a uno de sus hombres que arrojara al interior. No se vea nada, pero eso no significaba que no existiera peligro. D'Marr no era tan ingenuo.
Adentro indic, volvindose hacia el hombre que tena ms cerca. En doble fila. Vigilad el suelo y las paredes... y el techo, adems. Podran salir de cualquier sitio.
El pirata parpade, pero corri a obedecer la orden al ver que la mano libre de D'Marr se mova lentamente hacia la vara que colgaba de su cinturn. El oficial aramita contempl cmo se formaban dos filas a toda velocidad. Dej que las tres primeras parejas entraran; luego cerr la mano con ms fuerza alrededor de su espada y entr junto con la siguiente.
Dnde estis, mis pequeas criaturitas? Incluso con la intervencin de lord D'Farany, no poda resultar tan fcil. Tena que existir resistencia. Tena que haber combate.
Penetraron ms y ms, cada vez a mayor profundidad, pero siguieron sin encontrar a las criaturas en cuya guarida se hallaban. Una sensacin de inquietud se extendi por las lneas, afectando incluso a D'Marr. Ningn enemigo se renda con tanta facilidad. El contraataque mgico de lord D'Farany, aunque potente, no poda haber eliminado toda oposicin.
Casi se sinti contento cuando por fin muri el primer hombre.
Les haba ordenado vigilar en todas direcciones, pero nadie excepto aquellos que se haban visto involucrados en la captura del primer Quel podran haber comprendido la velocidad a la que stos podan surgir del suelo y atacar a sus enemigos. De repente, una zarpa enorme brot del suelo del tnel; se agarr al tobillo del soldado ms cercano y se retir tan veloz como haba aparecido. Que el agujero creado fuera demasiado pequeo para el humano no import. El desvalido pirata se vio arrastrado al interior todo lo que la abertura permita, y luego siguieron tirando de l.
No result un espectculo agradable, pero proporcion a D'Marr un nuevo respeto por la fuerza de los gigantescos armadillos.
Dejadlo advirti a los dos hombres que hicieron intencin de inclinarse hacia los restos en una vana esperanza de que hubiera an una posibilidad de salvar al compaero. Quiero lanzas y antorchas listas. Haba hecho que algunos de los hombres llevaran lanzas ligeras, armas casi treinta centmetros ms largas que las espadas cortas y muy tiles en zonas difciles; no obstante su poco peso, las lanzas eran sumamente afiladas y elsticas. Que el flanco derecho vigile la pared derecha y el techo. El flanco izquierdo que vigile la pared izquierda y el suelo. El hombre al que se le escape el prximo no tendr que temer a la muerte bajo las garras de las bestias porque yo me ocupar personalmente de l.
Sin embargo, mientras lo deca, otro brazo surgi de la pared situada al otro lado, agarr al hombre ms cercano por la garganta, y le golpe la cabeza contra la pared de piedra. El golpe y el chasquido resonaron por toda la caverna, y fue anegado al punto por los ruidos producidos por los piratas ms prximos al intentar cortar la mano de la criatura. Un hombre consigui rebanar el dorso de la enorme zarpa, pero el cavador se retir rpidamente al interior de la tierra.
Cmo pueden atravesarla con tanta rapidez? Van y vienen como si se tratara de una pared de agua! No quedaba ms que un agujero derrumbado para sealar el lugar del que haba surgido el ataque.
No tuvo tiempo de reflexionar ms a fondo sobre la cuestin, pues el tercer ataque fue dirigido contra l. D'Marr empezaba a girar cuando las garras salieron disparadas de la pared situada junto a l. Con una agilidad que ignoraba poseer, el oficial se ech hacia atrs e, incluso as, la reaccin fue un poco demasiado lenta. Una inmensa zarpa le acuchill la mandbula y dej tras de s un rastro de sangre. El aramita alz la espada casi al mismo tiempo y tuvo la gran satisfaccin de contemplar cmo la hoja atravesaba el brazo justo ms arriba de la mueca del atacante. Un chorro de sangre empap el peto de su armadura.
El brazo del Quel empez a agitarse, y los violentos tirones estuvieron a punto de arrancar la espada de la mano de D'Marr. Este la aferr con ambas manos y se resisti con todas sus fuerzas. Uno de los soldados levant su arma y la descarg sobre la todava expuesta extremidad. La piel acorazada del Quel era muy gruesa, pero no lo suficiente; el filo de la espada se incrust en el brazo y provoc un nuevo torrente de sangre.
El atacante intent retroceder, pero las espadas se lo impidieron. Un soldado con una lanza se adelant y la clav en el interior del agujero. D'Marr volvi a maravillarse ante la inmensa resistencia y fuerza del acorazado animal. No obstante lo malherido que el Quel deba de estar, no se apreciaba el menor signo de debilidad.
El muro que tena enfrente se hizo aicos, y una lluvia de rocas cay sobre los hombres. El Quel, incapaz de retroceder, haba decidido ir hacia ellos.
El habitante subterrneo llenaba todo el pasillo. D'Marr no saba si se trataba de un macho, como el primero, o de una hembra, aunque tampoco le importaba. Fuera lo que fuera, resultaba terrible. Con el brazo sano, el animal cogi al hombre que empuaba la lanza y lo arroj contra los soldados situados detrs. El pirata de la espada ya se haba retirado prudentemente. D'Marr solt su arma, al comprender que l sera el siguiente si insista en mantenerla cogida. El joven oficial no se haca ilusiones de poder atrapar a una de las criaturas l solo.
No obstante... se llev la mano a la vara que penda de su costado al mismo tiempo que el Quel intentaba arrancarse con la otra garra la espada enterrada en la mueca. Las dos heridas del brazo seguan sangrando profusamente, pero el monstruo se mova como si no le sucediera nada.
No os quedis ah mirando! Traed las lanzas!
Se escuch un grito y un gran alboroto hacia el otro extremo de la fila. Los Quel ya no atacaban de uno en uno. De todos modos, no tena tiempo de preocuparse por los otros, ya que el que haba intentado matarlo estaba dispuesto evidentemente a completar la tarea. D'Marr sospech que las criaturas haban sabido desde el principio que l era el jefe de la fuerza invasora. Era incluso posible que los primeros ataques hubieran sido realizados para poder localizarlo mejor entre el resto de la tropa. Estaba casi seguro de que los Quel confiaban enormemente en su odo o en algn sentido parecido cuando se movan a travs de la tierra.
Con un sonoro y prolongado grito ululante, el monstruo lanz contra l una enorme zarpa. D'Marr la esquiv y, sacando la vara del cinto, sostuvo el largo bastn ante l. Varios hombres con lanzas rodeaban ahora al Quel. Dos realizaron una finta por el lado izquierdo del inmenso cavador, y, cuando el animal se volvi hacia ellos, los que estaban situados a la derecha le clavaron las lanzas que empuaban. Uno acert a la enorme criatura en el brazo herido. Esta vez, el adversario de D'Marr profiri un agudo e inconfundible grito de dolor. Mientras permaneca ocupado con sus atacantes, los otros lanceros atacaron a su vez. Tres lanzas atravesaron la acorazada piel del Quel.
De modo que tu cascarn es blando en algunos lugares, se dijo el aramita con cierta satisfaccin. Al igual que la criatura a la que se pareca, el Quel posea menos proteccin en la zona ms cercana al estmago. Eso no quera decir que no existiera proteccin en aquel punto, ya que dos de las lanzas se haban partido en un primer ataque, pero por fuerza el monstruo subterrneo no poda tener una coraza tan gruesa y dura all como la que tena en el lomo. D'Marr ya lo haba sospechado durante su trato con el prisionero, pero no poda estar seguro de que todas las criaturas tuvieran la misma constitucin.
El Quel se tambaleaba ya; ni siquiera su gran resistencia poda compensar las muchas heridas abiertas. Intent asestar un nuevo golpe al aramita y luego empez a retroceder hacia el interior de la pared de la que haba salido.
No nos abandonars tan pronto sise D'Marr, y golpe al Quel con la vara.
El alarido de la criatura herida sacudi el tnel y sigui resonando un buen rato despus de que la enorme figura se desplomara de rodillas.
Orril D'Marr roz con la punta de la vara la acorazada cabeza, y sonri con lgubre satisfaccin cuando el Quel se estremeci, lanz un quejumbroso grito, y finalmente se derrumb sobre el suelo.
S..., ya pensaba que todo lo que necesitaba era un ligero ajuste.
Pas la mirada de su derrotado enemigo a su juguete favorito. Con el prisionero, se haba excedido con la vara, y haba matado al Quel. El bastn era un instrumento mgico que haba heredado de su difunto antecesor, quien, por su parte, haba pagado mucho para conseguir que un hechicero no perteneciente a la casta de los guardianes lo creara. Posea treinta y dos niveles de dolor, muchos de los cuales podan matar. El Quel prisionero haba muerto al serle aplicado el nivel veintiuno. A ste le haba aplicado el nivel veinte. D'Marr se senta satisfecho. Lord D'Farany querra rehenes que interrogar. Ello compensara su anterior exceso de celo.
El jefe pirata se volvi entonces para ayudar en los otros ataques, pero descubri que ya no haba ninguno. Llam a su lado a uno de los oficiales subalternos.
El pirata-lobo, un veterano barbudo llamado D'Roch quien, como la mayora de los hombres, tena que bajar los ojos para mirar a D'Marr, salud y explic con gran nerviosismo:
Sencillamente se retiraron, mi seor. Justo en cuanto la bestia que abatisteis lanz su grito.
Resultaba extrao que abandonaran el ataque simplemente porque uno de los suyos hubiera cado. Tal cobarda iba en contra de la forma de ser de los aramitas.
Cuntos eran?
Contando el vuestro, cuatro, seor.
Cuatro? D'Marr frunci el entrecejo ligeramente. nicamente se haban atrevido a enviar a cuatro de los suyos para defender el tnel contra un ejrcito del tamao del suyo? Faltaba una pieza del rompecabezas. Este lugar est muy poco defendido.
Estaba claro que el otro oficial no pensaba lo mismo, pero fue lo bastante prudente para no decir nada.
Un soldado devolvi a D'Marr su espada, escrupulosamente limpia de todo rastro de sangre. El joven pirata inspeccion el arma y luego la envain. Por lo que pareca, la vara le sera ms til. Con la espada estara muerto antes de haber terminado de acuchillar a una de las bestias. stas teman ahora a la vara, y no haba cosa que le gustara ms a D'Marr que inspirar miedo.
Baj los ojos hacia el Quel. Segua vivo, pero apenas.
Atad esa cosa y ponedla a buen recaudo. Lord D'Farany puede que desee verla.
S, seor. D'Roch salud.
Vuelve a formar las filas. No veo motivo por el que no debamos seguir adelante, no te parece?
No, seor. Al momento, seor.
Los puso en marcha en menos de un minuto. Siguieron descendiendo por el pasillo, introducindose cada vez ms en las entraas de la tierra. Una vez ms, la travesa se convirti en algo tranquilo y sin incidentes, pero los piratas-lobos mantuvieron la cautela, pues ya haban cado en esa trampa una vez.
D'Marr se golpeaba la pierna con uno de los costados de la vara mientras deca para s: Dnde estis, monstruos cobardes? Salid y jugad conmigo!.
Los hombres empezaron a murmurar entre ellos. Se escucharon susurros sobre celadas que implicaban el derrumbamiento de todo el tnel. La idea ya se le haba ocurrido a D'Marr antes, pero no haba sentido la necesidad de mencionarla. Lord D'Farany haba dado una orden, y era su deber obedecer. De todos modos, destruir el pasadizo no pareca tampoco una estratagema muy probable, ya que, si hubieran querido hacerlo, estaba seguro de que a los Quel les habra ido mejor derrumbando el tnel antes. No lo haban hecho, prefiriendo arriesgarse en ataques ms personales que, en su opinin, indicaban otra vez que algo no iba bien.
Fue al final del pasadizo cuando encontr la primera pista de la verdad. La cueva que apareci de improviso ante sus ojos los cogi a todos por sorpresa, hasta tal punto se haban acostumbrado los piratas al estrecho tnel. D'Marr se abri paso hasta las filas delanteras y se qued mirndola fijamente, absorbiendo cada detalle con los ojos. Apenas consigui mantener en su rostro la mscara de indiferencia, pues, aunque haba tenido tiempo de pensar en el mundo de los Quel, el aramita no haba conseguido imaginar por completo su magnitud.
En una caverna que era casi un mundo en s misma, la enorme ciudad de la raza subterrnea saludaba en silencio a sus invasores.
Haba en ella rasgos suficientes de una ciudad humana para que se dieran cuenta al momento de lo que era. Se vean edificios de varios pisos de altura y senderos que parecan ser carreteras; y todo estaba tallado en la roca. El sendero sobre el que D'Marr descubri que se encontraba rodeaba los extremos de la inmensa cueva, y, en varios puntos, nuevos tneles se bifurcaban hacia el interior de la tierra.
Pero exista una peculiaridad que volva imposible el pensamiento de que el lugar era obra de seres humanos, pues, aunque mediante un gran esfuerzo habra sido posible que los hombres tallaran parte de la ciudad en las paredes de la caverna, ningn humano habra podido vivir en lugares situados en ngulos tan extraos como stos. Cientos de aberturas y salientes haban sido transformados en tneles y sin lugar a dudas en alojamientos, pero, para utilizarlos, los habitantes se habran visto obligados a colgarse de pies y manos a alturas que habran significado la muerte instantnea incluso para los seres ms robustos. nicamente criaturas capaces de cavar en la roca podan hacer uso de un diseo tan peculiar. nicamente algo como un Quel poda llamarlo su hogar.
Que los invasores pudieran contemplar todo esto era el resultado de otra maravilla ms. Pese a que deban de encontrarse a cientos de metros bajo la superficie, la enorme cueva resplandeca como si el mismo sol brillara sobre la ciudad. Sin embargo, en lugar de una llameante esfera, una fantstica coleccin de cristales proporcionaba de alguna forma luz suficiente para llenar toda la estancia con luz diurna. Al levantar los ojos hacia ellos, Orril D'Marr comprendi que de algn modo estaban unidos a la superficie y que, en cierta forma, el sol realmente brillaba sobre aquel espectculo subterrneo.
Parece ser un poco mayor de lo que esperbamos murmur D'Marr sin dirigirse a nadie en concreto. Empezaba a apreciar a los Quel y lo que haban conseguido; tambin empezaba a darse cuenta de a qu lo haba enviado lord D'Farany a enfrentarse.
Otorgarle el mando de las fuerzas de asalto no haba sido tanto una recompensa por la informacin extrada del cautivo, como un castigo por haber matado al animal antes de que hubieran podido extraerle todo lo que saba.
Estaba seguro de que, en alguna parte, el hombre azul se estara riendo. A medida que el asombro producido por el lugar se iba desvaneciendo, la realidad de lo que vea penetr finalmente en el cerebro del aramita. Donde estn? Dnde estn esas malditas bestias?
D'Roch...
S, seor?
Dime lo que ves.
El otro pirata frunci el entrecejo, no muy seguro de si era el blanco de algn juego por parte de su superior. Estudi la ciudad unos momentos, vacil, y luego respondi:
Veo una enorme ciudad subterrnea, el hogar de estas abominaciones. Parece estar vaca, pero eso no debera sorprendernos, puesto que nos hemos abierto paso a travs de sus defensas.
En conjunto, no resultaba un mal resumen; el nico que poda darse. Sin embargo, no describa por completo lo que D'Marr vea y senta al contemplar la ciudad de los Quel.
Nada ms?
Nada.
Y cunto tiempo diras que hace que ha sido abandonada? Minutos? Una hora?
D'Roch entrecerr los ojos mientras volva a estudiar el panorama que se extenda ante l. Con gran agitacin, el pirata respondi:
Parece..., parece que hace mucho tiempo, seor. Parece... que hace muchsimo ms tiempo.
Muy despacio, Orril D'Marr empez a avanzar por el borde del sendero, mientras golpeaba ligeramente la pared con el extremo del cetro. Una vez que hubo examinado todo lo que deseaba examinar, el comandante aramita volvi el inexpresivo rostro hacia sus hombres. Su voz era casi un susurro.
Muchsimo ms tiempo, desde luego. Contemplad con atencin el polvo, el desgaste que incluso un lugar enterrado tan profundamente en la tierra no puede evitar. Pensad en aos. Intentad, quiz, pensar incluso en siglos.
Se produjo un gran desconcierto entre las filas. La noticia empez a filtrarse hacia la retaguardia. D'Roch y los otros oficiales intercambiaron miradas, y luego miraron a D'Marr.
ste se ech a rer entonces. No result un sonido agradable, ni siquiera para sus odos, pero no pudo evitarlo. Cuando D'Marr advirti que los otros no comprendan, seal la ciudad y dijo:
Rematados zoquetes! Contemplad a vuestro enemigo! Ah est! Una ciudad de los muertos donde quizs un puado de supervivientes sigue jugando con el poder de su raza! Somos un ejrcito que lucha contra el esqueleto de una raza!
Se dio cuenta de que seguan sin comprender y sacudi la cabeza. Sospechaba ahora que probablemente no habra ms de una docena o as de Quel, a lo mejor incluso menos. Eso explicara por qu slo cuatro los haban atacado en el estrecho tnel cuando una docena, un centenar, posiblemente habra podido acabar con ellos. Crey comprender por qu no haban derrumbado el tnel; no posean la fuerza para hacerlo.
Era posible que sus suposiciones fueran erradas, pero estaba seguro de no ir demasiado desencaminado. No exista ms que un modo de descubrirlo. El pirata-lobo ech un rpido vistazo a los tneles secundarios que se separaban del sendero que rodeaba la ciudad. La mayora eran sumamente corrientes, pero uno situado a la derecha era ms ancho y alto y D'Marr casi crey ver una fuente de luz en su interior.
Volved a formar la lnea. Fila india orden volviendo la cabeza. Luego, sin esperar a ver si obedecan la orden, D'Marr se encamin al otro ramal. Seguidme.
En efecto, exista una fuente de luz al otro extremo del tnel. El pasadizo en s no era largo, no despus del primero, y era lo bastante ancho para permitir pasar a cuatro hombres situados uno al lado del otro sin que se sintieran apretujados. Hizo que los oficiales volvieran a dividir las hileras para que cupieran, y sigui adelante a toda prisa. El resplandor lo atormentaba, lo provocaba. Estaba cerca de la verdad, de eso no tena duda.
Como para aadir credibilidad a su creencia, los Quel renovaron su ataque.
El techo se desplom en el centro del tnel, y en su cada aplast a varios hombres y magull a un buen nmero de los otros. Del agujero saltaron al suelo tres de los acorazados monstruos con largas y afiladas hachas de armas en las zarpas. En cuanto sus pies tocaron el suelo, los Quel empezaron a balancear las armas en el aire, aprovechando al mximo las dimensiones ms anchas y elevadas de este pasadizo.
D'Marr lanz un juramento al ver cmo las filas ms cercanas eran diezmadas por el horrendo ataque del terceto. Con su tremendo alcance y las largas armas, los Quel posean una ventaja que ni siquiera las lanzas podan superar.
Slo son tres se rega. Slo tres.
Podan ser tres, pero valan tres veces su nmero aun sin la ventaja proporcionada por sus armas. Dos de las criaturas obligaban a retroceder a los hombres que penetraban en el tnel mientras que la tercera se ocupaba de aquellos que, como D'Marr, haban quedado por delante del derrumbamiento.
No obstante, Orril D'Marr haba planeado cmo salir de situaciones peores que sta. Resultaba molesto que las criaturas hubieran causado va tales estragos, pero no haba sido totalmente inesperado. Habiendo cazado un Quel, haba concebido formas de ocuparse de ellos... si es que sus hombres todava eran capaces de seguir rdenes.
D'Roch! Busc al otro oficial y encontr su cuerpo destrozado medio enterrado bajo las rocas del derrumbamiento. D'Roch deba de haber sido cogido por sorpresa. La prdida resultaba ms una molestia que otra cosa; significaba que l tendra que hacer el trabajo por s mismo.
Cetro en mano, se acerc ms al punto donde se desarrollaba la batalla y grit:
Mantened firmes las lneas! Levantad las redes al frente!
Una rpida mirada a los lanceros le mostr que stos ya se haban desplegado lo mejor que podan a lo largo del tnel. Su propio lado se encontraba en una situacin mucho peor. No tena ms que unos pocos lanceros, y uno de stos muri, con el peto y el pecho abiertos de una cuchillada como si fueran una fruta madura, en el mismo instante en que D'Marr se volva para mirarlos. En su lado tampoco tenan ninguna de las redes, ya que los hombres que las transportaban haban cado junto con D'Roch al desplomarse el tnel. No obstante, haba hombres con antorchas; la mayora utilizaba las llamas de un modo muy parecido a lo que D'Marr haba planeado, pero con muchos menos resultados de los que haba esperado obtener. El frustrado oficial agarr a uno de los hombres que tena detrs y lo acerc a l.
Morirs malgastando tu tiempo y el mo de esa forma, cabeza de chorlito! Existe un modo mejor! Dame eso!
Volvi a sujetar la vara en su cinturn y arranc la llameante antorcha de la mano del soldado. Introdujo la otra mano en una de las pequeas bolsas que muchos piratas llevaban colgando de sus cinturones, y de ella extrajo una diminuta bolsa de cuero con un nico y delgado cordel sujeto a la parte superior. Era algo con lo que haba estado jugando justo antes de que lord D'Farany decidiera tomar las tres naves y huir al extremo occidental del Reino de los Dragones. Haba experimentado con tres iguales que sta no haca mucho... y haban funcionado a la perfeccin, permitindole echar a pique a los enormes navos piratas prcticamente solo.
Di a los otros que retrocedan tres pasos indic al soldado con voz tranquila mientras ajustaba el cordel. Deprisa.
D'Marr cont hasta cinco para dar tiempo al otro a advertir a sus compaeros, y luego encendi el cordel. ste chisporrote, y la llama empez a correr por l, acercndose cada vez ms a la bolsa y a su contenido. Cuando le pareci que las llamas haban descendido suficientemente por el cordel, el aramita lanz al aire la pequea bolsa.
Su puntera result, desde luego, perfecta. La bolsa golpe al Quel en el pecho y cay al suelo. D'Marr se sinti muy satisfecho al observar que la reaccin de la bestia era la que habra esperado de un humano. La acorazada criatura se detuvo para bajar los ojos hacia el insignificante objeto, probablemente a la vez perpleja y divertida por el inofensivo ataque.
La bolsa explot inmediatamente.
Era una cantidad muy inferior a la que haba utilizado con cada uno de los barcos, pero de todos modos fue suficiente para hacer pedazos al Quel. D'Marr levant la capa para protegerse de los pedazos que llovieron sobre l y sus hombres, y sonri al comprobar que haba estado en lo cierto; la explosin no haba sido lo bastante fuerte para debilitar an ms el techo, lo cual habra resultado un poco embarazoso.
Ante su sorpresa, no obstante, obtuvo un segundo beneficio con su golpe de genio. Los otros Quel haban cado de rodillas, las armas olvidadas y las cabezas enterradas casi en el suelo del tnel. Ululaban como enloquecidos y se balanceaban adelante y atrs mientras araaban la tierra.
D'Marr no era de los que actan con lentitud cuando la buena suerte se cruza en su camino.
Utilizad las redes deprisa mientras estn aturdidos. Rpido.
Las doloridas criaturas les dieron unos cuantos problemas pese a su estado, y el aramita se sinti tentado de utilizar el cetro con cada una para ir ms rpido. Finalmente, cuando result evidente que los lastimados Quel no tardaran en quedar bien atados y fuera de accin, el pirata-lobo volvi su atencin al obsesionante resplandor situado a pocos metros de distancia. Sin la menor vacilacin, D'Marr se encamin hacia l; sus suboficiales se apresuraron a seguirlo, aunque con gran nerviosismo.
Hemos penetrado en el corazn de un diamante, fue lo primero que pens al detenerse asombrado en la entrada de la estancia. Nada de lo que haba visto en el brillante reino de Legar, ni en ningn otro sitio, podra haberlo preparado para esto. Es que no se agotarn nunca tus sorpresas, Reino de los Dragones? Primero un pas reluciente, luego una ciudad bajo la superficie, y ahora... esto.
Las paredes estaban casi por completo cubiertas de cristal, excepto all donde otros tneles conducan a otras partes del territorio Quel. Resultaba evidente que la naturaleza no haba creado esta maravilla; haba demasiados dibujos, demasiados diseos complicados, para que fuera debido a la simple casualidad. Las piedras preciosas tambin aparecan en una variedad de colores que jams podran haberse formado juntas. Mientras lo contemplaba, D'Marr pens en la ciudad vaca y su fuente de luz. All los cristales haban sido colocados de forma que llevaran el sol a su mundo. Quin poda decir que esto no fuera algo similar?
Todo esto pas por la mente del aramita en el espacio de un segundo. Fue durante el siguiente segundo cuando se dio cuenta de la presencia del Quel.
La voluminosa criatura estaba inclinada sobre una especie de plataforma sobre la que se haba colocado una enorme gema que a su vez estaba rodeada por una serie de cristales ms pequeos. El Quel un macho, se dijo D'Marr agitaba las garras por encima de la combinacin de cristales de una forma definitivamente desesperada. Los inhumanos ojos contemplaban con furia a los intrusos, en especial al joven oficial. La criatura deca algo, sus sonidos ululantes suban y bajaban siguiendo un ritmo que haca imposible no escuchar. D'Marr se vio sacudido por la insistente idea de que el animal se esforzaba por mantener su atencin.
Me temo que eso no funcionar inform en voz baja al acorazado habitante de las profundidades. Supo que el Quel le haba comprendido al observar que entrecerraba las negras rbitas. Vuestro poder ha sido sofocado por la fuerza de mi seor, lord D'Farany. El comandante pirata inclin la cabeza hacia los oficiales situados a su izquierda. Cogedlo. Matadlo si es necesario.
Mientras los piratas-lobos se precipitaban hacia l, el Quel realiz una ltima pasada sobre el cristal.
ste brill tenuemente. Tan slo un segundo, pero brill. El hechizo lanzado por lord D'Farany todava aguantaba, pero D'Marr comprendi que deba de estar debilitndose rpidamente para que algo as sucediera tan pronto. Era una suerte, pens, que no hubieran encontrado ms resistencia que aqulla. El poder que las bestias controlaban era mayor an del que haba supuesto.
El Quel ulul satisfecho y se apart mientras lo rodeaban. Al contrario que sus compaeros, no realiz la menor intencin de resistirse. En otro momento, a Orril D'Marr le habra divertido la absurda visin de la criatura extendiendo con toda tranquilidad los enormes brazos para que los ataran, pero la nota de triunfo del Quel lo intranquilizaba. Estudi la estancia con atencin, en busca de no saba qu pista.
Entonces le vino a la mente que no haba ms que otras dos entradas adems de la suya. Al examinar la estancia antes, D'Marr haba estado seguro de que haba tres; se volvi hacia el hombre ms cercano y pregunt:
Cuntas salidas haba cuando entraste?
Con expresin perpleja y nerviosa, el soldado mir a su alrededor y contest:
Veo dos, mi seor. Adems de la utilizada por nosotros para entrar.
Eso no es lo que pregunt.
Era intil explicarlo, decidi el joven pirata, y en lugar de ello se dirigi hacia la zona donde recordaba haber visto la entrada perdida y pos una mano sobre la pared. Era muy slida. D'Marr pas la mano sobre el cristal en busca de algo que no pareciera muy normal; por lo que pudo descubrir, sin embargo, era muy, muy real.
Tomando la vara, golpe ligeramente la pared. Un apagado pero slido ruido sordo vino a demostrarle que no tena ningn delgado tabique falso ante l. Esto era una barrera de roca y cristal y muy gruesa adems.
Se sinti tentado de poner a prueba su resistencia con una de sus bolsas explosivas, pero comprendi que el jefe de la manada jams le perdonara si la estancia resultaba daada.
Te felicito, Orril.
Con una expresin cuidadosamente impasible en el redondo rostro, D'Marr se volvi y salud a su seor. Estuvo a punto de realizar una mueca al ver que el hombre azul acompaaba al jefe de la manada.
Gracias, lord D'Farany.
El jefe aramita penetr despacio en la sala; sus desconcertantes facciones estaban claramente radiantes por la satisfaccin que senta.
Sss, esto es! Esto es lo que yo perciba! Pos una mano sobre la plataforma que el Quel haba abandonado. Un poco de estudio... y luego lo empezaremos a utilizar.
D'Marr dedic una rpida mirada al Quel mientras lord D'Farany terminaba de hablar. Si era posible que estos monstruos mostraran una expresin casi de presuncin, entonces eso era lo que mostraba la criatura en aquellos momentos.
Posees un secreto, mi querida criatura, y por ahora es todo tuyo. Disfruta mientras puedas. En cuanto surja la oportunidad, te arrancar ese secreto y todo lo dems que guardes en tu cerebro.
Tendra ms cuidado que con el ltimo. Esta vez, D'Marr no permitira que la muerte rescatara a su prisionero. Esta vez, arrancara al animal toda la informacin que poseyera sin importar cunto tiempo tardara y cunto dolor significara.
Cuando sus ojos regresaron a la refulgente pared, sta le devolvi el reflejo de su propia mirada. Las mltiples facetas de los cristales convirtieron el rostro situado tras la mirada en algo retorcido y deforme, una criatura casi tan inhumana en apariencia como el Quel... y mucho, mucho ms siniestra en su interior.
IV
Transcurrieron dos das mientras Cabe buscaba informacin que pudiera confirmar sus temores. Durante este perodo no se produjo ninguna repeticin de la visin y, a medida que la tarde del segundo da llegaba y se consuma, empez a tener sus dudas. No sobre lo que tanto l como Aurim haban visto, sino sobre la interpretacin que l le haba dado. Esa misma noche, aquellas dudas quedaron erradicadas mientras dorma.
Volva a estar entre ellos. Era uno de ellos. Ataviados con la verde armadura de escamas de dragn, montaron sobre sus dragones voladores y se elevaron por los aires. El viento arda al azotarles el rostro, y haba algo que no iba nada bien en el cielo, ya que no estaba azul, sino ms bien de un nauseabundo tono verdoso que competa con un rojo sangre. Las nubes se arremolinaban como torbellinos, y una magia salvaje y libre lo envolva todo.
El jinete en jefe su padre se volvi hacia l y, con una voz que exiga obediencia, grit:
No te rezagues ah detrs! Tenemos un largo camino que recorrer!
De improviso el rostro de su padre empez a distenderse de una forma increble. El cuerpo se dobl sobre s mismo y brazos y piernas se deformaron. De la espalda brotaron unas alas...
Un dragn se alzaba sobre l, y l intent hacer girar a su dragn, pero ahora se encontraba tumbado cuan largo era sobre una llanura rocosa, y su montura no se veta por ninguna parte. El dragn, enorme y terrible, baj la cabeza y sise:
No puedesss huir de lo que esss inevitable..., no puedes huir...
Entonces l, Cabe, se encontr en la pennsula Legar. Apenas haba tenido tiempo de darse cuenta de ello cuando una sombra cubri la tierra. El hechicero levant la cabeza y descubri un enorme barco, negro como la noche, que descenda lentamente hacia l desde el cielo. Intent moverse, pero el dolor se lo impidi. La cabeza le arda. Se senta como si estuvieran desmembrndolo.
Cabe baj los ojos hacia las manos, que le escocan terriblemente, y vio con horror que se distendan y se transformaban en algo ms animal que humano. Frentico, el hechicero trat de invertir el efecto, pero fue como si su magia ya no existiera. Ni siquiera poda percibir las lneas de energa de las que extraa su poder.
La amenazadora figura del negro navo fue creciendo y creciendo. El suelo bajo sus pies empez a estremecerse, y Cabe tuvo la seguridad de que vea movimientos a su alrededor, como si criaturas enormes acecharan justo bajo la superficie.
La nave se encontraba casi sobre l ahora. Cabe alz las manos en impotente gesto de autodefensa, y no pudo impedir que sus ojos se clavaran en ellas a pesar de la amenaza, del monstruo que se acercaba.
Las manos eran de un reptil, las afiladas zarpas de un dragn, pero no fue eso lo que llam tanto su atencin. Fue la piel, la piel de un dragn que centelleaba claramente incluso bajo la sombra del negro navo.
Se haba convertido en el Dragn de Cristal.
Cabe despert sentado en la cama muy tieso, con energa mgica pura danzando y chisporroteando en las puntas de sus dedos. Temblaba de forma incontrolable, no tanto de miedo como debido a que la visin haba parecido terriblemente real.
Unos brazos delgados lo sujetaron en la oscuridad y una voz preocupada musit:
Todo est bien, Cabe. Nada era real. Nada del sueo. Ests en la Mansin; ests en casa.
Los temblores amainaron y al fin cesaron. Cabe baj los ojos hacia las puntas de los dedos y contempl con vaga satisfaccin y alivio cmo el resplandor que las envolva se iba apagando.
Cabe...
Gwen?
Parpadeando, el hechicero se volvi hacia la voz. Sus ojos se ajustaron a la oscuridad, hasta permitirle distinguir la borrosa imagen de su esposa. Invoc una pequea luz en lugar de utilizar sus facultades para mejorar la visin. Alterar cualquier parte del cuerpo de uno mismo, aun de forma temporal, era una tarea que requera de cualquiera, a excepcin de unos pocos magos humanos, una concentracin muy precisa. Era un rea en la que los dragones siempre seran superiores a los humanos en el arte de la hechicera. Lo sorprendi haber sido capaz incluso de crear la luz, si tena en cuenta lo confusa que estaba su mente en aquellos momentos.
Ella lo atrajo hacia s y lo bes, ms por una sensacin de alivio que por otra cosa. Permanecieron abrazados unos instantes; luego fue Cabe quien rompi el abrazo para mirarla a los ojos.
Tuve otra visin.
Ya lo sospech. No es un recuerdo de la Mansin, verdad?
Difcilmente. Pasndose la mano por el rostro, le relat las diferentes imgenes y acontecimientos que haba presenciado. El describirlos, no obstante, se los hizo revivir otra vez, y cuando termin el relato volva a temblar, aunque no tanto como la primera vez.
Gwen le cogi las manos y las sostuvo hasta mucho despus de que dejaran de temblar.
Hay que hacer algo.
Los dos sabemos qu, Gwen.
La hechicera le apret las manos con fuerza. La potencia de sus manos era asombrosa.
Ni lo pienses, mi amor.
Qu otro modo existe? Esto es demasiado agotador. O bien algo o alguien me quiere o padezco una especie de premonicin... y todo ello seala al final en direccin a la pennsula Legar. Eso significa el Dragn de Cristal.
Se dio cuenta de que ella no deseaba creer eso. Lo cierto es que l tampoco deseaba realmente creerlo. De todos los Reyes Dragn, el Dragn de Cristal era el ms enigmtico, el ms inquietante. Incluso el difunto Dragn de Hielo o el de las Tormentas, el seor dragn que gobernaba Wenslis, el territorio pantanoso y eternamente lluvioso situado en el lejano confn del nordeste, eran peligros definibles. Nadie saba gran cosa sobre el Dragn de Cristal, ni siquiera los otros monarcas draconianos. Haba intervenido durante el ltimo ataque de furia de su colega del norte, el Dragn de Hielo, y, con lo que pareci un simple gesto, haba ayudado a convertir la inevitable derrota en victoria. Durante los aos que siguieron, haba permanecido silencioso, sin hacer caso de los grandes cambios en el Reino de los Dragones que lo haban encaminado a transformarse cada vez ms en un mundo de humanos.
El seor de Legar tolera a los intrusos en sus dominios, Cabe, pero no cuando se interesan por l. Sus predecesores fueron todos iguales, segn se dice. Reservados y dedicados a una vida de ermitaos, pero a la vez ms que dispuestos a lanzar su poder contra los pocos que se atrevieron a molestarlos. El Dragn de Cristal, tanto ste como cualquiera de sus antepasados, ha sido siempre una criatura a la que se deba evitar costara lo que costara. Mira lo que le cost su arrogancia al Dragn de Hielo.
He estado en la pennsula antes, Gwen, y no siempre por eleccin propia.
Pero jams fuiste en su busca! sa es la diferencia, Cabe! Esta vez puedes acabar enfrentndote a l, y no me gusta la idea de que eso pueda suceder!
Tampoco me gusta a m, pero qu otra cosa puedo hacer? suspir el hechicero.
Gwen permaneci en silencio unos segundos; luego sugiri:
Por qu no vas al Bosque de Dagora? A lo mejor l podr ayudar.
El Dragn Verde?
Sabes que har por ti lo que pueda. Al menos escucha sus consejos. La voz de la mujer adquiri un tono apremiante.
Cabe consider lo que le deca. Las fronteras del Dragn Verde, que ahora abarcaban el reino llamado en una ocasin las Tierras Yermas, estaban prximas a las del Dragn de Cristal. Las Tierras Yermas haban estado gobernadas en una ocasin por su congnere el Dragn Pardo, pero tras su muerte, que un joven Cabe haba ocasionado involuntariamente, el seor del Bosque de Dagora las haba reclamado como propias. El Dragn de Cristal, como era su costumbre, haba permanecido silencioso sobre el asunto.
Si alguien estaba enterado de que algo no iba bien en la pennsula, se sera el Dragn Verde.
Muy bien, ir a verlo. Tal vez pueda explicar qu me est sucediendo. Cabe se irgui muy tieso. O qu le sucede a Aurim!
Aurim! Gwen le solt las manos al recordar lo que su esposo le haba contado sobre que l y su hijo haban tenido la misma visin.
El hechicero se encontr de repente solo en la cama, y tard unos instantes en comprender lo que ella haba hecho. Cuando lo consigui, la hechicera ya haba regresado.
Duerme dijo, visiblemente aliviada. Duerme tranquilamente. Esta vez no debe de haber compartido la visin contigo.
Por qu antes s y ahora no? Cabe se frot la barbilla. No tiene sentido. Frunci el entrecejo. No, s lo tiene. Esto no es una premonicin. Alguien me quiere a m..., a m solo. Tiene que ser el Dragn de Cristal!
Gwen volvi a tomarle las manos.
Aun cuando sea as, habla con el Dragn Verde primero. Por favor!
No te preocupes, lo har. La tom en sus brazos y los dos volvieron a tumbarse. Te lo prometo.
Amaneca casi cuando Cabe consigui por fin tranquilizarse lo suficiente para dormir.

Aunque conoca al Dragn Verde desde sus primeros tiempos como hechicero, ello no hizo que su audiencia con el monarca del inmenso territorio boscoso de Dagora resultara menos impresionante. Despus de todo, se hallaba ante uno de los Reyes Dragn, los legendarios gobernantes del continente. Hasta su propia implicacin con ellos, Cabe jams habra credo que los seores dragones se encontraran en el ocaso de su reinado. Existan pocas cosas en el Reino de los Dragones que encontrara tan abrumadoras como los draconianos monarcas, aun despus de haber presenciado cmo su imperio se derrumbaba y daba paso a unos pocos reinos profundamente divididos que sospechaban unos de otros y de los humanos que iban ocupando su lugar.
El Dragn Verde era diferente, no obstante. Haba aceptado la decadencia del poder como una trayectoria natural para su raza, aunque el dragn no tena intencin de dejar simplemente que su gente se extinguiera. Deseaba ver cmo ambas razas colaboraban, pues en ello estaba su propio futuro.
A Cabe le gustaba considerar al reptiliano monarca como su amigo a la vez que aliado, y esperaba que el Rey Dragn sintiera lo mismo.
A qu debo esta visita, Cabe Bedlam? An no ha llegado el momento de entregar un informe sobre los progresos de las cras del emperador.
De todos modos les va muy bien le inform Cabe. Todava existen los mismos problemas con Kyl.
Desde luego. Es igual que su progenitor.
El seor del Bosque de Dagora estaba sentado en un inmenso trono, de estilo humano, tallado de un pedazo de roca y situado encima de una plataforma de mrmol en el fondo de un enorme complejo subterrneo de cavernas que era la guarida de sus clanes. Como tantos pertenecientes a la raza draconiana, senta una gran aficin por la forma humanoide, y evitaba mostrar su forma original de dragn durante meses seguidos. En opinin de Cabe, los dragones se volvan ms y ms humanos con cada generacin.
Aun as, haba quien habra discutido eso y sealado al Dragn Verde como ejemplo. Por humanoide que fuera, el Rey Dragn no era desde luego humano. A primera vista, el monarca all sentado pareca un alto y enorme caballero ataviado con una armadura de escamas de dragn de una gran elegancia. Habra medido ms de dos metros diez si hubiera estado de pie. Lo cierto es que el seor draconiano se pareca ms a lo que un seor elfo habra parecido si esa raza se hubiera sentido atrada por tales atavos militares y no por las ropas campestres que llevaban siempre. La armadura era de un brillante tono verde, un verde oscuro que indicaba la fuerza y majestad de la inmensa regin boscosa. El traje cubra al Rey Dragn de los pies al cuello y slo ceda su hegemona en la parte superior, donde el yelmo, con su elaborada cresta en forma de cabeza de dragn, cubra casi todo lo dems.
Resultaba imposible no mirar la cabeza de dragn, pues cualquiera que se encontrara ante uno de los seores dragones tena la ntida impresin de que la cabeza lo miraba en comparacin, las crestas de los piratas-lobos resultaban toscas. Con sus largos hocicos, las fauces llenas de dientes, torcidas en lo que pareca casi una sonrisa, y los ojos estrechos e inquisitivos, las cabezas de dragn daban la impresin de estar vivas... y muy hambrientas. No era tan sorprendente. La cresta era ms que simple decoracin; era el autntico rostro del Rey Dragn. El rostro que apareca en el interior del yelmo no era ms que una simple parodia de humanidad; el rostro situado sobre el yelmo era la realidad. De hecho, toda la imagen presentada por el dragn era falsa: lo que pareca una armadura era en realidad su propia piel; la armadura de escamas eran escamas de dragn que permanecan adheridas al original; el yelmo no poda ser quitado, porque en realidad era su cabeza as como lo que haba en su interior finga serlo. En su intento de utilizar la forma humana, que les resultaba muy prctica para muchas cosas, era hasta ah donde los dragones machos conseguan llegar. Su progreso era ms lento que el de los dragones hembras, aunque nadie saba decir por qu. Sin embargo, si Kyl y Grath servan de indicativo, la siguiente generacin de machos haba conseguido por fin cruzar la frontera... en cuestin de aspecto. Como el Rey Dragn que tena delante, an tenan mucho que aprender sobre humanidad.
Aunque bien mirado, tambin suceda eso con muchos humanos.
Cabe se esforz por no clavar la mirada en la cresta, que siempre tenda a atraer su mirada en primer lugar.
He venido por un asunto de gran urgencia, mi seor Verde, y os doy las gracias por esta rpida audiencia. Comprendo que me mostr muy brusco al solicitarla.
El Rey Dragn levant la cabeza, y, si hubiera habido alguien en la estancia que todava pensara que la figura que Cabe tena delante poda ser humana, ahora habra desechado tan estpida idea. Del interior del falso yelmo, dos ojos rojos como la sangre se clavaron ardientes en los del hechicero. Aunque el yelmo ocultaba gran parte de l, podan distinguirse trazos de un rostro plano y escamoso. No haba nariz; tan slo dos rendijas, y, cuando el seor dragn hablaba, su boca sin labios mostraba los afilados dientes de un depredador. Poda tratarse de una parodia, pero el rostro humanoide del Rey Dragn resultaba a su manera casi tan terrible como el otro por ese motivo.
Una estrecha lengua bfida apareca entre sus dientes de vez en cuando al hablar, aunque, a excepcin de una ligera pronunciacin sibilante muy espordica, el seor dragn hablaba con mayor claridad y precisin que muchos humanos.
Tan formal, mi amigo hechicero! Realmente debe de ssser algo muy urgente cuando te diriges a m en essse tono.
En la estancia no haba nadie ms que ellos, que era lo que Cabe haba solicitado. La cmara estaba iluminada por antorchas, y sus paredes de roca eran tan lisas que en otra poca haban llevado a Cabe a sospechar que uno de los antepasados del Rey Dragn la haba excavado. Haba plantas de todas formas y tamaos en la caverna, y tapices hbilmente tejidos, algunos increblemente antiguos, decoraban la mayora de los muros. Mucho tiempo atrs, algn Rey Dragn se haba esforzado por convertir su guarida en un lugar hermoso y lo haba conseguido, pero el mago de cabellos oscuros no se senta ni mucho menos tranquilizado por el regio escenario. Siempre resultaba imposible olvidar que sta era la madriguera de un dragn y lo haba sido durante incontables generaciones.
Cabe haba considerado diferentes maneras de empezar, pero ninguna le haba parecido satisfactoria. Ir directo al grano segua parecindole la mejor ruta.
Seor, busco informacin sobre ciertos acontecimientos en el reino de vuestro hermano, el Dragn de Cristal.
Ah, s? El Rey Dragn no pudo disimular por completo su sorpresa. Y por qu dessseas esto?
El hechicero se acerc ms, y tan slo se detuvo cuando lleg al pie de la tarima. Mantena el rostro despojado de toda emocin.
Creo que sucede algo all, y pienso que puede estar relacionado con los piratas-lobos.
Aaaah?
Ahora s que haba obtenido toda la atencin del seor dragn. Si exista una amenaza aparte de la magia humana que los Reyes Dragn respetaran, sta era la de las siempre hambrientas jauras de los aramitas. Los barcos negros haban sido una plaga que ni siquiera los ms astutos Reyes Dragn haban conseguido erradicar. La rebelin que haba obligado a los aramitas a abandonar sus saqueos haba sido una bendicin.
Cuntame ms, amigo Cabe.
Cabe le habl de las visiones, sin omitir nada, y el Rey Dragn permaneci en silencio durante todo el relato. El hechicero comprendi que su anfitrin consideraba ya posibles significados de las visiones y lo que estos significados podan exigirle. Cuando Cabe termin, el seor dragn ya tena algunas ideas propias sobre el tema.
He odo algunos rumores, pero esto... No debera sssorprenderme que los piratas-lobos hayan venido al Reino de los Dragones. Se parecen a vosotros en cuestin de tenacidad. Si han escogido las tierras de mi hermano el Dragn de Cristal, entonces me es imposible predecir lo que pueda suceder. El seor de Legar es un enigma incluso para sus hermanos. Los Reyes Dragn se llamaban entre ellos hermanos, pero el trmino se refera a su supuesta igualdad en categora, no a un parentesco consanguneo. Por lo que el mago saba, ninguno de los reyes supervivientes era realmente hermano de otro.
No tenis ningn contacto con l... en ninguna forma?
No le gusta conversar, humano. Los de su estirpe siempre se han mantenido apartados. No busca nuestra compaa, y, si he de decir la verdad, nosotros siempre hemos evitado la suya.
Cabe consider sus palabras.
No tenis contacto con l?
El seor dragn le mostr los dientes, pero no debido a que sintiera enojo contra el mago. Ms bien pareca frustrado consigo mismo.
No tengo ningn contacto, amigo hechicero. Ni espas. Mediante ningn sistema he conseguido jams adivinar sus propsitos... si es que los tiene. No creas que no lo he intentado. No pienses que mis hermanos no lo hayan intentado, tambin.
Qu hay del resto de Legar?
Una sonrisa reptiliana cruz por unos instantes el sombro semblante. El Dragn Verde se irgui, y luego se alz de su trono. Cabe no retrocedi, como muchos habran hecho; se limit a estirar el cuello y mirar arriba. Conoca al Dragn Verde lo suficiente para saber que respetaba ms a aquellos que se enfrentaban a l.
Del resto de Legar, en general no hay nada interesante, amigo Cabe. El territorio brilla, pero all no vive ni un alma. Igual se podran observar los nevados Territorios del Norte, ya que existen all las mismas probabilidades de que suceda algo que en el ardiente y reseco reino que gobierna mi hermano. La sonrisa muri. El Rey Dragn descendi de la tarima para poder quedar ms a la altura de los ojos de su husped. Sin embargo, confo en tu palabra y en tu buen juicio cuando dices que ahora eso puede haber cambiado. Has despertado mi curiosidad por primera vez. Call unos instantes; luego sise: Si me acompaas en un corto paseo, a lo mejor hay un modo de responder a tus preguntas... y a tus temores.
Adnde vamos?
He estado esperando la oportunidad de poner a prueba una creacin ma. No veo motivo para que ste no sea el momento perfecto para ello. Ven. Ser mejor que te lo muestre antes de que te lo explique.
El seor dragn lo condujo al interior de uno de los tneles que partan de la sala y a travs de un ddalo de pasadizos que eran algo corriente en las guaridas de los de su raza. Algunos de los pasillos eran enormes, perfectos para un dragn adulto, pero otros, ms nuevos, estaban diseados estrictamente para criaturas del tamao de un hombre o de un dragn bajo forma humana. Cabe saba que muchos Reyes Dragn, en especial la estirpe que haba gobernado Dagora, a menudo tenan criados humanos, pero por lo general no cavaban tneles adaptados a esos criados; los senderos ms pequeos haban aparecido cuando los dragones empezaron a preferir la forma humanoide.
Finalmente llegaron ante un par de sencillas puertas de bronce, algo raro en las profundidades de una guarida de dragn. Las puertas de bronce indicaban lo valioso que era para el seor del bosque el contenido de la habitacin que guardaban. Cuatro guardas, todos humanos, lo cual resultaba muy interesante, eran otra buena indicacin de que todo el que entrara all sin autorizacin perdera la vida.
A una seal del seor dragn, los guardas se hicieron a un lado y las puertas se abrieron. El reptiliano monarca hizo una seal al hechicero con una de sus zarpas para indicarle que entrara el primero.
Cabe nunca saba qu esperar cuando era conducido al santuario interior del Dragn Verde. En cada ocasin haba algo diferente. Los seores de Dagora siempre haban sido estudiosos, y sus principales intereses tendan a dirigirse o bien a la inmensa historia del continente o a la forma en que diferentes razas haban hecho uso de la magia. No exista nadie ms, excepto quizs el Dragn de Cristal, que supiera tanto.
Para un mago, la sala era una coleccin digna de envidia. Medallones de los Rastreadores pendan junto a tapices hechos por una raza cuyo rostro y forma ni siquiera los Reyes Dragn conocan. Los tapices eran ms antiguos que cualquier otra cosa y las imgenes siempre giraban alrededor de paisajes que ya no existan en ninguna parte del reino. Haba botellas llenas con ejemplares de origen tanto vegetal como animal e hileras y ms hileras de enormes volmenes, muchos de los cuales el seor dragn haca tiempo haba admitido no haber conseguido descifrar.
Podis cerrar las puertas orden el Rey Dragn, volvindose a los guardas. Nadie debe entrar, no importa lo que oigis. Eso incluye a todo el mundo.
S, seor dijeron a coro los hombres.
Dos de ellos agarraron las asas y tiraron de las puertas hasta cerrarlas. Los sirvientes humanos del Dragn Verde eran siempre veloces y concienzudos en su obediencia, pero, al contrario de los que servan a otros seores dragones, stos obedecan por pura lealtad. Los seores del Bosque de Dagora casi siempre haban cuidado a sus humanos tanto como a los de su raza.
Cuando estuvieron solos, el reptiliano monarca se volvi hacia su husped.
No te preocupes, maessse Cabe. La advertencia era ms para mantener nuestra intimidad que una insinuacin de algn peligro para nuestra integridad fsica.
Ya lo pens.
Sin embargo, y pese a las palabras de su husped, Cabe no se senta totalmente tranquilo. Cualquier empresa que implicara hurgar en el reino del Dragn de Cristal tena que poseer al menos un leve elemento de riesgo inherente en ella.
El Dragn Verde se encamin a grandes zancadas hacia un pequeo nicho en el que se encontraba un pedestal que llegaba hasta la cintura del hechicero. Tallados en la superficie plana del objeto haba una serie de smbolos que le parecieron vagamente familiares. El recuerdo era tan lejano y nebuloso, no obstante, que se dijo que quiz no era suyo sino ms bien algo que haba quedado de cuando haba compartido sus recuerdos con Nathan.
Esto es lo que deseaba mostrarte. Esss muy superior a cualquier cosa que posean mis hermanos... excepto tal vez aquel del que queremos averiguar ms cosas. No hace mucho que complet su creacin; se dira que tu peticin haba sido prevista por el mismo Reino de los Dragones.
Al hechicero no le gust la idea. Con demasiada frecuencia, daba la impresin de que el Reino de los Dragones de alguna forma controlaba su vida y las vidas de aquellos por los que se preocupaba.
Qu es lo que hace? Cmo funciona?
Una explicacin ahora palidecera ante la realidad. Es mejor que te limites a mirar.
Cabe observ mientras el Rey Dragn pasaba primero la mano sobre los smbolos y luego tocaba tres de ellos. De nuevo, un recuerdo de un pasado lejano molest a Cabe, pero lo reprimi. Todo lo que saba era que los dibujos tallados en el pedestal eran una especie de lenguaje, aunque no la lengua corriente que hablaban humanos y dragones. Pero haba habido muchas razas que haban precedido a los Reyes Dragn, y al menos algunas de ellas habran hablado y escrito en otras lenguas. En el Reino de los Dragones, existan incluso reinos donde la forma escrita de la lengua comn resultaba indescifrable para todos excepto aquellos que haban crecido aprendindola. Cuando tuviera tiempo, preguntara al Rey Dragn sobre las marcas, pero ahora haba tareas ms importantes que realizar.
Mientras completaba una segunda disposicin de smbolos, el seor dragn explic algo de lo que haca.
Los dibujos estn directamente ligados a fuerzas especficas en el Reino de los Dragones, casi de la misma forma que la mente de un hechicero cuando quiere utilizar el poder, pero de una forma ms precisa. Exisssten menos posibilidades de fallo fortuito debido a una falta de concentracin y una mayor capacidad para concentrarse en zonas concretas o incluso en individuosss. El tono sibilante del dragn aument a medida que se excitaba con el tema. Tambin agota mucho menosss al mago que lo utiliza que muchosss mecanismosss porque no precisssa de la gran cantidad de fuerza de voluntad que a menudo necesssitan los crissstales.
El Dragn Verde realiz una nueva pasada sobre el pedestal, y luego se apart.
Qu sucede ahora?
Espera... y observa.
Al principio fue slo un pequeo punto negro. Flot sobre la parte central del objeto, y fue creciendo poco a poco. Cuando adquiri el tamao de su mano, la forma se alter y adopt otra ms parecida a una nube negra a punto de desatar una tormenta. Cabe casi esper ver relmpagos y lluvias torrenciales. Poco a poco, no obstante, la nube se fue afinando hasta resultar casi transparente, y al mismo tiempo que se afinaba continu creciendo. La negra masa slo dej de crecer cuando alcanz el tamao del pecho de Cabe. Para entonces, el hechicero poda ver la pared opuesta a travs de ella, pero aparte de esto, no haba nada, ni siquiera la ms vaga de las imgenes. Tras aspirar varias veces lleno de ansiedad, ya no pudo esperar ms y pregunt:
Hay algo que no funciona?
No fue todo lo que respondi el dragn.
An no haba acabado de hablar el monarca, cuando la delgada nube se estremeci. Cabe estuvo a punto de dar un paso atrs, pero, cuando vio que el Rey Dragn mova la cabeza afirmativamente, comprendi que eso era parte del conjuro. La nube sigui estremecindose, pero ahora las alteraciones en su forma se convirtieron en cosas especficas. Inclinndose al frente, Cabe contuvo la respiracin al comprender lo que estaba presenciando. Las cosas se convirtieron en formas autnticas y las formas adquirieron rasgos ntidos. Surgieron colinas diminutas y se hundieron ms los barrancos; la parte superior de la visin se torn azul al separarse el cielo de la tierra. El paisaje ahora casi formado empez a brillar de improviso al quedar baado por una luz de procedencia desconocida.
Un mundo en miniatura acababa de florecer. No, no un mundo, se corrigi Cabe, sino simplemente una parte de uno; de uno muy conocido.
Se trataba de las rocosas y brillantes colinas de Legar. Flotaban ante los dos, no como una imagen plana, sino como un lugar muy real. Era como si alguien hubiera robado una parte del territorio, lo hubiera encogido, y lo hubiera presentado ante ellos. El hechicero sinti el impulso de extender la mano y comprobar si poda tocarlo, pero saba que la visin que tena delante era una ilusin, nada ms.
Qu te parece, maese Bedlam?
Es... No hay palabras apropiadas, mi seor. El detalle es increble!
Podemos concentrarnos en zonas ms pequeas. Como esto.
La imagen cambi. Esta vez, se haba ampliado hasta tal punto que Cabe poda distinguir cada una de las hojas de uno de los pocos y resistentes arbustos que salpicaban la zona contemplada. Una pequea criatura no ms grande que su mano se escurri desde debajo de una roca hasta el arbusto.
Esssta fue la parte fcil observ su anfitrin. Todo el cuerpo del Dragn Verde indicaba repentina incertidumbre. Lo que vemos son justo los lmites de la pennsula. Ahora debemosss ahondar an ms en Legar... y desde luego eso llamar la atencin de mi hermano!
No pensars intentar ponerte en contacto con l!
A lo mejor podemos averiguar lo que necesitamos saber sin recurrir a eso.
El hechicero de negros cabellos dirigi una subrepticia mirada a su compaero. Tiene miedo del Dragn de Cristal! Inmediatamente despus de pensarlo, Cabe se sinti avergonzado. No era miedo. Era ms cautela que temor. El Dragn Verde conoca y respetaba el poder de su congnere del oeste. Cabe, que haba sido testigo de ese poder en el pasado, comprendi algo de lo que el seor de Dagora deba de pensar. Nadie, ni siquiera los ms malintencionados de los Reyes Dragn, deseaba atraer sobre s la colera del Dragn de Cristal.
Sin embargo, si el seor de Legar era un poder tan grande en el reino, qu significaban las visiones de Cabe? Qu poda haber que pudiera amenazar al enigmtico seor dragn y tambin al resto del Reino de los Dragones?
Cmo estaban involucrados en ello los piratas-lobos? Podan por s solos ser un peligro tan grande? Dese saber ms cosas sobre el Dragn de Cristal.
Dese que alguien las supiera.
El Dragn Verde volvi a tocar las seales. La imagen vacil y enseguida cambi, mientras el Rey Dragn intentaba viajar ms al interior del territorio de su congnere. No vieron nada extrao al principio; simplemente las mismas colinas cubiertas de una corteza de cristal y unos pocos signos de vida vegetal. De vez en cuando, un ave sobrevolaba la zona, sin duda de camino a climas ms hospitalarios. La imagen de la primera de tales aves divirti a Cabe, quien casi esper verla volar ms all del lmite de la escena y penetrar en la sala donde l se encontraba.
Pero, al cabo de algunos minutos, el hechicero se impacient. Empez a preguntarse si el Dragn Verde no se estara mostrando un tanto vacilante con respecto a penetrar ms hacia las regiones occidentales de la pennsula. Cabe respetaba en gran medida al soberano de Legar, probablemente al menos tanto como el seor dragn que tena al lado, pero el Dragn Verde no haba padecido las visiones. Cabe quera una respuesta y la quera pronto. A la velocidad actual, tardaran bastante tiempo an en llegar a la zona central, a la regin donde se supona que empezaban las cavernas del clan del Dragn de Cristal.
Seor... Su decisin se tambale un poco cuando el dragn volvi hacia l los llameantes ojos, pero Cabe persever. Seor, no podemos saltar de donde nos encontramos ahora y observar el extremo occidental de Legar? Si, como creo, la respuesta se halla all, entonces puede que la descubramos y hayamos terminado con ello en cuestin de minutos.
El Rey Dragn vacil; luego, con gran desgana, movi la cabeza en seal de asentimiento.
Como dicesss, puede que acelere el final de todo esto. Muy bien; dame solo unos instantes, hechicero, y ver lo que puedo hacer.
Cabe dese poder ayudar, aunque slo fuera para animar al dragn a ir ms deprisa, pero el Rey Dragn no le pidi su ayuda y no haba forma en que pudiera ofrecerla sin que el reptiliano monarca tomara la oferta como una ofensa a su valenta. Se content con intentar preparar su coraje ante lo que fuera que la ventana mgica les revelara, en especial si lo que mostraba era el enfurecido rostro del Dragn de Cristal.
Curioso. Muy curioso.
Qu? El hechicero levant la vista.
Hay... algo... que impide nuestra visin. Mralo por ti mismo, Cabe.
El hechicero hizo lo indicado. Sobre el pedestal, la imagen que haban invocado antes vacilaba y se retorca, para convertirse ms bien en una sombra distorsionada de su antigua forma. Superpuesta a esta visin, haba otra. En esa otra, una imagen mucho menos clara incluso que aquella en que se haba convertido la primera, Cabe distingui el movimiento de varias figuras. Era imposible saber si eran humanas o no, pero el hechicero se qued rgido al darse cuenta de que todas ellas eran oscuras, posiblemente negras.
Algo intenta rechazarla!, gru el Rey Dragn.
Su inquietud se haba desvanecido, reemplazada ahora por enojo al ver que algo se haba atrevido a hacer estragos en su creacin. Pas la mano en forma de zarpa sobre diferentes disposiciones de smbolos, pero las imgenes an se enmaraaron ms. Ahora pareca como si las fantasmales figuras intentaran andar a travs de las colinas.
Por el Dragn de los Abismos!
El enfurecido seor dragn intent una nueva disposicin, con la esperanza sin duda de que alguna combinacin de fuerzas venciera el desconocido obstculo. Ambas visiones se esfumaron, para ser reemplazadas esta vez por una espesa nube griscea que centelleaba mientras giraba lentamente sobre s misma, casi como si una legin de lucirnagas hubiera quedado atrapada en el remolino. El Dragn Verde retrocedi, a todas luces estupefacto ante este ltimo resultado. No obstante, tras unos instantes de contemplacin alarg otra vez la mano en direccin a los smbolos del pedestal.
Se produjo un fogonazo, y un centelleante campo de luz envolvi al confiado dragn.
Cuando el fogonazo se extingui, una cabeza ocupaba el aire por encima del artefacto mgico; se trataba del sobresaltado semblante de ni ms ni menos que el Dragn de Cristal. Era imposible confundir a este Rey Dragn. nicamente un dragn posea una piel que brillara como el diamante.
Con todo su cuerpo temblando violentamente, el Dragn Verde lanz un alarido y cay hacia atrs. El rostro desapareci.
Cabe corri junto a su compaero, olvidando por completo la ventana mgica en su preocupacin. Se arrodill junto al dragn, que segua temblando, y comprob su pulso; era desigual, pero lo bastante fuerte para que el hechicero se sintiera seguro de que sobrevivira. Tomando entre las suyas las manos del Rey Dragn, Cabe observ que el dragn haba recibido quemaduras en ambas palmas. Utiliz un hechizo para mitigar el dao sufrido y se sinti aliviado al comprobar que ste surta efecto: las lesiones provocadas por magia de alto calibre a veces resultaban imposibles de curar.
Mientras bajaba las manos del Rey Dragn, advirti que un pesado silencio haba cado sobre la habitacin. Sin saber muy bien cmo, Cabe percibi que era la clase de silencio que precede a una terrible catstrofe.
El hechicero se volvi desde donde estaba arrodillado.
Una mano negra lo bastante grande para engullir tanto a Cabe como al Rey Dragn se extenda hacia ellos desde el pedestal.
Cabe comprendi que si lanzaba una oleada de poder bruto contra la cosa poda provocar una devastacin que abarcara ms all de la estancia, ya que slo los medallones de los Rastreadores depositados sobre las estanteras probablemente posean en s mismos fuerza suficiente para hacerlo. Si su violento conjuro destrua los talismanes, ese poder quedara tambin liberado. A la vista de todo lo que contena la coleccin del seor del Bosque de Dagora, estaba claro que los medallones no seran los nicos artefactos mgicos que liberaran sus poderes, largo tiempo aprisionados.
Sin tiempo para pensar en un contraataque, Cabe eligi en su lugar la simple defensa. Trazando con una mano un rpido arco, rode a ambos con un escudo transparente. Era bsico pero potente, uno de los primeros conjuros que haba aprendido a realizar slo por instinto.
Los dedos de la negra mano golpearon la superficie del escudo invisible y se detuvieron. Cabe casi pudo percibir su frustracin. Pero aquello no disuadi a la fuerza que guiaba la mano. Reajustndose de modo que los dedos sujetaran por completo los extremos exteriores de la barrera, la malvola extremidad apret con fuerza.
Cabe Bedlam era consciente de que la escena que se desarrollaba ante l no era ms que la representacin visible de dos conjuros que intentaban oponerse el uno al otro, pero resultaba imposible no creer que una mano autntica se iba cerrando lentamente sobre l. Su propio conjuro empezaba ya a ceder, seal de que quien fuera o lo que fuera que se enfrentaba a l no slo era un experto practicante de la magia sino tambin alguien capaz de reunir fuerzas que habran aplastado incluso a Cabe, cuyas propias habilidades no eran pocas.
Sin embargo, al final, el escudo cumpli su misin. Obtenido un momento de respiro, replic l ahora. No haba necesidad de malgastar ms segundos en busca de una solucin complicada. Cabe lanz un conjuro que era tan parte de l como lo haba sido de su abuelo, Nathan. Un arco dorado se form ante l, un arco dorado que, en el pasado, haba matado a un Rey Dragn. Era un legado de Nathan. Los contados hechiceros que haban conseguido crear y utilizar uno de ellos, pues la reunin y fusin de los poderes necesarios era una cuestin delicada que exiga mucho tiempo, haban bautizado tales cosas como Lanceros Solares, aunque Arqueros Solares habra sido ms apropiado. El hechizo agotaba enormemente a su creador y a menudo no poda recrear el arco durante meses, pero un disparo era todo lo que se necesitaba. Por mucho que exigiera al hechicero, le quitaba an ms al blanco.
Una nica y refulgente flecha, un haz de cegador resplandor, sali disparada del arco. La flecha vol sin impedimentos a travs del escudo, ya que compartan un origen y una causa comunes, y se clav en la amenazadora mano. Sin que el impacto lo obligara apenas a reducir la velocidad, el proyectil atraves la palma y sali por el otro extremo antes de que Cabe pudiera siquiera parpadear.
En cuanto la flecha solar sali, la mano negra solt su presa y empez a golpear violentamente en el aire por encima del hechicero. Respirando pesadamente, Cabe reforz el escudo lo mejor que pudo, pero la accin result innecesaria, pues la mano se desvaneca ya, su magia desbaratada, mientras que sin duda su propietario lamentaba de forma muy dolorosa haberlos atacado. Antes de que Cabe pudiera volver a aspirar profundamente, la mgica amenaza haba desaparecido. De no haber sido porque el Dragn Verde yaca inconsciente y herido junto a l, casi le habra sido imposible creer que haba existido un ataque, ya que ninguna otra cosa en la habitacin haba sido afectada por l, ni siquiera el pedestal.
Sin temor a un nuevo ataque, el hechicero retir la barrera defensiva y corri hacia las puertas de bronce. Agarr una y la abri de golpe. Las miradas ansiosas pero dispuestas de ms de dos docenas de guardas, tanto humanos como dragones, se encontraron con la suya. Cabe seal a su espalda.
Entrad ah, rpido! Vuestro seor puede necesitar ayuda! No puedo prometer que mi conjuro curativo se haya ocupado de todas las lesiones sufridas!
Se perciba una gran aprensin. El Rey Dragn jams haba permitido a ms de un puado de sus sbditos, fueran dragones o humanos, la entrada en su santuario privado. Por fortuna, la salud de su seor pesaba ms que su miedo a desobedecer, y una media docena de centinelas pasaron corriendo junto a Cabe y cogieron al Rey Dragn por brazos y piernas. Con sumo cuidado pero tambin gran rapidez, sacaron a su seor de la estancia. Tras asegurarse de que todo segua tranquilo en la habitacin, Cabe los sigui.
Nadie entrar de nuevo aqu sin permiso de vuestro seor orden, girndose al llegar al umbral. Puede que an exista algn peligro all dentro. Entendido?
Los guardas que permanecan all asintieron, y el hechicero no perdi ms tiempo con ellos. Saba que el Dragn Verde recibira toda la ayuda necesaria por parte de su gente y que no era realmente necesario que l fuera, pero una sensacin de culpabilidad lo oblig a acompaar al herido monarca y a sus servidores. Era por su culpa que el Dragn Verde se haba visto envuelto en esto, por su culpa el dragn haba ido ms all de lo que era seguro.
Ahora ms que nunca, Cabe supo que tena que viajar al inhspito territorio de Legar. Las imgenes y el ataque no haban hecho ms que alimentar su curiosidad y resolucin. No era probable, basado en lo que haba visto, que el Dragn de Cristal hubiera sido el impulsor del ataque. Adems, aquel Rey Dragn se haba mostrado verdaderamente sobresaltado por la intrusin en su reino. No, el ataque haba surgido de otro sitio; aunque apenas si haba pruebas suficientes, la mano negra que casi se haba apoderado de ellos pareca indicar a Cabe la presencia de piratas-lobos, y, lo que era an peor, piratas-lobos con poder, guardianes como aquellos de los que Grifo haba hablado en una ocasin. Cabe haba pensado que la casta aramita de hechiceros ya no exista; al menos el pjaro-len as lo haba dado a entender.
Lo que fuera que amenazaba desde los dominios del Dragn de Cristal, tendra que enfrentarse a ello, pero tendra que hacerlo solo. El Dragn Verde no poda hacer nada ahora. El hechicero saba que Gwen querra unirse a l cuando comprobara que no poda disuadirlo de tomar parte en aquello, pero tiempo atrs haban establecido una norma, una que incluso ella se vera obligada a obedecer, una por la cual uno de los dos siempre permanecera junto a sus hijos en tales circunstancias. Tena que haber alguien que cuidara de ellos. No podan arriesgar sus vidas los dos y dejar sin proteccin a Aurim y a Valea, por no mencionar a los dragones depositados a su cuidado. Aurim era an demasiado alocado para dejarlo al mando y Kyl..., Kyl tampoco estaba preparado.
No haba eleccin. Cabe tendra que viajar a la pennsula Legar solo.
A menos... Vacil en medio del pasillo, los criados y su carga momentneamente apartados de sus preocupaciones ms inmediatas. Exista otro ser al que poda pedir ayuda, si es que poda localizarlo. El problema era que Cabe poda registrar todo el Reino de los Dragones sin encontrarlo, ya que aquel a quien buscaba no estaba ligado a este mundo ni a ningn otro. El hechicero no poda malgastar el tiempo en una bsqueda tan prolongada; cualesquiera que fueran los acontecimientos que se desarrollaban en los dominios del Dragn de Cristal podan alcanzar su punto culminante en cualquier momento. Como mucho, Cabe poda dedicar un da, tal vez dos, a la bsqueda.
No obstante, valdra la pena si consegua localizar a Caballo Oscuro.

D'Rance! Ah ests. Revolviendo entre la basura otra vez?
El hombre azul, con la capa arrollada a su angulosa figura casi como un sudario, se volvi para mirar a su bajo colega. A diferencia de los dems, su capa posea tambin una capucha, que en estos momentos estaba tan echada hacia adelante que casi le caa sobre los ojos. Su yelmo y sus guantes descansaban a un lado sobre una improvisada mesa que utilizaba para su trabajo. Una mano emergi de la capa y deposit una pequea estatuilla de cristal sobre la misma mesa. La habitacin que haba escogido para su trabajo y su intimidad haba sido sin duda el equivalente de una biblioteca Quel, pero tan slo quedaban unos pocos fragmentos sueltos de pergaminos y cristal. D'Rance era de la opinin de que el resto haba sido hecho desaparecer por los cavadores que an seguan en libertad, pero no haba visto motivos para compartir su teora con sus compaeros.
Llevo aqu algn tiempo, Orril D'Marr, s, y lo que hago no es revolver. Mi seor me ha ordenado que inspeccione todo artculo dudoso perteneciente a los cavadores. Pueden existir objetos poderosos, talismanes, s, entre lo que t obcecadamente denominas basura.
El joven oficial respondi con un encogimiento de hombros lleno de indiferencia. El hombre azul maldijo en silencio a los Quel por no haber sido capaces de eliminar de su vida al insolente jefecillo. Posea el don de intervenir en los momentos ms inoportunos, casi como si poseyera un sexto sentido. Armndose de paciencia, D'Rance chirri:
Debo suponer, D'Marr, que posees algn motivo para molestarme. O es que no puedes vivir sin m?
Algo ha sucedido..., una especie de convulsin en esa cosa de los hombres-bestias, el artilugio mgico. Nuestro lord D'Farany requiere tu presencia para que puedas ayudarlo a descifrar el misterio. Hace ya varios minutos que ha requerido tu presencia y no le gusta que lo hagan esperar. Tanto t como yo lo sabemos.
El hombre azul se apart de D'Marr y, con la misma mano que antes, recogi otro de los objetos que los soldados bajo sus rdenes, ciegamente obedientes, haban reunido para l. Fingi examinarlo, pero en realidad se haba visto obligado a girarse porque en aquel momento haba estado a punto de resultarle imposible ocultar la verdad de lo que estaba haciendo. La tensin habra aparecido en su rostro, y lo habra delatado. A diferencia de D'Marr, Kanaan D'Rance era una criatura emocional, ms an que muchos de los de su raza.
Pero slo por esta vez y nicamente con respecto a este asunto, deseara poder lucir una mscara con la habilidad con que t la llevas, hombrecillo, s!, pens.
Slo tardar un instante. No es necesario que esperes.
Lord D'Farany aguarda. Creo que tiene algo.
Obligando a su mano a no temblar, el hombre azul deposit la segunda figurilla sobre la mesa y volvi la cabeza por encima del hombro.
Como he dicho, no tardar ms que un instante.
Una leve sonrisa apareci brevemente en el rostro de D'Marr. D'Rance supo que era porque resultaba muy peligroso no acudir de inmediato a la llamada del jefe de la manada. Era algo a lo que D'Rance jams se haba adaptado y saba que slo el resultar tan til a su seor le haba evitado ser castigado por sus mltiples transgresiones. Saba que D'Marr esperaba ahora que esta ltima fuera la gota que colmara el vaso. Al hombre azul no le import. Necesitaba unos pocos minutos ms antes de atreverse a presentarse ante lord D'Farany. Lo llamara o no, arriesgaba ms si acuda ahora que si esperaba hasta ser ms capaz de recuperar la compostura. Sus secretos deban seguir siendo slo suyos.
Observ cmo una de las manos de Orril D'Marr rozaba el pomo del juguete favorito del aramita, la vara mgica que le gustaba utilizar demasiado a menudo con otros. El cetro sera su muerte si D'Rance no lo mataba a l antes.
Informar a nuestro seor de tu respuesta.
Hazlo, s.
Con evidente satisfaccin, un silencioso D'Marr abandon la estancia. El hombre azul lo sigui con la mirada mientras desapareca de su vista, y luego lanz un profundo suspiro. Pens en la forma en que su colega transmitira la respuesta al jefe de la manada; sin duda profusamente adornada. D'Rance tendra que hablar con gran elocuencia, pero siempre haba sido experto en ello. Gracias a esta elocuencia haba conseguido cruzar el ancho mar hasta el pas que era su meta, y ella lo mantendra en el favor del jefe de la manada hasta que el hombre azul estuviera listo para abandonar a los piratas a cualquiera que fuera su destino.
Me has mostrado mucho, s, lord Ivon D'Farany, y te doy las gracias, aunque no puedes llegar a saber lo mucho que me has enseado, no...
Permitiendo que la capa cayera hacia atrs, contempl la mano que haba ocultado a D'Marr.
De forma visible, no se apreciaba la menor seal de una herida, ni siquiera la menor marca. Sin embargo, el dolor segua recorrindole el cuerpo como si alguien hubiera hundido un cuchillo en su palma. La mano estaba retorcida de forma que resultaba ms una parodia de la garra de un ave que una extremidad humana; incluso el ms leve movimiento haca que el dolor se incrementara cien veces, pero ya no poda esperar ms. Tena que ponerla bien ahora.
Apretando los dientes, el hombre azul se esforz por colocar los dedos en su posicin original. Gotas de sudor le corran por la frente mientras pugnaba por resistir el dolor. Poco a poco, la mano recuper algo de su aspecto normal, aunque conseguirlo signific un atroz suplicio. Por fin, D'Rance no pudo evitar gemir en voz baja. Encontrara al que le haba hecho esto y le hara lamentarlo.
Comprenda que haba sido una estupidez ponerse a prueba tan pronto, pero la oportunidad se haba presentado como un regalo e, incapaz de resistirse, se haba aferrado a ella. Su recompensa haba sido un dolor insoportable.
Pero mejora se consol. Cada vez lo hago mejor, s...
Obligndose a utilizar la mano herida, para empezar a acostumbrarse a vivir con el dolor, D'Rance ech hacia atrs la capucha. Hizo intencin de tomar el yelmo, pero lo pens mejor y, tras mirar a su alrededor para asegurarse de que no lo interrumpiran, sac de una de las bolsas de su cinturn un pequeo espejo. Tras alzarlo a la altura de los ojos, el norteo lo sostuvo de forma que pudiera contemplar el lado izquierdo de su cabeza.
Distingui un diminuto mechn plateado en sus cabellos, un mechn que semanas atrs no exista.
El hombre azul sonri. Realizaba autnticos progresos, s.
V
Si crees que dejar que realices ese viaje solo, Cabe, entonces es que no conoces mi autntico yo incluso despus de todos estos aos!
De haber sido cualquier otro, el hechicero se habra sentido bastante temeroso ante el espectculo que ofreca ahora su esposa. Era, por el momento, la diosa del bosque, la Dama del mbar, como muchos la consideraban an. Toda ella emanaba poder. Las brillantes trenzas escarlata ondeaban con vida propia y pareca dos veces ms alta que Cabe. Sus ojos de color esmeralda brillaban como verdes llamas gemelas que, en otras ocasiones, haban provocado en Cabe un placentero aturdimiento. Slo una o dos veces en el pasado haba visto en su rostro una expresin como la que ahora luca, y las dos veces porque sus hijos haban corrido peligro.
Le dola verla as, pues saba que era nicamente su amor y temor por l lo que haba provocado tal furia.
Ya sabes lo que acordamos, Gwen. No es por nosotros; es por los nios. No es justo arriesgarnos los dos. Alguien tiene que quedarse con ellos... slo por si es necesario. Fuiste t quien pens en eso, recuerda.
Lo s. Mostr una expresin de amargura. Pero sera ms sencillo si fuera yo quien corriera el riesgo. Entonces sabra que t ests a salvo y cuidando de los nios. Sea lo que sea a lo que me enfrentase, podra arrostrarlo mejor sabiendo eso.
Y yo no? Gwen, sabes que eres mi compaera a la vez que mi pareja, pero esta vez tengo que ir yo, y solo. Las visiones vinieron a m...
Y a Aurim.
Tuvo que darle la razn en esto.
Pero creo que puede haber sido porque l y yo somos muy parecidos en muchas cosas. La segunda vez, slo yo vi las imgenes. Adems, no puedo llevarlo conmigo. No est preparado... a menos que su control se haya beneficiado enormemente de lo sucedido el otro da.
Gwen esboz una sonrisa.
Esta maana encontr a uno de los hombres palo vagando por el jardn. Al parecer, cuando Aurim intent invertir el conjuro, no pudo vigilarlos a todos y ste escap. No, aun cuando estuviera dispuesta a arriesgar a nuestro hijo, que no lo estoy, debo aceptar que no est preparado.
Bien.
Pero tampoco te dejar ir solo. Al menos espera a que el Dragn Verde se recupere.
Sera demasiado tarde. El ataque no le caus gran dao fsico, pero lo ha dejado sin poderes mgicos. Estar demasiado dbil durante algn tiempo.
El hechicero cruz el dormitorio hasta una de las ventanas que daban al jardn. Abajo, las gentes cuyas vidas l guiaba se ocupaban de sus labores diarias, tan slo vagamente conscientes de que algn acontecimiento de gran importancia captaba ahora el inters de su seor y seora. Los dos hechiceros llevaban discutiendo aquello desde que haban despertado... en realidad, desde la noche anterior, cuando l haba sacado a colacin el tema. Cabe haba aguardado hasta estar seguro del estado del Dragn Verde, porque haba esperado lo mismo que ella. El seor del Bosque de Dagora haba estado de acuerdo en que la situacin era demasiado preocupante para hacer caso omiso de ella y haba querido unirse a l, pero por el momento era menos capaz de ayudar a Cabe que Valea, la joven hija del hechicero.
Entonces yo debo ir contigo. Se reuni con l junto a la ventana y, apoyndose en su espalda, lo rode con sus brazos. Tendremos que pedir a Toos que cuide de los chicos.
Ya puedo imaginarlo. Tengo otra idea.
Cul? El tono de ella indicaba que cualquier idea sera bien recibida siempre y cuando significara que l estara a salvo. Por desgracia, los dos saban que no poda existir tal idea mientras l planeara viajar al corazn de Legar, en especial si all haba piratas-lobos.
Voy a intentar localizar a Caballo Oscuro. Creo saber dnde puede estar y pienso que estar dispuesto a ayudar.
Haba habido una poca, tiempo atrs, en que la simple mencin de la diablica criatura habra provocado un ptreo silencio en la hechicera. Caballo Oscuro era un ser del Vaco, un lugar en el que no haba nada, situado fuera del plano humano. Aunque haca mucho tiempo que se presentaba bajo la forma de un oscuro corcel gigantesco, la criatura era ms bien un agujero viviente, y su forma de actuar no siempre era como la de otras criaturas vivas, si es que vivir era una palabra que poda aplicarse a lo que l era.
Lo cierto es que no era tan slo su naturaleza lo que lo haca en cierto modo repulsivo para la hechicera, sino tambin las compaas que frecuentaba. Caballo Oscuro haba sido compaero de Sombra, el hechicero cuya bsqueda de la inmortalidad y el poder lo haba convertido en una fuerza que se balanceaba entre la luz y la oscuridad a cada nueva reencarnacin. nicamente Caballo Oscuro y puede que Cabe y la reina Erini, que, hacia el final, haban llegado a conocer al hechicero sin rostro mucho mejor lloraban a Sombra.
De todos modos, Gwen haba acabado reconcilindose con Caballo Oscuro, en gran parte debido a la amistad de ste con Cabe.
Si pudieras encontrarlo, me sentira mucho mejor con respecto a todo esto, pero eso crea un interrogante: cmo esperas encontrarlo tan deprisa? Podra estar en cualquier parte y t mismo dices que slo tenas este da, un da del que ya hemos agotado una parte. Podra estar en cualquier sitio, incluso ms all del Reino de los Dragones, t lo sabes.
El moreno hechicero suspir.
Aparte de nosotros, slo existe otra persona a la que realmente visite de vez en cuando.
Erini.
Erini. La ir a ver y le preguntar si lo ha visto o ha tenido noticias suyas. Ojal se me hubiera ocurrido cuando estuvimos all la ltima vez.
La hechicera lo solt y se coloc a su lado. Juntos contemplaron cmo algunos de los trabajadores humanos y draconianos transportaban un par de largos bancos al interior del jardn. Los Bedlam haban animado a su gente a utilizar el esculpido terreno, siempre y cuando tuvieran cuidado de conservarlo en condiciones. La poblacin de su diminuto territorio haba ido creciendo, no obstante, y as pues haba sido necesario realizar algunas adiciones y cambios a los jardines.
Tal vez a Melicard no le guste verte de vuelta tan pronto. A menudo me he preguntado si no nos culpar an en parte por lo de su padre.
Me culpar a m, querrs decir. Era a m a quien perseguan Kyrg y Toma cuando Kyrg llev su ejrcito ante las puertas de Talak. Cabe frunci el entrecejo, al recordar al joven prncipe que haba conocido al principio. En aquella poca, l y Melicard haban tenido muchas cosas en comn. Los dos eran inmaduros e ingenuos, cuando se haban visto arrojados en mitad de los acontecimientos. A Melicard le haba costado la vida de su padre, pero mucho ms le haba costado a Cabe. l haba perdido no slo al elfo que lo haba criado y haba sido ms un padre para l de lo que Azran jams podra haber sido, sino tambin, aunque slo en espritu, a su abuelo. Supongo que en realidad no importa cul es la verdad en este caso. Melicard es Melicard. Tenemos que vivir con eso y tendr que soportarlo cuando llegue all.
Entonces lo mejor ser que te marches ahora.
Cabe comprendi que haba estado vacilando, que podra haberse ido minutos antes pero haba seguido hablando. Se inclin al frente y bes a su esposa. Fue un beso que deca mucho del hecho de que, si bien sin duda volveran a verse antes de que l partiera para Legar, slo sera por un tiempo muy, muy corto. Adis susurr... y desapareci.

En circunstancias normales, Cabe se habra materializado en una de las salas de recepcin donde dignatarios de otros reinos aguardaban una audiencia con Melicard. La situacin no era normal, sin embargo, y as pues el hechicero eligi en su lugar aparecer en el aposento donde era ms probable que encontrara a la reina. Esperaba localizarla y descubrir toda la informacin posible; luego se ira antes de que Melicard descubriera su presencia. De este modo sera ms fcil.
Erini estudiaba y pona a prueba sus habilidades mgicas en lo que antes haba sido una sala auxiliar de entrenamiento de la guardia de palacio. Pero, para desgracia de Cabe, ella no estaba all este da. Cabe haba esperado encontrarla practicando. Era la hora correcta, pero saba que Erini a veces alteraba sus horarios. Rascndose la barbilla, medit sobre su siguiente movimiento. Haba quiz dos o tres sitios ms donde podra hallar a la reina a solas, no ms. Aparte de esos lugares, tena muchas probabilidades de toparse con el rey.
Ella no estaba en el campo de equitacin ni en el siguiente lugar que visit, las habitaciones privadas de la princesa Lynnette, hija nica de los monarcas. De pie entre las elegantes pero fantasiosas pinturas de criaturas de los bosques que decoraban los aposentos de la princesa, Cabe maldijo en silencio; no tena tiempo de corretear por ah en busca de la reina Erini. Quedaba muy poco tiempo. Todava faltaba la monumental tarea de localizar a Caballo Oscuro.
Se le ocurri entonces otro lugar. Exista la posibilidad de que el rey tambin estuviera all, pero era menos probable que en los otros lugares que le quedaban. Se teletransport.
Estaba sentada en un silln, con un diminuto globo de luz brillando sobre su cabeza, cuando Cabe se materializ a menos de un metro de distancia, frente a ella. La reina Erini dej caer el libro que haba estado leyendo y lanz una exclamacin ahogada, pero fue lo bastante rpida para reconocer al hechicero y por lo tanto sofocar el grito que sin duda habra seguido.
Cabe! Por Rheena! Ya sabes que siempre eres bienvenido a mi presencia, pero desde luego esto es un poco exagerado!
La reina Erini de Talak no tena mucho que ver con la imagen de una hechicera o una bruja tal y como la imaginaban la mayora de los habitantes del Reino de los Dragones. En realidad pareca el perfecto ejemplo de una princesa de cuento de hadas. Delgada y de aspecto delicado, con largas trenzas del color del verano acentuando su rostro oval, Erini pareca acabar de dejar la adolescencia a pesar de que ya haba transcurrido mucho tiempo desde entonces. Sus plidas facciones eran perfectas. A diferencia del da de su ltima leccin, iba vestida ahora con un vestido rojo y plata ms prctico y menos ceremonioso. Todava mostraba una buena cantidad de joyas cosidas a l y las tpicas mangas abullonadas de los ropajes reales, pero aparte de eso era bastante sencillo. Se dijo que probablemente era su traje favorito por ese mismo motivo. La ltima vez que la haba visto, la soberana vesta un complicado traje bordado en oro, una afectacin de su pas de origen, Gordag-Ai, apropiada para la imagen de una joven reina que sin duda debera haberse encontrado ms a gusto bordando junto a sus damas de compaa que intentando realizar un conjuro mgico de cierta complejidad. Sin embargo, aun cuando era cierto que a Erini le gustaba bordar, tambin era una mujer que haca tiempo haba hecho saber que pensaba ser algo ms que un objeto de exhibicin para su esposo, el rey Melicard I. Era una persona que segua sus propias ideas en todas las cosas, aunque respetaba las opiniones e ideas de otros, en especial de su esposo.
El rey, ante la sorpresa de muchos durante aquellos primeros aos, no haba discutido demasiado. Amaba a su esposa por lo que era, no por lo que representaba.
Cabe Bedlam se arrodill rpidamente ante ella. En realidad no era necesario, pues Erini consideraba a los dos hechiceros como sus iguales, pero ello hizo sentir mejor a Cabe en compensacin por el sobresalto que haba causado a la reina.
Perdonadme, reina Erini! Os he buscado en los lugares ms obvios y luego he recordado vuestra aficin por la biblioteca real.
El hechicero pase la mirada por la impresionante coleccin de volmenes que haban sido reunidos en la estancia revestida de paneles de roble. Aparte de Penacles, la Ciudad del Conocimiento, Talak poda presumir de poseer una de las mejores colecciones de obras escritas de todo el Reino de los Dragones. Los libros eran, en su mayora, copias. Melicard haba enviado escribas por todo el continente con la orden de intentar acceder a todo material escrito que pudieran encontrar. A requerimientos de Erini, ahora tambin haba empezado a hacer que se copiaran algunas de las copias para poder compartir con otros lo que su gente haba descubierto.
He venido por un motivo muy urgente, de modo que mi llegada ha sido un poco ms brusca de lo que hubiera deseado. Espero que pasaris por alto mi transgresin.
nicamente si te sientas y dejas de mostrarte tan formal, maese Bedlam. Indic una de la media docena de elegantes y acolchadas sillas de la alfombrada habitacin. Una leve sonrisa apareci en sus labios. Y no debes temer la presencia de mi esposo. Estar ocupado durante algn tiempo con su hija, alguien a quien no ve demasiado teniendo en cuenta lo mucho que la quiere.
Mi agradecimiento, rei... Erini. Aunque el cuerpo de Cabe estaba rgido por el nerviosismo, se oblig a sentarse frente a la reina. El hechicero aguard hasta que ella hubo recogido su libro y lo hubo colocado sobre la diminuta mesa que tena al lado.
La esfera de luz, que se haba balanceado a un lado y a otro durante el susto inicial, permaneca situada sobre su cabeza. Cabe seal con la cabeza la mgica lmpara.
Veo que has estado practicando. Est muy quieta.
Ojal hubiera practicado hace aos. Cuando pienso en el tiempo que he perdido!
Deseara que dejaras de pensar eso. Mene la cabeza. Erini, si hay algo que s, es que no has perdido el tiempo. Posees un esposo y una hermosa hija. Has convertido a Melicard en un rey ms accesible a las necesidades de su gente. Cabe seal con una mano las hileras de bien ordenados libros. Has estimulado el aprender a leer. El nico acceso que yo tuve a la lectura fueron los libros que Hadeen el elfo posea. De hecho, el nico motivo por el que aprend a leer fue l. Ahora, t amenazas con convertir a Talak en una ciudad comparable a Penacles en la educacin de sus sbditos. Cruz los brazos. Podra dar ms ejemplos, pero eso debera ser suficiente.
La verdad es que s amenazo con hacer que Talak no quede por detrs de ninguna otra ciudad respondi la delgada soberana. La sonrisa no slo haba regresado, sino que se haba ampliado. Tienes razn, Cabe, pero todava me es imposible no enojarme conmigo misma por todos esos aos durante los que permit que mi poder languideciera.
Has visto demasiada muerte y destruccin. No fue para eso para lo que te criaron.
Tampoco a ti.
Cabe sacudi la cabeza.
Soy el nieto de Nathan Bedlam e hijo natural de Azran. Si no fue a m a quien criaron para encontrarse en el centro de todos los problemas, no s a quin. De un modo u otro, los problemas generalmente dan conmigo... lo que me devuelve al motivo de mi presencia aqu. El hechicero se inclin al frente y continu en voz muy baja: Esperaba encontrar a Caballo Oscuro aqu. Puedo detectar rastros de su presencia, pero nada lo bastante fuerte para decirme si est cerca o adonde puede haber ido. Necesito su ayuda, si es que quiere drmela, en un viaje al corazn de la pennsula Legar.
Hablas del territorio del Dragn de Cristal!
As es. Tampoco se trata de un viaje corriente. Si lo fuera, quizs estara dispuesto a viajar solo. En circunstancias normales, el Dragn de Cristal no me prestara atencin a menos que yo intentara invadir sus cavernas.
Y ahora? Los ojos de Erini estaban fijos en l.
Y ahora, puede que haya un ejrcito acampado en pleno corazn de su territorio. Un ejrcito bajo la insignia del lobo.
Los aramitas? Los rumores son ciertos? Palideci ligeramente. Creo que quiz Melicard debera estar aqu. Tambin el comandante Iston. Iston, oriundo del pas de Erini, haba sido, durante los ltimos aos, el jefe de los servicios de informacin de Talak.
Por favor! Cabe casi salt de su asiento. No hasta que me haya ido. Entonces se lo puedes contar todo. Lo importante es que tengo que descubrir exactamente lo que est sucediendo. Es por eso que esperaba encontrar a Caballo Oscuro.
Y si no lo encuentras?
Entonces ir all solo.
La mano izquierda de la reina se cerr con fuerza y su voz son sepulcralmente fra.
Gwendolyn jams aceptar eso.
No lo sabr hasta que sea demasiado tarde. Me asegurar de eso si es necesario, Erini. No pienso permitir que me siga.
Resultaba claro que ella no estaba de acuerdo con l, pero finalmente asinti.
Como desees, Cabe. Esto significa que debo ayudarte a encontrar a Caballo Oscuro sea como sea. Jams me atrevera a presentarme ante Gwen si algo te sucediera porque yo no haba conseguido encontrarlo para ti.
Ella nunca te hara responsable.
No, pero yo s. La reina se levant, alis su vestido con las manos, y clav su mirada en el vaco, las perfectas facciones contradas en una expresin de intensa concentracin. Hace tiempo que no ha estado aqu y yo no lo espero. Ah yace nuestro mayor problema. De todos modos, hay dos lugares que generalmente utilizamos para nuestros encuentros. Uno est dentro de palacio y el otro ms all de las murallas de Talak.
Fuera? La idea de que Melicard permitiera a Erini pasear fuera de la seguridad de la ciudad lo sorprendi.
Si piensas que tus relaciones con mi esposo tienen sus momentos difciles, deberas preguntar a Caballo Oscuro sobre sus propias experiencias. Lo nico que realmente los une soy yo, Cabe. Melicard est agradecido por lo que el negro corcel hizo por m cuando Mal Quorin, el traidor consejero de mi esposo, intent apoderarse de Talak para entregarlo a su amo, el Dragn de Plata. Caballo Oscuro sabe que amo a Melicard. Los dos, no obstante, recuerdan las circunstancias en que se conocieron, cuando mi entonces futuro esposo oblig al pobre Drayfitt a atrapar y encerrar a Caballo Oscuro y a torturarlo incluso en su intento de convertirlo en su servidor.
Cabe se estremeci. Lo recordaba. Caballo Oscuro no era de los que perdonaban, aunque nadie poda culparlo por eso.
A veces, cuando yo estoy cerca, se muestran muy cordiales, casi amistosos, pero su mutuo pasado siempre regresa. Por eso hay ocasiones en que es mejor visitar a Caballo Oscuro en un lugar apartado de los ojos de mi esposo. Quiero a mi esposo, pero no pienso abandonar a mis amigos... como ya sabes.
Lo s. Levantndose, el hechicero vestido de azul se prepar para lo que iba a suceder. Dnde est ese primer lugar? El que est situado en el palacio.
Mis aposentos privados dijo, tomndolo de la mano. Por favor; permteme.
Mientras la reina hablaba, la escena a su alrededor cambi, y se encontraron ahora en el centro de un inmenso y elegante apartamento que hizo que Cabe abriera los ojos lleno de asombro. Enormes columnas se alzaban en cada esquina de la habitacin, de un mrmol blanco decorado con flores doradas tan naturales que al principio crey que eran reales. El suelo tambin era de mrmol, pero de diferentes colores dispuestos en un hermoso dibujo abstracto. Largas y gruesas alfombras de piel se extendan desde la imponente cama de madera hasta cada una de las cuatro puertas. All donde no haba puertas, alegres tapices decoraban las paredes. Una hilera de armarios roperos indicaba la gran cantidad de ropa que utilizaba la realeza, al igual que el amplio espejo situado a un lado de los armarios.
La cama y el resto del mobiliario de madera del apartamento estaban todos hechos de la ahora rara madera del roble del norte. Esta madera no haba resultado tan rara en la poca en que se haban hecho los muebles, pero el invierno del Dragn de Hielo haba hecho tanto dao que los robles an no se haban recuperado. A pesar de la magia utilizada para invertir los efectos del invierno mgico, las zonas situadas ms al norte haban padecido demasiado sus efectos.
Por impresionante que resultara lo que lo rodeaba, todo palideca en comparacin con lo que la reina acababa de hacer.
Hiciste eso sin el menor error, Erini! Esper, pensando que probablemente tendra que ayudarte, pero nos has trado a los dos aqu como si llevaras aos practicando.
No, por algn motivo este conjuro me resulta fcil de realizar. Slo necesit tres o cuatro intentonas para dominar el grado justo de concentracin para lograrlo. Por qu crees que es as?
Gwen es quien suele tener siempre las respuestas dijo Cabe, encogindose de hombros. En mi caso, la magia apareci casi totalmente desarrollada. Eso me salv la vida al principio, pero tambin significa que nunca tuve el incentivo de aprender por qu los conjuros funcionan como funcionan. Gwen me ha enseado muchas cosas desde entonces, pero eso no significa que lo entienda por completo. Le dedic una sonrisa apesadumbrada. Motivo por el que, en lo referente a los puntos ms delicados, ha sido ella quien te ha estado instruyendo.
Los dos habis sido excelentes profesores.
Yo me las arreglo. El hechicero volvi a pasear la mirada por el suntuoso apartamento. Una habitacin definitivamente digna de una reina, Erini.
Est exactamente como estaba cuando llegu a Talak por primera vez. Es un desperdicio de habitacin observ la reina con frialdad. Puesto que no duermo aqu, el nico uso que recibe por lo general es cuando tengo que vestirme para otro de esos interminables bailes en honor de un embajador y el vestido que necesito no se encuentra entre lo que guardo en los armarios de nuestros aposentos reales. De todos modos, hay momentos en los que resulta agradable estar sola... y nos proporciona a Caballo Oscuro y a m un lugar para conversar. La biblioteca resulta demasiado pequea, adems.
Entonces por qu necesitis otro lugar? ste parece muy ntimo.
Caballo Oscuro pocas veces habla en un tono inferior al rugido, Cabe. Ya deberas saberlo.
Erini pase por la habitacin, sin duda reviviendo sus recuerdos. Cabe saba que era all donde se haba alojado tras su llegada a Talak. Este aposento haba sido su refugio durante los das en que haba luchado para ser aceptada por el desfigurado monarca, cuya atormentada mente haba sido dirigida an ms hacia la oscuridad por su malicioso consejero. No dud que la reina lo mantena tal y como estaba en lugar de alterarlo para darle otra utilidad simplemente a causa de aquellos preciosos recuerdos.
Por mucho que le disgustara interrumpir su ensoacin, saba que deba hacerlo. El da avanzaba rpidamente.
Majestad..., Erini...
S, no est aqu, desde luego. Apartados momentneamente los recuerdos, la delgada soberana medit sobre la cuestin. Eso no deja ms que las colinas. Ojal pudiera serte de ms ayuda. No puedes seguir su rastro?
Demasiado antiguo y dbil. Adems vuelve sobre s mismo tantas veces, que no podra decir qu camino tom la ltima vez. Si se teletransport, eso lo vuelve casi en imposible.
Y yo que pensaba que la magia lo volva todo fcil.
A veces convierte las cosas en ms retorcidas y frustrantes, por no mencionar peligrosas. Hay momentos en los que deseara volver a estar de regreso en la taberna, sirviendo mesas todava y recibiendo amenazas de ogros medio borrachos. Reyes Dragn, Rastreadores, Quel... Podra perfectamente vivir sin ellos.
Pero no sin lady Gwendolyn, imagino. La reina se coloc en el centro de la habitacin y le tendi una mano.
Hace que todo lo dems valga la pena. Cabe tom su mano y se prepar, ms tranquilo ahora que saba que Erini era una experta en estos conjuros.
Espero que se lo digas de cuando en cuando respondi Erini al tiempo que lo que los rodeaba cambiaba de la planeada elegancia de la civilizacin a la cruda belleza de la naturaleza.
La soberana le solt la mano y se apart de l para examinar mejor la zona. Las colinas eran en realidad el inicio de las montaas Tyber, pero en algn punto de su planificacin se les haba escatimado la enorme altura de sus hermanas. Mientras que muy pocas personas se molestaban en realizar el viaje por la traicionera cadena montaosa, las colinas s que acumulaban un cierto trfico. Se encontraban buenos pastos aqu, por no mencionar el nico bosque decente a un da a caballo de la ciudad. Talak, a pesar de todo lo que posea, se vea obligada a recurrir a sus territorios ms lejanos para suplir sus necesidades de madera.
Existan peligros aqu, desde luego, pero en general se limitaban a los ms corrientes como lobos y algn dragn-serpiente o dragn menor. Desde la muerte del Emperador Dragn, los inmensos ejrcitos de Melicard haban trabajado arduamente para limpiar todos los rincones del reino de los monstruos y bestias de mayor tamao que antes atacaban a los viajeros. En general, haban tenido bastante xito.
Me lo tema, Cabe. Dudaba que estuviera aqu, pero era el nico otro lugar al que poda llevarte.
l asinti con una sonrisa de resignacin ms que de alegra.
No cre que resultara fcil. Tengo algunas otras ideas, pero esperaba poder encontrarlo contigo o cerca de ti.
Erini estaba abatida, pero de improviso su rostro se ilumin.
Puedo ayudarte a buscarlo! El conjuro de teletransporte es el que mejor me sale. Tendra que haberlo pensado antes. Reducir tu bsqueda casi a la mitad!
No.
No? Su tono de voz se volvi glido. Piensas que vas a darme rdenes, Cabe?
En este caso, s, majestad. Eres demasiado importante para Melicard, para Talak, y, a causa de ambos, para el resto del Reino de los Dragones. Si algo te sucediera, qu hara el rey? Piensa en ello antes de contestarme.
Lo hizo, y l contempl cmo pona cara larga. Los dos conocan demasiado bien los cambios de humor de Melicard. Era Erini quien haba conseguido mejorarlo, pero los cambios efectuados en l podan desaparecer si ella resultaba herida o incluso...
Los ojos de la reina se abrieron de par en par repentinamente.
Hay... Creo que puede haber otro lugar donde buscar, Cabe. Es una posibilidad muy dbil, pero podra ser...
Dnde?
Tendr que llevarte all; es..., es la nica forma de asegurarnos de que llegamos al lugar exacto.
El hechicero percibi la vacilacin en su voz.
Dnde est, Erini?
En los Territorios del Norte.
Te prohibo que vengas! Dime aproximadamente dnde y yo ir all por mi cuenta.
Erini avanz majestuosa hasta Cabe y le dedic su mirada ms regia. ste vacil el tiempo suficiente para que ella interpusiera:
No puedes prohibirme nada esta vez, Cabe Bedlam! Por frustrante que resulte para m personalmente, estoy de acuerdo en que sera mejor para nosotros si yo no me arriesgara! Amo a Melicard, pero estoy de acuerdo en que si resultara herida o estuviera a punto de sufrir dao, l podra, en su irracional clera, hacer algo que todos lamentaramos! Pero tengo una muy buena razn para ser yo quien te conduzca a este ltimo lugar. Los Territorios del Norte son casi la mitad de grandes que el resto del continente y mucho ms complicados de registrar. Podras pasar a pocos metros de la zona y no ver a Caballo Oscuro ante ti. Yo puedo conducirte al lugar exacto; como l, jams lo olvidar.
Su piel estaba blanca y su cuerpo temblaba. La reina Erini contempl a Cabe con tal expresin que ste supo que ella realmente habra preferido no realizar este ltimo viaje. Tan slo la importancia de la misin del hechicero la obligaba a hacerlo.
Qu lugar es se, Erini? pregunt l con suavidad. Y por qu habra de poseer tal influencia sobre ti y sobre Caballo Oscuro?
Porque es el lugar donde el hechicero Sombra muri.

Nunca haba sido capaz de convencerse de que el hechicero de rostro borroso estaba muerto, pero, al mismo tiempo, nunca haba sido capaz de convencerse de que Sombra segua vivo.
As pues, Caballo Oscuro haba registrado el mundo y lo que se encontraba ms all de l durante casi una dcada, siempre preguntndose si el humano que haba sido a la vez su amigo y su enemigo no se encontrara simplemente un paso por delante de l, observando y aguardando el momento adecuado para salir a la superficie. Una parte del oscuro corcel rezaba para que el cansado hechicero estuviera por fin en paz. La otra aoraba las encarnaciones positivas del mago, pues tan slo Sombra haba estado cerca de comprender el propio vaco de Caballo Oscuro.
Motivo por el cual, explic Erini a Cabe antes de partir hacia los Territorios del Norte, el ser a menudo pasaba das enteros en el lugar donde el hechicero se haba simplemente desvanecido despus de agotar todo su poder en un ltimo esfuerzo por reparar aquello en lo que se haba convertido.
Cuando se teletransportaron al corazn de la glacial y ventosa tundra de los Territorios del Norte, pareci como si el corcel los hubiera estado esperando. La reina y l se materializaron en un punto situado apenas a tres metros de donde se encontraba la enorme bestia negra.
Caballo Oscuro volvi lentamente la cabeza hacia ellos, y sus fros ojos azules parecieron abrasar el espritu mismo del hechicero. La voz del corcel eterno era un atronador rugido a pesar de su tono casi apagado.
Erini, Cabe... Me alegro de veros a los dos. Aunque ste no es un lugar para los de vuestra raza.
Vi... vinimos en... en tu busca, Caballo Oscuro balbuce la reina.
Cabe Bedlam la contempl con atencin, preocupado. Erini era una hechicera capaz, pero era posible que se hubiera extralimitado. l se haba provisto de una gruesa capa para protegerse del fro, pero ella no haba hecho lo propio aun cuando la necesidad de tal medida debiera haber sido evidente. El hechicero remedi inmediatamente la situacin.
Gracias. Erini le dedic una dbil sonrisa.
Caballo Oscuro se acerc a ellos levantando nubes de hielo y nieve con sus cascos. En estos momentos, su tamao era dos veces mayor que un caballo normal, aunque el tamao era algo irrelevante para una criatura que poda manipular su forma para obtener apariencias que ningn otro ser con capacidad para alterar su aspecto era capaz de conseguir. De haberlo querido, el negro ser podra haberse vuelto tan pequeo como un conejo, incluso ms pequeo. Tampoco tena por qu parecerse a un caballo. En algn momento de su lejano y olvidado pasado, Caballo Oscuro haba dado con aquella forma y decidido que le gustaba. El negro semental casi nunca cambiaba de aspecto ahora, aunque de vez en cuando su cuerpo recordaba ms a la sombra de un caballo que al autntico animal. Cabe haba decidido que esto ltimo era casi un acto inconsciente. Existan cosas que era normal que las realizara un humano; sin duda poda decirse lo mismo incluso de una entidad como el negro monstruo que tenan delante.
No deberas estar aqu fuera en medio del fro, reina Erini! rugi Caballo Oscuro. Resultaba casi necesario rugir, pues el viento haba arreciado. Se preparaba una tormenta. Al hechicero le resultaba difcil creer que pudiera subsistir alguna cosa en los Territorios del Norte, pero muchas criaturas lo hacan. Deberamos regresar a Talak! Resultara mucho ms confortable all... al menos para vosotros dos! El diablico corcel lanz una risita.
Yo... Erini no pudo decir ms. De improviso empez a desplomarse en direccin a Cabe, quien la recogi en el ltimo momento y se tambale hacia atrs a causa del repentino peso. Los ojos de Caballo Oscuro relucieron, y el animal trot unos cuantos pasos ms hacia ellos.
Qu le sucede?
Cabe la sujet mejor.
Ha ido demasiado lejos! Insisti en ser ella quien nos trajera aqu y como un estpido yo acept!
Dudo que tuvieras eleccin con ella! resopl Caballo Oscuro. Lo mejor ser llevarla de regreso a sus aposentos con toda rapidez!
A los apartamentos privados donde a veces os encontris?
Los conoces? Estupendo! Llvala all; yo te sigo. A lo mejor, si tenemos suerte, el bueno de Melicard estar por ah persiguiendo dragones u ocupado en alguna otra estupidez! Date prisa!
Sujetando a la reina con ms fuerza, el hechicero se teletransport... y se encontr cara a cara con el rey Melicard, que se hallaba en el interior del aposento, con una mano sobre el picaporte. Un segundo ms y probablemente no se habra topado con l, pues estaba de espaldas como a punto de marcharse.
Todava existan personas para quienes el seor de Talak resultaba una desvergenza o incluso algo que causaba horror, pero a Melicard ya no le importaba lo que aquellas gentes pensaban. Erini y la princesa Lynnette eran las nicas cuyas opiniones importaban para l, y ellas, desde luego, lo queran profundamente.
Pese al yugo de la jefatura que llevaba desde haca casi dos dcadas, a primera vista Melicard tena an en gran medida el aspecto de apuesto joven prncipe que Cabe, con sus facciones ms bien vulgares, siempre haba envidiado secretamente. Alto y atltico con una melena castaa que ahora empezaba a encanecer, en una poca haba sido objeto de deseo de muchas mujeres, tanto de la realeza como del pueblo llano. Si Erini era la princesa de cuento de hadas, entonces Melicard, con sus facciones enrgicas y angulosas e imponente presencia, era el hroe del relato.
Todava resultaba apuesto... pero ahora ms de la mitad de su rostro era una recreacin mgica. El lado izquierdo desde encima del ojo hasta la mandbula inferior era de color totalmente plateado, ya que ste era el color natural de la madera de elfo. Gran parte de la nariz tambin lo era y existan incluso venas plateadas que se extendan hacia el lado derecho del rostro, casi como un conjunto de races que se asieran a la poca carne autntica que quedaba del rostro del rey.
La magia le haba robado la mayor parte de la cara y, a causa de ello, el dao haba resultado imposible de reparar. nicamente la madera de elfo, tallada de forma que reprodujera sus facciones, poda dar al rey Melicard la ilusin de la normalidad. La maravillosa madera bendecida, segn la leyenda, por el espritu de un elfo moribundo del bosque era capaz de imitar los movimientos de la autntica carne, y, cuanto ms crea en ella el que la llevaba, mejor resultaba la imitacin. Jams podra reemplazar lo que se haba perdido, pero para Melicard la eleccin haba estado entre la mscara o el monstruo que se ocultaba tras ella. Por el bien de su propia salud mental y de la princesa con la que se iba a casar, Melicard haba escogido lo primero.
Iba vestido con ropas de montar negras que lo cubran desde el cuello hasta los pies, incluidas las manos. El monarca sola llevar ropas con mangas largas y siempre utilizaba guantes, pero no por seguir la moda. Las fuerzas devastadoras que le haban arrebatado gran parte del rostro tambin se haban llevado su brazo izquierdo. De haberse quitado los guantes, Cabe saba que la mano del rey tambin habra sido plateada. El soberano no poda disfrazar sus facciones, pero al menos poda ocultar su brazo.
Hechicero! Qu haces...? Sus ojos, tanto el autntico como el que no lo era, se posaron sobre su adorada reina. Erini!
Se pondr bien, majestad interpuso Cabe con rapidez. Ayudadme a llevarla hasta la cama, por favor.
Melicard ya estaba en ello, y los dos ayudaron a Erini a dirigirse hasta el lecho; la novata hechicera no estaba totalmente inconsciente, aunque no pareca darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor.
Cuando la tuvieron bien cmoda en la cama, Melicard corri a la puerta y la abri de golpe. Cabe, levantando los ojos, vio cmo dos guardas muy nerviosos se cuadraban.
Traed a Madga! rugi el desfigurado monarca. Traed a Galea! Traed a alguien a atender a la reina! Est herida! Vamos! No esper su respuesta, sino que gir inmediatamente hacia el lecho, cerrando la pesada puerta de un portazo mientras lo haca.
Cabe se incorpor al momento y se encar a l. No poda permitir a la clera de Melicard la menor ventaja. Tena que enfrentarse al monarca hombre a hombre y obligarlo a escuchar. Fue entonces cuando Caballo Oscuro tuvo la mala ocurrencia de materializarse. Melicard retrocedi ante el recin llegado, pero Caballo Oscuro no observ su presencia en un principio.
Se encuentra mejor? Cmo...? Los ojos sin pupilas se inmovilizaron al posarse sobre el enfurecido rey, que se mantena apartado a un lado como si el oscuro corcel ocupara toda la habitacin. Melicard...
Debiera haber sabido que t estabas involucrado, demonio! Puede que t seas casi indestructible, pero mi reina no lo es! Mi Erini...!
Es totalmente culpable de lo que le sucede, cario.
Los tres se volvieron hacia la cama, donde una todava plida Erini se esforzaba por incorporarse hasta una posicin sentada. Todo lo que consigui fue apoyarse sobre un codo. Las arrugas provocadas por el esfuerzo afearon su belleza.
Erini! Melicard, olvidando cualquier apariencia de dignidad, corri junto a la cama y abraz a la reina.
Con cuidado, querido Melicard jade ella. An no estoy recuperada por completo.
Demos gracias! tron Caballo Oscuro. Nos has asustado a todos, querida Erini! Debes tener ms cuidado en el futuro!
Ms cuidado... El monarca se volvi hacia el hechicero y el caballo. Qu le habis hecho hacer?
Ellos..., ellos no hicieron nada, Melicard. Yo me extralimit. Cabe habra realizado el conjuro, pero yo no cre que pudiera localizar a Caballo Oscuro. Yo saba exactamente dnde podra estar si es que estaba en alguna parte de... aquella regin.
Dnde estuviste? Le toc la piel. Ests helada, Erini; debiera haberme dado cuenta antes... Has estado en los Territorios del Norte, no es as?
Era evidente que le supona un gran esfuerzo seguir hablando, pero la reina no era de las que permitan que otros corrieran con la culpa cuando se consideraba a s misma culpable. Cabe no estaba muy contento consigo mismo por permitir que siguiera hablando, pero, si alguien poda hacer entrar en razn al soberano de Talak, esa persona era Erini.
Escchame, cario. Tengo que contrtelo todo de una sola vez. No tengo fuerzas para repetirlo. Lo comprendes?
Gran parte de la clera de Melicard se esfum al darse cuenta del efecto que su furia tena en ella. Sin soltarla, se sent sobre el lecho.
Muy bien, te escucho, mi reina.
Los interrumpi un golpe en la puerta. Una mujer regordeta algo entrada en aos, una de las dos mujeres que haban venido con Erini aos atrs desde su pas de origen, atisb al interior con expresin nerviosa.
Majestades...
Por favor, espera fuera hasta que te llame, Galea dijo Erini, ms duea de s misma ahora. Ser slo un momento.
A la mujer no le hizo mucha gracia, pero asinti con la cabeza y se retir. Las damas de compaa de la reina se sentan muy responsables de su pupila, y en especial Galea y Madga.
Bien empez la soberana. Deja que te explique lo sucedido, querido mo.
Se lo cont todo, no sin dirigir una rpida mirada al hechicero en busca de su comprensin. Cabe asinti; estaba de acuerdo en que ya no exista ningn motivo para mantener en secreto el propsito de su misin. Melicard mereca la explicacin aun cuando, en opinin del hechicero, ello pudiera complicar algo que ya resultaba excesivamente complicado. El rostro del rey era una mscara ahora en ms de un sentido; ni la parte autntica ni la de madera de elfo demostraban la menor emocin. Melicard se limitaba a absorber los hechos. Despus, cuando hubiera tenido la ocasin de meditar sobre lo que ella le contaba, puede que volviera a convertirse en la fiera furibunda que haba sido momentos antes. El hechicero esperaba que no fuera as, pero no haba forma de predecir las reacciones de Melicard. Tendra que esperar y ver.
Erini se vio obligada a interrumpirse en varias ocasiones para recuperar aliento, pero por fin termin su relato. Ms agotada que antes, la exhausta reina se dej caer sobre el lecho. Melicard se levant para hacer entrar a sus damas, pero ella extendi el brazo, pos su mano sobre la de l, y dijo:
An no, mi seor. Acabemos esto primero. Estoy slo cansada; nada ms. Te lo prometo.
Ests segura, Erini?
Lo estoy.
Jams permitira que le sucediera nada, majestad aadi Cabe. Mi poder est listo para ayudarla si es necesario. Se ha exigido demasiado, tal y como dijo. Puede suceder... lo s muy bien... cuando un mago no muy experimentado consigue con demasiada rapidez que un conjuro tenga xito. Pido disculpas, no obstante, por haberla dejado ir tan lejos. Fue mi error.
Erini posee una obstinacin digna de m! observ Caballo Oscuro. La criatura volva a ser casi la de siempre, cosa que Cabe agradeci; si su viejo amigo acceda a unirse a l, necesitara a Caballo Oscuro en su mejor forma. Aturdido, podra resultar ms bien un peligro, pues entonces Cabe tampoco podra concentrarse en lo que deba hacer. Cuando decide hacer algo, lo hace! Resultara ms fcil pedir a las Tyber que se hagan a un lado que convencer a la reina para que cambie de idea en ciertos temas!
Soy... empez el rey totalmente consciente de las cualidades de mi esposa. La principal de ellas es una tendencia a ser franca y directa con la verdad. Eso y su belleza fueron lo que me atrajo la primera vez que nos encontramos como adultos. Se volvi hacia los dos. Su expresin era tranquila, pero su tono tena un leve matiz de frialdad. Considero lo que me cuenta ahora como la autntica y completa historia... tal y como ella la conoce. Os ofrezco mis disculpas, maese Bedlam, por mi acusacin de ser el culpable de su estado.
No hay necesidad de disculparse, majestad. Dadas las circunstancias, reaccionasteis como lo habra hecho cualquiera.
Desde luego. El rey Melicard se puso en pie. Y ahora que habis encontrado lo que buscabais, maese Bedlam, estoy seguro de que deberis poneros en camino. Esta informacin sobre Legar y los piratas-lobos la transmitir a Iston. Respetar vuestra misin. No haremos nada por ahora ms que observar. Cuando hayis descubierto todo lo posible, agradecer se me informe.
Se les peda que se fueran y que se fueran ya. Las palabras de Melicard vacilaban en la frontera de la brusquedad, pero al mismo tiempo se mostraba educado. Era todo lo que poda esperarse de l en un momento como ste. Cabe estaba ms que dispuesto a marcharse. Tal y como el monarca casi haba dicho, haba encontrado lo que buscaba. Haba que dar gracias a las estrellas porque Caballo Oscuro no le hubiera llamado la atencin por aquella ofensa!
Me alegro... de haber podido ser de ayuda, Cabe musit Erini desde la cama. Consigui incorporarse un poco. Buena suerte.
Y adonde vamos desde aqu, Cabe? inquiri Caballo Oscuro.
No pareca existir la menor duda en su mente de que seguira al hechicero a la inhspita pennsula. Caballo Oscuro era muy leal con aquellos a los que consideraba sus amigos.
Gracias, Erini, y tambin a ti, Caballo Oscuro. Primero a la Mansin, supongo, para que Gwen sepa que te he encontrado. Luego, creo que iremos a Zuu.
Zuu?
Con gran sorpresa para Cabe, fue Melicard quien respondi al diablico corcel por l.
Zuu resultara apropiada. No existe ninguna otra ciudad humana ms cercana a los dominios del Dragn de Cristal. Puede que sepan algo que an no ha llegado hasta nosotros. Vacil y luego aadi: Buena suerte, maese Bedlam.
El hechicero realiz una reverencia.
Muchas gracias, majestad. A lo mejor esto ser sencillo y rpido. El peligro puede ser limitado. Pero algo est sucediendo all y, por motivos que no comprendo, al parecer se me ha involucrado en ello.
No temas ahora, Cabe! rugi Caballo Oscuro. Conmigo a tu lado, son nuestros enemigos los que deben preocuparse!
La insolente confianza del diablico equino, aunque no suficiente para alterar la propia opinin de Cabe sobre el asunto, al menos consigui hacer aflorar una sonrisa a su rostro. Resultaba difcil no sentirse al menos un poco ms esperanzado cuando se estaba en compaa de Caballo Oscuro.
Da a Gwen todo mi cario aadi Erini.
Lo har. Contempl a su sobrenatural compaero. Ests listo?
Estoy listo desde hace rato, Cabe! Espero esta aventura con gran ansiedad!
El hechicero se concentr.
Me alegro de que alguien lo haga.
Caballo Oscuro segua riendo cuando ambos se desvanecieron en el aire.

En la frontera sudeste del pas de Irillian, una chalupa procedente del solitario navo negro se acercaba lentamente a la orilla. El negro buque haba aguardado hasta el momento preciso para acercarse lo suficiente y depositar su cargamento, pues haba quien de buena gana habra hundido la nave sin preguntas ni advertencia previa. Su simple presencia, incluso a lo lejos, habra sellado su destino sin importar quin se hubiera encontrado a bordo.
Tres personas ocupaban la chalupa, todas ellas cubiertas con gruesas capas diseadas no slo para protegerlas de la espuma y de la lluvia, sino tambin, si era necesario, para proteger sus identidades. Slo una remaba; las otras dos permanecan sentadas y vigilaban con gran atencin.
No vararon la chalupa en la playa. En lugar de ello, cuando estuvieron lo bastante cerca, los dos pasajeros saltaron del bote y, hundidos hasta la cintura en el agua, vadearon hasta la orilla. La tercera figura hizo girar lentamente el bote para regresar al barco.
Ambos pasajeros avanzaban con rapidez por el agua. Sus reacciones eran las de aquellas personas a las que no gusta demasiado el lquido elemento y lo soportan slo porque es necesario. Cuando por fin llegaron a la playa, la pareja se sacudi con energa; el salvaje viento y las capas les daban un aspecto parecido al de marinos difuntos que surgieran de las profundidades. Luego se dieron la vuelta y contemplaron cmo su compaero remaba de regreso a la negra nave corsaria. Convencidos de que el barco zarpara sin que lo descubrieran, ambos conferenciaron en voz baja e iniciaron el viaje tierra adentro. La figura ms alta guiaba a la otra.
El viaje que les aguardaba resultara largo y cansado, pero eso no los detuvo. Todo lo que les importaba era el motivo que los haba llevado a esta playa en primer lugar. Ambos eran cazadores, y haban venido al Reino de los Dragones porque aqu era donde se encontraba su presa. Tanto si tardaban diez das o diez aos, finalizaran su misin, porque para ellos se haba convertido tambin en una obsesin. O tenan xito o sucumban. Vivir con el fracaso ni se les haba ocurrido; ellos no eran as. O bien vencan a su presa o moran en el intento. sas eran las nicas elecciones.
En lo alto de una elevacin que daba al ondulante paisaje cubierto de nubes de la zona meridional de Irillian, la figura que iba delante se detuvo. Indic a la otra que se acercara, y luego seal al lejano sudoeste en una direccin que los conducira por una ruta que discurra al norte de la lejana ciudad de Penacles. Su acompaante asinti, pero no dijo nada. Haban discutido la ruta con antelacin. Conocan su destino y lo que probablemente tardaran en alcanzarlo. Todo lo que importaba ahora era llegar all sin que los descubrieran; una tarea difcil, pero no imposible para dos personas con sus habilidades.
Seguros de s mismos y decididos, empezaron a descender por la otra ladera de la elevacin... y a recorrer el ltimo tramo de su viaje al Bosque de Dagora.
VI
Todava no veo por qu no podemos simplemente teletransportarnos al punto que quieres examinar en Legar y luego saltar de vuelta aqu! refunfu Caballo Oscuro.
Para poder conversar con Cabe, que cabalgaba sobre su lomo, haba torcido la cabeza hacia atrs de una forma que habra partido el cuello de cualquier caballo autntico. Por suerte, estaba oscuro y se encontraban a cierta distancia de la ciudad, tras haberse materializado lejos de sta para una mayor seguridad. Los magos resultaban an algo raro y producan chismorreos, y el hechicero no deseaba ninguna interferencia en su misin.
Cabe suspir y se ajust la capucha de la capa de viaje que llevaba. La capucha era el nico modo de ocultar el enorme mechn plateado de sus cabellos. Los tintes simplemente desaparecan incluso antes de que tuvieran tiempo de fijarse. Se deca que un dios haba creado la marca como smbolo de su respeto por el legendario lord Drazeree, que haba lucido un mechn similar; pero, si as era, Cabe consideraba que lo mnimo que la inconsciente deidad podra haber hecho era tener en cuenta aquellos momentos en que un hechicero tena que ocultar lo que era. Los magos se vean siempre obligados a recurrir a sombreros, capas, yelmos, y delicadas ilusiones mgicas para oscurecer el plateado mechn. Haba ocasiones en que eso converta sus vidas en algo bastante complicado.
No estabas all cuando el Dragn Verde fue abatido, Caballo Oscuro. No quiero penetrar en Legar a ciegas. Hemos de movernos con sigilo. Tambin quiero ver si puedo averiguar algo de antemano. Es posible que no haya llegado an toda la informacin a Talak.
Deberas haber pedido a Melicard que te diera los nombres de sus espas! Podramos preguntarles y acabar con esto!
Estoy seguro de que eso habra encantado al rey. Ahora, por ltima vez, ser mejor que empieces a comportarte como un autntico caballo. Me gustara evitar llamar la atencin demasiado. Es posible que los piratas-lobos, si es que estn en Legar, tengan tambin espas en Zuu.
La negra bestia resopl y volvi la cabeza hasta una posicin ms normal. Cabe se relaj un poco. Para ser una criatura que haba vivido durante miles de aos, el corcel eterno poda resultar muy impaciente a veces. Esta noche, se mostraba incluso ms inquieto que de costumbre. El hechicero estaba seguro que la ansiedad de Caballo Oscuro se centraba en la figura de Sombra. El ser no haba hecho gran cosa durante los ltimos aos aparte de buscar rastros del eterno hechicero.
Tendran que hablar sobre esto en el futuro. Tanto si Sombra estaba realmente muerto como si no, Caballo Oscuro no poda pasar toda la eternidad pensando en ello. Haba que hacerle comprender que existan otras cuestiones y otros amigos aguardndolo.
Ah est la ciudad susurr Caballo Oscuro. Por desgracia, su concepto de un susurro todava se pareca demasiado a un grito.
La veo respondi rpidamente Cabe. Tendremos que tener mucho ms cuidado; podemos encontrar otros jinetes en cualquier momento.
Su estratagema funcion. El diablico corcel asinti y recuper su papel de fiel equino.
A los ojos de otro viajero, uno que llevara una buena antorcha, desde luego, los dos pareceran un cansado jinete y su enorme semental negro. Caballo Oscuro haba reducido su tamao a otro ms normal, aunque todava era demasiado grande para la mayora de las razas equinas. Cabe, por su parte, iba ataviado con un sencillo traje gris que constaba de pantalones, camisa de tela, botas de piel que le llegaban hasta la rodilla, y la antes mencionada capa de viaje. Aunque la vestimenta resultaba algo anticuada, no era del todo extraordinaria. El estilo era una regresin a su vida cerca de la ahora destruida ciudad-estado de Mito Pica, que haba sido arrasada por las fuerzas del Emperador Dragn por haber ocultado sin saberlo a un joven Cabe Bedlam. Muchos supervivientes se haban convertido en nmadas desde entonces, incluso casi dos dcadas despus del suceso, y, por lo tanto, el hechicero parecera uno de los ms jvenes que finalmente haba llegado a la madurez. La mayora de la gente respetaba la intimidad de tales nmadas, en especial los habitantes de Zuu.
Cabe jams haba viajado a la baja y extensa ciudad de Zuu, posiblemente tuvo que reconocer ahora a causa de una ligera sensacin de culpabilidad. Durante la breve guerra instigada por la bsqueda que los Reyes Dragn haban hecho de l, los habitantes de Zuu haban decidido tomar cartas en el asunto y enviaron un contingente de sus famosos soldados de caballera en ayuda de Penacles. El hechicero recordaba muy bien al grupo de rubios guerreros vestidos de cuero y cmo haban querido ir en su ayuda cuando los dragones voladores haban cado sobre ellos y atacado a Cabe y a Gwen. Recordaba en especial a su jefe, un hombre con una cicatriz en el rostro llamado Blane, segundo o tercer hijo del rey de entonces.
Blane haba muerto defendiendo Penacles, pero no antes de haber matado al duque Kyrg, el capitn de los dragones y hermano de Toma. No era ninguna sorpresa pues que Talak y Zuu mantuvieran excelentes relaciones polticas, lo que tampoco impeda que cada uno tuviera sus correspondientes espas.
El hermano de Blane, alguien llamado Lanith XII, era ahora rey, pero Cabe no tena intencin de presentarse ante l. Si las cosas salan tal y como las haba planeado, quera estar fuera de la ciudad antes del amanecer. Eso significaba dormir poco o nada; pero, para un hechicero con sus poderes, una noche en blanco no significaba nada. Durante los ltimos aos, no haba disfrutado de toda una noche de sueo ms que en unas pocas ocasiones, y, a decir verdad, Cabe no echaba en falta tanto el sueo como la paz y la tranquilidad.
Apret suavemente los talones contra los ijares de Caballo Oscuro, la seal para que corriera ms. No habra paz y tranquilidad esa noche ni posiblemente la prxima.
Zuu se encontraba en un valle que recordaba en cierta forma a un cuenco, con kilmetros y kilmetros de pastos a su alrededor. Los nmadas fundadores de la ciudad haban escogido el lugar debido precisamente a esta ltima caracterstica. Los caballos haban sido y seguan siendo el bien ms preciado de cualquier ciudadano de Zuu; comerciantes de todo el continente acudan a esta regin para comprar los mejores animales.
Conociendo su obsesin por los caballos, a Cabe no lo sorprendi tanto que aun en la oscuridad Zuu pareciera una interminable serie de establos. Con pocas excepciones, ningn edificio posea por regla general ms de dos pisos. La mayora de las estructuras tenan un aspecto cuadrado que resultaba evidente incluso desde donde se encontraba el hechicero. Unido a este efecto estaba el nico inconveniente de hacer negocios en la ciudad: Zuu tambin ola como un enorme establo.
Cabe haba deseado evitar los hechizos, pues stos tenan tendencia a atraer la atencin de otros magos, pero se daba cuenta de que el olor iba a ir en aumento cuanto ms se acercara. Sin reflexionar demasiado, adapt su sentido del olfato; no lleg hasta el extremo de hacer agradable el olor, pero lo hizo menos evidente, cosa que no requera tanta manipulacin. A Cabe no le gustaba utilizar la magia para alterar su figura. Era ah donde un mago poda causarse un dao irreparable; su concentracin poda vacilar justo lo suficiente para que el hechizo acabara mal. Existan leyendas de hechiceros que haban muerto as. Con demasiada frecuencia, la misma facilidad con la que algunos aprendan la magia los volva demasiado descuidados.
No tardaron mucho en llegar ante las puertas de la ciudad. Vista de cerca, Zuu era una ciudad bien iluminada, seal de su prosperidad en el comercio equino. Detrs de los muros, Cabe pudo distinguir algo de los edificios ms cercanos. La ciudad no posea elevadas murallas para protegerla; sus habitantes confiaban en sus propias habilidades. No existan muchos ejrcitos, draconianos o humanos, que se lanzaran voluntariamente contra la caballera de Zuu; no tan slo eran expertos jinetes, sino que tambin podan disparar flechas o arrojar lanzas con sorprendente puntera incluso mientras sus caballos iban al galope. Ms importante an, no eran slo los hombres un enemigo del que haba que cuidarse; segn la ley de Zuu, todo adulto, hombre o mujer, era un guerrero. Haba muchas mujeres en esta ciudad que podran haber podido figurar entre los mejores guerreros del pas. Hasta los nios podan resultar peligrosos si la batalla consegua llegar al otro lado de los muros. Los ciudadanos de Zuu eran de la opinin que nunca era demasiado temprano para ensear a un nio cmo defender lo que era suyo.
Era algo a tener en cuenta, puesto que seis de aquellos jinetes lo esperaban ahora ante las puertas.
Eran exactamente como los que haba conocido Cabe. Altos, rubios y con el aspecto de haber montado a caballo desde que nacieron. La mayora lucan pantalones de cuero y jubones, aunque estos ltimos no conseguan cubrir por completo sus bronceados pechos. Llevaban yelmos cortos con protectores de nariz, pero ninguna otra proteccin aparte de sa. No todos los habitantes de Zuu daban aquella imagen nmada, pero los guardas de la ciudad ciertamente s que lo hacan; muchos de ellos eran sin duda los ltimos de una larga estirpe familiar de guardas. Las gentes del lugar tendan a seguir los pasos de sus padres... o quiz sera mejor decir las huellas de sus caballos.
El jefe inequvoco, un hombre algo ms fornido con una barba rubia y canosa, espole su caballo en direccin a Cabe. Otro jinete que llevaba una antorcha lo sigui a pocos pasos de distancia, mientras que el resto de los guardas mantenan los arcos listos para disparar. El hechicero se pregunt si podra teletransportarse con la suficiente rapidez si por casualidad los ofenda. Los arqueros de Zuu no eran tan slo certeros; eran tambin muy veloces.
Bienvenido, extranjero! Qu es lo que tienes que declarar, eh?
Haba sentido la tentacin de materializarse en el centro de la ciudad y evitar un encuentro con los guardas de la ciudad, pero, a pesar de su reputacin de respetar la intimidad de sus visitantes, a Zuu paradjicamente le gustaba tambin seguir de cerca a todo el mundo. De haber cedido a la tentacin, Cabe no habra tardado en ser objeto de la atencin de varios soldados curiosos y suspicaces. No, pasar por las puertas principales como un viajero normal le servira mejor a la larga.
Slo a m y a mi corcel. Unas pocas provisiones para el viaje, pero nada ms.
El jefe de la guardia lo miraba de arriba abajo.
No has estado nunca en Zuu, verdad?
Habr cometido algn error?, se pregunt Cabe, y, perplejo, respondi:
No.
Hilfa!
A la llamada, un centinela situado detrs del grupo se adelant con su caballo. Era una mujer. Sera quizs uno o dos aos ms joven de lo que pareca el hechicero; era alta, y con un aspecto tan capaz si no ms que el resto de sus compaeros. El pudor, observ Cabe, no era uno de los puntos fuertes en la gente de aqu. Hilfa llevaba la misma vestimenta que sus compaeros, lo que atraa la mirada hacia la zona situada por encima de su cintura. A la mujer no pareci importarle su ligera turbacin. La forma en que actuaban los extranjeros slo importaba si infringan la ley. Cuando lleg a la altura del capitn de la guardia, Hilfa agit el arco que sujetaba, en una especie de saludo a su superior.
Dale un distintivo.
La mujer introdujo la mano en una de sus alforjas y sac rpidamente un pequeo talismn en forma de u sujeto a una cadena, que arroj al hechicero sin prembulos. Cabe tuvo que moverse con rapidez para capturar el distintivo antes de que cayera al suelo junto a l.
El capitn de la guardia seal el talismn.
se es tu distintivo. Llvalo contigo siempre, bien alrededor del cuello o en el bolsillo, pero llvalo. Cuando compres algo o hables con alguien de nuestra ciudad, ensalo.
Cabe lo examin. Haba un rastro de magia en l, pero tan dbil que no poda afectarlo. Como no quera quitarse la capucha, introdujo el distintivo en una de las bolsas de su cinturn. Evidentemente, Zuu posea uno o dos magos que trabajaban para ellos. Un punto interesante que recordara para el futuro. Cuntos ms habra y qu estaran haciendo?
Hilfa hizo retroceder a su caballo para dejar paso al hechicero. No obstante, al pasar Cabe junto a ella, la mujer pos su mano sobre la de l, que la mir sorprendido. Vista de cerca, posea unas facciones duras, aunque no desagradables. Al igual que muchos de los habitantes, Hilfa pareca como si estuviera emparentada con sus compaeros.
Es un animal extraordinario ese que llevas. No he visto nunca uno como l. De qu raza es?
Es nico. Un cruce. Cabe ya haba meditado sobre este problema. Gentes tan interesadas en la cra de caballos como eran aqullas no dejaran que un corcel como Caballo Oscuro pasara por su ciudad sin hacer preguntas. Sabiendo que los cruces no eran considerados tan valiosos como los purasangres, haba supuesto que diciendo que el corcel eterno era un cruce conseguira reducir algo de ese inters.
No era as. Al fin y al cabo, un buen caballo era un buen caballo para algunos.
Estaras dispuesto a venderlo?
No creo que l me dejara. Lo siento.
Ella retir la mano, algo perpleja ante la respuesta. Como las puertas se haban abierto mientras hablaban, Cabe aprovech rpidamente su silencio y espole a Caballo Oscuro para que siguiera adelante.
Esta era la entrada que utilizaban la mayora de los visitantes extranjeros, de modo que Cabe se encontr entrando en un mercado bullicioso todava lleno a pesar de ser de noche. Comerciantes tanto de Zuu como de otras partes haban instalado sus tiendas a lo largo de su camino, mientras que viajeros de todo el continente, incluso de la lejana Irillian, paseaban por el mercado admirando y a menudo comprando cosas que no necesitaban en realidad. Dos hombres procedentes del puerto martimo de Irillian, reconocibles por sus camisas de estilo marinero y los anchos pantalones azules, debatan sobre la necesidad de adquirir un par de pequeas dagas con empuadura de plata. Una familia ataviada con las voluminosas y recargadas prendas de Gordag-Ai se encontraba sentada en una hilera de bancos mientras devoraba pasteles de carne recin comprados. Cabe se pregunt qu clase de carne habra en su interior; empezaba a advertir que estaba lo bastante hambriento para comer cualquier cosa, incluso caballo.
No tardara en comer. Hasta el momento se haba obligado a no hacerlo, para poder encargar comida en ms de una posada. De su poca de juventud, cuando haba sido un simple mozo en la taberna de La Cabeza del Dragn-Serpiente, el hechicero saba que uno de los mejores sitios para enterarse de los rumores locales era una taberna o una posada. Buena compaa, comida y bebida en abundancia podan aflojar la lengua de un hombre casi con la misma rapidez que el hechizo de un mago.
Sin duda existiran muchos lugares de este estilo, y Cabe estaba dispuesto a visitar la mayora, pero deseaba hallar uno frecuentado tanto por los ciudadanos como por los extranjeros. Era ms probable que se enterara de cosas por un lugareo que por un extranjero, aunque tampoco deseaba descartar esta ltima esperanza.
No tard en descubrir que encontrar un establo resultara ms fcil: estaban por todas partes. Comparados incluso con los establos reales de Penacles o Talak, stos eran tambin los ms limpios. El moreno hechicero escogi finalmente una posada llamada El Campen de Belfour. Por la imagen pintada en el letrero, dedujo que el nombre tena algo que ver con un caballo autntico que en alguna ocasin haba sido importante en esta parte de la ciudad.
En el establo mostr el distintivo al encargado, quien los condujo a un pesebre privado tras un intercambio de monedas. Con la excusa de que deseaba encargarse personalmente de su montura, Cabe consigui quedarse a solas con Caballo Oscuro.
Me gusta este lugar tron el negro corcel. Saben cmo tratar bien a un animal. Debera volver a visitar Zuu en un futuro no muy lejano!
No te tratarn tan bien si descubren que eres t quien asusta a todos sus otros caballos.
Lo que Cabe deca era cierto. A su alrededor, las otras monturas se agitaban inquietas, sobresaltadas por la voz de Caballo Oscuro. El animal intent hablar en un tono ms bajo.
Ojal pudiera entrar contigo, amigo Cabe.
Eso hara enarcar algunas cejas y cerrara no pocas bocas. No creo que los lugareos traten tan bien a sus caballos. Ser mejor que permanezcas aqu por el momento. Tampoco te perders nada. Situado tan cerca, podrs captar muchas voces del exterior, y adems tambin vers gente entrando y saliendo.
Caballo Oscuro ara el suelo de su establo, y abri un canal en la dura tierra. No le satisfaca este final de la misin, pero comprenda que no haba ningn modo en que pudiera mezclarse con la gente. Si pudiera disponer de tiempo ms del que tenan ahora, podra copiar la estructura bsica de un humano, pero no poda copiar su forma de comportarse. Un Caballo Oscuro con aspecto humano atraera excesiva atencin; pese a los muchos siglos pasados entre los hombres, el diablico corcel posea un esquema de pensamiento y de personalidad muy particular. No actuaba ni poda actuar como un mortal. Ni tampoco, llegado el caso, podra haberse hecho pasar por un elfo o por cualquier miembro de las otras razas.
Haba un nico Caballo Oscuro, y siempre sera as.
La posada estaba sorprendentemente limpia comparada con muchas en las que haba estado Cabe. Su sentido olfativo, a pesar de haber sido embotado, era todava capaz de percibir los deliciosos aromas procedentes de la parte trasera. El estmago del hechicero protest, con la esperanza de recordarle que, aunque l tena una misin que realizar aqu, tambin l, el estmago, tena una.
El interior de El Campen de Belfour tena mucho en comn con muchas posadas, desde luego, excepto que no haba forma de eludir el smbolo del lugar, el caballo del que reciba el nombre. Haba pequeas estatuillas, trofeos ganados por el susodicho corcel, alineados en una pared; tapices que mostraban las diversas hazaas de un Goliat alazn cubran la mayor parte de las otras. Slo con que la mitad fueran ciertas, el animal haba sido una maravilla.
Quiz la decoracin ms inslita era la limpia y brillante calavera que colgaba sobre la chimenea de roca frente a l. Por la pequea corona situada debajo, averigu que haba pertenecido al famoso caballo. Para el hechicero resultaba una forma muy peculiar de honrar incluso a un muy querido compaero, pero esto era Zuu, despus de todo, y Cabe era el extranjero aqu.
El mago encontr un banco vaco en un rincn del comedor y se sent. Apenas haba tenido tiempo de acomodarse cuando una camarera de cabellos dorados se detuvo ante su mesa. A diferencia de los guardas, iba vestida con ropas ms convencionales; sin embargo, aun cuando la falda y el corpio eran de un estilo como el que poda encontrarse en cualquier taberna del Reino de los Dragones, el cuerpo apenas disimulado en su interior no lo era. Cabe decidi que haba mucho que decir sobre el sistema de vida en Zuu; tanto hombres como mujeres parecan extraordinariamente en forma.
Qu te traigo? pregunt la muchacha una vez que l hubo mostrado el distintivo.
La joven posea facciones ligeramente elfas, pero en ellas haba lo que slo poda definirse como un asomo de desfachatez. Al hechicero le record incmodamente a una criadita llamada Deidra que haba estado a punto de hacerlo bailar al son de su msica cuando haban trabajado juntos en La Cabeza del Dragn-Serpiente.
Qu es lo mejor? En comida, me refiero.
El estofado.
El estmago de Cabe volvi a rugir.
Eso estar bien. Estofado y sidra.
La muchacha desapareci con un revoloteo de faldas, dejando a Cabe aturdido. Amaba a Gwen, pero un hombre tena que ser ciego para no ver a algunas mujeres, de la misma forma que estaba seguro que ocurra a la inversa.
Haba otros viajeros en el lugar, sin mencionar algunos grupos numerosos de zuuanos o zuuitas o lo que fuera que se llamaran. Algunas personas solas distribuidas al azar confirmaron a Cabe que no llamara la atencin. Su atencin se centr en la conversacin de tono ms alto que encontr, un tro de comerciantes de caballos, y empez a escuchar.
Su comida y bebida llegaron al cabo de un par de minutos, cuando ya estaba ms que listo para abandonar su primera intentona. La camarera deposit un cuenco rebosante de aromtico estofado frente a l junto con un pedazo de pan moreno. Mientras se inclinaba para dejar la jarra de sidra, vacil el tiempo suficiente para permitir que l admirara el panorama si as lo deseaba. Cabe, que conoca las costumbres de algunas tabernas y posadas, le dio las gracias en un tono que no comprometa a nada y suficientes monedas para satisfacer la cuenta y a ella. En cuanto la joven hubo desaparecido de nuevo entre la multitud, el hechicero empez a dar cuenta del estofado al tiempo que se concentraba en su nuevo objetivo.
El estofado era excelente, lo que en un principio dificult su concentracin, pero pronto capt una de las otras conversaciones. sta, entre un par de lugareos, en un principio pareci ser otra charla sobre caballos, pero luego cambi.
El primer hombre, un individuo algo mayor y muy delgado, refunfuaba:
... los enanos siguen insistiendo. Incluso dicen que vieron brillar el lugar en una ocasin.
Nada sucede en ese lugar abandonado de todos. Ni siquiera creo que viva un Rey Dragn all. Nunca o nada.
El segundo hombre, que tendra unos cuantos aos menos que el otro y que luca la barba ms espesa que jams haba visto el hechicero, levant su jarra y tom un buen trago de ella.
Y bien? replic el primero. Os algo acaso de nuestro dragn? Ves a unos pocos en la ciudad cerca del palacio del rey, pero el viejo Verde jams aparece ni pide nada. Podra suceder lo mismo con este otro.
El hombre ms joven deposit la jarra sobre la mesa.
Pero de todos modos...
Su conversacin volvi a cambiar, para girar alrededor de Reyes Dragn y de reyes en general. Cabe reprimi una mueca de disgusto. El resplandor y los enanos le interesaban, pero desde luego no poda ir hasta los dos hombres y preguntar. Dese poder ser como haba sido Sombra. El gran hechicero no tan slo era capaz de ocultar su presencia en medio de una taberna llena, sino que tambin poda llamar a personas a su presencia, hacerles preguntas, y luego despedirlas sin que stas lo recordaran despus y sin que nadie ms se diera cuenta. Cabe habra hecho lo mismo, pero no le pareca correcto.
Se concentr en otras dos discusiones, sin descubrir nada; entonces advirti que, pese a su concentracin, no poda distinguir ninguna de las otras con suficiente claridad. El estofado perdi un poco de su sabor cuando comprendi que tendra que recurrir a la magia y modificar su capacidad auditiva. Volva a tratarse de un conjuro sencillo, pero seguan sin gustarle las transformaciones, por insignificantes que fueran.
No le cost nada conseguirlo. Ahora poda no slo escuchar las conversaciones del otro extremo de la sala, sino que tambin poda seleccionarlas y escuchar a los que hablaban como si nadie ms hiciera el menor ruido.
Con gran desilusin por su parte, no obstante, result que nadie tena nada concreto que aadir a lo que ya saba. Cabe ya lo haba esperado, pero haba alimentado la esperanza de obtener algo ms. Tendra que buscar en otro sitio. Levantndose, abandon el cuenco casi vaco y la sidra casi sin probar y sali antes de que regresara la camarera.
No escaseaban precisamente las posadas en este barrio. No todas se encontraban a la altura de El Campen de Belfour, pero todas ellas estaban sorprendentemente limpias. Comparada con la peor, La Cabeza del Dragn-Serpiente haba sido un establo.
No, no un establo pens Cabe mientras entraba en la siguiente posada. Se puede, literalmente, comer sobre el suelo de estos establos.
En los dos lugares siguientes, el hechicero recogi un poco de informacin. Un intruso muerto en el oeste, de identidad desconocida. Llevaba una bolsa llena de oro extranjero y unas cuantas piedras preciosas de valor. Dos guardas haban muerto mientras lo cogan... y la patrulla originalmente slo haba querido hacerle las mismas preguntas sencillas que se hacan a todo visitante. Otro cadver hallado, ste despojado de todas sus posesiones. Curiosamente, no pareca haber relacin entre ellos.
Volvi a or mencionar el resplandor, un brillo efmero que haba iluminado parte del cielo occidental la misma noche que Cabe haba tenido la segunda visin. Slo unos pocos lo haban visto en realidad; la mayora de aquellos a los que escuchaba lo saban tan slo de odas. Estaba claro que Zuu realmente dedicaba algunas horas al descanso.
Despus de la quinta posada, Cabe lleg a la conclusin de que ya haba odo todo lo que haba por or aquella noche. Aunque no haba averiguado mucho ms de lo que ya saba, no se senta insatisfecho. Algo fatigado, el hechicero se encamin de regreso al establo donde Caballo Oscuro sin duda deba de estar esperndolo impaciente. Seguramente el corcel se sentira desilusionado por lo que haba averiguado, pero eso no importaba.
Pasaba frente a El Campen de Belfour cuando percibi que algo no iba bien, aunque no pudo precisar qu era.
Vaya, si es nuestro visitante que come y huye sin decir adis a una chica.
Se trataba de la camarera de la posada. Bajo la luz parpadeante de las antorchas, casi le record a una hembra de dragn, tan mgica pareca su belleza. Llevaba un chal sobre los hombros que resultaba imposible que sirviera para darle calor y desde luego no haba sido elegido para proteger su pudor.
Es sa una costumbre que desconozco?
La mujer, quien al parecer haba estado paseando silenciosamente por la avenida, sonri y sacudi la cabeza.
Slo una oportunidad. Se quit el chal muy despacio. Pero siempre hay otras oportunidades, otras ocasiones, para el hombre apropiado.
Cabe se mantuvo firme incluso a pesar de que una parte de l lo instaba a una veloz retirada. Antes de conocer a Gwen, jams haba sido muy hbil con las mujeres, y an segua sin saber cmo haba tenido la suerte de casarse con ella.
Me siento halagado, pero tendr que declinar.
Ella vacil por un instante, casi como si su respuesta la confundiera. Luego volvi a avanzar hacia l, tornndose en cierto modo ms deseable que antes.
Una vez ms, Cabe percibi que algo no iba bien. Parpade y contempl a la muchacha con atencin. sta malinterpret su expresin por una respuesta afirmativa a sus insinuaciones y extendi la mano. El hechicero tom la mano que se le ofreca... y, proyectando su poder, paraliz a la joven all mismo. Le permiti nicamente hablar.
Sultame! Qu es lo que haces?
Existen ciertas cosas con las que una hechicera debera tener cuidado y una de ellas es elegir a la vctima equivocada para sus hechizos.
Cabe la condujo de la mano hasta un lado del establo, donde no podran verlos con tanta facilidad. La aspirante a seductora lo sigui, con movimientos espasmdicos. Era l ahora quien controlaba sus acciones; ella no poda hacer otra cosa que respirar, ver y or. Incluso su capacidad para hablar dependa de los deseos de Cabe. A ste le desagradaba tener que hacer esto, pero no poda correr riesgos con una hechicera salvaje, ya que no poda saber qu otros trucos conoca.
Hablars en voz baja dijo l, cuando estuvieron bien ocultos. No te har dao si no intentas hacer nada y si contestas con honradez. Comprendido?
S.
Bien. Incluso retirado su hechizo de seduccin, le resultaba difcil permanecer tan cerca de ella. Pero saba que, si retroceda, ella se dara cuenta y ello le devolvera a la mujer parte de su ventaja, cosa que no deseaba. Quin eres? Por qu me escogiste? Examin sus cabellos. No haba aumentado el poder de su visin para poder ver en la oscuridad, pero a tan corta distancia debera poder distinguirlos bien.
Puedes llamarme Tori, hechicero, y lo que quera, y todava quiero, es sencillamente a ti. Su sonrisa era deslumbradora. Comprendiendo su confusin, la mujer aadi: El mechn est a la izquierda, enterrado bajo otra capa de pelo. Slo se necesita un poco de maa al peinarlo.
El hechicero saba que eso no servira a la joven eternamente. Pronto, la marca resultara tan evidente que nada excepto cabellos postizos o una capucha como la suya podran ocultarla. Pero eso no era tan importante ahora como lo que ella haca aqu.
Por qu? Por qu me quieres a m?
Hablas en serio? Qu clase de vida has...?
l la hizo callar con un gesto.
Sabes que no es eso lo que quera decir. All dentro haba sin duda mejores candidatos que yo.
Ella inclin la cabeza a un lado. Cabe no era consciente de haberle otorgado ms movilidad. Era una mala seal; significaba que o bien ella era ms poderosa de lo que haba supuesto o lo era su influencia sobre l. Fuera como fuera, significaba problemas.
Cierto, haba hombres que eran ms guapos, maese hechicero, pero belleza no es todo lo que quiero. Quiero a alguien que tambin piense, alguien con ambiciones y habilidad...
Y alguien con conocimientos en el arte de la hechicera. Ahora empezaba a comprender.
S. Sobre todo eso. No tan slo por ese poder en s, aunque eso desde luego endulza las cosas, sino porque quiero a alguien que comprenda lo que se siente al ser tan... superior y diferente. Quiero a alguien del mismo mundo que yo. Cuando te vi, sent de alguna forma que eras como yo, que eras el que haba estado buscando. Toda mi paciencia y esfuerzo haban dado resultado despus de todo, porque ya empezaba a pensar que pasara el resto de mi vida trabajando en tabernas en busca de alguien como yo. Alguien como t.
Aunque pareca que cada semana traa rumores de la aparicin de nuevos magos, stos todava eran pocos y estaban muy desperdigados. Cabe comprenda a Tori. Aqu estaba ella, con habilidades cuya utilizacin correcta no le haba sido enseada, atrapada en un lugar donde no haba nadie ms como ella. O no era as?
Tiene que haber al menos otro mago aqu, Tori. Estos distintivos son mgicos.
Hay unos cuantos, maese hechicero, pero no son precisamente personas con las que me gustara estar. Adems, trabajan slo para Zuu y yo quiero tener mi propia vida. Sera mejor que vigilaras ese distintivo. Les indica si hay un mago en la ciudad; es as como los recluta el rey.
Recluta? La tentativa de seduccin de Tori se borr de su mente.
El rey Lanith quiere gente que utiliza la magia. No ha decidido qu quiere hacer con ellos, pero los quiere. Pos una fra mano sobre la barbilla de l. Sabes?, puede que haya habido otros ms guapos, pero me gusta ms el carcter y la fuerza que se refleja en tu rostro. Podras ensearme cmo utilizar la magia y yo podra...
Es suficiente. Existe una cierta hechicera, la madre de mis hijos, que podra ofenderse. Si quieres adiestramiento, se podra arreglar algo.
Contigo? Con la rapidez de un felino al saltar sobre su presa, la muchacha se lanz sobre l. Cabe empez a apartarla, pero entonces ambos se detuvieron y dedicaron su atencin a algo que vena del otro extremo de la calle. Tori levant la mirada hacia el rostro de l. Ser mejor que te vayas, amor mo. Yo llevo un distintivo falso, de modo que estoy a salvo, pero t debes de haber estado usando mucha magia esta noche. Esos juguetitos no acostumbran ser tan eficientes.
Qu es? Qu es lo que se acerca?
Los magos contratados por Lanith y la guardia de la ciudad. Pese a las circunstancias, dedic un momento a pasar un dedo muy despacio sobre el pecho del hechicero. No son gran cosa y por separado son unos ineptos, pero los tres junto con los guardas podran causarte problemas... y a m no me gustara eso. Volveremos a encontrarnos algn da, hechicero mo.
Se irgui sobre las puntas de los pies, le dio un veloz pero fuerte beso, y desapareci antes de que l pudiera hacerle otra pregunta. Por lo que pareca, Tori posea el potencial para ser una maga muy buena, puesto que sus habilidades estaban ya muy aguzadas.
Desconcertado, Cabe permaneci all inmvil durante unos segundos. Haba venido a Zuu en busca de informacin, no para verse involucrado en las alocadas ideas de una hechicera o en las oscuras ambiciones de otro monarca.
Legar empezaba a resultar ms y ms atractivo con cada momento que pasaba.
Se escucharon pisadas en la calle, pisadas con un definitivo sonido militar en ellas, y Cabe percibi la presencia de otros magos. Al contrario que Tori, stos no intentaban ocultarse. Sinti cmo extraan poder de las fuerzas naturales del mundo, pero lo extraan de una forma tan fortuita que era un milagro que accidentalmente no lanzaran sobre s mismos algn hechizo descontrolado.
Est por aqu, s que est dijo una ronca voz de mujer.
Bien, es vuestro trabajo el localizarlo, mago. Hacedlo.
No vengas a explicarnos nuestros deberes. Esta voz, de hombre, era ms cultivada que las otras dos anteriores.
El hechicero se apret contra la pared, los labios fruncidos en una mueca. Lo mejor que poda hacer era teletransportarse hasta donde estaba Caballo Oscuro y que los dos se marcharan de inmediato.
Dicho y hecho. Cabe se materializ pocos pesebres ms all de donde haba dejado a Caballo Oscuro. El hechicero escogi deliberadamente un punto cerca de la pared del establo, para poder evitar que lo vieran algn mozo o encargado; pero, aparte de los caballos, no vio a nadie. Se apart con cuidado de la pared y se acerc al fantasmal corcel.
Caballo... El hechicero ahog el resto del nombre al encontrarse cara a cara con una figura alta cubierta con una larga y amplia tnica blanca. El hombre pareca uno de los magos de cuento con cuyas historias haba crecido Cabe, aquellos que slo existan en los relatos infantiles. Incluso tena una larga barba blanca.
El hombre lo miraba fijamente. Tras uno o dos segundos, Cabe se dio cuenta de que el mago no lo miraba a l, sino ms bien al lugar donde se encontraba. No vea al hechicero. Volvindose ms osado, el perplejo Cabe agit una mano frente al rostro de su colega, pero el barbudo mago no reaccion; era como si fuera una estatua.
Entr aqu dndose aires se mof una voz desde detrs de la paralizada figura. La puerta del establo de Caballo Oscuro se abri sola y el diablico corcel trot al exterior. Creo que deba de estar buscndote pero me percibi a m. Entonces, justo cuando haba decidido darse por vencido, apareciste t. Sus poderes no son tan grandes, en absoluto, pero es muy sensible a la presencia de magia. Hice lo nico que poda hacer dadas las circunstancias. Quin era la apasionada hembra?
La pregunta desconcert a Cabe por un segundo, pero respondi rpidamente:
Otra hechicera.
Parece que cran como conejos estos das. Hay otros dos magos cerca.
Lo s; es por eso que estoy aqu. Hemos de irnos.
No pensamos dejarte ir sin que primero oigas la oferta que nuestro muy benvolo seor ha ordenado que te hagamos.
Era el hechicero masculino que Cabe haba odo momentos antes. En contraste con su compaero, iba vestido como un ministro de uno de los reinos del norte, tales como el Gordag-Ai del que era oriunda Erini. En una mano, sostena un bastn cuyo pomo eran dos cabezas de caballo de plata y cristal. El mago era un hombre alto de rostro alargado con un largo bigote y cabellos finos y untados de aceite. Unos ojos pequeos y brillantes echaron una ojeada a la figura petrificada que Cabe tena detrs, y la fina boca se curv en una leve sonrisa.
Lo siento, pero no estoy interesado. El hechicero se senta demasiado popular ltimamente. Fuerzas desconocidas lo llamaban a Legar, hechiceras que lo buscaban para... para diversas actividades... y ahora tambin reyes que solicitaban sus servicios. Todo lo que quera era irse a casa y pasar los siguientes doscientos aos en compaa de su familia y amigos.
An no has escuchado la oferta. El otro hechicero golpe el extremo de su bastn de dos cabezas sobre el suelo del establo. Y no te irs hasta que lo hagas.
Cabe percibi un cambio repentino, como si hubieran lanzado una manta sobre el establo, y experiment un dolor sordo en la cabeza. Su contrincante intentaba impedir que utilizara ninguna clase de poder. Aunque esto sola funcionar con los hechiceros inexpertos o novatos, Cabe Bedlam no era ninguna de las dos cosas, de modo que con un sencillo pero contundente pensamiento se abri paso a travs de la barrera mgica y reanud al mximo su contacto con el Reino de los Dragones.
El bastn del otro mago explot de inmediato.
Qu? Qu?
El mago de la tnica blanca volva a moverse. Ech una mirada a un lado y a otro, mientras intentaba desesperadamente averiguar qu suceda. Distrado por la sorprendente explosin, Caballo Oscuro haba perdido el control del hechizo que lo mantena inmovilizado.
Cegado brevemente por el estallido de la energa mgica liberada, Cabe consigui por fin averiguar qu haba sucedido con el mago de ropas elegantes. El dolor sordo de su cabeza se haba convertido ahora en un dolor insoportable, como una reaccin al caos provocado por la destruccin del bastn. El estallido haba arrojado al otro hechicero contra una de las puertas del establo, donde yaca sin sentido. Se pregunt qu clase de matriz estpida habra incorporado el otro al bastn para que lo hiciera estallar as cuando el hechizo se vea desbaratado. Como nunca se haba enfrentado a nadie con autntico poder, el mago no deba de haber sido consciente de los peligros. El bastn era un instrumento interesante; pero, cuando se decida ligar un objeto a un conjuro concreto, haba que asegurarse de que la matriz, que acumulaba o extraa energa segn el conjuro, estaba reforzada en todas las dimensiones. Era evidente que haba habido un eslabn dbil en alguna parte. Cabe estaba furioso; no haba sido su intencin daar a nadie. No deseaba hacer nada que pudiera daar las relaciones entre Zuu y l mismo. Hasta ahora, nadie saba quin era l, pero se poda no ser el caso en el futuro; y, si el rey Lanith descubra que era Cabe Bedlam quien haba provocado todo aquel caos, podra haber repercusiones.
Qu has hecho? Qudate ah quieto, muchacho! El hechicero vestido de blanco hizo intencin de sujetar a Cabe.
Oh, estte quieto! tron Caballo Oscuro, y una vez ms la figura qued inmvil. Nos vamos ya? Esto empieza a resultar aburrido!
S, nos vamos! La cabeza le segua martilleando. Ser mejor que te monte y deje que t te teletransportes! De esa forma es seguro que permaneceremos juntos! Mi cabeza...
Debe de sentirse lo mismo que la ma! Todo mi cuerpo parece como vuelto del revs! Debera dar una buena patada a ese mago, y la prxima vez lo har! Adnde, a Legar?
No, an no! A algn punto cercano a lo que fueron los lmites de las Tierras Yermas, donde gobern el Dragn Pardo! Necesito tiempo para aclarar mis ideas!
Cabe se encaram sobre el negro corcel y sujet las riendas. Antes de ahora haban sido simplemente un adorno, puesto que Caballo Oscuro evidentemente no necesitaba que lo condujeran. Ahora, no obstante, eran la tabla de salvacin del hechicero, que se balance sobre la silla mientras el martilleo prosegua. Todo su cuerpo pareca funcionar con lentitud. Si era esto lo que suceda por dejar que los nuevos magos se entrenaran solos, entonces era importante poner en marcha nuevas escuelas lo antes posible. Hechiceros sin control podan un da obtener el potencial preciso para destruir el mundo. Era un milagro que no hubiera sucedido ya.
Mir a su alrededor. Seguan en el establo y los sonidos de los soldados en el exterior le advirtieron que el tiempo se agotaba rpidamente. Cabe no deseaba provocar un incidente. Nadie lo haba reconocido hasta ahora, pero no quera arriesgarse.
Qu sucede? Por qu seguimos aqu?
Esa explosin infernal me ha aturdido! No puedo conseguir la concentracin necesaria para marcharnos! Yo! Caballo Oscuro! Debera llevar a coces a ese prestidigitador petimetre hasta los pies de su amo!
El hechicero se llev una mano a la cabeza, pero ello no elimin el dolor, aunque s alivi la presin un poco.
Tendremos que cabalgar a travs de la ciudad! Puedes hacerlo?
No les quedar ms que una estela de polvo para indicar nuestra presencia aqu!
Indicar? Eso hizo que Cabe pensara en otra cosa. No quera que nadie los siguiera. Introdujo la mano en la bolsa en busca del talismn en forma de u, lo sac y arroj el objeto tan lejos de l como le fue posible. Saba el Dragn Verde lo que suceda en su propio reino? Estaba seguro de que el draconiano monarca hallara todo esto muy intersante. Todo lo que Cabe deba hacer era encontrar el tiempo para contrselo.
Estoy listo, ya! Oy cmo golpeaban las puertas del establo. No saba dnde estaba el mozo de cuadra, pero dio gracias a las estrellas de que no hubiera nadie all para dar paso inmediatamente a la guardia. Tendremos que cruzar las puertas a toda velocidad cuando se abran!
Por qu esperar? ri Caballo Oscuro y, alzndose sobre los cuartos traseros, se arroj contra las gruesas barreras de madera.
El inquieto hechicero se agach cuanto pudo sobre el lomo y rez pidiendo suficiente concentracin para poder protegerse cuando las puertas se rompieran.
Por suerte o por desgracia, segn el punto de vista, los guardas consiguieron en aquel momento abrir las puertas. Se encontraron con un enorme semental de relucientes ojos azules como el fro del invierno que cargaba contra ellos a una velocidad que no admita vacilaciones en cuanto a la decisin a tomar. La mayora de los soldados tomaron la decisin correcta y se arrojaron a un lado. Un par se quedaron all inmviles, carentes de la experiencia suficiente para comprender por qu los veteranos se dispersaban. Despus de todo, no era ms que un caballo.
Caballo Oscuro embisti al primero y luego salt por encima de la cabeza del segundo.
El diablico corcel ri a carcajadas mientras se alejaba de los establos. Cabe, bien sujeto a las riendas, dio gracias de que ninguno de los hombres pudiera darse cuenta de que era la montura y no el jinete quien se burlaba de ellos. Caballo Oscuro era bien conocido en todo el Reino de los Dragones, incluso aunque la mitad de los que conocan su existencia lo consideraran una leyenda. Si el rey Lanith se enteraba de que el sobrenatural corcel haba estado en Zuu y de que un hechicero de considerables poderes haba sido visto con l, resultara razonable para el monarca suponer que se trataba del hechicero ms conocido por su amistad con Caballo Oscuro. Lo que Lanith hara o no hara era una cuestin que Cabe no deseaba tener que considerar.
Galoparon por las calles de Zuu como alma que lleva el demonio. Algunas personas aqu y all se hicieron a un lado cuando la enorme bestia negra pas casi volando junto a ellas. Hubo un hombre que se detuvo y levant una mano en seal de aliento cuando pasaron junto a l. Lo ltimo que le oyeron decir fue:
Por la Espuela de Aaryn! Dar cien monedas de oro por el prximo potro que engendre! Qu...?
Ya no podan orle cuando Caballo Oscuro se meti por una avenida lateral. Cabe levant la cabeza, observando que se apartaban ahora de las puertas de la ciudad.
Adonde vas? sta es la salida ms rpida!
Pero no la mejor! La voz del corcel era un rugido apagado. Segua resultando dudoso que en la oscuridad alguien pudiera darse cuenta de que era l quien hablaba. Mira delante de ti!
Lo hizo... y no vio otra cosa que la muralla que rodeaba Zuu delante de ellos. No haba puerta, tan slo piedra maciza.
Vas a...?
Puesto que no puedo teletransportarme... s!
Estas calles estaban desiertas, la nica cosa buena que les haba sucedido esta noche por lo que se refera al hechicero. Cabe intent volver a concentrarse, pero slo consigui que su dolor de cabeza empeorara y senta tal hormigueo por todo su cuerpo que tuvo que retorcerse a pesar de lo precario del equilibrio que mantena. Tendra que confiar en Caballo Oscuro. Caballo Oscuro jams le haba fallado ni le fallara. No lo hara.
El negro equino dio un salto en el aire y pas por encima del muro. El perseguido mago ech una ojeada al mundo que se empequeeca a sus pies y decidi que lo mejor era cerrar los ojos.
Empezaron a descender en picado en direccin al suelo.

El pandemnium en el establo haba atrado a nativos y visitantes e, incluso varios minutos despus de la huida del desconocido jinete, muchos de los espectadores seguan agolpndose a su alrededor en un intento de averiguar toda la historia.
Los magos, con aspecto contrariado, perplejo y consternado, abandonaron la escena rpidamente, sin que ninguno de ellos pronunciara ni una palabra. Algunos de los guardas, sin embargo, fueron ms locuaces, pues a las gentes de Zuu les gustaba contar o escuchar un buen relato siempre que fuera posible. Pronto, una versin muy distorsionada de lo que haba sucedido se extendi entre el populacho. Haba habido una veintena de jinetes. Un grupo de hechiceros haba estado utilizando el establo para sus rituales. Los magos del rey haban estado practicando, pero algo haba salido mal y haban hecho aparecer un demonio procedente del ter.
Ninguna de las historias era correcta, pero un oyente atento que se paseara por all poda comprender mucho a partir de lo que se deca, casi lo suficiente como para recrear lo que realmente haba sucedido.
Para un espa ataviado con las ropas robadas a un comerciante asesinado, algo as era un juego de nios.
VII
Haban perdido dos hombres en los tneles durante la noche. Dos hombres que se encontraban sospechosamente cerca de la estancia donde lord DFarany y el demonio azul trabajaban para descifrar los secretos de los monstruos. Dos hombres que no deberan haber muerto en opinin de D'Marr. Haba algo especial en la sala, algo diferente de lo que se vea, y l era el nico que sospechaba la verdad. D'Marr estaba seguro de que las muertes haban estado relacionadas con un pasadizo que no estaba ah... al menos no ahora.
De nada serva que supiera que las bestias que retena prisioneras se rean de l. Incluso cuando las interrogaba, cuando utilizaba el cetro con ellas, parecan rerse. Exista algn gran acertijo del que slo ellas conocan la respuesta y no pensaban decirla. Haba estado a punto de matar a una, pero por algn motivo la expresin casi ansiosa en los ojos del animal lo haba hecho contenerse. Lord D'Farany no quera saber nada de sus sospechas, y el maldito hombre azul se limitaba a dedicarle una sonrisa de suficiencia cada vez que las mencionaba. Si exista un problema, haba dicho lord D'Farany, era D'Marr quien tena que ocuparse de l. se era su trabajo, al fin y al cabo.
Me ocupar de l, ya lo creo que s..., decidi.
Cada vez que su amo descenda al interior del tnel, los Quel parecan expectantes. Cada vez que regresaba se mostraban malhumorados. El joven oficial haba pensado en un principio que esperaban un ataque contra la persona del jefe de sus enemigos, pero luego comprendi que su suposicin estaba equivocada. Las acorazadas bestias queran que entrara en la sala... pero por qu?
Para descubrir el motivo, decidi arrastrar a uno de los desarrollados armadillos hasta la sala y efectuar algunas pruebas.
De acuerdo con sus planes, ni lord D'Farany ni el hombre del norte se encontraban en la habitacin. A los nicos a los que D'Marr quera aqu era a los pocos hombres que necesitaba para mantener al Quel bajo control. ste era su momento. Los soldados arrastraron al cauteloso animal hasta el centro de la habitacin. D'Marr sac el cetro de su cinturn y se acerc despacio a su cautivo. Algo de la cautela de aquellos ojos inhumanos se esfum; los Quel se haban acostumbrado a la vara mgica: era un enemigo que los prisioneros comprendan.
El joven oficial roz con la punta del cetro la parte inferior del hocico del Quel. Tal y como haba esperado, la criatura se ech hacia atrs. D'Marr sonri de forma apenas perceptible ante la perplejidad que poda leer en los ojos de su antagonista. No haba habido dolor, porque D'Marr no haba activado su juguete.
S que puedes comprenderme, de modo que escucha bien. Hay dos cosas que debes saber, bestia repugnante. Mantuvo la punta del cetro a pocos centmetros de los ojos del Quel, balancendolo de vez en cuando de un lado a otro para mantener desprevenido al prisionero. La primera es que jams debes considerarme previsible. Golpe la vara contra el hocico del Quel, esta vez dando a la criatura uno de los niveles de dolor ms leves.
Ahora s que tena toda la atencin de la criatura. D'Marr retrocedi y empez a pasear por la estancia. Sigui hablando mientras finga examinar su interior.
Lo segundo que debes saber es que no me he molestado en traer la piedra de las palabras en esta ocasin. Tus respuestas slo seran repetitivas. Adems, lo que necesito que me digas no necesita palabras ni imgenes.
Por el rabillo del ojo pudo observar la expresin de cauta curiosidad que se haba extendido por el monstruoso rostro. D'Marr pos una mano sobre el cristalino mecanismo, y percibi cmo el Quel se encoga casi como si hubiera posado el cetro sobre su propia cabeza.
El oficial aramita acerc el arma peligrosamente a los cristales alineados sobre el extrao artefacto. Luego, como si no se hubiera dado cuenta de lo que haba estado a punto de hacer y de la reaccin del habitante de las cavernas, D'Marr se apart. Se encamin al otro extremo de la sala y empez a pasear por el borde exterior, golpeando de vez en cuando la pared con la vara mientras andaba. Los ojos del Quel no lo abandonaron ni un instante.
Hay cosas que nos ocultas, bestia. Un golpe. He intentado mostrarme razonable sobre esto. Un golpe. Has de comprender que mi seor empieza a impacientarse. Un golpe. Y ahora tus monstruosos congneres se han llevado a dos de nuestros hombres. Orril D'Marr se detuvo y se volvi para mirar al prisionero. Dos hombres que estaban muy cerca de este lugar. Dos hombres que podran haber visto... qu?
Sin dejar de mirar al Quel, lanz el brazo hacia atrs y golpe fuertemente la pared a su espalda con la punta del cetro.
El acorazado monstruo lanz un grito ahogado e intent saltar al frente a pesar de estar atado. Los hombres que lo custodiaban lo arrastraron hacia atrs, aunque les cost un gran esfuerzo conseguirlo. D'Marr se permiti una poco frecuente sonrisa de oreja a oreja mientras contemplaba el intil forcejeo de la bestia. Dndose cuenta de la reaccin de su atormentador, una expresin que semejaba el equivalente de la consternacin en un humano apareci en las inhumanas facciones.
Muchas gracias.
El pirata-lobo ech un vistazo a la maza. A pesar de su aspecto en cierto modo frgil, era muy resistente. La cabeza ni siquiera se haba desportillado. Cuando su predecesor haba encargado su creacin, lo haba hecho con la idea de tener tambin un arma que poder utilizar en combate, y D'Marr se senta agradecido por aquella previsin. Hara falta mucho para hacerle siquiera un araazo al cetro.
Se volvi para inspeccionar la zona que haba golpeado. Se trataba de la misma zona donde, el primer da, le haba parecido ver otra sala o tnel. Ese da, D'Marr haba examinado la zona sin encontrar ms que roca slida, pero desde entonces no haba dejado de tener sus dudas. El no era de los que imaginaban tales cosas. Ahora, gracias a la violenta e irreflexiva respuesta del Quel, D'Marr estaba seguro de que realmente haba una sala o un pasadizo ocultos tras la reluciente fachada.
Aun cuando el Quel no hubiera respondido como l haba esperado, habra sido tambin una especie de prueba para respaldar sus sospechas. Cada vez que haba golpeado el bastn contra la reluciente pared, haba dejado un dbil rastro de cristal y roca resquebrajados tras l. Sin embargo, y a pesar de haber utilizado toda la fuerza de su brazo, el ltimo golpe no haba dejado ni un araazo en la superficie de aquella parte de la pared. Tal vez haba golpeado una zona de cristal de excepcional resistencia, pero D'Marr lo dudaba. No, haba algo especial en aquella zona concreta de la pared.
El oficial pirata dio la espalda a los presentes y pos la mano por la zona sospechosa, tal y como haba hecho el primer da. No se vea la menor seal de una abertura. No haba nada que pudiera delatar la falsedad del muro.
No obstante murmur, tendr que demolerte. Piedra a piedra, si es necesario.
Algo as, Orril, me sumira en una total desolacin.
Mi seor! El aramita gir en redondo.
El oficial cay de rodillas, al tiempo que el jefe de la manada penetraba lentamente en la estancia. Iba acompaado por el hombre azul y su guardia personal. De pie en el tnel, justo al otro lado de la entrada, se vea lo que pareca ser todo un escuadrn. Lord D'Farany pase la mirada por la habitacin, con la expresin de alguien que ha llegado por fin a casa.
No sabes nada de hechicera, Orril. De las complicadas matrices que hay que colocar en ocasiones. De los matices de la concentracin necesaria, tan simples en teora pero complicados en la prctica. D'Farany acarici el borde del artilugio de los Quel, y sus ojos se clavaron en un punto por encima de la cabeza de D'Marr. Del cuidado que uno debe tener... Si comprendieras tales cosas, te daras cuenta sin duda de lo que un dao permanente a la integridad de esta habitacin podra hacer a mi trofeo.
El joven oficial no haba pensado en ello. Record entonces el insignificante pero muy real dao ocasionado ya a la pared. Sera eso suficiente para alterar el equilibrio de la disposicin mgica? Si as era, acababa de entregar su cabeza al hombre azul.
Perdonadme, seor. No pensaba ms que en nuestros intereses. Estoy seguro de que existe una cmara oculta detrs de la zona de la pared que inspeccionaba. Las bestias lo saben; las he observado. He conseguido que sta lo revelara. Puede haber algo, alguna amenaza para nosotros, oculta ah.
Y confiando en el Quel, al que le gustara engaarte, destruiras todo esto, no es as? interpuso D'Rance. Las miradas de los dos hombres se cruzaron; estaba claro que el norteo disfrutaba con todo aquello.
No habr... nada de eso. El jefe de la manada se estremeci fsicamente, como si el simple pensamiento de causar cualquier dao a este lugar le causara un dolor fsico. Seal en direccin a D'Marr. La pared, Kanaan...
Seor... Con una reverencia, el hombre azul cruz la estancia. Al acercarse a su rival, esboz una sonrisa burlona que provoc que D'Marr cerrara la mano con ms fuerza an alrededor de su cetro. A la menor excusa, habra estado dispuesto a derribar con l al azulado demonio all y ahora.
D'Rance desliz ambas manos por la zona en cuestin. Tena los ojos semicerrados en actitud concentrada, casi como si se encontrara en trance. Por fin, se volvi otra vez hacia su amo y dijo:
Esta pared parece igual que las otras, mi seor, pero yo no soy ms que un simple soldado. Tras un momento de vacilacin, aadi malicioso: Tampoco parece que l le haya causado ningn dao, an.
No se derribarn paredes. Para lord D'Farany, sa era sin lugar a dudas la ltima palabra sobre el tema. Su atencin se volvi hacia el artilugio Quel, y D'Marr dej escapar un quedo suspiro. Encontrara otros modos de seguir adelante con el asunto... y de encargarse del hombre azul al mismo tiempo.
Pero D'Rance an no haba terminado con l. El norteo pas junto al aramita y examin el suelo. D'Marr se qued muy quieto.
Tras una breve inspeccin, el hombre azul levant la cabeza.
Mi seor, me temo que se ha daado la cmara despus de todo. Hay varios puntos en los que la superficie de cristal est desportillada, puede que por un arma roma, s.
Debera desportillarte la cara con esta arma roma..., pens D'Marr, y se prepar para el castigo. Sin duda no habra forma de escapar esta vez.
Lord D'Farany se apoy sobre el artefacto de cristal y permaneci en silencio durante casi un minuto.
Veremos qu sucede, Kanaan contest al cabo. No me gusta ejecutar a un hombre por nada.
Puesto que conoca la forma de actuar de su seor, el comentario no reconfort en absoluto a D'Marr.
Ahora vamos, Kanaan. Ya no puedo esperar ms.
La presencia de ms de una docena de soldados, sumada a la del Quel, no pareca molestar en lo ms mnimo al jefe de la manada. No tena ojos ms que para la magia cristalina de la sala. Tras quitarse los guantes, inspeccion con sumo cuidado todas y cada una de las facetas principales del peculiar artefacto.
El hombre azul, por su parte, no pareca nada contento con toda aquella multitud de espectadores.
Seor, no sera mejor si aquellos que no son necesarios se fueran? sugiri, reunindose con el comandante aramita. Podran ocasionar distracciones y quiz tambin algn dao desconocido. Sera mejor, s, si regresaran al otro pasadizo.
Haz lo que quieras respondi D'Farany sin apenas prestar atencin, acompaando su respuesta de un leve movimiento de la mano.
Kanaan D'Rance hizo marcharse a todo el mundo, incluidos los guardas que D'Marr haba llevado con l. Los centinelas obligaron al Quel a ponerse en pie, pero, cuando lo arrastraban hacia el tnel que conduca a la superficie, el jefe de la manada volvi su ambigua mirada hacia ellos.
Dejadlo. Orril, la criatura es responsabilidad tuya.
S, mi seor respondi el menudo pirata. Se puso en pie a toda prisa y se hizo con el control del prisionero. A una orden suya, el Quel volvi a arrodillarse. Dos de los guardas se quedaron el tiempo necesario para atar bien juntas las piernas de la criatura; luego, tras saludar, salieron apresuradamente en pos de sus camaradas.
No sera ms sensato...
Debe observar, Kanaan. Quiero que lo observe.
No hubo ms discusin. No se discuta con el jefe de la manada... al menos no a menudo si se quera conservar la cabeza.
El jefe de los piratas toc varios cristales. D'Marr sinti un hormigueo que enseguida desapareci. El Quel permaneca inclinado hacia adelante, los oscuros ojos entrecerrados.
No te gusta lo que ves, verdad, alimaa? Subestimaste a mi seor simplemente porque su mundo no es siempre el nuestro? Me pregunto, qu es lo que esperabas? Observ con atencin la forma en que el prisionero segua todos y cada uno de los gestos realizados por lord D'Farany. Se apreciaba un creciente recelo en el feo semblante del monstruo. Esto era ms de lo que el Quel haba esperado, pens. Utiliza vuestro juguete como un experto, no es as? No esperabais tanto de l, verdad?
Fue entonces cuando la estancia... parpade. sa era la nica palabra que D'Marr encontr apropiada. Aunque estaban en las profundidades de la tierra, las estrellas brillaban ahora con fuerza sobre sus cabezas; un millar de puntos de luz centellearon, con un efecto casi aturdidor. Colores que iban desde un extremo del espectro al otro danzaban enloquecidos a su alrededor como diminutas hadas, mientras que un zumbido sordo casi inaudible pareca perforar su mente. El joven aramita apret los dientes con fuerza. Los otros no parecan darse cuenta del sonido, o bien los afectaba en otra forma. D'Marr slo saba  que le pona los nervios de punta, que le provocaba un impulso de huir de la zona. Aunque, claro est, no poda hacer tal cosa.
Kanaan... coger la caja ahora.
Puede que se tratara de una triquiuela de sus alteradas percepciones, pero a D'Marr le pareci como si fuera un lord D'Farany diferente el que se encontraba all. ste de ahora pareca casi cuerdo en su forma de hablar y de comportarse; los ojos estaban casi fijos en lo que haca, mientras que sus palabras no surgan en frases que eran a veces dichas al azar, sino ms bien como declaraciones completas y, en su mayor parte, coherentes.
De alguna forma, eso no haca ms que transformarlo en algo ms aterrador an.
El hombre azul sac una pequea caja negra y se apresur a entregrsela al jefe de la manada. Orril D'Marr entrecerr los ojos. Saba lo que haba en el interior de la caja, pero no consegua imaginar qu utilizacin pensaba dar su seor a su contenido. El objeto guardado en su interior estaba muerto, sin poder; el jefe de la manada haba utilizado toda su energa durante el asalto inicial contra los Quel. Ahora ya no era ms que un recuerdo del pasado... o no lo era?
Lord D'Farany abri la caja y sac de su interior el talismn aramita que haba utilizado para silenciar el poder Quel.
Un grito sofocado hizo que D'Marr dirigiera una veloz mirada al cautivo. El Quel haba adivinado sin duda las intenciones del jefe pirata, y volva a debatirse en un intento por liberarse de unas ataduras diseadas para contener criaturas mucho ms fuertes que l. D'Marr aument la intensidad de su cetro y oblig violentamente al Quel a recuperar su actitud sumisa. Le habra gustado preguntar a la criatura qu era lo que la inquietaba tanto, pero no tena el tiempo ni los medios para hacerlo.
Ya lo sabremos dentro de poco..., pens.
El antiguo guardin inspeccion el curvado objeto.
No puede existir ningn defecto explic sin dirigirse a nadie en particular. Todos los clculos que he realizado durante estos ltimos das me lo exigen. Cualquier defecto podra significar el desastre.
No result ningn consuelo para el joven pirata ver que D'Rance se mostraba tan consternado por el comentario como l. El hombre azul dio un involuntario paso atrs y, desde luego, el tono de su piel se torn de un azul mucho ms plido del que haba tenido momentos antes.
D'Farany levant los ojos de lo que haca. Mir al Quel como si lo viera por primera vez.
Este objeto es reciente, verdad? Ya lo pens. Carece del cuidado y el diseo de muchas de las cosas que hay aqu, pero de todos modos contiene mucho ms potencial. Por qu lo construisteis?
El Quel, claro est, no poda ni quera contestar, aunque esto no pareci importar demasiado a lord D'Farany. Se encogi de hombros y devolvi su atencin al talismn aramita y a la curiosa creacin de los acorazados habitantes del mundo subterrneo.
Est incompleto. Lo completar para vo..., para m.
Con la mano libre realine el esquema central, arrancando piedras preciosas de los lugares en que se encontraban y reemplazndolas con otras de las all dispuestas. El Quel empez a agitarse y contorsionarse, pero sin que le sirviera de nada. D'Marr volvi a rozar a su prisionero con la vara, pero incluso entonces la enorme figura sigui debatindose.
Satisfecho con sus alteraciones, el jefe de la manada aadi el talismn a la nueva disposicin.
La habitacin chisporrote... y de cada uno de los puntos de luz surgi un rayo azul que sali disparado hacia la creacin Quel.
D'Marr se cubri los ojos y se agach. El hombre azul se apret contra la pared ms cercana a la entrada de la estancia y se limit a contemplar la escena con ojos desorbitados. Al lado de D'Marr, la criatura subterrnea empez a balancearse adelante y atrs como si esperara el final de todo.
El pirata-lobo se sinti casi inclinado a compartir su opinin.
Como sutiles y frenticos hilos de luz, los rayos azules golpearon el artefacto de cristal, bandolo de brillantes colores. D'Marr not cmo los cabellos se le ponan de punta y vio que a los otros les suceda lo mismo. nicamente lord D'Farany, de pie en el interior del brillante resplandor azul cobalto, permaneca indemne... al menos en apariencia.
Sonrea. Sonrea como lo hara un amante al encontrarse en los tiernos brazos del objeto de su deseo. Sin duda se trataba de una descripcin muy apropiada, se dijo el oficial, pues para el antiguo guardin el poder que lo baaba era a la vez su amor y su deseo. Su prdida haba matado a la mayora de los de su estirpe y lo haba arrojado a l en brazos de la locura.
Orril D'Marr era demasiado joven para recordar realmente a los guardianes cuando stos se hallaban en la cspide de su gloria. No conoca ms que las historias y a los pocos supervivientes que haba visto. Saba que, sin la voluntad del Devastador y el trabajo de sus servidores de ms confianza, los guardianes, el imperio haba empezado a desmoronarse. Una parte de l siempre se haba sentido intrigada por la velocidad de tal desintegracin. Por qu los grandes ejrcitos haban dependido hasta tal punto de una pequea minora de los que formaban sus filas?
Al ver ahora a D'Farany, crey comprender. Un guardin en el apogeo de su poder era un ejrcito en s mismo.
El jefe de la manada segua sonriendo. Sus ojos se alzaron para contemplar la telaraa de energa que penetraba en el artefacto de cristal. Chispas azules brotaban de sus dedos cada vez que mova las manos. Sus mismos ojos despedan destellos azules.
Con cada segundo que pasaba, el resplandor que envolva al jefe de la manada y a su recin hallado juguete se volva ms insoportable. D'Marr se volvi, pero se encontr contemplando el cegador resplandor en un millar de reflejos. Gir an ms, en busca de un respiro, de algo que no reflejara la luz.
Lo que hall en su lugar fue justo el pasadizo que haba estado buscando.
La enorme abertura resultaba tan evidente que no comprendi cmo poda haber tardado tanto en advertir su presencia. Dio un paso hacia ella, pero entonces algo lo agarr por el pie y estuvo a punto de hacerlo caer al duro suelo. El aramita recuper el equilibrio y mir por encima del hombro. Vio al desesperado Quel, con los inhumanos ojos muy abiertos, que se esforzaba por rodar hasta l y de algn modo detener el avance del pirata. D'Marr sonri brevemente ante el pattico espectculo, pero un cambio repentino en los ojos del Quel, un cambio de temor a creciente esperanza, hizo aicos la sonrisa y devolvi bruscamente la atencin del pirata a la entrada secreta. sta se desvaneca ya. La misma pared con su costra de cristal volva a formarse lentamente, tornndose ms slida con cada instante que pasaba. Olvidado repentinamente el Quel, D'Marr corri hacia el pasadizo que desapareca. La pared era an transparente, pero cambiaba con rapidez. Estirando los brazos con desesperacin, lanz una mano contra ella, pero todo lo que consigui fue un fuerte dolor. Era demasiado tarde para cruzar. Aquel retraso de medio segundo provocado por su maliciosa satisfaccin ante la reaccin del Quel le haba hecho perder su oportunidad.
De todos modos, an tuvo un momento, aunque muy corto, durante el que pudo atisbar el secreto que se ocultaba tras el maldito muro. Fue una visin precipitada, que la cada vez menor transparencia de la piedra y el cristal empeor an ms. De todos modos, consigui distinguir unas formas, cientos de formas, en una caverna que deba de haber sido casi tan grande como aquella en la que se encontraba la ciudad.
D'Marr no vio nada ms. La pared se volvi completamente opaca, y la piedra y el cristal recuperaron un aspecto de total inocencia.
Se volvi muy despacio hacia los otros y no lo sorprendi en absoluto descubrir que lord D'Farany acababa de completar su trabajo. Los tentculos de energa se haban retirado; de no haber sido por el fulgor azul que permaneca en lo alto del artefacto Quel, la estancia habra tenido el mismo aspecto que tena antes de que ellos entraran.
No lo mismo... refunfuaba el jefe de la manada; pero a pesar de sus palabras una sonrisa haba aparecido en el desfigurado rostro. No lo mismo, pero tan parecido... Tendr que aceptar eso.
Sus ojos seguan mirando directamente.
Mi seor, saco el colmillo, s?
D'Rance pareca excepcionalmente ansioso. D'Marr dej de lado por el momento lo que haba descubierto y empez a articular una protesta. Saba, gracias a una cuidadosa observacin, que el norteo posea alguna pizca de poder. Sera posible que tuviera ms? Posea el poder y la habilidad para controlar el talismn del guardin? Para eso se necesitara ms habilidad de la que el aramita sospechaba que el otro tena.
Sus palabras de protesta jams abandonaron sus labios, ya que lord D'Farany fue ms rpido en responder. Sus ojos cayeron sobre el hombre azul, y D'Marr disfrut del gran placer de contemplar cmo su rival se encoga bajo la intensidad de aquellas rbitas repetinamente vivas.
Tu buena disposicin para ayudarme en todo es digna de elogio, Kanaan, pero puedes dejarlo donde est. No existe lugar ms seguro para l que aquel en el que se encuentra ahora.
D'Rance adopt una postura ms servil.
S, mi seor. Olvidad mis palabras, seor.
El jefe de la manada ya haba dejado de prestarle atencin. Ahora sus ojos se posaron en la curiosa escena del Quel tumbado sobre un costado, lejos de donde haba estado antes, y de Orril D'Marr de pie cerca de la pared, demasiado lejos del prisionero al que se le haba encomendado custodiar.
Y t, Orril?
El pirata se pregunt cmo podra convencer a lord D'Farany de lo que haba visto. Una caverna entera estaba oculta a la fuerza invasora, pero slo l crea saba, ms bien que se encontraba all. El jefe de la manada y el demonio azul haban estado tan absortos en el espectculo que se desarrollaba encima de sus cabezas que no haban visto el descubrimiento del secreto de los Quel.
Perdonadme tambin a m, lord D'Farany. La hechicera no es mi terreno. Admito que me he sentido algo... abrumado... por los resultados. He visto cosas que jams habra esperado ver.
Cosas maravillosas... y habr mucho ms... El jefe de la manada baj los ojos hacia la creacin Quel, los ojos llenos de profundo cario. Haremos tantas cosas juntos, nosotros dos...
Los ojos volvan a perder su punto de mira.
Con una ltima caricia, el jefe de la manada se apart de su valiosa posesin y, sin que ello provocara la menor sorpresa en ninguno de sus dos subordinados, sali de all sin decir una palabra. Kanaan D'Rance se qued all slo el tiempo suficiente para echar una mirada al artefacto de su rival antes de desaparecer por el tnel en pos del comandante aramita.
D'Marr contempl pensativo la pared que, hasta el momento, haba vencido todos sus esfuerzos por desenmascarar lo que realmente era. Tendra que encontrar otra forma de entrar en ese lugar que no fuera por aqu, eso era todo. Tal vez haba otra sala que tambin comparta una pared con la oculta caverna. Sera una simple cuestin de explorar, de rastrear; l era muy bueno en el rastreo, sin importar cul fuera la presa. Luego, con la ayuda de sus juguetitos explosivos, creara para l un nuevo y permanente paso al interior. Entonces no habra magia que lo detuviera.
Por la boca del tnel penetr una oleada de armaduras negras al interior de la habitacin. Era el contingente de hombres que lord D'Farany haba llevado consigo. Las filas se rompieron a medida que cada hombre entraba; una lnea se encaminaba al lado izquierdo de la sala y la otra al derecho. D'Marr indic a dos de los soldados que condujeran al Quel fuera de all, y el cautivo se march sin protestar, aun cuando los inhumanos ojos no dejaron de observar al joven oficial hasta que las profundidades del tnel se tragaron a la criatura. Los otros guardas alteraron sus filas para compensar la leve prdida de efectivos.
Tendr que efectuar mediciones, pens D'Marr, regresando con animacin al proyecto que tena en mente. Demasiada plvora, y el explosivo derribara no slo la pared sino tambin el resto de la cueva. Ser mejor que primero encuentre el lugar apropiado. Entonces podr determinar cunta se necesitar.
Ya tenan hombres trazando mapas del complejo sistema de cavernas y tneles que constituan el territorio Quel. Aunque estaban lejos de resultar completos, el oficial estaba seguro de que sus mapas revelaban ya lo suficiente para servir a sus actuales necesidades. Al habrsele dado tanta importancia a esta seccin en concreto del mundo subterrneo, resultaba totalmente lgico que se hubiera decidido realizar un mapa antes que ninguna otra cosa.
Tena mucho trabajo por delante, pero Orril D'Marr se senta satisfecho. Estaba a punto de hacer aicos la ltima esperanza de la criatura y de descubrir qu gran secreto se ocultaba en la caverna de detrs de la pared.
Los guardas se cuadraron con mayor rapidez cuando pas ante ellos en direccin a la salida de la sala, pero el oficial pirata no prest atencin esta vez al temor que le tenan. Lo nico en que pensaba era en el prximo xito de su proyecto y en la expresin del rostro del hombre azul cuando D'Marr revelara a lord D'Farany el misterio de los seres subterrneos ms celosamente guardado... fuera el que fuera.

No saban lo cerca que haban estado.
El Dragn de Cristal se despert de su autoimpuesto estupor. Tal como haba pensado, los piratas-lobos eran a la vez previsibles e imprevisibles. No haba dudado que de alguna forma se haran con el control del reino de los Quel. Haba estado muy seguro de que obtendran un cierto xito con los mecanismos de los habitantes de las cuevas; pero para lo que no haba estado preparado era para el nivel de tal xito. Los invasores posean ya una comprensin de las habilidades del podero Quel y, con un poco ms de tiempo, se volveran expertos. Un poco ms... y osaran enfrentarse a l.
Deba atacar antes de que se volvieran demasiado poderosos. Deba arriesgarse, ya que posponer lo inevitable no hara ms que empeorar posteriores consecuencias.
Cmo? Cmo ataco? Debe ssser un ataque eficaz que requiera el menor esssfuerzo y concentracin posssibles! No puede haber excesssivo riesssgo. Essso podra conducir a... Si tan slo hubiera habido tiempo para descansar! Eso lo habra cambiado todo. Habran sido insectos a los que aplastar bajo sus inmensas zarpas.
La reluciente bestia hizo girar el cuello y busc entre los tesoros que haba acumulado con el tiempo. Algunos estaban all simplemente debido a su valor, otros a causa de su utilidad. Revolvi en el enorme montn con sumo cuidado. Haba momentos en los que haba pensado en organizarlo, en volver a almacenarlo todo en las salas de las cuevas inferiores, pero eso significaba abandonar la proteccin de su refugio y hacerlo poda significar el golpe final y definitivo.
Algo...
Entonces, a un lado del montn, casi separado de l, el Rey Dragn localiz la respuesta a su plegaria. No era lo que haba querido, ni mucho menos, pero cuanto ms lo contemplaba ms comprenda el atemorizado monarca que sta era su nica eleccin. Unos dedos inmensos y con uas largas y afiladas como dagas levantaron con cuidado la pequea esfera de cristal en cuyo interior pareca flotar una diminuta nube de un verde rojizo. Haba algo malsano en la nube, pues sus colores no denotaban vida, sino una larga y prolongada putrefaccin. La esfera no era mucho mayor que una cabeza humana, lo que la haca muy diminuta para alguien como l, pero haba aprendido a ser cauteloso al utilizar su tremendo cuerpo, ya que incluso el paso a una imagen humanoide como preferan sus congneres resultaba peligroso ahora. Cada transformacin lo aturda, lo haca ms vulnerable a... al peligro de perderse a s mismo. Especialmente ahora no se atreva a transformarse; combinado con su falta de descanso, podra ser suficiente para desbaratar sus esfuerzos de tanto tiempo.
Tuvo cuidado por otro motivo. Lo que la nube representaba no poda ser arrojado sobre el mundo con todo su poder de forma accidental, ni siquiera por un perodo de tiempo tan corto como el que se tarda en guiar un ojo.
Pero qu pasara con un menudo fragmento de su maldad? Servira eso?
Con la ternura de un padre que sostiene a su hijo recin nacido, el Rey Dragn acerc la esfera a la altura de sus ojos. Una imagen distorsionada de su monstruoso rostro lo salud desde su superficie, pero se esforz por hacer caso omiso de ella como siempre haca.
Sss, t podras ayudarme. Podrasss actuar all donde yo no puedo. Podras cegarlos; despistarlosss. Puede que incluso pudieras extirpar esta plaga de mi reino. El Rey Dragn lanz una amarga carcajada. Una plaga para acabar con una plaga. Qu apropiado!
Continu estudiando la esfera. La nube se arremolin, mostrando por un breve instante un paisaje diablico. El objeto de cristal no era algo diseado para contener sino ms bien una especie de puerta: una puerta a una pesadilla con la que el seor dragn haba vivido casi desde el principio.
Nooo musit el dragn de piel cristalina. An no. Debo consssiderar esssto primero... todava... Retorci la cabeza a un lado y observ la mortfera nube desde otro ngulo. Si tan slo las decisiones ya no fueran mas...
Bajando la zarpa, el Rey Dragn hizo aparecer las imgenes del campamento pirata. Contempl fijamente durante un buen rato al ejrcito y a sus jefes, y recuerdos de otro tiempo y otra invasin se fueron apoderando poco a poco de l.
Ssson tan parecidos sise. Como sssi el mundo hubiera trazado un crculo completo.
La malvola nube de su zarpa se agit con violencia, casi como si reaccionara a las palabras del dragn. El Dragn de Cristal no observ el cambio, absorto como estaba tanto en lo que vea ante l como en los fantasmas que volvan a despertar en su cerebro. Las escenas representadas en las mltiples facetas se fusionaron con aquellos fantasmas para crear una innumerable coleccin de retorcidas y mal recordadas imgenes.
Un crculo completo volvi a murmurar el Dragn de Cristal. Como sssi la puerta al passsado se hubiera vuelto a abrir... Los relucientes ojos se entrecerraron hasta convertirse en poco ms que rendijas a medida que el seor dragn quedaba ms atrapado en las visiones. Una puerta abierta...
En el interior de la esfera, empez a rugir una tormenta.
VIII
No fue hasta bien entrado el da que Cabe y Caballo Oscuro consiguieron por fin sacudirse de encima los efectos del accidente acaecido con el bastn mgico. No habindose atrevido a entrar en Legar en tales condiciones, se haban visto obligados a esperar. Cabe utiliz el tiempo para, en primer lugar, componer un mensaje cuidadosamente redactado que se remitira a Gwen y a los nios por medios mgicos, y luego descansar; Caballo Oscuro decidi utilizar la espera para quejarse continuamente del tiempo que se perda. No era que la espera no fuera necesaria. Incluso el diablico corcel lo saba; sencillamente no poda evitar quejarse una y otra vez. El hechicero saba en su interior, no obstante, que lo que provocaba tal impaciencia y malhumor en su compaero era que el negro equino era muy consciente de que, al no tener ninguna otra cosa en que ocupar la mente, los obsesivos recuerdos de Sombra regresaran.
Caballo Oscuro intentaba muy seriamente liberarse de aquella obsesin, pero resultaba una tarea monumental aun para l.
Al pensar en recuerdos, Cabe no pudo reprimir un escalofro cuando rememor la noche anterior. Caballo Oscuro olvidaba a menudo que, a pesar de lo poderoso que era su amigo, el hechicero segua guindose por instintos y prejuicios humanos. Descender en picado hasta el suelo desde tal altura haba resultado casi catastrfico para el corazn del mago. Privado casi de sus propios poderes, se haba visto obligado a confiar nicamente en el corcel eterno; pero, pese a lo buenos amigos que eran, Cabe no poda ponerse por completo en manos de un ser que jams podra comprender realmente la muerte como la comprendan los hombres.
Por suerte, en esta ocasin Caballo Oscuro haba sabido lo que haca. Haba aterrizado en el suelo sobre los cuatro cascos, pero el hechicero tan slo haba sentido una ligersima sacudida. Un aterrizaje as habra roto las patas de un caballo autntico y acabado con la vida tanto del animal como de su jinete de forma instantnea. Sin embargo, Caballo Oscuro haba seguido galopando hacia las cercanas colinas en cuanto estuvo seguro de que su pasajero estaba seguro y a salvo.
Ahora aguardaban en las estribaciones de la Esedi meridional, la gran regin occidental que en una poca haba abarcado el reino del Dragn de Bronce. El reino de Gordag-Ai, lugar de nacimiento de la reina Erini, era en realidad una parte de la zona ms septentrional de Esedi. Aunque no era ste el motivo por el que Cabe haba elegido este refugio. Ms bien haba elegido el lugar porque desde donde se encontraban podan contemplar la zona fronteriza situada al nordeste de Legar.
Es tarde, Cabe! Cunto ms necesitamos esperar?
Cmo te encuentras ahora? inquiri el hechicero.
En aquellos instantes estaba sentado en una de las numerosas elevaciones rocosas que dominaban la colina. Esta zona de Esedi se asemejaba a las colinas de Legar aunque careca de la gruesa capa cristalina que slo era propia de la pennsula. El hechicero de negros cabellos tena motivos para poner en duda el estado de su compaero. En su caso, haca ya ms de una hora que el resto de los efectos haba desaparecido; en cambio el corcel eterno haba continuado padecindolos en cierto grado, lo que haca que Cabe se resistiera an a partir. Por ser, en esencia, un ser mgico, Caballo Oscuro haba sido afectado con mucha ms violencia.
Por toda respuesta, el negro semental se alz de improviso sobre los cuartos traseros y golpe con los cascos una de las formaciones de roca ms prximas.
Fragmentos de roca llovieron sobre ellos cuando el solitario golpe hizo pedazos la piedra y los lanz por los aires.
Estoy listo decidi el imponente corcel.
En ese caso pongmonos en marcha.
El hechicero se incorpor y mont de un salto. Lo cierto era que Cabe tambin estaba ansioso por iniciar el ltimo tramo del viaje. No haba querido mencionar nada a Caballo Oscuro, pero durante su descanso haba recibido la visita de otra visin ms, aunque sta no haba sido tan poderosa como las anteriores. Tal vez slo se trataba de una especie de recordatorio. De todos modos, haba sido lo bastante vvida como para hacer que temiera que sus retrasos, tanto el accidental como el intencionado, pudieran haberles costado un tiempo precioso.
Al contrario que las otras, esta visin haba constado de una nica escena y corta adems. Cabe estaba de pie en medio del rocoso paisaje de Legar, pero no con Caballo Oscuro. En lugar de ello, se haba encontrado frente a una figura de armadura, un hombre barbudo cubierto con las mismas escamas de dragn de sus visiones anteriores. El hombre era un adversario, pero a la vez un aliado, porque en el mismo instante en que el hechicero se asentaba en la visin, una sombra negra se haba extendido sobre el terreno. Ambos haban comprendido al mismo tiempo que aquella sombra iba tras ellos. Su compaero haba desenvainado una espada aunque no era un arma corriente, pues la hoja era de cristal en llamas y la haba blandido una y otra vez contra la sombra, cortndola en pedazos, pero los trozos sencillamente se haban vuelto a fusionar e ido de nuevo en su busca.
El hechicero haba intentado ayudar, pero ni uno solo de sus conjuros haba obedecido sus rdenes.
Delante de l, la figura de la armadura haba arrojado la espada al suelo y alzado las manos en lo que era sin duda el inicio de un conjuro propio. En sus ojos haba brillado una expresin, una expresin fatalista, que Cabe haba descubierto que le resultaba ms atemorizante que cualquier amenaza procedente de la sombra negra. Le recordaba demasiado a los ojos del Dragn de Hielo y, en cierto modo, se haba sentido seguro de que el hechizo los destruira a ellos tanto como a la sombra. Tambin haba quedado muy claro que a su compaero no le importaba en absoluto.
Haba corrido hacia el otro, gritando: No!. Pero haba llegado demasiado tarde.
Fue en este momento cuando sali de su ensoacin. La visin haba permanecido an un segundo ms, pero todo lo que el medio dormido hechicero recordaba era una estremecedora sensacin de encontrarse en una nada peor incluso que la que se senta en la vacua dimensin conocida como el Vaco. Cabe Bedlam comprendi que lo que haba experimentado era una muestra de la muerte absoluta.
No tena intencin de relatar la experiencia a Caballo Oscuro. El negro corcel podra pensar en marcharse sin l, algo que Cabe no poda permitir. A pesar de lo mucho que esta ltima visin lo acobardaba, eso no haca ms que estimular su determinacin... y su curiosidad.
Cabe acababa de acomodarse sobre el lomo de Caballo Oscuro cuando not que la enorme criatura se pona muy tiesa. El negro semental contemplaba el horizonte occidental, los fros ojos azules clavados en algo que su jinete humano evidentemente no poda ver. El corcel olfate el aire.
Qu es, Caballo Oscuro? Sucede algo?
Puede que no sea nada, pero... hay una niebla o una bruma que se va extendiendo por esta regin de Legar. No la ves?
Entrecerrando los ojos, Cabe intent distinguir lo que Caballo Oscuro afirmaba haber visto. Las colinas situadas cerca de la lnea del horizonte mostraban unas caractersticas vagas y algo confusas, pero nada que normalmente lo hubiera hecho inquietarse. Luego, mientras continuaba estudindolo, el paisaje situado un poco ms cerca tambin adquiri un tinte lbrego; al cabo de otro minuto, ya no poda ver las colinas en el horizonte. All haba en efecto algo, tuvo que admitir por fin, y, a la velocidad con que se extenda hacia el este, no poda existir la menor duda de que no se trataba de un fenmeno natural.
Ya debe de haber engullido gran parte de Legar, Cabe.
Tendremos que viajar por tierra, sin teletransportarnos. Causar problemas la niebla?
Slo lo sabr cuando estemos en medio de ella resopl Caballo Oscuro. Qu dices?
Yo no tengo eleccin, pero t...
Eso es todo lo que necesito saber! El negro semental empez a descender por la empinada colina a una velocidad que hizo que su jinete se sintiera acobardado, a pesar de que sus poderes eran ahora lo bastante fuertes para protegerlo de cualquier cada que pudiera sufrir.
La intencin original de Cabe haba sido teletransportarse a una regin de Legar que recordaba vagamente de un viaje forzado realizado mucho tiempo atrs. No obstante, al darse cuenta de lo vagos que eran aquellos recuerdos, haba decidido que un plan mejor sera utilizar saltos cortos a puntos dentro del campo de visin. Despus de todo, era raro el da en que la pennsula baada por el sol no mostrara una visin ntida del terreno hasta all donde llegaba la vista. Pero, al parecer, ese raro da se haba dado hoy.
No se atrevieron a materializarse en el interior de una niebla tan espesa, no cuando poda haber piratas en las cercanas. Era imposible saber con exactitud lo grande que podra ser la plaga y ya haba sido bastante arriesgado el pensar en el teletransporte cuando los dos eran capaces de ver lo que los rodeaba. Todo Legar poda estar bajo la vigilancia de los aramitas, que en ese aspecto no podan ser ms eficientes.
Por desgracia, no se haban adentrado ms que un poco en el agreste territorio cuando los primeros zarcillos de la bruma los envolvieron. Antes incluso de que pudieran reaccionar, la niebla ya haba cubierto el cielo sobre sus cabezas. Legar ya no brillaba; ahora era simplemente un lugar apagado y pedregoso donde la vida luchaba por sobrevivir. Caballo Oscuro se vio casi inmediatamente obligado a aflojar el paso hasta una marcha lenta cuando la bruma continu espesndose a una velocidad alarmante. Cabe Bedlam se estremeci cuando penetraron en el tapado reino; por algn motivo, los peculiares tonos verdes y rojos de la bruma no le parecieron demasiado saludables.
Casi jurara que la niebla se lanz directamente hacia nosotros susurr Cabe. No quera susurrar, pero algo en aquella niebla malsana y hmeda lo impuls a hacerlo.
Podra ser. Desde luego se desvi en direccin a nosotros con una extraordinaria precisin... y, por lo que puedo distinguir, el viento no sopla con la fuerza suficiente para haberlo hecho.
Percibes algo fuera de lo corriente?
El enorme corcel solt una breve carcajada burlona.
Lo que percibo principalmente es que tendremos que viajar a travs de esta porquera durante bastante tiempo an. La niebla parece fluir tanto a mi alrededor como dentro de m, y no puedo decir que esperara otra cosa. Olfate el aire. Hay algo obscenamente familiar en esta basura.
Cabe Bedlam no comprendi esta ltima observacin, pero estaba en completo acuerdo con el resto de lo dicho por el negro semental. Con un gran esfuerzo, era posible percibir lo que tena ms cerca, pero intentar ir ms all y estudiar el camino que tenan delante resultaba casi imposible. En el mejor de los casos, obtena vagas impresiones del paisaje y la posible confirmacin de que haba unas pocas formas de vida, ninguna de un tamao significativo, acechando en medio de la extraa niebla.
Lo que era peor, tambin l la senta en su interior, como si buscara hacerse con l, convertirlo en parte de ella.
He llegado a la conclusin se mof Caballo Oscuro de que al Reino de los Dragones nada le gusta tanto como ver a las criaturas que lo habitan subsistir en medio de una frustracin y desesperacin constantes! Golpe el suelo con los cascos, y esparci rocas milenarias a su espalda como si se hubiera tratado de arena suelta. Me temo que la marcha ser lenta. Yo podra estar ms dispuesto a arriesgarme y viajar a ms velocidad, pero tu especie no es tan duradera. Si te sucediera algo, no me lo perdonara nunca.
El hechicero se sujet con ms fuerza y ajust su asiento.
Yo tambin quiero ponerme en marcha. Haz lo que puedas; soy ms duradero de lo que crees, Caballo Oscuro.
Esto provoc una corta pero sincera risita por parte de su temible compaero.
Puede que tengas razn! Muy bien, sujtate con fuerza a las riendas; esta vez las necesitars!
Caballo Oscuro empez a trotar, pero se trataba de un trote que ningn otro caballo habra podido igualar. El enorme animal devoraba terreno a gran velocidad, pero, a pesar de su velocidad, ambos tenan buen cuidado de mantenerse bien alerta. A estas alturas, Cabe se senta casi seguro de que el campamento de los piratas-lobos exista en realidad. Era probable que se encontraran an lo bastante lejos para que no se advirtiera su presencia, pero segua existiendo el peligro de exploradores. Tampoco eran los piratas la nica amenaza. Qu estaran tramando los Quel mientras suceda todo aquello, no lo saba, pero el hechicero no dudaba que deban de estar involucrados de algn modo. Era imposible que los invasores no hubieran descubierto algn rastro de ellos. Del mismo modo, resultaba improbable que los Quel compartieran la aparente indiferencia del Dragn de Cristal sobre la invasin de su territorio. Simplemente los Quel no se comportaban as. Cabe conoca demasiado bien a los seres subterrneos para saber cmo actuaban.
La niebla continu espesndose hasta que casi dio la impresin de que avanzaban a travs de un muro de algodn putrefacto en lugar de bruma. Incluso despus de haberse dado por vencido ante lo inevitable y haber aumentado su poder de visin, el frustrado hechicero no consegua ver ms all de dos metros, o tal vez tres, en cualquier direccin.
Es como si fuera de noche! refunfu Caballo Oscuro.
Si fuera de noche, al menos podramos ver replic Cabe. Se pregunt qu sucedera cuando el sol se pusiera. Podra ser peor que aquello?. Vamos al menos en la direccin correcta? No puedo decirlo.
Ms o menos s es la mejor respuesta que puedo ofrecerte, Cabe. sta es una niebla malvola; me parece que intenta hacer que me mueva en crculos. Una vez ms, volvi a olfatear el aire. Hay una fetidez aqu que me recuerda algo del pasado. Me cuesta creer que pueda ser lo que pienso que es, pero qu otra cosa puede ser? Nos habra ido mejor si hubiramos aparecido aqu medio aturdidos y en plena noche!
Qu podemos hacer ahora?
Caballo Oscuro no tena respuesta a su pregunta, y un silencio deprimente flot sobre ambos durante algn tiempo despus de aquello. Cabe se sinti seguro de que ste era inducido por la siniestra neblina. Resultaba una sensacin demasiado empalagosa que, por mucho que intentara sacudrsela de encima, segua pegada a l.
Viajaron durante al menos tres horas segn los clculos de Cabe, poco fiables en estos momentos; pero, forzados a aminorar el paso a causa de la falta de visibilidad y de su incapacidad para percibir las cosas mucho ms all de lo que podan ver, la pareja no consigui realizar grandes progresos en ese tiempo. El hechicero confiaba en que cualquier otro ser con el que pudieran tropezarse se encontrara al menos en la misma desventaja. Lo que ms le asustaba es que esto fuera un truco de los piratas, aun cuando habra resultado extremadamente complicado crear un hechizo que cegara a los adversarios pero permitiera ver al propio ejrcito. Un conjuro as precisara de algo ms que un simple pensamiento; requerira tal manipulacin mental de las fuerzas naturales del mundo que se necesitaran das slo para prepararlo.
Los piratas padecan tambin una escasez de magos competentes, si no recordaba mal uno de los primeros mensajes del Grifo en que describa los das iniciales de la guerra en ultramar. Cierto es que haban pasado aos desde la llegada de aquel mensaje y era posible que hubieran aparecido nuevos hechiceros desde entonces, pero el pjaro-len no haba mencionado nada parecido en despachos posteriores. El Grifo no habra excluido tales noticias.
Pero no hemos sabido nada de l ltimamente... Aunque el pensamiento segua atormentndolo, Cabe continuaba estando bastante seguro de que la niebla no era creacin de los aramitas. No era la clase de arma que utilizaran.
No haban transcurrido demasiados minutos cuando escucharon un estrpito de rocas al caer.
Caballo Oscuro se detuvo en seco y gir la cabeza en direccin al punto del que haba provenido el ruido. No dijo nada, pero se gir lo suficiente para poder mirar a su compaero a los ojos. Cabe asinti. Una mano se dirigi hacia la espada corta que llevaba al cinto. La magia era su mejor arma, pero haba aprendido a no descartar otras opciones.
Permanecieron inmviles. Durante un tiempo, el nico sonido que les lleg fue la ahogada respiracin del hechicero, pero luego escucharon cmo otra roca rodaba por el suelo, ms cerca y ms a su derecha.
El negro semental levant bruscamente la cabeza.
Huelo...
Una figura de un tono marrn grisceo y del tamao de un perro grande salt sobre Cabe.
Le cay encima casi sin darle tiempo a contraatacar con un conjuro de fuerza tosco pero prctico. Cabe percibi un aliento tan rancio que le dieron ganas de vomitar. La criatura lanz un alarido al verse rechazada por su presa. El hechicero no haba utilizado fuerza suficiente para matar, pero el ser estaba aturdido; de ello no caba duda.
Caballo Oscuro no esper a ver qu era lo que los haba atacado. Se alz sobre las patas traseras y cay sobre la cabeza de la criatura con ambos cascos. Fue como si el crneo hubiera estado hecho del ms delicado cristal, de tan completamente como se hizo aicos bajo el tremendo impacto de las patas del negro corcel.
El hechicero volvi la cabeza lleno de repugnancia. El enorme semental baj la mirada hacia la terrible carnicera que acababa de provocar.
Tan slo un dragn menor! murmur. Y pequeo adems!
Era lo bastante grande para m, gracias. Es extrao; ni siquiera lo detect con mi magia.
Tampoco yo! Fue mi sentido del olfato el que lo hizo y eso nicamente cuando estuvo lo bastante cerca para saltar sobre nosotros!
Cabe se oblig finalmente a bajar la mirada hacia el mutilado cuerpo de la criatura. No era muy grande segn los patrones de los de su raza, pero, tal y como acababa de comentar, s lo bastante. De todos modos, su presencia lo desconcert.
No debera habernos atacado.
S, sa fue su perdicin, sin duda!
No es eso lo que quera decir. Cabe seal la inerte figura. Un dragn menor tan pequeo como ste raramente ataca algo de nuestro tamao. A lo mejor si formara parte de un grupo, pero ste parece estar solo.
Eso es cierto admiti Caballo Oscuro. Tal vez esta niebla infernal lo desconcert.
Desconcert y asust. Puede que ms cosas incluso.
Qu quieres decir?
El humano lanz un suspiro.
Que ser mejor que tengamos mucho ms cuidado. Me parece que esta niebla es tan peligrosa para nuestras mentes y cuerpos como lo es para nuestros ojos.
Caballo Oscuro sacudi las crines y ri.
Somos superiores a esta desventurada bestia! Sabemos lo que puede hacer esta bruma, de modo que estamos preparados!
Eso espero.
Abandonaron el cadver y siguieron adelante. Transcurri ms tiempo; pero, cunto ms en realidad, Cabe ya no poda calcularlo. Cuando el destello de luz le dio en los ojos, el hechicero no pudo decir si se trataba de una antorcha o una estrella. Por lo que saba, se haba hecho de noche. Cuanto ms tiempo se permaneca atrapado en la sofocante bruma, ms parecan embotarse los sentidos. A pesar de todo, Cabe estaba seguro de que lo que haba visto era real, no imaginario. Tir de las riendas.
Un simple so ser suficiente, sabes? No estoy entrenado para las riendas.
Lo siento. La voz del hechicero son muy baja, casi un susurro. He visto algo al... Se supona que viajaban hacia el oeste, pero era as? ... al sur. Una luz. La vi parpadear.
Quizs estn retirando este maldito manto, no crees? El corcel eterno mir en la direccin indicada por su jinete. No veo nada ni percibo nada fuera de lo corriente... aunque no es que quede gran cosa que resulte corriente.
Yo estaba seguro... Volvi a ver el destello. Ah!
El otro vacil, y por fin admiti:
Lo veo. Qu quieres que haga, Cabe? Lo investigamos?
No parece existir otra eleccin. Has observado alguna otra cosa que haya tenido la capacidad de atravesar esta espesa sopa? Me gustara saber qu es.
Entonces est decidido. Estupendo!
Caballo Oscuro se encamin con sumo cuidado hacia el centelleo. Cabe se dio cuenta entonces de que los cascos del siniestro corcel no producan el menor sonido mientras cruzaba el desigual y pedregoso suelo. Probablemente no haban hecho ruido desde el momento en que el ser haba penetrado en Legar. A Cabe le costaba a veces recordar que la apariencia externa de su acompaante no representaba en absoluto la autntica naturaleza de Caballo Oscuro. ste sencillamente admiraba aquella forma, aunque eso no significaba que obedeciera cada una de las leyes fsicas que tal forma exiga. Caballo Oscuro haca lo que Caballo Oscuro deseaba hacer.
Debajo de l, el oscuro corcel lanz un resoplido que denotaba claramente ansiedad. Eso preocup a Cabe, pues su amigo no sola ponerse nervioso.
Conozco esta fetidez... murmur. Conozco este hedor; ya lo creo!
La luz volvi a apagarse. El corcel se detuvo, y los dos estudiaron la zona que tenan delante; pero, miraran a donde miraran, no descubrieron otra cosa que la misma oscuridad.
Adnde ha ido? La ves, Cabe?
No... Ah! Sus palabras eran apenas audibles. Incluso el sonido pareca amortiguado por la oscura niebla.
Caballo Oscuro sigui con la mirada el brazo extendido del otro hasta dar con la nueva posicin de la luz. Se encontraba ahora a su derecha, que era al oeste, la direccin hacia la que se dirigan en un principio. El negro semental lanz un resoplido.
Cmo es que est ah ahora?
Magia.
No pienso vagar por este deprimente pas persiguiendo luces fantasmales!
No te culp... El moreno hechicero se interrumpi al observar que la parpadeante luz empezaba a moverse. No tendrs que hacerlo! Viene hacia nosotros!
Ni siquiera Caballo Oscuro habra podido moverse con la suficiente rapidez para esquivarla. Cabe se cubri el rostro con los brazos e invoc un hechizo de proteccin que esperaba conseguira al menos detener una buena parte del poder de la enorme fuerza que vena hacia ellos.
La luz choc contra ellos... y se desperdig en un millar de chispas ms diminutas que se desvanecieron al momento, sin dejar ni rastro de su efmera existencia.
Alguien quiere jugar con nosotros? resopl Caballo Oscuro y mir a su alrededor en busca de alguien o algo sobre lo que descargar su clera. Me sentir muy feliz de ensearles un nuevo juego! Golpe el suelo con un casco, con lo que desparram pedazos de roca por todas partes.
Silencio! Cabe gir rpidamente sobre la silla.
Qu sucede?
Me pareci or... Algo tintine. Era el conocido y siniestro sonido del metal sobre el metal, un sonido que la enorme experiencia de Cabe asociaba con hombres vestidos con armaduras. Hombres de armadura que deban de estar muy cerca.
Volvi a orlo, pero esta vez frente a ellos. Debajo de l, el negro corcel irgui las orejas, una costumbre equina aprendida durante aquellos primeros das de un pasado lejano en que el ser eterno haba empezado a experimentar con la forma.
Una alta figura negra apareci ante ellos.
De los tres, el pirata-lobo fue el ms sorprendido por el encuentro, pero eso no signific en absoluto que fuera el ms lento en reaccionar. Con la espada desenvainada ya, se lanz contra Cabe. No hubo la menor pregunta, ninguna exigencia de rendicin; sencillamente un extrao grito agudo y luego un ataque.
Caballo Oscuro se interpuso entre el aramita y el hechicero. El pirata blandi la espada contra l y Caballo Oscuro, con una risita diablica, permiti que la hoja lo golpeara en el cuello. Fue como si el atacante hubiera intentado atravesar roca slida. La hoja se parti, y el arma escap de la mano del sorprendido pirata.
Su vacilacin fue todo lo que el mortfero equino necesitaba. Alzndose slo un poco, Caballo Oscuro pate al aramita en el pecho. La fuerza del golpe fue suficiente para enviar al acorazado soldado de vuelta al interior de la bruma. Cabe hizo una mueca de dolor cuando un golpe sordo puso la nota final al fortuito vuelo del pirata.
De todos modos, donde hay un pirata-lobo, tiene que haber otros. El Grifo a menudo haba escrito comentarios como ste en sus misivas. Los aramitas eran, en general, criaturas que vivan en jauras con el animal del que tomaban su nombre. Cabe, que ya se encontraba alerta, percibi su presencia incluso antes de orlos; salan de todos lados en nmero suficiente para sobresaltarlo.
Hemos ido a tropezar con una patrulla! musit a su compaero.
Excelente! Prefiero luchar contra algo real que vagar durante ms tiempo en medio de esta espesa marisma!
Eso no es... No tuvo tiempo de finalizar, ya que distingui las primeras figuras.
Se acercaron con bastante precisin, aunque estaba claro que se sentan intimidados por la maloliente niebla; pero haban sido entrenados para soportar casi cualquier situacin en el cumplimiento de sus tareas y por lo tanto intentaban adaptarse lo mejor posible. Al escuchar con atencin, Cabe comprendi el propsito del grito inicial del primer pirata. Los aramitas lo utilizaban para mantenerse en contacto entre ellos, habiendo decidido sin duda que el sigilo no era tan importante como la posibilidad de perder a todos los hombres en medio de la bruma.
Bien? Caballo Oscuro empez a gritar de improviso a las sombras que se acercaban. Venid, venid! No tengo todo el da! Todava quedan otras tareas que debo realizar despus de acabar con todos vosotros!
Caballo Oscuro...
Esto no era lo que el hechicero haba deseado. Haba esperado evitar el peligro todo lo posible, motivo por el que haba buscado al siniestro corcel. Caballo Oscuro, aunque siempre dispuesto a enfrentarse a un enemigo, por lo general tambin respetaba la seguridad de sus compaeros. Ahora, sin embargo, corra riesgos que Cabe consideraba demasiado peligrosos. El ser eterno buscaba una pelea y eso slo poda deberse otra vez a la obsesin por Sombra. Vagabundeando por entre la niebla, sin ver nada, los pensamientos del corcel deban de haber regresado al tema que se haba convertido en una parte muy importante de su vida ms reciente.
Era demasiado tarde para hacer nada al respecto ahora. Los aramitas venan hacia ellos desde todas direcciones, y habra sido una total estupidez intentar teletransportarse lejos de all. Algo en su interior advirti a Cabe Bedlam que un teletransporte pona ms en peligro su vida que este ataque.
Dos espadachines intentaron herir las patas delanteras de Caballo Oscuro, pero obtuvieron el mismo resultado que su predecesor. El diablico corcel pate a uno de ellos de vuelta al interior de la bruma, pero el otro consigui esquivar el golpe. El hombre sac una daga de hoja ondulada del cinto y la arroj, pero contra Cabe, el jinete, no contra Caballo Oscuro. Los piratas an no se haban dado cuenta de que era el caballo el que representaba la mayor amenaza contra ellos. Daban por seguro que con el jinete bajo control o muerto, la batalla estara ganada.
El hechicero vio venir la daga y, aunque se haba protegido contra armas corrientes, la desvi, decidiendo que no era demasiado sensato correr riesgos por un exceso de confianza. Luego se volvi cuando tanto sus sentidos mgicos como sus odos le advirtieron de la presencia de varios piratas que se acercaban por detrs. Una lanza apareci a un metro de l, pero con un conjuro alz tanto la lanza como al hombre y los utiliz para deshacerse de otros cuatro soldados que se encontraban cerca. El conjuro fall de improviso, no obstante, y el lancero cay al suelo como una piedra. El pirata se puso en pie precipitadamente y se perdi en la bruma.
Descuidado dijo una voz.
Cabe mir a Caballo Oscuro, pero el semental estaba muy ocupado encargndose del pirata que haba escapado a su primer ataque y de otros dos que se haban unido al superviviente. Uno intentaba sujetar con un lazo al ser eterno, una maniobra de lo ms estpida. Caballo Oscuro agarr la cuerda con los dientes y, mientras el aramita segua sujetndola, tir con tanta fuerza que el soldado sali despedido por los aires y se precipit sobre su compaero. Ambos chocaron con un fuerte estrpito y cayeron al suelo hechos un ovillo. El soldado que haba sobrevivido al ataque anterior retrocedi, para desaparecer casi inmediatamente entre la niebla. El siniestro corcel se ech a rer.
Olvidando la voz, Cabe regres a su propia difcil situacin. Mientras que el negro semental no senta el menor escrpulo en destruir a sus adversarios, Cabe todava senta dolor cada vez que se vea obligado a matar, a pesar de que en la mayora de los casos lo haca en defensa propia. Se contena todo lo que le era posible, e intentaba en su lugar disuadir o dejar sin sentido a los atacantes; pero ahora, con sus poderes repentinamente puestos en duda una vez ms, el hechicero se sinti justificado al recurrir a rocas voladoras y pequeos vendavales para rechazar a sus oponentes.
Eso no signific que no se viera obligado a matar. A algunos aramitas no se los detena de otra forma, y ellos mismos provocaron su muerte al arremeter ciegamente contra la tormenta de piedras. Uno estir el brazo lo suficientemente cerca para casi derribar a Cabe de la silla. Al intentar librarse de l, el hechicero descubri que algunas de las armas aramitas podan hacerle dao pese a sus conjuros de proteccin. La daga que se le acababa de clavar ligeramente en la pierna estaba cubierta de piedras preciosas y tambin posiblemente hechizada para un combate de aquel tipo. Durante su larga historia de guerras, pareca razonable que hubieran aprendido a enfrentarse con los hechiceros. Finalmente, Cabe contraatac por puro instinto... y lanz un rayo de energa tan potente que literalmente convirti al hombre en cenizas en menos de un segundo.
Pero seguan viniendo. Era casi como si todo el ejrcito pirata los hubiera localizado.
Ahhh!
El golpe contra su cabeza sacudi a Cabe con tanta fuerza que tuvo que hacer un soberano esfuerzo para mantenerse en la silla. Lo primero que pens fue que alguien con una honda lo haba cogido desprevenido, pero su hechizo debera haberlo protegido de todos modos. No obstante, cuando escuch gruir de dolor al propio Caballo Oscuro, el hechicero comprendi que no era un arma corriente la que lo haba herido.
Dnde estaba? Ninguno de los piratas que haba detectado llevaba un arma parecida. Lo cierto era que probablemente el mayor peligro al que l y Caballo Oscuro se enfrentaban no eran los aramitas, que no posean ms ventaja que la numrica, sino la malvola niebla, que continuaba minando su voluntad y haciendo estragos con sus poderes mgicos.
Apart de una patada a un espadachn que haba conseguido de alguna forma eludir a Caballo Oscuro, y dej al hombre sin sentido antes de que pudiera volver a acercarse. Los aramitas no le dejaban mucho tiempo para pensar. Incluso mientras el soldado caa al suelo hecho un ovillo, el mismo Cabe recibi un impacto. Todos los huesos de su cuerpo parecieron estremecerse. En esta ocasin, el afectado hechicero qued medio colgado de su compaero, y de no haber sido por un rpido movimiento por parte del corcel, Cabe habra cado al suelo.
Cabe! Debes sujetarte fuerte! No puedo luchar y mantener tu equilibrio!
No..., no puedo. El simple hecho de erguirse le provoc un dolor insoportable, y estuvo a punto de verse derribado otra vez cuando Caballo Oscuro gir en redondo para defender su costado derecho.
Muy bien... El negro semental casi pareci desilusionado con el cariz que tomaban los acontecimientos. Sujtate tan bien como puedas, Cabe! Voy a llevarnos a los dos a un lugar seguro!
El hechicero se agarr a la silla con todas sus fuerzas y se oblig a mirar a lo alto. Caballo Oscuro haba abandonado la batalla y se abra paso ahora por entre los atacantes; varios cayeron, pero siempre pareca haber ms. Las flechas se estrellaban contra el mago y el ser eterno, pero el hechizo de Cabe an se mantena y Caballo Oscuro era Caballo Oscuro.
Entonces, en medio de la niebla y el caos, el debilitado hechicero descubri una figura realmente peculiar acuclillada sobre una formacin rocosa. Los aramitas, que pasaban justo junto al lugar en que se encontraba, no parecan darse cuenta de su presencia. Aunque la bruma ocultaba en parte la figura, Cabe consigui vislumbrar unos brazos y piernas largos y delgados y un torso repugnantemente redondeado. La cabeza estaba cubierta en su mayor parte por un sombrero largo y de ala ancha que le caa sobre el rostro... si es que aquella extravagante caricatura posea uno. Una araa, sa fue su primera impresin. Una araa humana.
Toda la escena oscil entonces, pero no por culpa del estado en que se hallaba Cabe. Fue ms bien como si una ola cubriera la zona, sacudiendo a jinete y montura y arrojando a los piratas que los perseguan a un nuevo torbellino.
Cabe reconoci la sensacin aunque raras veces la haba experimentado antes y desde luego jams con la magnitud de esta oleada: magia descontrolada. El trmino no era del todo correcto, pero era el nico que poda describir de algn modo lo que estaba sucediendo.
Una de las formaciones rocosas ms prximas a ellos se fundi, y el llano terreno empez a alzarse. El hechicero escuch un grito y localiz el origen justo a tiempo de ver cmo uno de los piratas se doblaba sobre s mismo y desapareca. Varios aramitas forcejeaban para liberarse de un suelo que se haba licuado; una armadura vaca, medio corroda, indicaba que algo ms haba sucedido, pero Cabe tena demasiada prisa para pararse a descubrir exactamente qu haba pasado.
Qu..., qu..., qu... Caballo Oscuro se estremeca.
El diablico corcel pareca vctima de una especie de ataque. Tambin l cambiaba, su cuerpo se estiraba como una autntica sombra. Cabe sinti cmo la silla de montar se mova. Baj los ojos y descubri que empezaba a hundirse en el interior de su compaero.
El hechicero salt del animal, y la silla desapareci dentro de Caballo Oscuro como si jams hubiera existido. Magia descontrolada. Una vez que apareca, poda crear terremotos, incendios, cualquier cosa. La textura misma de la realidad quedara trastornada mientras esta magia siguiera en accin. Poda suceder todo lo que la magia era capaz de hacer, dependiendo de la intensidad de la ola. Tambin poda concentrarse en una zona, convertirse en una especie de pozo donde todos los que entraran se vieran sometidos a su demencia.
A veces la provocaba una irregularidad en las fuerzas naturales del mundo, pero en la mayora de los casos se deba a que algn mago haba sido demasiado descuidado; una utilizacin imprudente de conjuros poda tensar y torcer esas fuerzas ms all de los lmites de seguridad. En ocasiones, el mundo se recompona solo, pero en otras intentaba reajustarse al nuevo esquema de fuerzas y entonces se producan las ondulaciones o las oleadas de energa pura, energa pura y sin un propsito.
No haba nada que pudiera hacerse, y Cabe se limit a desear que la oleada se extinguiera por s misma y no los afectara.
T! Guardin!
Se dio cuenta de que la voz se diriga a l, y volvi la cabeza. Un aramita ceudo y con barba que llevaba la capa de un oficial se acercaba a l, sujetando entre las enormes manos un hacha de armas. Cabe sinti un zumbido en la cabeza; entonces vio un pequeo cristal que colgaba del cuello del soldado: un talismn Quel, sin duda destinado a rechazar la magia.
Detn lo que ests haciendo con mis hombres, guardin, o ahorrar a los inquisidores las molestias de interrogarte!
El ttulo que el pirata le haba dado desconcert a Cabe Bedlam hasta que record que para los aramitas los nicos magos eran los que pertenecan a la casta de los guardianes.
Esto no lo he hecho yo!
Mientes! Balance el hacha, acercndose a menos de un metro del pecho del nervioso mago. Es tu ltima oportunidad! Hazlo! Adems, ni te atrevas a pensar que podrs conmigo! Tus conjuros ni me tocarn siquiera! Estoy protegido!
Lo ests ahora? dijo una voz, con un sonsonete. Cabe reconoci en ella a la voz que haba escuchado momentos antes. O no lo ests?
Para Cabe, la voz se dejaba or por encima de todo lo dems, exigiendo toda su atencin. No as en el caso del aramita, que an esperaba a que el hechicero obedeciera. Entonces, los dos se quedaron mirando el cristal que, de improviso, haba empezado a brillar con un fuego interior.
Qu has hecho? rugi el oficial. Levant una mano para ir a coger el colgante. No puedes haber...
El talismn Quel se fundi y penetr a travs del peto del aramita antes de que ste pudiera finalizar la frase. El hombre dej caer el hacha e intent aferrar el cristal, pero estaba ya demasiado hundido para que pudiera cogerlo. Los ojos del pirata se abrieron de par en par; intent arrancar la cadena de su cuello, pero sus torpes manos enguantadas fueron demasiado lentas.
Cabe intent ayudarlo incluso antes de que se iniciaran los alaridos, pero el hombre no se estaba quieto y los conjuros del hechicero seguan sin afectarlo. Hasta l lleg el olor a carne quemada.
Todo termin con cierta rapidez. El cristal atraves el pecho, veloz y sin que nada se interpusiera en su camino, y, cuando lleg el final, el aramita slo tuvo tiempo de ponerse rgido y emitir un ahogado jadeo antes de desplomarse hecho un ovillo sobre el inhspito suelo.
No era muy fuerte. Desde luego no era muy fuerte.
Quin eres? Cabe busc con la mirada al propietario del sonsonete, convencido de que se trataba de la extraa criatura de cuerpo redondo y miembros largos y delgados.
Cabe...
En un principio pens que la voz se burlaba de l, pero no era la misma de antes. Trastornado por la repentina serie de acontecimientos, tard algunos segundos en reconocer al diablico corcel.
Caballo Oscuro segua en el mismo lugar en que haba estado, pero ahora poda mover un poco la cabeza. Cabe corri hacia l dispuesto a agarrar a su compaero, pero ste sacudi la cabeza con energa.
No, no me toques! An no soy estable. Podras ser arrastrado a mi interior, y jams me lo perdonara!
Ests bien?
En absoluto, Cabe! Ahora reconozco esta locura! Pens que no era posible; crea que los ltimos rastros haban desaparecido con Sombra, pero esto es demasiado real. Esto huele a vraad..., huele al reino maldito de Nimth.
Ambos conocan Nimth, el lugar del que, innumerables milenios atrs, una raza de hechiceros llamados los vraad haba huido en direccin al Reino de los Dragones. Los humanos actuales eran los descendientes de los vraad, aunque, por lo que haba descubierto de ellos, a Cabe no le gustaba tener que llamar a la siniestra raza su antepasada. Haban florecido brevemente en este nuevo mundo, pero su cultura si es que poda considerarse como tal la arrogancia y la indiferencia haba desaparecido antes de que la primera generacin se hubiera extinguido.
Sin embargo, se deca que su mundo segua vivo a pesar del dao que le haban ocasionado con su irresponsable y soberbia actitud hacia la magia. Sombra lo haba insinuado y, segn se averigu despus, haba sido uno de ellos. Caballo Oscuro incluso los haba conocido, aunque se negaba a hablar de aquella poca y no poda o no quera recordar gran cosa de ella. Algunos vraad, al parecer, haban sentido una cierta inclinacin hacia la tortura.
El suelo se alz bajo sus pies, pero no demasiado. Se escuchaban menos gritos ahora; la mayora de los piratas-lobos haban echado a correr y haban desaparecido entre la niebla o estaban muertos. nicamente unos pocos, bien por tozudos o porque se encontraban atrapados en la cambiante realidad, seguan all. En aquellos momentos a ninguno le importaban demasiado el caballo y su jinete, sino que ms bien intentaban ayudar a sus camaradas cados o sencillamente sobrevivir.
No puede ser Nimth, Caballo Oscuro! Nimth se perdi, est aislado de todo!
No tan aislado. Sombra siempre mantuvo un vnculo con l. Te digo que es Nimth... o una pizca de l al menos.
Pero cmo?
Eso, no puedo...
Una criatura como una mezcolanza de pesadilla de planta, animal y mineral apareci de improviso de la nada. Sin prembulos, carg contra el hechicero aun antes de ser totalmente slida. Posea cientos de zarcillos sarmentosos a modo de piernas, antebrazos reptilianos que terminaban en pinzas muy parecidas a las de un cangrejo, y un cuerpo oval que pareca un simple pedazo de granito. Tallado en el centro de aquello se vea lo que a primera vista pareca una tosca imagen de un rostro humano, pero los ojos de jade que contemplaban al hechicero con avidez y la enorme boca que se abra y cerraba, mostrando una hilera tras otra de afilados dientes, resultaban muy reales. Se mova con increble rapidez, si se tena en cuenta que cada zarcillo tena que empujarla hacia adelante para darle impulso, y al moverse lo salpicaba todo de un limo verdoso. Cabe observ consternado que el rastro que ste dejaba iba quemando el duro suelo all por donde pasaba el monstruo. No haba duda de que se trataba de una creacin mgica; ninguna criatura habra podido nacer as.
Aprtate, Cabe! orden Caballo Oscuro, colocndose entre el monstruo y su amigo. Yo me ocupar de esta abominacin!
El hechicero se hizo a un lado, pero no para protegerse. No haba modo de que pudiera impedir que Caballo Oscuro intentara protegerlo, pero tampoco era la clase de hombre que dejaba que otros lucharan mientras l miraba.
La mgica abominacin aminor la velocidad al acercarse a Caballo Oscuro. Se desvi a un lado, como si intentara rodear el flanco del ser eterno, pero ste se gir para enfrentarse al monstruo, de modo que Cabe termin detrs del negro semental. El hechicero empez a moverse hacia la izquierda, pero entonces la abominacin volvi a moverse y Cabe volvi a encontrarse detrs de su compaero.
Los dos gigantescos seres siguieron sin ceder terreno. Cabe saba que Caballo Oscuro intentaba evaluar los poderes del otro. En todo lo que tuviera relacin con Nimth, el diablico caballo se mostraba excepcionalmente cuidadoso. Tena un largo y amargo recuerdo de las criaturas a que haba dado origen aquel desdichado reino.
El hechicero intent una vez ms unirse a Caballo Oscuro y una vez ms la demencial abominacin volvi a moverse, con lo que Cabe se qued donde haba empezado. Las cosas iban de mal en peor, ya que, adems de la bestia, la niebla se espesaba an ms. En aquellos momentos, tanto Caballo Oscuro como su adversario quedaban medio ocultos a su vista, pese a que el hechicero se hallaba a slo unos dos o tres metros de la parte posterior del animal. Si tenan que enfrentarse a aquella cosa a ciegas, era imposible saber cul sera el resultado. Caballo Oscuro no era invulnerable, y Cabe saba que sus propias posibilidades eran an menores.
A pesar de sus deseos, la hedionda bruma sigui espesndose... No, en este punto, solidificndose casi pareca una palabra ms apropiada. La criatura creada por la magia ya no era ms que una figura vaga. Como no deseaba encontrarse de repente solo contra una amenaza que quiz poda ver cuando l no poda, Cabe decidi correr el riesgo y acercarse a Caballo Oscuro por detrs. Si no poda estar junto al negro corcel, por lo menos permanecera lo ms cerca posible para no perderlo de vista.
En cuanto dio un paso al frente, no obstante, la abominacin retrocedi una distancia equivalente. Caballo Oscuro, ni que decir tiene, sigui a su monstruoso adversario. Al igual que Cabe, no tena intencin de perderlo de vista. Por desgracia, cada paso que daba pareca hacer que el otro se difuminara un poco ms.
Caballo Oscuro..., Caballo Oscuro! No lo sigas! Esprame!
O bien su compaero prefiri hacer odos sordos a su llamada, lo cual no era muy probable, o no poda or al hechicero, ya que el corcel no slo no contest, sino que trot un poco ms all. Ahora, ya no era nicamente la vaga forma de la monstruosidad lo que Cabe no poda ver, sino que tampoco poda distinguir apenas la silueta del enorme semental.
Dejando a un lado la dignidad, el nervioso hechicero grit an ms frenticamente:
Caballo Oscuro! Es una trampa! Nos estn separando, regresa!
Intent alcanzarlo corriendo, pero por cada paso que l daba, su compaero daba cuatro. Poco a poco, Caballo Oscuro se convirti en una dbil sombra en medio de la maloliente bruma. Los gritos de Cabe no obtuvieron respuesta, y, cuando intent lanzar una rfaga de energa mgica en direccin al siniestro corcel, la mgica bola de fuego no consigui recorrer ms que la mitad de la distancia antes de desvanecerse en mitad del vuelo.
Algo se enred en sus piernas y lo hizo caer. El hechicero rod por el suelo durante unos segundos mientras intentaba desembarazarse de lo que lo haba atrapado. Fuera lo que fuese, desapareci tan rpido como haba aparecido. Jurando por lord Drazeree, el hechicero volvi a ponerse en pie y dirigi inmediatamente la mirada hacia el punto en el que haba visto por ltima vez a Caballo Oscuro.
Ni el diablico corcel ni su adversario se vean por ninguna parte. De hecho, Cabe no poda ver nada en absoluto, ni siquiera el suelo justo delante de sus pies.
Caballo Oscuro!
No pensaba que el otro pudiera orlo y, cuando no recibi respuesta, eso no lo sorprendi en absoluto. A todos los efectos, estaba sepultado con tanta efectividad como si lo hubieran enterrado varios kilmetros bajo la superficie de Legar.
Por peligroso que fuera teletransportarse en medio de tal cinaga mgica, Cabe tena que arriesgarse. Regresara a las colinas de Esedi, y confiaba en que Caballo Oscuro hiciera lo propio en cuanto descubriera que el humano no estaba con l. Entonces decidiran qu hacer con respecto a Legar.
Fue muy cuidadoso y prudente al teletransportarse para estar seguro de que no cometa ningn error. Un conjuro que en condiciones normales no le habra costado ms que un veloz pensamiento se convirti ahora en una complicada serie de ejercicios mentales, cada uno concebido para asegurar el xito. Aunque todo lo complet en menos de un segundo, para el mago result una eternidad.
Lo que empeor an ms las cosas fue encontrarse perdido an en la mortfera bruma verde rojiza cuando todo estuvo dicho y hecho.
Bah... A su espalda son la voz que hablaba en sonsonete. No uno de mis mejores. Uno de mis mejores desde luego no.
El hechicero gir en redondo en busca del origen de la voz.
Quin eres? Dnde ests?
Lo bastante bueno, de todos modos. Lo bastante para ser bueno.
Cabe entrecerr los ojos. Haba mejorado un poco la visibilidad? Descubri que s, porque ahora al menos poda distinguir unos cuantos trozos de suelo a un metro de distancia. Mientras la observaba, la niebla se fue aclarando. Empezaba a resultar claro que quien fuera que hubiera hablado era sin duda el causante de su separacin de Caballo Oscuro. El hechicero cerr las manos con fuerza y gir en redondo con sumo cuidado, mientras buscaba con sus ojos, odos y sentidos mgicos alguna evidencia del punto donde se encontraba el culpable. Esto no poda ser cosa del Dragn de Cristal al menos l no lo crea y tampoco pareca la clase de arma que gustaba a los piratas-lobos. Eso slo dejaba...
Entonces fue cuando vio la roca, una vaga colina en miniatura justo a su izquierda. Encima de la roca, con los largusimos brazos y piernas doblados, permaneca acuclillada la misma figura extravagante que ya haba observado antes, la figura que estaba seguro haba sido responsable de la horrible muerte del oficial pirata.
La niebla se fue abriendo muy despacio pero sin lugar a dudas desde la roca y su solitario ocupante. Cabe observ que la figura era ms o menos humana, pero con la forma ms curiosa que haba visto nunca. La estrafalaria figura iba ataviada con un traje de cortesano prpura y negro de curioso estampado que habra resultado cmico en cualquier otra persona pero que de algn modo resultaba perfecto para su actual portador y no nicamente por su forma. El ala del sombrero segua cubriendo casi todo el rostro, y todo lo que poda ver era una barbilla que terminaba casi en punta.
La cabeza se alz un poco, lo que le permiti distinguir la lnea curva que era todo lo que tena por boca.
Soy Plool el Grande dijo bruscamente la figura de aspecto de araa. Aparte de levantar la cabeza, no se movi, ni siquiera para quitarse el sombrero. El Gran Plool soy yo.
Cabe Bedlam se estremeci al darse cuenta de a qu se enfrentaba aqu. Plool estaba en su elemento en la maloliente bruma; la manipulaba segn sus deseos tal y como lo hara alguien acostumbrado a ello. Sin embargo, Caballo Oscuro haba llamado a la niebla una creacin del retorcido y corrompido Nimth, el diablico lugar del que haban huido los antepasados del propio mago.
Nunca se le haba ocurrido pensar si por casualidad algunos no se habran quedado en Nimth. Jams se haba preguntado en qu podran haberse convertido stos o sus descendientes, al vivir como lo hacan en un mundo donde todas las leyes naturales haban sido hechas pedazos y la magia salvaje flua en eterno descontrol.
Plool slo poda ser un vraad... y ahora andaba suelto por el Reino de los Dragones.

La misiva de Cabe no tranquiliz en absoluto a Gwen. La hechicera paseaba por el dormitorio, echando pestes por no poder estar con l. Haba sido idea de ella que uno de los progenitores se quedara. Sus propios padres, desaparecidos haca ya tantsimo tiempo, le haban inculcado la necesidad de que alguien estuviera al cuidado de los nios. Cabe pensaba lo mismo, aunque la mujer no dudaba ni por un momento que ste habra protestado de haber sido ella quien hubiera debido encargarse de la cuestin y no l.
Nada de todo ello, por supuesto, aliviaba la espera. El mensaje recibido le haba proporcionado un breve informe detallado de la estancia de Cabe en Zuu, pero, como conoca muy bien a su esposo, lady Gwen saba que haba ms de lo que apareca en el escrito. Su relato del ms bien autoritario modo en que el rey Lanith reclutaba magos le recordaba demasiado a los tiempos en que Melicard haba buscado hechiceros, talismanes e incluso demonios en su intento de erradicar a la raza draconiana. Habra que estudiar con atencin las ambiciones de Lanith y no slo ella tendra que hacerlo. Probablemente Toos y Melicard ya estaban enterados, lo que en cierto modo la enfureca, puesto que no haban considerado apropiado transmitirles esa informacin. Nunca se estaba muy seguro de cunta informacin se ocultaba en los consejos con los dos monarcas a los que ella y Cabe asistan.
No era la recoleccin de magos lo que la preocupaba, no obstante. Era el pensamiento de que haban sucedido ms cosas en Zuu. No poda evitar pensar en que a lo mejor Cabe y Caballo Oscuro no se haban limitado a entrar en Zuu, permanecer all algn tiempo y marcharse; y, debido a esa sensacin, se preguntaba qu otras cosas su esposo no haba mencionado y a qu peligros podra an tener que enfrentarse.
Mi preocupacin no le sirve de nada, se record furiosa, pero eso no la hizo sentirse mejor. Gwen suspir. Haba otras cosas que merecan su atencin. Tal vez lograran evitar que pensara demasiado en lo que poda estar sucedindole al hombre que amaba.
Al salir del dormitorio, casi choc con una figura que se encontraba detrs de la puerta. El otro la tom en sus brazos y la sostuvo as ms tiempo de lo que a ella le habra gustado. Se solt y retrocedi un paso antes de darse cuenta de que al hacerlo no consegua otra cosa que divertir an ms al recin llegado.
Era alto y delgado, con unas facciones arrogantes pero llamativas que provocaban que muchas hembras, tanto humanas como draconianas, lo miraran con una deliberacin que l animaba a menudo. Sus ojos eran estrechas rbitas ardientes que podan atrapar a una persona y casi hacerla arrodillar.
Vesta un muy ajustado traje verde esmeralda y oro que recordaba a los utilizados en la corte de Gordag-Ai. Gwen comprendi que haba escogido este traje en concreto porque saba que a ella le gustaba. Kyl y los dragones ms jvenes llevaban autnticas ropas humanas, no creaciones mgicas formadas a partir de la propia piel, que era lo que los dragones mayores solan hacer. No era exactamente la misma combinacin de colores que su piel, que era una mezcla ms elegante de verde y oro, pero de todos modos resultaba llamativa. Con todo, Kyl sin duda habra podido crear un duplicado perfecto de haberlo deseado; sus habilidades estaban mucho ms avanzadas que las de sus congneres de ms edad. A veces, la Dama del mbar pensaba que estaban demasiado avanzadas.
Qu haces aqu arriba, Kyl?
l le dedic una sonrisa maliciosa que una larga prctica haba convertido en irresistible para cualquier doncella, pero Gwen no tuvo ms que mirar los dientes ligeramente puntiagudos para recordar que se encontraba ante un dragn, no un hombre.
Osss pido disculpas, lady Gwendolyn. No debera andar con tanta precipitacin. Essspero no haberosss incomodado en ninguna forma.
Ella contuvo la sonrisa que tanto deseaba mostrarle. Kyl, a pesar de toda su perfeccin, todava recaa en la sibilancia draconiana con ms frecuencia que su hermano o su hermana. Tena dificultades especialmente cuando se encontraba ante ella.
Y qu es lo que te trae aqu con tanta precipitacin?
He venido a decirosss, amable seora, que la Mansin tiene visitantes.
Un criado podra haberme comunicado eso.
Por mucho que lo intentaba, la hechicera no poda sentir simpata por Kyl, quien siempre intentaba estar cerca de ella o, para su mayor consternacin, cerca de Valea. El joven heredero al trono del Emperador Dragn se portaba siempre bien con su hija, pero sus constantes accidentes, que siempre de algn modo incluan tocar a Gwen, hacan que la hechicera se sintiera inquieta ante el futuro. Valea no tardara mucho en ser lo bastante mayor para atraer realmente la atencin de los varones. En ese aspecto, actualmente ya era demasiado bonita.
No tendras que haberte molestado continu Gwen.
Son visitantes especiales, seora. Visitantes essspeciales exigen un tratamiento especial.
Quines son? No recordaba esperar a nadie.
Estn vestidos de modo que nadie pueda reconocerlos, pero uno ha mossstrado una insignia que le fue entregada por el Dragn Azul en persona!
Lady Gwen hizo caso omiso de la forma en que los ojos de Kyl se iluminaban siempre que mencionaba a otro Rey Dragn. Emisarios de Irillian? Pero por qu disfrazados, entonces?, pens y luego, en voz alta, orden:
Condceme hasta ellos.
Kyl la condujo a travs de la Mansin y la hizo salir por la puerta principal. En cualquier otro momento, la hechicera habra disfrutado con un paseo por los jardines, pero la proximidad de Kyl y el misterio de los dos visitantes, sin mencionar la situacin de Cabe, impedan tal cosa.
Ciertamente, los dos visitantes parecan ms monjes que emisarios. No se distingua nada que no fuera ropa, pero se dijo que el ms alto de los dos tena que ser el hombre que el dragn haba mencionado. Aguardaban de pie justo al otro lado de la barrera invisible que protega los terrenos de la Mansin de invitados no deseados y de animales merodeadores, que en muchas ocasiones resultaba ser lo mismo.
Soy lady Gwendolyn Bedlam. Antes de que digis nada, dejadme ver el anillo que habis mostrado a ese muchacho. Oy cmo Kyl siseaba por lo bajo. A lo mejor dejara de jugar con ella ahora que lo haba degradado unos cuantos puestos. Era bueno recordarle de vez en cuando que, aun cuando era el heredero a un trono, tambin estaba bajo la tutela de los dos.
Pareci como si la figura a la que haba dirigido la peticin fuera a decir algo, pero entonces se encogi de hombros y alz una mano hacia ella. La manga cay hacia atrs. La hechicera baj los ojos para estudiar el anillo.
No obstante, en cuanto vio la mano que luca el anillo, todo inters en el Dragn Azul se desvaneci.
La mano estaba cubierta de pelo, lo que en s mismo ya resultaba bastante inslito, pero entonces Gwen observ un rastro de plumas hacia la zona de la mueca. Atnita, levant la mirada. Con la mano libre, el visitante proceda a echar atrs la capucha. Un rostro solemne pero cansado de facciones rapaces haba estado oculto bajo aquella capucha; en la parte posterior y en los costados, las plumas daban paso a un pelaje espeso. Era como si alguien hubiera cruzado un len, un ave de presa y un hombre.
Me alegro de verte, mi seora susurr educadamente el Grifo.
Ella no poda hacer otra cosa que contemplarlo boquiabierta. Despus de tanto tiempo...
No has cambiado, lady Gwen aadi el Grifo al ver que la hechicera segua sin decir nada. Sigues tan bella como siempre.
T... Ests aqu!
Desde luego que estamos. Haba un dejo de tristeza en la forma en que el monarca de Penacles lo dijo, pero Gwen se senta demasiado conmocionada para advertirlo.
La cabeza de la mujer se volvi bruscamente hacia el otro viajero.
Entonces, sta debe de ser...
La figura ms menuda ech atrs la capucha. De nuevo, la hechicera se qued muy sorprendida. Jams haba visto a la compaera del Grifo, tan slo le haba escrito, y ver a Troia ahora demostr a Gwen que la imaginacin no la haba preparado para enfrentarse a la realidad. Era, tal y como el Grifo haba dicho al principio, una mujer-gato.
Ms mujer que gato, no pudo menos que decirse Gwen. Ni siquiera la capa poda ocultar por completo el gil cuerpo que haba debajo. Cada movimiento, por leve que fuera, resultaba grcil. Las facciones de la mujer eran exticas: posea una nariz pequea y bien formada que se crispaba de vez en cuando, y grandes y gruesos labios que se volvan muy seductores cuando sonrea. Los cabellos de su cabeza eran muy cortos y pasaban del negro carbn al castao oscuro; una mirada ms atenta mostraba que el leonado tono a rayas no era su piel, sino ms bien una corta capa de pelo que, si la hechicera no recordaba mal, le cubra todo el cuerpo.
Al verla por primera vez, Gwen no pudo evitar sentirse un poco aliviada de que Troia hubiera venido aqu como compaera del Grifo y no como hembra soltera. Aurim resultaba ya muy susceptible a los encantos femeninos.
Slo una cosa afeaba el aspecto de Troia y era una hilera de cicatrices en el lado derecho de su rostro. No conseguan deslucir demasiado su belleza, pero excitaban la curiosidad. El Grifo debiera haber podido eliminarlas con facilidad, ya que sus poderes mgicos igualaban casi a los de los Bedlam.
Gwen se dio cuenta de que no haba acabado de saludar a la mujer-gato.
He esperado tanto para conocerte en persona, Troia!
Y yo a ti, lady Gwen. De nuevo apareci aquel dejo de tristeza que la hechicera haba observado antes en el Grifo. Qu suceda?
Podemos pasar? pregunt el pjaro-len. No estaba seguro de si la barrera seguira admitindome y saba que no dejara pasar a Troia. Adems, la buena educacin dictaba que pidiramos permiso para entrar. Dirigi una rpida mirada a su mujer como si ste hubiera sido un tema menor de discusin entre ellos. Por sus cartas, Gwen haba colegido que haba ocasiones en las que Troia poda hacerla parecer una tmida violeta en comparacin.
Dnde estn mis modales? Desde luego, podis pasar!
La pareja se adelant con cautela. La barrera tena varias formas de ocuparse de los desconocidos, muchas de ellas al parecer diseadas por ella misma. Pero, al haber obtenido el permiso de la seora del lugar, ni al Grifo ni a su compaera se les puso el menor impedimento.
Gwen se volvi a Kyl.
Kyl, si fueras tan amable de avisar a alguien que tenemos invitados especiales, me gustara que hubiera comida y bebida preparadas cuando lleguemos a la terraza del jardn. Haras eso por m, por favor?
El draconiano hidalgo dedic una graciosa reverencia a su tutora y a los dos recin llegados.
Lo har con mucho gusto, seora. Sss me disculpisss, majestadesss...
El Grifo intent reprimir una mueca divertida que haba osado aparecer en contraposicin a su tristeza.
Por supuesto.
Con una subrepticia mirada a Gwen y a Troia, el joven heredero se march. Los tres lo siguieron con la mirada hasta que hubo desaparecido de su vista, y luego reanudaron la conversacin.
El Grifo mene la cabeza, pero Gwen no pudo decir si era porque lo divertan o porque lo molestaban los modales de Kyl.
No haba pensado en lo cerca de la edad adulta que estaban ya las cras. Aurim debe de ser ya casi un hombre, tambin.
Desde luego, aunque an tiene sus fallos. Es lo que se espera, claro, a esta edad. Algo haba estado aguijoneando la memoria de la pelirroja hechicera y ahora supo lo que era. Y dnde...?
Los ojos de Troia se abrieron desmesuradamente, y el Grifo alz la otra mano en peticin de silencio. Gwen observ con horror que le faltaban dos dedos, los dos ltimos.
Grifo!
Ya veo que no hay motivo para ocultarlo suspir l.
Dselo, Grif sise la mujer-gato. Dile por qu hemos desafiado a piratas y las violentas tormentas marinas para venir a verla.
El pjaro-len abraz a su esposa, que temblaba como si cada fibra de su ser quisiera gritar al mundo. El rostro de Gwen se ensombreci; sospechaba saber ya la respuesta a la pregunta que el Grifo le haba impedido finalizar. Por favor, Rheena, que no sea cierto! Haz que me equivoque!
Ibas a preguntar por nuestro hijo, Demion, no es as?
S, pero...
El Grifo, la mirada dura y fra, no la dej continuar.
Demion est en Sirvak Dragoth, lady Bedlam, su hogar para siempre ahora. Su voz careca de expresin. Muri a manos de los piratas-lobos.
IX
Llevaban veinte minutos sentados en la intimidad de la terraza del jardn y durante veinte minutos Gwen no haba sido capaz de averiguar nada ms sobre lo que haba detrs de las terribles palabras que el Grifo haba pronunciado con respecto a su hijo. A decir verdad, slo ella y Troia estaban sentadas; el pjaro-len permaneca de pie con la melena muy tiesa y la vista fija en el jardn principal, sacando y escondiendo las uas de sus garras. Ni l ni su esposa haban dicho ms que unas pocas palabras desde su llegada. Troia contemplaba a su esposo como si no existiera nada ms a su alrededor. As podra muy bien ser se dijo la hechicera. Con Demion... muerto... slo se tienen el uno al otro.
De todos modos, haba lmites para el respeto que senta por sus turbulentas emociones. Estaba claro que haban estado dando vueltas a su desgracia desde antes de su viaje, sin duda durante mucho tiempo. Gwen no consideraba que simplemente tuvieran que olvidar la muerte de su nico hijo, pero era de las que crean que la vida debe continuar, aunque slo sea en nombre de aquel que nos han arrebatado.
Grifo..., Troia..., comparto vuestro dolor. Seguro que os dais cuenta, pero necesito saber qu sucedi; necesito saberlo y creo que vosotros necesitis contrmelo.
Tienes razn, desde luego, mi Dama del mbar. He sido remiso.
Se volvi hacia las dos mujeres. Haba una mesa entre ellos, una mesa con comida y bebida que nadie haba tocado, ni siquiera la hechicera; pero ahora el Grifo tom la garrafa y verti un poco del brillante vino de color ciruela en una de las copas de oro y plata. De improviso, las rapaces facciones se transformaron en las de un hombre apuesto de cabellos plateados y facciones nobles. Pero la imagen dur apenas el tiempo necesario para que el pjaro-len se bebiera el vino de un veloz trago.
El Grifo devolvi la copa a la mesa y dirigi una rpida mirada a su esposa.
Lo har corto... por el bien de todos.
Ella asinti, pero no aadi nada. En sus ojos haba aparecido una mirada que no iba dirigida ni a su compaero ni a la hechicera. Era una expresin que slo poda estar destinada a los desconocidos piratas-lobos que le haban robado una vida preciosa para ella.
Cmo sucedi? lo anim Gwen. Es que la guerra...
l pareci descartar la guerra como algo que no tena mucho que ver con el asunto.
La guerra va bien. Morgis y los Supremos Vigilantes de la oculta Sirvak Dragoth han ayudado a conducir a la libertad a muchos de los antiguos estados esclavos del imperio. Nosotros tambin hemos tenido nuestra pequea parte.
Pequea parte, dice!, pens la hechicera de llameantes trenzas. Por las misivas remitidas por el dragn Morgis, saba las muchas cosas realizadas por el Grifo. El, ms que cualquier otro, haba sido la fuerza impulsora de la rebelin de todo el continente contra los hijos del lobo. Resultaba curioso que ella y Cabe hubieran averiguado casi todo lo que saban por uno de los hijos del Dragn Azul. Resultaba an ms curioso si cabe que un dragn pudiera convertirse en amigo y compaero leal del Grifo; que hubieran pasado de respetuosos adversarios a compaeros de armas.
La guerra va bien repiti l, pero, a causa de ella, los aramitas se volvieron..., se han vuelto ms desesperados y traicioneros en sus acciones. Cuando derrotamos Luperion, empezaron a reunir a sus fuerzas en su pas de origen, en especial en Canisargos, la sede de su poder. El Grifo hizo una pausa y contempl con tristeza a su anfitriona. Lady Bedlam, Gwendolyn, has de comprender que nosotros no somos como los de vuestra raza. A m me crearon para cazar, y lo mismo puede decirse de la gente de Troia.
Yo mat a mi primer pirata cuando tena ocho veranos musit la mujer-gato. Sus ojos eran estrechas rendijas ahora. Tres de mis hermanos lo hicieron cuando tenan siete. Es as como somos.
El pjaro-len mene la cabeza en seal de asentimiento.
Lo que trato de decir es que la guerra no era una desconocida para Demion. Haba combatido y matado slo unos meses antes... y eso mucho, mucho ms tarde de lo que podra haberlo hecho. Apenas si habamos podido controlarlo durante los ltimos cuatro aos y, puedes creerme, lo intentamos.
Gwen asinti, comprensiva. Saba muy bien lo que significaba crecer en poca de guerra.
Fue en Chaenylon. El monarca de Penacles volvi a sacar las uas de ambas garras. Chaenylon significar siempre la desesperacin para nosotros.
Slo haca tres semanas que haban tomado la ciudad portuaria aramita, pero en aquel corto espacio de tiempo se haba convertido rpidamente en una parte valiosa de su campaa occidental. Chaenylon les proporcion una nueva localizacin desde la que enviar suministros a las fuerzas que cada vez se acercaban ms al corazn del imperio, Canisargos. Despus de todos aquellos aos, la gran ciudadela del imperio se encontraba a tiro. Los aramitas se haban mostrado siempre ms dispuestos a ceder sus estados esclavos que a dejar que Canisargos redujera sus exageradas defensas. Ahora, ni siquiera eso los salvara. La confederacin de reinos libres, con la ayuda del Grifo y del duque Morgis, haba creado una combinacin de ejrcitos que no tardara en lanzar un ataque contra la ciudad aramita. Era posible que el imperio de los piratas-lobos dejara de existir en el plazo de tres aos.
Eso no significaba que los piratas seran derrotados. Existiran focos de resistencia durante aos y ms de un barco haba conseguido escapar a mar abierto.
Gwen se estremeci al escuchar esto ltimo. An no haba contado a sus invitados los rumores sobre los piratas-lobos, en parte porque tema que fueran a marcharse en cuanto se enteraran, pero tambin porque ella necesitaba saber lo que haba sucedido al otro lado del mar.
O bien saban lo del inminente ataque o fue pura mala suerte, pero, fuera lo que fuese, una maana atacaron Chaenylon. Seis naves de guerra simplemente entraron en el puerto. El muelle se convirti en algo catico. Utilizaron catapultas especiales para bombardear la ciudad. Haba grif..., jinetes sobre grifos por todas partes. Peor an, de cada barco surgi una fuerza armada. Repelimos la primera oleada, pero no hubo forma de impedir que la segunda consiguiera desembarcar. Los ojos del pjaro-len miraron al vaco. Se encontraba de nuevo en el corazn de la batalla. La parte occidental de Chaenylon estaba en llamas. Los aramitas se hicieron con el control de los muelles, y luego se desplegaron por la ciudad.
Lady Bedlam record el asedio de Penacles sucedido muchos aos atrs. Ella y Cabe, huyendo de los Reyes Dragn que buscaban al nieto de Nathan Bedlam, haban sido acogidos por el Grifo. A los dragones aquello no les haba hecho la menor gracia, y, durante das, haban intentado tomar Penacles. La batalla, aunque jams haba alcanzado el nivel de virulencia que los defensores de Chaenylon deban de haber tenido que soportar, haba sido terrible. La hechicera poda imaginar perfectamente por lo que deban de haber pasado sus dos invitados.
Nunca podremos estar seguros de lo que sucedi.
Sabemos suficiente!sise Troia. Sabemos que fue D'Farany otra vez o al menos alguna de sus marionetas!
Sss, sabemos eso. Sabemos que fueron los perros sarnosos de D'Farany, Troia; si no por qu estaramos aqu ahora? Gwen habra hablado entonces, pero el Grifo, sin advertir su reaccin a esta ltima noticia, continu con su horripilante relato. Sucedi durante el combate. Has de comprender, lady Bedlam, que nosotros estimbamos a Demion por encima de todo lo dems. Era nuestro orgullo. A pesar de sus deseos, lo mantuvimos alejado todo lo que pudimos, pero nadie poda contar con la tenacidad de los piratas-lobos.
Haban trasladado a Demion y a varios otros a lo que se consideraba la zona ms segura de la ciudad, bien lejos de la peligrosa lnea de combate. No slo exista una lnea de defensa para protegerlo, sino que adems haba muy poco en aquella zona que pudiera interesar a los piratas. Chaenylon haba sido uno de los centros de estudio cartogrfico del imperio y por lo tanto se haban construido aqu enormes archivos para guardar gran parte de la suma de sus conocimientos martimos. En sus archivos se almacenaban mapas que tenan siglos de antigedad junto con otros ms actuales. Tanto si los haban trazado los mismos aramitas o los haban robado de algn navo capturado, los mapas estaban todos cuidadosamente guardados para ser utilizados ms adelante. Gran parte de la zona adonde haban llevado a Demion era simplemente una prolongacin de aquellos archivos; aparte de eso no haba ms que pequeos almacenes de armas y comida. Cualquier cosa que hubiera tenido autntico valor para el ejrcito invasor debera haberse encontrado cerca de la zona de lucha.
No obstante, alguien entre los piratas tena sin duda necesidad de aquellos mapas. Una necesidad lo bastante grande como para enviar a un pequeo pero eficiente destacamento en busca de los archivos. Sin que se supiera cmo, haban conseguido deslizarse tras las lneas, dejando un reguero de centinelas muertos a su paso, y alcanzaron su objetivo sin encontrar ms que una resistencia mnima, pues la atencin de todos estaba puesta en la batalla principal. Una vez en el interior de los edificios, procedieron a saquear los archivos.
Fue all donde si duda tropezaron con Demion, que haba abandonado la seguridad del edificio donde lo haban dejado sus padres.
Llegado a este punto el Grifo se irgui en toda su estatura. Su melena se eriz y su voz son a la vez orgullosa y entristecida al aadir:
Sabemos que l y unos cuantos soldados que lo acompaaban dieron lo mejor de s mismos. Nueve piratas encontraron la muerte all, tres de ellos definitivamente a manos de nuestro hijo. Hizo entrechocar los dos puos. Pero haba ms de nueve.
Y el cobarde que acab con l lo hizo por la espalda! rugi la furiosa y contrariada mujer-gato, ponindose en pie. Sus zarpas se abran y cerraban a gran velocidad mientras indudablemente reviva la escena en su mente.
Aunque apenas era capaz de mantener la propia compostura, Gwen respondi con tono consolador:
Pero no permiti que lo mataran sin pagar por ello, Troia, Grifo! Hizo que pagaran cara su muerte. Combati con honor hasta el final. Me apena vuestra prdida, pero son los buenos recuerdos de l los que debis conservar a partir de ahora. Los recuerdos de lo que significaba para vosotros y cmo estar siempre con vosotros sin importar dnde estis. Se daba cuenta de lo diferente que era el proceso mental de ambos comparado con el de ella o el de Cabe. Tanto el Grifo como su compaera eran civilizados, pero tambin eran depredadores, ms incluso que los humanos. Slo poda esperar que sus precipitadas palabras tuvieran algn sentido para ellos. Demion querra que mirarais al futuro, no que hurgarais en un remolino de dolor y clera.
Miramos al futuro, Dama del mbar. Contemplamos la cacera definitiva, la forma de atrapar y acabar con los perros sarnosos responsables de su muerte. Los ojos medio rapaces, medio humanos del Grifo se clavaron en el despejado cielo. Tanto l como su esposa se calmaron un poco, al menos en apariencia. Perros que tienen que haber huido al Reino de los Dragones, si lo que descubrimos es cierto.
El Reino de los Dragones! Era la verificacin de todo lo que haba temido, pero Gwen no revel ese temor a la pareja.
Poco dispuesta a volverse a sentar, Troia empez a pasear a un lado y a otro con grciles movimientos.
Al final, conseguimos rechazar el ataque de los malditos perros. Perdieron dos naves all, pero Chaenylon qued en ruinas. Tardamos casi todo el da en descubrir... su cuerpo. Si el pirata que lo mat regres a las naves con los otros supervivientes o pereci en la ciudad antes de poder huir, probablemente jams lo sabremos, seora. Ojal pudiramos... Lo seguira personalmente al fin del mundo. Lo que s sabemos es que parecan estar especialmente interesados en los mapas concernientes al Reino de los Dragones.
Y descubrimos entonces que tres de los barcos jams regresaron al imperio interpuso el Grifo. Tres barcos, incluido el que transportaba a lord D'Farany.
Ya lo has mencionado dos veces... quin es?
Es un guardin, lady Bedlam. Un hechicero aramita.
Sus palabras la sacudieron con la fuerza de una flecha certera. Puesto que se haba mantenido al corriente de la lejana guerra desde su inicio, la hechicera estaba enterada de gran parte de los acontecimientos de mayor relevancia. Exista uno en particular que recordaba con respecto a los guardianes.
Pero todos murieron! Hace casi veinte aos!
Murieron o enloquecieron, quieres decir. Lord Ivon D'Farany no muri; en cuanto a si se volvi loco, eso es otra cosa.
Incluso as, debera carecer de poderes! Se estara encaminando Cabe hacia un enfrentamiento con un hechicero de las artes ms siniestras? Dijiste que...
Haban perdido el vnculo que los una a su dios, el nada llorado Devastador, s. Lo recuerdas correctamente. Esa prdida, esa retirada de poder, fue suficiente para matar a la mayora y dejar desequilibrados al resto. Lanz un graznido. De algn modo, un guardin joven llamado D'Farany sobrevivi y, aunque no se puede afirmar que no tuviera poder propio, ha sacado a la luz una y otra vez talismanes y artefactos que se consideraban perdidos y los ha utilizado en provecho de los piratas. El pjaro-len alz la mano mutilada. Esto es obra de lord D'Farany; ni siquiera mis poderes son suficientes para curarlo como es debido. Tambin Troia luce las seales de uno de los descubrimientos del guardin. La mujer se volvi para que Gwen pudiera observar mejor las cicatrices que le cruzaban el rostro. Fue entonces cuando la hechicera se dio cuenta de que brillaban tenuemente. Relucan con un tono rojo sangre. El, ms que nada, ha conseguido retrasar el final de la guerra en al menos tres o quiz cuatro aos.
Y hace todo esto a pesar de que los propios perros murmuran sobre su cordura! buf Troia, sin dejar de dar vueltas.
Sus veloces y constantes movimientos desbarataban los esfuerzos de Gwen por permanecer tranquila.
Pensis que est aqu.
Tiene que estar replic el pjaro-len, suplicante casi de nuevo. No existe otro lugar en el que pueda ocultar un ejrcito tan grande. No puede permanecer cerca del imperio o de las tierras libres. D'Farany, al abandonar la guerra, se ha convertido en cierto modo en enemigo de ambos. Por eso debe estar aqu.
Qu hay de la guerra? Qu suceder ahora que os habis ido?
El Grifo la mir fijamente.
La guerra ahora va bien incluso sin nosotros y en especial sin D'Farany para ayudarlos. Nosotros hemos dado ms de una dcada de nuestras vidas adems de la vida de nuestro nico hijo. No hubo nadie que no pensara que tenamos derecho a marcharnos. No los abandon. En realidad, Sirvak Dragoth se sentir muy feliz si se acaba de una vez con los perros. D'Farany y sus hombres, mientras sigan vivos para volver a luchar, constituiran una amenaza constante que planeara sobre las tierras libres y las aguas que las rodean.
Lo encontraremos, seora sise la mujer-gato. Es tan culpable de la muerte de Demion como si hubiera sido l quien asest el golpe. Slo su muerte puede pagar la de nuestro hijo.
Realmente lo creis? no pudo menos que soltar la preocupada hechicera.
Ninguno de los dos fue capaz de mirarla a la cara, pero Troia respondi muy despacio:
Ninguna otra cosa equilibrar la balanza; ni siquiera... Se mordi la lengua en el ltimo minuto, al parecer reacia a compartir ms informacin con su anfitriona. Nada.
El viaje hasta aqu no ha hecho ms que reavivar los rescoldos aadi el Grifo. Pareca como si, cada vez que uno titubeaba, el otro ocupaba su puesto para continuar el relato. Para Gwen, aquello demostraba lo unida que estaba la pareja y a la vez lo unidos que haban estado a su hijo. Cuando llegamos a las playas de Irillian, casi no pude contener mi deseo de utilizar la magia para que nuestro viaje hasta aqu fuera ms corto; pero, por respeto al Dragn Azul, me contuve hasta que llegamos a la frontera entre su territorio y el del Dragn de las Tormentas. All descubr que ya no poda esperar ms y, arriesgndome a provocar las iras del seor de Wenslis, nos teletransportamos desde sus tierras hasta las ruinas de Mito Pica, justo ms all de vuestro bosque. Nos podramos haber materializado incluso en los mismos lmites de vuestro territorio, pero el Dragn Verde siempre ha sido un buen vecino de Penacles y no deseaba provocar mala voluntad contra mi antiguo hogar.
Hemos contado nuestra historia, lady Bedlam. Troia avanz hasta la hechicera, y casi se inclin sobre una rodilla ante ella. Grif dijo que, si alguien poda ayudarnos, si alguien saba algo, seran los Bedlam.
El Grifo se coloc junto a su compaera y pos la mano mutilada sobre el hombro de sta.
Aun cuando no tengis noticias de los piratas, os pido que nos concedis el favor de dejarnos pasar al menos una noche para que podamos recuperarnos para la caza que nos espera. Tenis mi palabra de que os compensar por las molestias.
Ella los mir, contempl sus ojos a la vez suplicantes y esperanzados, y quiso contestar que no haba odo nada. Al igual que Caballo Oscuro con Sombra, estaban obsesionados. Aun as, Gwen no tuvo valor para mentirles, posiblemente porque saba que en esas circunstancias ella habra actuado igual.
Creemos que los piratas-lobos estn en Legar.
Permanecieron inmviles ante ella, sin comprender de momento su categrica declaracin.
Cabe est all... y Caballo Oscuro tambin.
El Grifo no discuti sus motivos para no ofrecer la informacin antes. Puede que comprendiera que ella haba querido escuchar primero su historia. As pues, se limit a preguntar:
Hace cunto tiempo? Dnde exactamente?
Troia se alz y se aferr a su brazo. Las uas se hundieron en l con fuerza, pero el Grifo no pareci advertirlo.
No lo sabemos. Cabe y Aurim tuvieron una visin. Luego Cabe tuvo otra. Eran muy extraas, pero ambas sealaban en direccin a Legar. Las dos sealaban al Dragn de Cristal... y a los piratas-lobos.
Como nicamente estaba familiarizada con el Reino de los Dragones a travs de los relatos de su esposo, Troia no comprendi la importancia de lo que se acababa de decir.
Podemos hablar con este Rey Dragn? Nos ayudar?
La melena del pjaro-len volvi a erizarse.
El Dragn de Cristal no es como Azul o Verde, a los que se puede apelar en ciertas ocasiones. No se parece a ninguno de sus congneres, Troia. Tanto l como sus predecesores siempre han permanecido aislados. Tolera a aquellos que por un motivo u otro se ven obligados a atravesar la pennsula, pero pobre del que intente alterar su tranquilidad. Fue l quien ayud a cambiar el curso de los acontecimientos contra uno de los suyos, el Dragn de Hielo. Sin su ayuda, el Reino de los Dragones podra ser ahora un mundo muerto bajo un manto eterno de hielo y nieve. El Grifo se qued pensativo. Hblame de Cabe y de su viaje. Cuntamelo todo.
Gwen lo hizo, describiendo las visiones, las decisiones tomadas por los Bedlam, y el ataque contra la persona del Rey Dragn Verde. El Grifo lade la cabeza a un lado durante el relato de ese incidente y tambin ante la mencin del barco negro en la visin. La nota de Cabe desde Zuu atrajo particularmente su atencin. Una nueva vida haba aparecido en sus ojos, pero segua siendo una vida dedicada a una causa: encontrar a los responsables de la muerte de su hijo.
Zuu. Recuerdo a Blane. A sus jinetes.
Y a Lanith? inquiri la hechicera.
Me es desconocido y no creo que tenga mucho que decir en todo esto.
Ella no pensaba lo mismo, pero no resultaba tan fcil decrselo al Grifo.
Planeas ir all.
S.
Deberamos marcharnos antes de que se ponga el sol inst Troia a su compaero.
l le dedic una mirada extraa, aun para su rostro rapaz. Luego, con una cierta vacilacin, contest:
T no vienes conmigo. No a Legar. A cualquier otro lugar, incluso a los Territorios del Norte, te llevara, pero no a Legar.
Qu quieres decir? La fina capa de pelo que recorra la espalda de Troia se eriz. No permitir que me dejes atrs! No ahora!
Legar es el nico lugar donde el riesgo es excesivo para vosotros dos.
Gwen pase la mirada del uno al otro. Vosotros dos?
En cualquier otro momento, en cualquier otro lugar, te querra a mi lado, Troia, pero no te conducir al interior de Legar.
No soy una criatura desvalida ni mucho menos, Grif! Mi vientre an no ha empezado a redondearse!
Estaba embarazada. La hechicera maldijo sus palabras. De haberlo sabido, habra hablado al Grifo en privado. Al igual que la reina Erini, Gwen no era de las que se sientan recatadamente a un lado mientras los otros pelean, pero la creacin de una nueva vida era para ella algo muy precioso. Perseguir piratas-lobos ya resultaba bastante terrible, pero hacerlo ahora y en el territorio de un imprevisible y posiblemente malvolo Dragn de Cristal era una total estupidez en el caso de una futura madre, en especial despus de haber perdido a su otro hijo.
Estaba claro que haban discutido el asunto varias veces en el pasado y que Troia haba vencido siempre. Que existiera alguien capaz de igualar al Grifo en tozuda determinacin habra resultado divertido en circunstancias ms agradables. Ahora, en cambio, nicamente amenazaba con embrollar an ms la situacin.
Troia, ests embarazada?
La mujer-gato gir en redondo hacia ella, pero se control en el ltimo momento y recuper la compostura. Pareca haber envejecido tras su arrebato de clera contra su esposo.
Desde hace ocho semanas. En un principio cre que se trataba de nuseas provocadas por el viaje; a ninguno de los dos nos gusta mucho el mar. Pero no pas, y no tard en reconocer los sntomas de... de cuando estuve embarazada de Demion.
Tambin te has cansado ms deprisa estos ltimos das le record el pjaro-len. Lo cierto es que empec a preocuparme aun antes de que desembarcramos. Su voz sonaba ms comprensiva, ms preocupada. Tanto l como su compaera eran criaturas de carcter muy vivo.
Los aos te han cambiado, Grifo, o puede que simplemente te hayan vuelto ms abierto. La hechicera estudi a Troia. A pesar de la flexibilidad de su cuerpo, se vean indicios aqu y all de envejecimiento que nada tenan que ver con los aos de guerra. Cunto tiempo vivan los seres-gatos? Troia posea poco o ningn poder mgico, lo que significaba que ella, como el rey Melicard, envejecera ms deprisa que aquel al que amaba. Respecto a eso, nunca haba estado claro cunto tiempo podra vivir el Grifo si se le permita morir de viejo. No era como Cabe o Gwen; su vida poda ser tan larga como la de un Rey Dragn o puede que incluso ms. Sin duda que l haba pensado en ello, lo que significaba que el tiempo que viviera con su esposa resultaba an ms valioso para l; saber que la vida de ella era limitada en comparacin con la suya... no haca ms que aadir importancia al hecho de que a esta nueva criatura se le permitiera llegar al mundo feliz y en perfectas condiciones.
Y ella slo ha tenido una criatura en todo este tiempo reflexion Gwen, sin dejar de estudiar a la preocupada mujer-gato. sta puede muy bien ser su ltima oportunidad. Tampoco exista la menor duda de que Troia deseaba enormemente a esta criatura. De lo poco que Gwen saba sobre los de su raza, s saba que stos acostumbraban tener muchos hijos. Troia, sin embargo, slo haba tenido uno y entre los suyos los nios eran algo precioso y que se cuidaba con esmero. No poda permitirse perder ste.
Hicimos un pacto de que llegaramos juntos hasta el final, Grif!
El Grifo cerr de nuevo las garras, pero la accin no iba dirigida contra su compaera.
Estars conmigo, Troia, te lo prometo. Tambin te prometo que regresar con la cabeza de D'Farany si es necesario para demostrarte que Demion ha sido vengado, pero ahora me doy cuenta de que debo hacerlo solo.
No estars solo, Grifo interpuso rpidamente Gwen. Mi esposo y Caballo Oscuro estn all ya. Encuntralos. Su misin est ligada a la tuya. Y en silencio aadi: Y cuida de que Cabe regrese a mi lado!.
Entonces ya est dijo el Grifo, y abraz a su esposa. Esta permaneci rgida al principio, pero luego le devolvi el abrazo con una fuerza que competa con la de l en intensidad pura. Conozco el Reino de los Dragones, Troia. Creme cuando digo que ste es un lugar en el que no arriesgara tu salud y la de nuestra descendencia. Ya sabes por qu lady Bedlam se ha quedado aqu; la consideras menos capaz que su esposo por eso?
La mujer-gato clav la mirada en la de Gwen.
No. Jams. La conozco desde hace demasiado tiempo a travs de sus cartas para creer una tontera as. Si tan slo pudiera ir, no obstante! Dej a Demion en ese lugar!
Dejamos a Demion en ese lugar. No haba modo de que ninguno de los dos pudiera prever lo que sucedi. Lanz un graznido, el equivalente a un suspiro. El Grifo tena la costumbre de pasar de sus caractersticas humanas a las animales de forma instintiva. Vinimos de cacera y cazaremos, pero esta vez debo cazar solo. Y obtendr mi presa.
La esbelta hechicera se estremeci. Una vez ms, comprenda que no se poda juzgar completamente a sus invitados segn los baremos humanos, pero eso no era todo. La guerra y la muerte de Demion haban cambiado al Grifo de una forma que la Guerra del Cambio nunca haba conseguido. Se ha convertido en algo demasiado personal. Ojal pudiera impedir que fuera. De todos modos agradeca que fuera, ya que significaba renovadas esperanzas para Cabe.
Necesitars descanso y comida, Grifo. No permitir que te marches hasta que hayas tenido un poco de ambas cosas.
l le dio las gracias con un gesto de asentimiento, y luego baj los ojos hacia su esposa.
Si lady Bedlam lo permite, preferira que te quedaras aqu. No existe mejor lugar para ti que junto a ella.
Hay un lugar lo corrigi Troia, y es contigo.
Despus de Legar.
Puede quedarse todo el tiempo que desee, Grifo. Ya lo sabes.
Entonces esta noche partir hacia Zuu, a ver si puedo encontrar la pista de Cabe.
Te teletransportars? Troia pareca repentinamente alterada otra vez.
El Grifo no pareci advertirlo.
Conozco la regin y me ahorrar das de viaje. Desde all, me teletransportar con todo el cuidado posible al centro de Legar.
No es eso peligroso? pregunt Gwen. Puedes materializarte ante una patrulla de piratas-lobos.
l le dedic una mirada casi desprovista de emocin.
Nadie los conoce tan bien como yo. Confa en m, mi seora.
Aun as, sigue sin gustarme. Debera estar contigo, Grif dijo Troia.
Y lo estars. El Grifo se llev una mano al corazn. Siempre estars aqu.
Gwen los dej que zanjaran solos la cuestin mientras pensaba en Cabe. Al igual que Troia, se senta todava disgustada por haber sido dejada atrs, pese a que ambas saban que no era porque sus esposos las consideraran inferiores a ellos. Incluso si el Grifo hubiera ofrecido ocupar su lugar y cuidar de los nios, ella saba muy bien que habra declinado la oferta. Alguien tena que quedarse con los nios, en especial con las cambiantes condiciones del Reino de los Dragones, y sta haba sido la misin de Cabe desde el principio. Era a l a quien se lo haban solicitado. No era una eleccin que hubieran hecho muchos padres, pero ella lo haba escogido y tendra que vivir con ello.
Se consol con la idea de que la presencia del Grifo hara ms posible la seguridad de Cabe. Con el pjaro-len, su esposo y el incontrolable Caballo Oscuro juntos, ni los piratas-lobos ni el Dragn de Cristal eran obstculos insuperables. Era posible, ademas, que la situacin no fuera tan terrible como ellos daban por supuesto. Exista incluso la posibilidad de que Cabe regresara mucho antes de que su viejo amigo pudiera marcharse. Eso si se daba por supuesto que no le hubiera ocurrido nada an.

El hombre azul avanzaba tambaleante por entre aquella niebla dejada de la mano de dios, maldiciendo la mgica habilidad de sta para deslizarse aun al interior de los pasadizos subterrneos ms oscuros. Si ya resultaba difcil ver con las antorchas encendidas, mucho ms lo era con aquella espesa bruma que envolva todo lo que lo rodeaba.
Sin embargo, en la niebla haba algo ms, algo seductor. Perciba poder, fuerzas salvajes que circulaban por ella. D'Rance haba visto incluso la prueba de ello; haba contemplado cmo los suelos se retorcan y giraban, cmo las paredes absorban a un hombre como si jams hubiera estado all, y cmo figuras fantsticas realizaban cabriolas por entre la bruma. Simples puntas del proverbial iceberg, comprendi el norteo. Arriba, los que se encontraban en la superficie se estaran enfrentando a mucho ms. La ciudad Quel pareca amortiguar los efectos del poder descontrolado, aunque no saba si eso era intencional o simple casualidad. El tema poda esperar hasta ms tarde, hasta que hubiera llegado a la superficie y explorado un poco ms. A pesar de lo mucho que le disgustaba la niebla, sta le ofreca posibilidades que ni siquiera lord D'Farany poda igualar. Tena que averiguar de dnde proceda.
Se hallaba cerca de la boca del tnel cuando una figura del tamao de un perro pas rozndole los pies, lo que lo hizo caer contra una pared del pasadizo. Desde un punto situado a su izquierda, la oy gruir. Un verlok. Conoca bien el sonido de la poca pasada en Canisargos, y slo haba un verlok en esta parte del mundo.
Kanaan... Qu amable eres al encontrarte all donde yo te quera!
Lord D'Farany? No poda ver nada salvo la vaga imagen del verlok... aunque se supona que la luz del da estaba intentando atravesar la lbrega niebla.
Ya descendamos. No era necesario que vinieras a nuestro encuentro.
S, mi seor. El hombre azul apret las manos con fuerza. Debo disculparme por no haber observado vuestra presencia antes. Esta maldita niebla causa estragos en la vista.
Una figura tom forma ante l: el jefe de la manada.
Supongo que eso podra resultar molesto, pero no resulta una gran preocupacin comparado con otras cosas. Fascinante, no lo diras as? Como si se entrara en otro mundo.
Un mundo que se ha vuelto loco, s! Kanaan D'Rance quera estudiar las fuerzas mgicas involucradas, pero no le importaba en absoluto ningn otro aspecto de l. Todo lo que deseaba era encontrar una forma de manipularlo.
Es nico, s respondi a su seor.
Pero es evidente que habr que hacer algo al respecto; perturba a los hombres, sabes? Perturba mi trabajo.
Y es eso todo lo que est haciendo? El hombre azul se senta a menudo fascinado por la peculiar forma de pensar del jefe de la manada.
Es mgica, como sin duda ya habrs adivinado. No se parece a nada. No se parece en absoluto a su poder. Una vergenza, la verdad. D'Farany se inclin y recogi del suelo su repugnante mascota. Repele ms que atrae. Creo que debo sacarla de este lugar y enviarla al lugar de donde l la haya sacado.
l?
El Dragn de Cristal, desde luego.
Lord D'Farany pas junto a l, lo que dio al verlok la oportunidad de gruir al hombre azul. D'Rance lo sigui apresuradamente, sabiendo lo fcil que poda ser perder a alguien en medio de aquella espesa masa.
El suelo del tnel se agitaba bajo sus pies; pero, mientras que el hombre azul tena que realizar un gran esfuerzo para mantener el equilibrio, el jefe de la manada sencillamente pisaba aqu y all, avanzando como si no sucediera nada. Un contrahecho tentculo de roca sali disparado de una de las paredes, pero por algn motivo no acert a D'Farany. El norteo, en cambio, se vio obligado a agacharse, una accin no muy fcil de realizar si se tiene en cuenta que el suelo bajo sus pies segua movindose.
Se comporta como si el mundo normal fuera as! Acaso es esto lo que l ve siempre?, pens D'Rance. De ser as, ello explicaba muchas cosas sobre Ivon D'Farany.
Aunque nada importante estorb su caminata en la oscuridad, el hombre azul penetr en la cmara minutos ms tarde con una gran sensacin de alivio. Alivio y curiosidad, ya que inmediatamente advirti que la sala cristalina no estaba afectada como las otras. No haba niebla a pesar de que el tnel situado justo fuera de ella resultaba imposible de recorrer guindose tan slo por la vista.
El jefe de la manada, sin prestar atencin a nada ms, se inclin sobre el artefacto Quel y suspir visiblemente. Tras quitarse los guantes, toc con ternura los diferentes cristales de la disposicin, para terminar con la pieza aadida por l mismo.
Dnde est Orril?
Lamento, mi seor, tener que decir que no s dnde est contest, e interiormente se dijo: Espero que perdido irremediablemente.
Pero D'Rance saba que no tendra tanta suerte. D'Marr sin duda mostrara su pequeo rostro inexpresivo en el momento ms inconveniente posible.
No importa contest el antiguo guardin, a la vez que empezaba a activar el objeto mgico.
El inters iba ganando terreno a la incertidumbre. Haba observado con atencin a lord D'Farany mientras ste aprenda a manejar la herramienta de los cavadores, y observar al jefe pirata se haba convertido en un aprendizaje, aunque pronto ya no necesitara observar. Aun as, si lord D'Farany tena un plan para dispersar la maloliente y descompuesta bruma, entonces an haba cosas que el hombre azul poda aprender de l.
Si se me permite, seor, tenis un plan, no es as? Qu vais a hacer, por favor?
No capt la fascinada sonrisa que apareci en el rostro del jefe de la manada, iluminado por los cristales, pero el tono de sus palabras fue suficiente.
No tengo plan, Kanaan. Simplemente voy a jugar.
D'Rance se encontr de improviso envidiando a los hombres de la superficie. Ellos slo tenan que temer a la niebla.
X
En un lugar donde la luz no consegua jams derrotar a la oscuridad, un durmiente que llevaba as largo tiempo se removi brevemente con perezosos movimientos...

Eran capaces de mover montaas, de crear castillos de la nada. Haban posedo un mundo para jugar con l y haban jugado con tanta violencia que lo haban hecho pedazos y convertido en un reflejo de sus propios espritus despreocupados.
Plool baj los ojos hacia Cabe en lo que pareci ser una mirada expectante. Al menos, eso es lo que pens el hechicero; el sombrero de ala ancha todava ocultaba la parte superior de su increblemente estrecho rostro. Todo en la curiosa figura era un remedo de un ser humano, pero el hechicero no encontr nada que le pareciera divertido en el aspecto fsico de su antagonista.
Plool era una criatura un habitante del temido Nimth. Peor an, tena por fuerza que ser vraad, un miembro de la terrible raza de hechiceros que haba creado el demencial Nimth.
Eres una criatura curiosa declar la macabra figura. En un mundo curioso. Qu curioso.
Todava hablaba con el mismo sonsonete que haba utilizado antes, pero alteraba sus pautas de expresin de vez en cuando, casi como si fuera un juego para l. Plool pareca de naturaleza caprichosa en muchos aspectos, lo que impeda precisamente que Cabe pudiera relajarse. La extravagancia tena su lado siniestro, en especial en lo que se refera a los vraad; por los datos recogidos, haba deducido que la raza de hechiceros haba posedo un siniestro sentido del humor.
Dime, curiosa criatura, cul es tu nombre?
Cabe. Cabe Bedlam.
Bedlam. Me gusta. Yo soy Plool.
El hechicero movi la cabeza en cauteloso saludo, decidiendo que era mejor no mencionar a Plool que ste ya se haba presentado antes. Por el momento, el vraad se comportaba de forma bastante civilizada con l, pero no pensaba olvidar que Plool haba perforado lentamente y con toda tranquilidad el pecho del oficial aramita utilizando un medalln que debiera haber sido resistente a casi todo tipo de magia. Aquel mago de pesadilla posea una naturaleza muy caprichosa, y cualquier cosa que dijera Cabe poda ser suficiente para hacerlo saltar. Mientras la maloliente bruma de Nimth lo rodeara, era necesario que el hechicero permaneciera en buenas relaciones con la alocada figura. Si eso era posible.
Dnde est Caballo Oscuro?
La bestia negra? Persiguiendo mi imaginacin, la negra bestia est. Persiguiendo mi imaginacin para que as nosotros podamos hablar. Un l, tengo entendido. Una criatura del caos, una criatura que no es lo que parece. T..., t eres diferente.
Diferente?
Soy simplemente lo que soy, Gran Plool.
Y es por eso mismo que eres tan diferente! Eres tanto lo que pareces, tan... constante. Constante s que lo eres, nunca cambias. Sin embargo, cunto tiempo durars, Bedlam? La cabeza de Plool se movi bajo el enorme sombrero, y el mago pareci contemplar el amortajado paisaje a su alrededor por primera vez. Este es un lugar nuevo; no haba visto nunca que se formara algo parecido. No nunca, nunca. Durar mucho?
Cabe no tena ni idea de a qu se refera y por lo tanto permaneci en silencio.
Todo tan... inmvil. Una pequea variacin bastante diferente, con todos vosotros seres efmeros corriendo por doquier y el terreno tan inmutable. Como t... una cosa nueva.
Inmutable? El cauteloso hechicero intent recordar qu otras cosas haba sacado de su investigacin sobre los vraad y el ancestral mundo de Nimth. Haba muy poco, pero otra cosa que se haba insinuado era que en aquel violento reino sacudido por la magia, todo, incluidas las criaturas que vivan all, se enfrentaba a una existencia deprimente y horrorosa en la que era deformado y vuelto a reformar de una forma casi continua. Se supona que Nimth era un mundo en eterna descomposicin, en eterno derrumbamiento. No obstante, an exista en estos momentos.
El suelo bajo sus pies estall bruscamente hacia arriba.
Cabe apenas s tuvo tiempo de dar un traspi y reajustar su equilibrio antes de encontrarse sobre una columna de tierra casi tan alta como el rocoso asiento de Plool. La columna empez entonces a retorcerse y girar, conduciendo al hechicero cada vez ms cerca de la enloquecida criatura. Apuntalndose bien para no caer, Cabe no hizo nada para impedir o siquiera hacer ms lento su viaje. Si Plool hubiera querido hacerle dao, lo habra hecho; era ms probable que se limitara a querer estudiar mejor al joven hechicero.
La columna se detuvo justo frente al vraad. Cabe observ que Plool se las haba ingeniado de manera que, incluso erguido, el hechicero quedara por debajo de la cabeza del sentado nimthiano.
Resultas una construccin de lo ms peculiar coment Plool, aunque cmo consegua ver algo por debajo de aquel sombrero era un milagro. Todo tan ordenado. Te gustara que cambiara eso? Debe de ser horrible para ti. Horrible debe de ser.
Gracias, pero me gusta ser como soy. Las palabras surgieron veloces de los labios de Cabe. El hechicero intent ocultar su ansiedad; no quera ni imaginar lo que el vraad poda tener en mente. Una forma como la de l? Jams!
Ests seguro? Mientras hablaba, Plool levant por fin la cabeza lo suficiente para que el hechicero pudiera ver el resto de su estrecho rostro.
Cabe estuvo a punto de lanzar un grito ahogado, y slo con un poderoso esfuerzo evit retroceder asustado y posiblemente caer de su percha.
Slo en Nimth podra haber sido posible algo como Plool. La parte inferior del rostro, aunque peculiar, no era excesivamente extraa. Incluso la nariz, larga, estrecha y puntiaguda, estaba dentro de los lmites de lo razonable.
Pero los ojos...
Ambos se encontraban en el lado izquierdo de la cara.
Estaban colocados uno justo encima del otro, como el retrato de un loco. En el lado derecho del rostro, haba una zona de piel vaca all donde debiera haber estado el otro ojo. Haba nacido as o se trataba de un legado posterior de Nimth?
Los ojos parpadearon. Una vez recuperado del espectculo de los prpados abrindose y cerrndose a la vez, Cabe descubri otra peculiaridad en ellos. Alrededor de la pupila parecan casi cristalinos, tan cristalinos, en realidad, que probablemente relucan a la luz del sol.
Los desconcertantes ojos se clavaron en l.
T y los tuyos sois una extraa visin; una extraa visin sois. Tantas cosas son extraas en este da. Cuando vi el agujero, no poda ms que sentir curiosidad, s, curiosidad no pude evitar sentir. Adnde conduca? De dnde haba salido? Hay muchas cosas maravillosas en mi mundo, pero ste... creo que esto no es Nimth.
Cabe permaneci en silencio.
Los ojos volvieron a parpadear.
El agujero. Me atrajo a su interior y me encontr aqu. Luego desapareci. Por qu fue as, crees t?
El hechicero sacudi la cabeza negativamente. Tenas sus ideas, todas ellas concernientes a piratas-lobos y Reyes Dragn, pero no pensaba comunicar ninguna de ellas a Plool. Cuantas menos cosas supiera el estrafalario mago, mejor. Plool se puso en pie, al tiempo que aumentaba la altura de la columna de tierra de modo que Cabe siguiera estando justo por debajo de su cabeza. La curiosa figura permaneci inmvil sobre la formacin rocosa y de nuevo pase la mirada por el terreno cubierto de bruma. Aunque resultaba imposible ver ms all de unos pocos metros, el vraad estudiaba los alrededores como si la niebla ni siquiera existiera.
Y as pues, dnde estoy, Bedlam? Adnde ha ido a parar el Gran Plool, Plool el Grande? Cmo llamas a este sitio?
Esto es Legar. Era una respuesta bastante segura. No contaba nada al vraad, que era todo lo que Cabe quera que ste llegara a saber. De algn modo, deba existir una forma de devolverlo a Nimth.
Legarrrrr... La figura en forma de araa rumi la palabra, y sus ojos cristalinos se cerraron por un momento. Cuando los volvi a abrir estaban an ms brillantes y animados que antes. Un nombre divertido.
Gran Plool, puedo hacerte una pregunta?
El otro casi se hinch de orgullo.
Puedes hacerlo.
Dnde estaba este agujero por el que pasaste?
Intentando deshacerte de m? Plool adopt una expresin maliciosa.
En realidad era lo que Cabe intentaba, pero no iba a ganar nada admitindolo ante el vraad.
Comparto tu curiosidad por las cosas, por tu mundo.
La respuesta satisfizo a Plool, que asinti, ocultando afortunadamente los desconcertantes ojos, y respondi:
Me gustas, Bedlam. Te gustara ver el agujero?
Si es seguro.
El vraad se encogi de hombros, sin dejar de emitir una risita ahogada.
Qu es seguro, Bedlam?
Cabe parpade. Se encontraban ahora en la cima de una de las colinas ms altas de Legar. El hechicero mir al suelo y no vio otra cosa que la horrible bruma; se encontraba en el borde de un precipicio. Retrocedi apresuradamente y choc contra Plool, que flotaba con las piernas cruzadas en una posicin de sentado, justo a la altura suficiente para poder mirar al joven mago desde una posicin de superioridad.
Dulce, dulce Nimth casi cant el arcnido vraad. Tu encanto lo envuelve todo... y lo asfixia hasta matarlo.
No parece muy ansioso por regresar. Espero que no haya problemas. He de convencerlo de algn modo para que se vaya. En voz alta aadi:
No veo el agujero, Gran Plool. Dnde estaba?
El agujero est cerrado, pero la puerta permanece.
Y la puerta?
Bajo nosotros.
Cabe volvi de nuevo la mirada abajo y no vio ms que oscuridad. Ni siquiera poda ver el resto de la colina; slo unos cuantos metros de tierra bajo ellos, pues la niebla ocultaba el resto.
Ah abajo?
S, aqu.
Cada uno de los msculos del cuerpo del hechicero se vieron dolorosamente tensados cuando ste se vio transportado una vez ms a otro lugar. Plool tena la costumbre de teletransportar a otros sin advertencia previa, algo que Sombra haba realizado a menudo e incluso Caballo Oscuro segua haciendo sin pensar. A Cabe jams le haba gustado que lo arrastraran, ni en el pasado ni ahora.
Descendieron al interior de la oscura masa que acababa de contemplar desde lo alto. Desde el lugar en el que se encontraba ahora, Cabe no poda ver la cima de la colina. Hasta qu altura llegara la niebla? Hasta el sol?
Se dijo que no era la niebla lo que importaba. Por ahora, necesitaba concentrarse en el umbral mgico que haba permitido que todo esto, incluido su compaero vraad, penetrara sin encontrar obstculos.
El objeto de su deseo yaca entre ambos: una esfera. Al principio, Cabe la examin con cierta confusin. Haba esperado un portal o una brecha en la realidad, no una bola de vidrio. Tena ms aspecto de recipiente que de puerta.
Puedo tocarla?
Si lo deseas.
Lo hizo. Una suave sacudida lo oblig a retirar la mano. Plool lanz una risita divertida. Cabe se arm de nimo y volvi a extender la mano; la misma suave sacudida le recorri el cuerpo, pero tan slo por un instante. Muy despacio, pas las manos por encima del objeto. No era de vidrio, sino de cristal. Tambin haba algo en su interior. El mago no poda estar seguro, pero pareca ser ms niebla.
Es as como viniste a parar aqu?
Se perciba un atisbo de enojo en la voz del vraad cuando contest:
Es as como vine a parar aqu; vine a parar aqu a causa de esto. Quieres volver a preguntar, Bedlam?
Lo siento respondi Cabe a toda prisa, es slo que me asombra.
Plool se acuclill. Sus piernas parecan hechas precisamente para eso. Ahora el ser volva a parecerse a una araa o puede que a una combinacin de araa y sapo. El redondo torso era de dimensiones tan grandes que resultaba un prodigio que las larguiruchas y delgadas piernas pudieran mantener aquello en equilibrio.
Vine a travs de esta pequea esfera, Bedlam, pero la abertura era mucho mayor. Cuando vi qu haba sido la causa y sta intent huir, traje a la esfera a este lugar y con mis poderes la obligu a posarse sobre el suelo. Permanece ah ahora hasta que me digne soltarla para que regrese con su amo.
Con su amo... nicamente exista un ser que, en opinin de Cabe, poda haber sido el responsable; desde luego, no los piratas-lobos. Ahora estaba seguro de que slo poda haber sido el Dragn de Cristal.
Pero por qu? Esta pareca una extraa defensa para un ser tan poderoso que haba hecho retroceder al Dragn de Hielo. Era, no obstante toda su fuerza, un ataque ms bien sin entusiasmo y, en algunos aspectos, estpido. Cabe no dudaba que l, en el lugar del Rey Dragn, habra ideado ms de una veintena de medidas preventivas mucho ms eficientes y menos caprichosas que dar rienda suelta a la putrefaccin de Nimth. Qu pasara si la mortfera bruma se volva permanente? No podra tambin extenderse?
Suspir. Por qu las cosas no eran siempre sencillas? Ya era bastante terrible haberse visto obligado a venir aqu y buscar tanto al seor de Legar como a los aramitas, para adems tener que ocuparse ahora de la niebla y de un vraad.
Al Reino de los Dragones le gusta jugar con nosotros, verdad? Mientras lo pensaba, se le ocurri una posible idea. Plool quiz no conociera la configuracin del terreno, pero tal vez supiera lo suficiente sobre esta regin en general para responder a unas cuantas preguntas:
Gran Plool, estamos lejos del lugar donde nos vimos por primera vez?
Nada est lejos... excepto Nimth ahora.
As pues, no obtendra demasiadas respuestas por el momento. Plool pareca incapaz de hablar si no era utilizando adivinanzas y rimas. All de pie, Cabe examin lo poco que poda ver de la formacin de la colina. De lo nico que estaba seguro era de que se encontraba muy alto en el cielo. Estas colinas eran lo ms parecido que Legar tena a autnticas montaas y tan slo alguna decisin arbitraria por parte de los antiguos cartgrafos haba impedido que cayeran en la otra categora. No recordaba ms que una zona en toda la pennsula donde pudiera haber tales colinas elevadas. Si sus clculos eran correctos, y segua siendo muy posible que no lo fueran gracias a la enmascaradora niebla, entonces se encontraba en una regin muy cercana a la ciudad subterrnea de los Quel y de las cavernas donde sospechaba que habitaban los clanes del Dragn de Cristal. Eso lo situara muy cerca de la orilla del mar, lo que significaba que tambin los piratas-lobos podan ser sus vecinos.
Esto no es lo que tena en mente al iniciar este viaje, se dijo mientras observaba a Plool. Podra convencerlo de abandonar Legar? Las colinas de Esedi eran el lugar donde tena ms probabilidades de reunirse con Caballo Oscuro, aunque lo que el diablico corcel y el vraad haran cuando se vieran cara a cara tambin lo preocupaba. Estaba seguro de poder calmar a Caballo Oscuro, pero la enloquecida figura que tena al lado resultaba ms imprevisible. Haba sido ella sin lugar a dudas la responsable de que ambos se separaran.
Cabe no vio otra eleccin. Sus mejores posibilidades de poner fin a todo aquello radicaban en combinar sus conocimientos con los de Caballo Oscuro y los de Plool. Este ltimo era til por su habilidad para trabajar y existir en la bruma de Nimth, pero tambin quera a Caballo Oscuro a su lado para poder vigilar mejor al vraad. Cierto que la misma niebla en la que prosperaba Plool debilitaba al negro semental, pero entre los dos podran mantener al otro bajo control. Aun as, esperaba que no llegara el caso. Plool no era malo, no exactamente; simplemente, el suyo era un mundo diferente. Podra estar dispuesto a ayudar aunque slo fuera por considerar divertida la situacin.
Gran Plool, hay otro lugar al que deberamos ir, un lugar donde hay alguien a quien quiero ver. Creo que te parecer fascinante, tan lleno de estabilidad y tan inmutable. Y para s aadi: Empiezo a hablar como l.
La bestia negra. Esperas encontrarte con ella.
Haba tenido buen cuidado de no mencionar a Caballo Oscuro, pero Plool haba establecido de todos modos la relacin.
Su nombre es Caballo Oscuro, y no te har ningn dao Espero!. Es mi amigo y compaero en este viaje.
Yo soy Plool! Su voz rebosaba indignacin. Yo no le temo a nada! Puedo crear castillos en el aire! Puedo crear monstruos del barro!
Yo no quera...
La indignacin desapareci, para ser reemplazada por la curiosidad.
Pero tanta... inmutabilidad...! Ni siquiera Nimth ha creado algo as. Los ojos parpadearon. Creo que me gustar este mundo..., sss... Ir contigo a ver ese lugar. Hablar con el agujero, tambin. Al agujero hablar, a este Caballo Oscuro!
Estupendo respondi Cabe una vez que hubo desentraado las veloces y confusas palabras del vraad.
El hechicero no tena ni idea de lo que hara si Caballo Oscuro no estaba en las colinas de Esedi. Regresar a Legar con Plool, supona. Aunque no a este lugar; era mejor elegir uno de los que le resultaban vagamente familiares de tiempos pasados. Plool pareca dispuesto a escucharlo, aunque quin sabe por qu motivo, y con la ayuda del vraad sera capaz de encontrar un lugar mejor que ste en el que materializarse.
Primero, no obstante, tena que hallar una forma de conseguir que Plool los teletransportara a los dos a Esedi. Hasta el momento, el vraad haba estado muy dispuesto a teletransportarlos a ambos de un lugar a otro, y quizs aceptara volver a hacerlo. Cabe no quera correr el riesgo de utilizar su propia magia si poda evitarlo, no aqu en medio de esta bruma malvola.
Maese Plool, si fueras tan amable...
La extraa figura ejecut una reverencia, una accin que, si se tena en cuenta su figura, borde lo absurdo.
Siempre me muestro benvolo con los necesitados; con los necesitados benvolo siempre soy.
Mi gratitud. En primer lugar deja que...
Plool actuaba ya, y Cabe dio un paso hacia l, extendiendo una mano.
Espera!
El familiar terreno accidentado y, afortunadamente, despejado de la zona occidental de Esedi apareci ante l. A pesar de no habrselo descrito al vraad, Plool haba sabido adonde ir, y slo haba podido hacerlo extrayendo la imagen del cerebro de Cabe.
La sensacin de alivio por haber escapado a la niebla hizo que casi relegara a un segundo trmino la invasin de sus pensamientos, al menos por el momento. Cabe lanz un suspiro de satisfaccin y empez a buscar al otro mago.
Escuch un gemido de dolor de una voz que nicamente poda ser la de Plool; luego el mundo empez a girar a su alrededor como un tiovivo. Se esforz por conservar el equilibrio, pero la fuerza que tiraba de l era demasiado fuerte.
Cabe se vio arrancado del suelo. En torno a l, todo reluca de una forma demasiado conocida. Por un breve instante se vio rodeado por la nada, una nada total. Esta nada fue seguida por una sacudida que amenaz con desgarrar su cuerpo cuando el sobresaltado hechicero se vio aplastado contra una superficie rocosa.
No fue un golpe lo bastante fuerte para causarle heridas, pero lo dej aturdido y dolorido durante un buen rato. Recuperado finalmente, intent ver dnde se encontraba, pero los alrededores no parecan ms que una masa borrosa por mucho que se esforzara en aclarar su visin parpadeando.
No. No era una masa borrosa. A medida que su cabeza se despejaba, Cabe se dio cuenta de que no era su visin la que fallaba.
Volva a estar en Legar, de vuelta sobre la colina situada cerca del lugar donde el hechicero procedente de Nimth le haba mostrado la esfera de cristal.
Qu le haba sucedido a Plool? Cabe record el breve gemido de dolor, y escudri la zona, pero su bsqueda qued limitada a un mximo de dos metros en cualquier direccin.
Aaaah!
Una fuerza terrible lo arrastr hacia arriba. Lo primero que pens fue que el hechizo de transporte segua en funcionamiento, pero entonces dej de moverse, y se qued all colgado, con los brazos y piernas misteriosamente desposedos de movimiento. Tena adems una molesta presin en el pecho que le dificultaba la respiracin.
Bedlam, no me gusta el dolor! Traicionada mi fe, mi buena voluntad! He castigado por mucho menos; por mucho menos he castigado, Bedlam!
Ploo...ool? consigui articular Cabe.
El vraad flotaba ante l sobre un trono formado de la niebla misma; el redondo torso estaba hasta tal punto echado hacia atrs que Plool tena prcticamente que atisbar por encima de l. Respiraba con dificultad y una mano temblaba; los enloquecedores ojos estaban entrecerrados y sumidos en siniestros pensamientos.
Qu... qu he hecho?
El dolor! rugi Plool. El dolor, el dolor y el dolor! Todo mi cuerpo retorcido y hervido! Si no fuera Plool el Grande, ya estara muerto, hecho pedazos! De algn modo, Plool consigui inclinarse al frente. Cmo har contigo para divertirme y vengarme!
No hice nada!
Mentiras y mentiras y mentiras y mentiras!
Empezaba a resultar casi imposible respirar, y an ms hablar en defensa propia.
Has invadido tranquilamente mi cerebro, no es as? Hazlo otra vez, pero ahora busca la verdad sobre m! Intenta demostrar que te he traicionado!
Dese que su plan, recin improvisado, funcionara. De lo contrario, Plool lo utilizara como deseara. Segn los deseos vraad... Esta sola idea hizo que su estmago diera un vuelco. Conoca las leyendas.
El largo rostro de Plool se inclin an ms hacia l. Era la imaginacin de Cabe o estaba realmente el ojo superior algo ms hacia el otro lado? Era absurdo, desde luego, producto de la situacin en que se encontraba. De todos modos era un punto discutible. Lo que importaba era lo que el furioso vraad sacara de su cerebro.
Aspir una vez.
Aspir dos veces.
Tres y cuatro, todas ellas con dificultad.
La presin sobre su pecho se aliger. Poco a poco, l y Plool empezaron a descender hacia el suelo. Plool dej de descender cuando se encontr a menos de dos metros de la pedregosa superficie de la colina. Todava utilizaba el trono de bruma para sostener su inmensa mole. Cabe, por otra parte, fue arrojado al suelo sin miramientos, pero el jadeante hechicero consigui mantener el equilibrio.
No se produjo ninguna disculpa por parte del vraad, pero un cuidadoso estudio del demente rostro de Plool mostr a Cabe lo suficiente para que se sintiera satisfecho. Plool haba ledo su mente y encontrado lo que el desesperado mago quera que encontrase.
Nada ms. Cabe estaba seguro de ello ahora. Haba cosas guardadas en su cerebro, pensamientos con respecto al Reino de los Dragones y al miedo que le inspiraba Plool, que el minucioso vraad sin duda podra haber descubierto. Que no los hubiera advertido significaba que, al igual que Caballo Oscuro, Plool tena sus limitaciones con respecto a hasta qu profundidad poda saquear la mente de otro. Era bueno saberlo. Cabe haba temido no poseer el poder necesario para dirigir el registro mental de su amenazador compaero nicamente hasta pensamientos especficos. Despus de todo su mente era slo suya.
Senta un dolor enorme y terrible, Bedlam sise el flotante hechicero. Su voz daba fe de su estado, lo que provoc un mayor inters en Cabe por averiguar lo que le haba sucedido. Un terrible y gran dolor.
Percibo tu dolor replic Cabe con cortesa. Pero no soy yo el responsable, como ya sabes ahora.
Entonces quin? Quin, entonces, Bedlam, ehhh?
El Dragn de Cristal? No era muy probable. No era en absoluto un comportamiento propio del Rey Dragn, si la opinin del hechicero era correcta. El seor de Legar sola darse por satisfecho viendo huir a sus enemigos de su reino. En su caso hubiera resultado ms verosmil que los hubiera cogido a los dos y arrojado an ms lejos de la pennsula, digamos hasta el Bosque de Dagora. De todos modos, ya nada resultaba previsible ahora. Podra muy bien haber sido el Dragn de Cristal.
Los aramitas desde luego no habran dejado a Cabe en paz, por lo que no podan ser ellos. Tambin dud que se hubiera tratado de algn truco de los magos de Lanith. No estaban tan bien organizados.
No podra haber sido sencillamente algo en la naturaleza de Esedi? O incluso en la de Plool?
Plool... S, era una posibilidad. Intent no cambiar de expresin mientras estudiaba furtivamente el deforme cuerpo del vraad. Qu era lo que haba pensado antes? Slo en Nimth poda ser posible la existencia de alguien como Plool?
nicamente en Nimth y no fuera de los lmites de sus asquerosas brumas.
No lo s respondi por fin el hechicero.
Odiaba mentir, pero en este caso no estaba seguro de que la verdad resultara mejor. Plool poda decidir creerle o no. Adems, poda llegar un momento en que Cabe necesitara esa informacin para salvarse; el vraad ya haba demostrado su inestabilidad.
Su ensoacin se vio interrumpida por una mirada de repentina inspiracin en el horrendo rostro del otro. Los ojos de Plool se abrieron de par en par y luego se entrecerraron.
Creo que ya s quin debe de ser...
Por los dioses, no! Si culpa a Caballo Oscuro, entonces los dos podran enzarzarse en una lucha sin que mediara la menor posibilidad de una explicacin!
Pero no se trataba de Caballo Oscuro.
Se cocern en sus negras armaduras. Utilizar sus cabezas como escalera en la ciudadela que construir con sus huesos; con sus huesos una ciudadela construir. Pero incluso entonces no permitir que mueran, la muerte sera demasiado buena para ellos despus de haberme ocasionado todo este dolor...
Negras armaduras. Plool haba escogido a los piratas-lobos como cabezas de turco.
El enloquecido vraad volva a mirarlo directamente.
Y t, Bedlam, me ayudars; ayuda t me dars, Bedlam.
Lo que Cabe haba esperado en un principio en el caso de que los aramitas hubieran realmente desembarcado en las playas de Legar, como ahora saba que haban hecho, era hallar algn medio, algunos aliados, que lo ayudaran a expulsar para siempre a los piratas del Reino de los Dragones. Lo que por cierto no haba estado buscando era a alguien como Plool. Unirse al vraad en su vengativa campaa sera una enorme estupidez.
El vraad permaneci en silencio unos instantes, pero su clera no estaba en absoluto apaciguada. Pensaba, meditaba. Cabe utiliz aquellos instantes para intentar aclarar sus propios pensamientos. Cmo podra desviar a Plool del cauce que el vraad deseaba seguir para encaminarlo a otro que lo indujera a regresar a Nimth?
La esfera! El portal! En ciertos aspectos, Plool era como un nio. Cabe sospech que en cuanto pudiera interesarlo en el enigma de cmo volver a abrir el portal, Plool olvidara su loca venganza contra los piratas-lobos. Como mnimo, vala la pena intentarlo. El vraad provocara sin duda ms caos que bien si atacaba el campamento aramita.
Pero dnde estaba la esfera? El hechicero mir a su alrededor. Tendra que haber estado a la vista. Plool la haba incrustado en la piedra, pero desde donde se encontraba Cabe tendra que haber resultado visible.
Qu buscas?
La esfera, tu portal para regresar a casa. Ha desaparecido.
A Plool no pareci importarle demasiado.
En ese caso, me quedar.
No lo comprendes... Lo cierto es que tampoco lo comprenda Cabe. Lo que s tena era una muy horrible sensacin de que sus suposiciones haban ido por mal camino, que haba pasado por alto alguna cosa.
An se sinti ms seguro de ello cuando sus pies empezaron a hundirse en la ladera de la colina.
El hechizo que lanz en un intento de liberarse no consigui nada. Cabe ni siquiera supo si se haba completado, pues no percibi ninguna seal de reaccin, ninguna punzada en las fuerzas mgicas que mantenan unido al Reino de los Dragones. El hechicero baj la mirada; el suelo ya se lo haba tragado hasta la altura de las espinillas, y era evidente que se hunda cada vez ms deprisa.
Plool! Qu estaba haciendo el vraad? Contemplndolo? Acaso encontraba todo aquello divertido?
Cuando levant los ojos, Cabe comprendi que aquello no era cierto en absoluto. Plool no flotaba por encima de l, contemplando alegremente lo que le suceda. Era posible que Plool ni siquiera estuviera all, aunque eso era difcil de asegurar, ya que en su lugar haba ahora una inmensa esfera opaca, una reluciente monstruosidad ms grande que un hombre. En cierto modo, se pareca a la esfera que Cabe haba investigado, pero mientras que aqulla haba sido un portal, una puerta de acceso, sta era casi con certeza una prisin. Una prisin para un hechicero peligroso e imprevisible como Plool.
Tambin la esfera empez a hundirse, pero al forcejeante mago apenas le importaba ahora. Le preocupaba mucho ms su propia libertad, ya que sin ella no podra ayudar al vraad. Sus piernas estaban ya completamente rodeadas, y a la velocidad con que lo arrastraban hacia abajo no le quedaba ms que un minuto, puede que dos, para actuar.
Cabe consigui de algn modo la energa para hacerlo. Ponindose en tensin, se concentr profundamente en el conjuro, extendi una mano y seal a un afloramiento rocoso. Un solitario zarcillo mgico sali disparado y atraves la roca; el hechicero lo sujet a su cuerpo para crear as una cuerda de salvamento.
La velocidad a la que se hunda se redujo, pero eso no era suficiente. Satisfecho por haber conseguido realizar un conjuro a pesar de la malvola bruma, Cabe se apuntal de forma similar a otro afloramiento. Ahora, su descenso era casi insignificante, pero la tensin en su cuerpo creca a cada momento que pasaba. Pareca como si un gigante lo hubiera agarrado por los pies y la cabeza e intentara lentamente partirlo por la mitad como si fuera un pedazo de fruta. Si se demoraba demasiado, quien fuera que intentara capturarlo tal vez acabara por conseguirlo, aunque en ese caso tendra que conformarse con la mitad de su cuerpo.
El tercer zarcillo result ms fcil de crear y lanzar que los dos anteriores y, si bien el hecho lo sorprendi, no tena tiempo para buscar los motivos. Este tercero lo sujet a una formacin que tena delante, pero no de la misma forma que los otros situados a cada lado de ella. Cabe agarr ste con las manos, de modo que pareca como si sujetara una soga mgica.
Con su concentracin fija en el chorro de energa que brotaba de sus manos a la roca, el hechicero oblig a ste a que se acortara unos milmetros. As lo hizo y con gran alegra descubri que se elevaba un poco. La tensin segua siendo insoportable, pero no era peor que antes. De todos modos, dese poder confiar lo suficiente en sus poderes para hacer alguna otra cosa. Dese poder tener el tiempo necesario para pensar en otra cosa. No obstante, Cabe tambin era consciente de que hechizos ms complicados o poderosos quiz no funcionaran tan bien aqu. Los conjuros ms sutiles, debido precisamente a que no removan las energas tanto como los ms poderosos, resultaban menos susceptibles de salir mal en las actuales circunstancias. Su propio intento de teletransporte era un buen ejemplo.
Volvindose ms osado, acort la cuerda casi quince centmetros, y se elev del suelo una altura similar. Se permiti esbozar una rpida sonrisa, que no tard en desaparecer cuando su concentracin fall y empez a hundirse otra vez. Un nuevo intento lo llev de vuelta arriba, pero el esfuerzo empezaba a dejarse sentir. Los costados le dolan de modo insoportable y su respiracin era cada vez ms resollante. No se atreva a desviar su atencin al dilema de Plool, dando por supuesto que ste estaba realmente prisionero de la esfera. Ni siquiera saba si la esfera segua siendo visible o se haba hundido en el interior de la colina.
Su siguiente intentona fracas y en lugar de los treinta centmetros que esperaba alzarse, apenas consigui tres. De todos modos, Cabe persever. Mientras siguiera alzndose, conseguira por fin vencer, se dijo.
Pero en su siguiente intento not una nueva fuerza luchando contra l, y sta no era mgica, sino fsica.
Algo le haba agarrado con fuerza los tobillos y tiraba de l hacia abajo con renovado vigor.
Uno de los dos cables unidos a su cuerpo se desvaneci y Cabe se hundi hasta la cintura casi instantneamente. Intent reforzar el otro, pero, entre su necesidad de controlar el vnculo mgico que intentaba sacarlo de all y la tensin en su mente y cuerpo, el cada vez ms agotado hechicero no consigui aadir gran cosa. Con gran contrariedad contempl cmo el poder que haba eliminado el primer cable haca desaparecer tambin el segundo.
El suelo suba ya hasta su pecho. Cabe se concentr con todas sus fuerzas en el nico asidero que le quedaba. Empez a hundirse ms despacio, y luego volvi a detenerse. Incluso consigui recuperar cuatro o cinco centmetros de libertad.
Entonces, el suelo bajo l se estremeci, algo surgi veloz por el lado izquierdo de su cabeza... y Cabe Bedlam tuvo una momentnea visin de una enorme garra de afiladas uas justo antes de que sta le cubriera el rostro y, con la ayuda de otras como ella, consiguiera por fin arrastrarlo bajo tierra.
XI
Hay algo diferente en este lugar.
A veces, resultaba difcil recordar que haban transcurrido ms de veinte aos desde su ltima visita a Zuu, realizada antes de la crisis centrada alrededor de Cabe Bedlam y de la salida de ste de su escondite.
Mi vida es demasiado larga, pens el Grifo aunque no por primera vez. Incluso los hechiceros que conoca envejecan poco a poco y, si se les permita, fallecan pacficamente. l, por otra parte, segua viviendo y viviendo, combatiendo en guerras e intentando encontrar su lugar en el mundo. Ni siquiera cuando averigu sus orgenes, cuando descubri que en una ocasin su cuerpo haba sido el de uno de los Seres sin Rostro del otro continente, se apacigu su deseo de saber quin era. Slo haba habido dos lugares en los que se haba sentido seguro y a gusto consigo mismo. Uno era Penacles, que lo haba acogido como su campen a pesar de su monstruoso aspecto. El otro lugar era all donde su familia se encontrara en cada momento. Con Troia y Demion, haba conocido la autntica paz de espritu, incluso durante los peores aos de la guerra.
Ahora Demion estaba muerto y Troia, que segua enojada por haberse quedado atrs, tambin morira algn da.
Cundo lo hara l?
Los Seres sin Rostro eran prcticamente inmortales; algo que l no estaba muy seguro de querer ser. Sin embargo, tampoco perteneca al tipo suicida.
Reestructurado su aspecto para poder pasar por humano, el Grifo paseaba por entre los habitantes de Zuu. Las cosas eran diferentes. Exista ms orden, ms atencin. Lanith, a quien recordaba vagamente como a un obstinado nio pequeo, deba de ser ms ambicioso que su padre. El Grifo confiaba en que aquella ambicin no se asemejara a la del rey Melicard; el Reino de los Dragones ya estaba en un estado suficientemente catico sin que dos monarcas humanos intentaran hacerse con el manto de la conquista al que los Reyes Dragn haban renunciado.
Juguete con el medalln que los guardas de la puerta le haban entregado. Ms familiarizado con aquel tipo de cosas que Cabe, el pjaro-len comprenda su autntico propsito. El talismn era un objeto tosco, y no se haba necesitado ms que un sencillo conjuro para ajustarlo de modo que cualquiera que estuviera conectado con l no pudiera percibir la repentina presencia de un mago experto.
En las dos horas que llevaba paseando por la zona del mercado de Zuu ya haba averiguado casi todo lo que deseaba saber. Al igual que con el talismn, estaba ms familiarizado con la forma en que funcionaba en las ciudades el sistema de rumores y cotilleos. Cabe, a pesar de todas sus habilidades, no haba vivido en los estratos ms bajos de la civilizacin tanto tiempo como el Grifo. Cierto que el humano haba crecido entre tabernas, pero existan otros niveles de informacin, y, adems, l no se haba visto obligado a sobrevivir como lo haba tenido que hacer el pjaro-len en sus primeros tiempos. Pocos, si es que haba alguien, posean el compendio de experiencias que tena el Grifo.
Y cmo te envidio por eso, Cabe.
No vio ningn motivo para permanecer all ms tiempo. El sol se haba puesto ya y cada minuto que perda aumentaba la remota posibilidad de que uno de los nuevos hechiceros del rey pudiera detectarlo. El Grifo, como Cabe, no deseaba provocar un incidente. Conoca ya los misteriosos tejemanejes de la ciudad y sospechaba que el hechicero y el diablico corcel haban estado a punto de ser descubiertos. Mientras que era posible que el Grifo pudiera invocar su papel como monarca de Penacles para protegerse, resultara embarazoso para su antiguo reino y para el buen Toos explicar por qu se encontraba remoloneando furtivamente por el territorio de otro.
Un detalle que haba averiguado era lo que ms le interesaba. Haban llegado noticias sobre Legar. Una niebla maloliente se haba alzado y aquellos que se haban atrevido a atravesar las regiones cercanas a su frontera haban afirmado que era tan espesa que era imposible ver nada. Curiosamente, esta bruma terminaba casi exactamente junto al borde interior de la pennsula, a menos de pocos metros de donde empezaba Esedi. Nadie dudaba que era mgica, pero, como llevaban viviendo cerca de los territorios del Dragn de Cristal desde haca muchas generaciones, la gente de Zuu se senta inclinada a considerarlo una simple medida del seor de Legar para aislarse an ms del mundo. Despus de todo, la niebla terminaba justo frente a Esedi, no despus. Ni el ms fino de sus zarcillos se adentraba en aquellas tierras reclamadas por el reino de Lanith.
Resulta sorprendente la tranquilidad de espritu que pueden tener algunos. El Grifo no se senta tan tranquilo. Para l, la asquerosa neblina significaba que los piratas-lobos deban de estar all, como haban temido los Bedlam. Eso significaba tambin que Cabe poda encontrarse en un peligro mayor del que estaba preparado para enfrentarse, aun con la ayuda de Caballo Oscuro. Por experiencia propia, el pjaro-len conoca algunos de los mortferos trucos de los aramitas. Los conoca mejor que nadie y saba tambin que D'Farany estara preparando otros.
Abandonando su puesto de escucha en uno de los establecimientos ms malsanos al que, aun as, consideraba de mejor calidad que muchos de los que haba visitado durante su larga vida, el Grifo busc uno de los callejones ms aislados. Haba llegado el momento de seguir el rastro de Cabe y para ello necesitaba realizar un poco de magia. Sera lo bastante sutil para escapar a la atencin de los hechiceros de tercera categora que haban creado los talismanes, pero tambin lo bastante poderosa para cumplir su misin.
En la oscuridad de la calleja, sac un objeto de entre los pliegues de la desgastada capa. El objeto haba sido cuidadosamente envuelto en un pedazo de tela para resultar afectado lo menos posible por su propia presencia. Tanto la tela como lo que sta envolva pertenecan a los objetos personales de Cabe Bedlam.
Desdobl rpidamente la ropa y sac su trofeo. Era una navaja corta de las que se utilizaban para afeitarse. Una de las manas del hechicero era el afeitarse sin recurrir a la magia. El odio que Cabe senta ante cualquier clase de alteracin mgica de su aspecto fsico diverta al Grifo en ocasiones, pero en este caso haba resultado muy til. Los objetos de metal eran siempre los mejores para esta clase de conjuro. Posean una mayor afinidad con su usuario, en especial cuando se trataba de magos. Existan razones para que esto fuera as, pero no teman la menor importancia para el pjaro-len en aquel momento. Encontrar el rastro de Cabe s la tena.
Para alguien con su vasta experiencia, el conjuro era algo muy simple de realizar. Enseguida percibi el hormigueo que indicaba que la navaja haba captado el rastro. Ahora lo conducira por el sendero seguido por Cabe y Caballo Oscuro. Al pjaro-len ni se le haba ocurrido seguir el rastro mgico dejado por el diablico corcel. Por nico que ese rastro fuera, haba transcurrido suficiente tiempo para que hacerlo resultara ms molesto que lo que haca ahora. Un objeto fsico siempre era mejor, incluso en este caso.
Con la mano y la navaja enterradas de nuevo en los voluminosos pliegues de la capa, se puso en marcha. El vago rastro que casi todos los hechiceros dejaban tras de s condujo al Grifo a uno de los innumerables establos que salpicaban la ciudad. Probablemente Caballo Oscuro se haba alojado aqu. El rastro se torn confuso, no obstante, lo que significaba que Cabe no slo haba pasado mucho tiempo aqu, sino que se haba movido bastante por los alrededores.
Algunos habran cuestionado la necesidad de buscar, si se tena en cuenta que el ltimo mensaje del moreno hechicero haba mencionado las colinas de Esedi, pero al Grifo lo preocupaban ms cosas que tan slo su amigo humano. Lady Gwen no lo haba confesado claramente, pero estaba seguro de que estaba muy preocupada por lo que haba sucedido en Zuu. La nota de Cabe resultaba engaosamente prosaica; tanto, de hecho, que el pjaro-len estaba de acuerdo con la suposicin de la hechicera de que Zuu no haba sido una simple parada en el viaje del mago.
Lo que inquietaba a Gwendolyn era la salud y el bienestar de su compaero. Lo que preocupaba al Grifo inclua a Cabe, pero tambin el peligro potencial que Zuu poda representar ahora. No tan slo Zuu, adems. Por todo lo que saba, haba ya espas aramitas en la ciudad. No se poda negar la eficiencia de los piratas.
Muchas cosas haban sucedido en el establo, de eso no tena dudas. Eso, junto con lo que haba odo, confirmaba sus sospechas. Tendra que transmitir lo que haba averiguado a Toos una vez que todo esto hubiera terminado, si es que el larguirucho ex mercenario no estaba ya enterado. Este reino precisara vigilancia.
Era imposible evitar a otras personas, pero sta no era ni mucho menos la primera vez que el Grifo haba realizado tal furtiva actividad. Cada uno de sus pasos estaba cuidadosamente planeado por muy despreocupadas que parecieran sus acciones. En los establos se puso a juguetear con una de sus botas, actuando como si se le hubiera introducido algo en su interior que lo molestara. Vestido como un extranjero y tras haber estado ya en ms de una taberna, tampoco resultaba muy sorprendente que se balanceara un poco a un lado y a otro al andar, y, puesto que era a todas luces un visitante, tampoco era ninguna sorpresa que no dejara de mirar todo lo que lo rodeaba.
El rastro abandonaba los establos claramente, pero, cerca de uno de los establecimientos locales, un fuerte tirn lo oblig a darse la vuelta. Tena ante l la bien iluminada entrada de un lugar llamado El Campen de Belfour. Exista otro rastro que se perda por calles lejanas, pero ste era ms fuerte, casi como si fuera reciente y no hubiera tenido tiempo de disiparse.
Y qu tenemos aqu ahora? No existan motivos para que Cabe hubiera regresado a Zuu. Conociendo como conoca al humano, si Cabe hubiera completado su misin, habra regresado a su hogar en la Mansin tan pronto como le hubiera sido posible hacerlo. Sin embargo, la hoja de la navaja se estremeca como si el hechicero estuviera sentado all dentro.
Slo hay una forma de descubrir la verdad, se dijo.
Penetr en la posada, sin apenas hacer caso de los tentadores aromas. El Campen de Belfour era un lugar bullicioso y tuvo algunos problemas para escudriar la multitud sin parecer al mismo tiempo sospechoso. La navaja oculta en su mano le indic hacia dnde mirar. Avanz dando cuidadosos traspis en la direccin elegida, observando con satisfaccin que haba algunos sitios libres en los bancos situados ms all. Si fuera necesario, poda ocupar uno y fingir aguardar a una camarera mientras continuaba su bsqueda.
El Grifo rode el bien proporcionado trasero de una muchacha particularmente atractiva, y enseguida se vio obligado a esquivar a dos muy rellenos clientes que salan. Se detuvo para orientarse y no pudo evitar fruncir el entrecejo. La direccin haba cambiado ahora. No tan slo haba dejado atrs el punto, sino que ste retroceda mientras l segua all inmvil.
El Grifo contempl el sendero que haba seguido. No vio a nadie que se pareciera al hechicero. Resultaba posible que Cabe estuviera disfrazado y adems, aunque el pjaro-len llevaba un rostro humano casi idntico al que Cabe le haba conocido aos atrs, cmo iba a suponer ste que encontrara a uno de sus antiguos compaeros en esta lejana ciudad? De todos modos, algo no iba bien. Lo habra conducido este hechizo a seguir una moneda que el otro haba gastado? No era muy probable. El rastro era demasiado fuerte. Aun cuando la moneda o monedas acabaran de abandonar sus manos, Bedlam tendra que haberlas tocado durante mucho tiempo. Tambin habran sido necesarias muchas monedas para crear tal tirn, y por lo general el dinero pasaba por muchas manos y demasiado deprisa para poder crear un lazo demasiado fuerte con alguien en particular.
Fingiendo haber descubierto a alguien que podra ser un antiguo camarada, el Grifo retrocedi sobre sus pasos. Sus ojos inspeccionaron cuidadosamente a cada persona. Esquiv a varios parroquianos que entraban, a la misma moza de antes, y...
Y el rastro volvi a cambiar. Por el rabillo del ojo, el Grifo dirigi una rpida mirada a la mujer por cuyo lado haba pasado dos veces ya.
Cuanto ms la estudiaba, lo que era algo que ninguno de los presentes habra encontrado extrao de todos modos, ms convencido se senta de que la mujer tena algn secreto. Cul?
Me vuelvo senil! Ahora saba lo que era. nicamente hechiceros con unos ciertos poderes habran podido reconocerlo, lo que de todos modos segua sin ser una excusa para l por no haberlo advertido antes. Ahora que lo saba, el secreto de la mujer pareca estar gritndole a la cara.
Una hechicera! Una de cierto talento, adems, dira yo!
Qu conexin tendra con Cabe? Por qu su conjuro lo llevaba hacia ella?
En aquel momento la mujer se volvi hacia l. Aunque sus acciones seguan siendo bastante inocentes, la expresin que apareci brevemente en el rostro de ella le indic que la mujer saba que l no era lo que pareca. De hecho, se sinti seguro de que ella saba quin era l, adems.
Tena que ser as. De improviso la mujer de cabellos dorados encontr nuevas ocupaciones que la llevaron a la parte posterior de la posada. El Grifo no se pregunt si regresara; slo cuntas salidas poda haber all detrs, pues dudaba que ella utilizara sus poderes all dentro. Una hechicera que trabajaba en tabernas y posadas, generalmente lo haca porque ocultaba su autntica naturaleza. Eso significaba que an tena una posibilidad de atraparla.
El pjaro-len no haba estado ocioso mientras pensaba todo esto. En aquellos momentos estaba ya en la puerta principal. Si poda encontrarla antes de que desapareciera, ello simplificara las cosas. Si la desconocida hechicera se teletransportaba, a l todava le quedaba una carta escondida; el mismo objeto que lo haba conducido hasta ella le permitira volver a hallarla.
Pese a la hora, o quiz debido a ella, haba bastante gente por la calle. Eso le dio nuevos nimos, pues aunque dificultaba su avance, ella no podra utilizar la magia ante personas que podan reconocerla como la muchacha que trabajaba en la posada. La navaja tambin le inform que ella segua por all, si bien era posible que la hechicera se hubiera desecho del objeto. De todos modos, como ella no poda saber por qu la segua, no crey que a ella se le ocurriera hacerlo. Aunque si se equivocaba...
El tirn que haba percibido desapareci de repente.
Se ha teletransportado! Maldiciendo en voz baja, el Grifo se dio la vuelta. Nada era nunca fcil. Aun as, si segua actuando segn sus previsiones, no deba de estar demasiado lejos; justo lo suficiente para considerarse a salvo.
Sin el menor asomo de duda, percibi el mismo tirn otra vez, y ni por un momento se le ocurri que pudiera ser otra cosa que ella. Haba realizado este conjuro demasiado a menudo para eso.
Sin vacilar, el Grifo se teletransport tras ella.
Ella miraba hacia l cuando se materializ, pero, como estaba desprevenida, sus reflejos fueron demasiado lentos. Movindose con la inhumana celeridad que le haba permitido sobrevivir durante tanto tiempo, el pjaro-len extendi el brazo y la sujet con la mano sana. Tan slo despus de hacerlo se dio cuenta de dnde se hallaban exactamente. La mujer era ms atrevida de lo que haba imaginado, pues desde all poda distinguir la posada algo ms a su izquierda. La mujer haba estado esperando que apareciera en lugar de limitarse a escapar, seal evidente de que, a pesar de lo hbil que pudiera ser, era todava una novata en muchas cosas.
Si piensas en escapar, no lo hagas.
Estaba claro que la camarera comprenda. Percibi la tensin que le recorra todo el cuerpo, as como la excitacin que senta. El Grifo estaba familiarizado con las de su clase, pues haba conocido a unas cuantas. Es una suerte que ni Gwen ni Troia vinieran conmigo!, se dijo el Grifo. No era sta la clase de mujer que ninguna de las dos esposas hubiera querido ver cerca de sus compaeros.
En los pocos segundos transcurridos desde su repentina llegada junto a ella, la mujer se haba vuelto lo bastante atrevida para hacer preguntas.
Visitamos al rey ahora?
Deberamos? replic l, decidiendo seguirle el juego.
Ella era rpida. La juguetona sonrisa que haba empezado a extenderse por su exquisito rostro titube.
T no perteneces a las hordas de magos amaestrados del rey.
Los hechiceros que, segn se rumoreaba, tena el rey Lanith. Ahora comprenda su pnico anterior. La muchacha se ocultaba, hua de su propio monarca.
Debera haberlo sabido agreg ella; la sonrisa empezaba a aparecer otra vez. Tienes demasiado talento para ser uno de ese grupo. Sin mencionar que tambin resultas mucho ms atractivo a la vista.
Impidi que la muchacha levantara la mano y le acariciara la mejilla. De haber estado Troia all, la escena se habra vuelto ya bastante desagradable. A su manera, la mujer que tena delante era tan depredadora como su compaera.
Muchas gracias, pero ya estoy comprometido.
Por la forma en que me seguiste, no lo hubiera credo. Se inclin al frente de modo apenas perceptible.
Tambin l se inclin al frente, pero no a causa de la magnfica y excelsa visin que tena delante.
No intentes ningn jueguecito conmigo. Podra darte una sorpresa.
Su tono fue lo bastante amenazador para que ella se apartara rpidamente. Pero, incluso sometida por el momento, la joven hechicera segua resultando impresionante; en aos venideros resultara an ms peligrosa.
Qu quieres de m? Si no eres uno de los hombres del rey, entonces quin eres?
Mi nombre no es importante, pero creo que t y yo compartimos un conocido. Uno del que posees un recuerdo.
Su sonrisa se crisp en una mueca y una mano se cerr con fuerza. El pjaro-len extendi la mano hacia una pequea bolsa que colgaba sobre el muslo de la mujer, y la arranc. Soltndola pero sin apartar la mirada de ella, el Grifo abri la bolsa.
En su interior haba varios objetos pequeos, pero slo uno poda pertenecer a Cabe. La gran sensibilidad del Grifo a las aureolas mgicas le permiti distinguirlo: una pequea daga que muchas personas llevaban cuando viajaban. Resultaba ms til para actividades domsticas que para herir ladrones, pero Cabe no tena precisamente que preocuparse de los ladrones... excepto de ste, desde luego.
Planeabas seguirlo en algn momento dado? No era suficiente una negativa para ti?
Eres su amigo?
Nuestra amistad se remonta muy atrs. Cmo conseguiste esto?
Una mirada del Grifo le advirti que era mejor no mentir. Mostrando su deslumbrante sonrisa, la mujer contest:
Entr en la posada. Me di cuenta de que era diferente, uno de nosotros.
Y as pues intentaste seducirlo... para qu? Cavil con atencin. Para que te enseara y para algo ms, imagino. El sendero hacia el poder para un mago.
Se haba acercado a la verdad. El Grifo comprenda la situacin actual con respecto a los hechiceros. Perseguidos durante aos por los Reyes Dragn, hasta ahora no empezaban a reaparecer en cierto nmero. Aparte de Cabe y Gwen, slo haba conocido a un puado de magos con talento que hubieran sobrevivido a las constantes purgas. Toos, que haba sido su segundo en el mando durante su poca de mercenario, era uno de ellos.
Cmo te llamas?
Tori. Tori Winddancer.
Winddancer, justo la clase de nombre que poda encontrarse en esta regin. El nombre, que significaba bailarn del viento, sin duda tena que ver con la velocidad de los caballos. As pues, la mujer era originaria de Zuu, y por lo tanto tendra an menos probabilidades de encontrar a alguien como ella en esta regin. Aunque el Dragn Verde era un aliado de los humanos ahora y su linaje siempre haba tratado a las personas bastante bien, los das que siguieron a la Guerra del Cambio haban visto el inicio de la ms virulenta de las purgas de magos. Aquella operacin de limpieza haba estado controlada por el Emperador Dragn, y, como conoca a su colega del Bosque de Dagora, no dudaba que haba mostrado un cuidado especial para que la purga realizada en Dagora y sus alrededores fuera muy exhaustiva.
Qu le sucedi a mi amigo mientras estuvo aqu?
Oste lo que sucedi cerca de los establos? Al ver que asenta, continu: Se trataba de l. Tambin hubo algo con un caballo que tena. O que algunos afirmaban que poda volar, pero probablemente no saban que tu amigo era un hechicero.
Y es evidente que t no sabes nada sobre Caballo Oscuro. Lo cual era mucho mejor, se dijo. Luego, en voz alta, inquiri:
Lo perseguan los hombres del rey?
Los guardas y los magos... o ms bien chapuceros, por la forma en que se ocuparon de l. Les tom el pelo, segn o.
Oste?
Ella volvi a sonrer.
Me march en cuanto advert que venan. Tu amigo no comprenda lo que era el medalln... pero t s, imagino.
Yo llevo ms tiempo rondando por ah.
De modo que ahora posea la confirmacin. Cabe y Caballo Oscuro haban tropezado con los magos domesticados del rey Lanith. Desde luego no poda culpar al hechicero por no mencionar el incidente en su mensaje a lady Bedlam; sta ya tena suficientes preocupaciones sin aadir sta. Era agua pasada.
Has acabado conmigo o te gustara hablar de otras cosas ahora? pregunt la mujer. Por la forma en que lo mir, estaba claro a lo que se refera.
Existen personas que te ayudaran a aprender sin que tengas que recurrir a la seduccin.
Busco mucho ms que adiestramiento, como ya sabes, cabellos plateados. Intent tocarle el cabello, pero l le inmoviliz la mano. Busco mucho ms que eso.
Mi esposa te desgarrara en pedacitos si supiera que te has tomado tantas confianzas conmigo. Literalmente te desgarrara.
Qu es, una gata?
S.
Ella lo mir con atencin, a la espera de alguna seal de regocijo, pero comprendi que hablaba en serio.
Algunas personas se casan con miembros de familias bien extraas. Un humano y un felino?
Dije yo que fuera humano?
Tori no supo qu responder a eso, pero l se dio cuenta de que la muchacha se echaba un poco hacia atrs, como si lo contemplara bajo una nueva e inquietante luz.
Te hice una pregunta dijo al cabo. Has terminado conmigo?
Casi. Conoces... El Grifo se interrumpi al ver que un comerciante borracho vestido con las ropas de Gordag-Ai se acercaba tambaleante. Se escucharon otras voces no muy lejos. Tom a Tori del brazo, la cual no se resisti aunque tampoco intent utilizar otra vez sus encantos con l. Sus comentarios con respecto a l y a su compaera la haban dejado preocupada. Regresemos a la posada. Mustrate amistosa.
La hechicera asinti. Delante de ellos, el comerciante intentaba decidir qu lado de la estrecha calle deseaba cederles. El Grifo seal a su izquierda, y el hombre se desvi en aquella direccin. Devolviendo su atencin a Tori, el pjaro-len empez a hacer de nuevo su pregunta.
El sonido de los pasos del borracho se apag.
Un hombre corriente habra sido demasiado lento y eso fue lo que quiz salv la vida al Grifo, ya que hizo que su atacante se mostrara demasiado seguro de s mismo. El pjaro-len arroj a la mujer a un lado al mismo tiempo que el comerciante saltaba sobre l, pual en ristre. Oy cmo Tori lanzaba una exclamacin ahogada, pero luego toda su atencin se vio acaparada por el combate. Su adversario pesaba mucho ms de lo que habra debido, por lo que el Grifo dedujo que bajo la vestimenta encontrara una armadura.
Una armadura negra.
Se haba vuelto descuidado, malgastando demasiado de su tiempo en algunas cosas y olvidando su propia idea de que poda haber espas aqu. Tambin se haba vuelto descuidado en otro aspecto, ya que el rostro que luca ahora era el que haba utilizado ms a menudo. Cabe no era el nico que poda reconocerlo; despus de tantos aos de enfrentarse a l, no era ninguna sorpresa que muchos de los piratas, en especial los espas, reconocieran aquel llamativo semblante. El Grifo comprendi que no slo se haba vuelto descuidado sino vanidoso. La mano mutilada podra haberlo delatado, pero no tan rpidamente como lo haba hecho su vanidad.
Forcejearon en el suelo. El pirata-lobo mantena su ventaja encima gracias a su mayor peso y a la incapacidad del Grifo para poder sujetarlo con fuerza suficiente con la mano herida. Las facciones del pirata eran indescriptibles, como era lo ms comn entre los de su profesin, pero la tranquila determinacin que mostraba indic al Grifo que su adversario era un veterano de muchas campaas. No habra lugar para errores ante este hombre.
Si la fuerza fsica no era suficiente para librarlo de su asaltante, entonces el pjaro-len estaba ms dispuesto a recurrir a sus poderes mgicos. Cuando la situacin lo requera, uno utilizaba las ventajas que posea y se enviaba al demonio el sentido del honor; se era su credo. La supervivencia ante todo.
El aramita debi de darse cuenta de lo que intentaba, ya que de improviso abandon el ataque con el cuchillo y, sin importarle sufrir dao, lanz la cabeza hacia abajo y golpe al Grifo justo en la frente.
El Grifo tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no perder el conocimiento. Pero la fuerza del golpe fue suficiente para hacer que su nuca chocara contra el suelo. El mundo empez a girar a su alrededor. Sus manos perdieron fuerza, lo que permiti que el pirata-lobo aumentara su ventaja.
Mi vida por la tuya! sise la siniestra figura. Un pequeo precio por el triunfo del imperio!
De modo que ahora acaba todo consigui pensar el pjaro-len. Asesinado durante la noche en una calleja, lejos de cualquier sitio al que pudiera llamar hogar.
Escuch un dbil gruido de sorpresa del pirata, y el peso sobre su cuerpo se desvi un poco hacia un lado. El instinto se hizo cargo entonces de la situacin. El Grifo aprovech el desplazamiento del peso y empuj a su atacante en esa direccin. Escuch un ruido metlico y comprendi que el cuchillo haba cado de la mano del aramita. Ahora, incluso con la cabeza zumbndole, la ventaja empezaba a estar de su parte.
Pero el pirata no estaba ni mucho menos vencido. Volvi a intentar golpear la cabeza del Grifo con la suya, pero esta vez el pjaro-len estaba preparado y apart la cabeza. Luego hizo lo nico que se le ocurri para poner fin a la lucha de forma rpida.
Se transform. Para muchos transformistas, tal accin los habra dejado impotentes durante unos segundos preciosos, pero para el Grifo, que tena una larga prctica en cambiar de aspecto en un instante, no fue as. Dos dcadas de guerra haban mantenido esa habilidad en perfectas condiciones.
El espa profiri un grito de dolor que la zarpa del Grifo casi consigui ahogar del todo. Sobresaltado por la sorprendente visin de su adversario cambiando de forma, el aramita reaccion con demasiada lentitud para interceptar el ataque que sigui. Con lgubre satisfaccin, el Grifo retorci la cabeza de su adversario a un lado y le parti el cuello.
Tras comprobar que el hombre estaba muerto, se levant despacio y musit:
Tu vida por la de mi hijo... Apenas suficiente para equilibrar la balanza pero desde luego un principio.
Fue entonces cuando se acord de Tori. Volvi a transformarse en humano mientras regresaba al lugar donde la haba dejado por ltima vez. No lo sorprendi no encontrarla. Algo haba provocado que el aramita lanzara un gruido de dolor y cambiara de posicin, y eso slo poda haber sido un ataque de algn tipo por parte de la hechicera. Una patada en la cabeza, sospech. Para qu atraer la atencin sobre ella como hechicera cuando un sencillo ataque fsico poda funcionar con la misma eficiencia?
La zona haba quedado llamativamente vaca de gente, y el Grifo saba que tal vaco sola preceder a la aparicin de la guardia local. Lament haber permitido que la clera lo dominara; el espa podra haberle proporcionado alguna otra informacin, incluida cuntos de los de su ralea se haban desperdigado por Zuu. La guardia de la ciudad tendra que conformarse con el cadver. Sin duda los otros espas que hubiera en la ciudad se ocultaran ahora que haba muerto uno de ellos y no tenan forma de saber quin era el responsable. Este haba actuado solo; de haber habido ms, hubieran tomado parte en la lucha, ya que no era presuncin suponer que lo consideraban un blanco de primordial importancia.
El breve respiro, a pesar de lo mucho que hubiera podido ponerlo en peligro de ser descubierto por la guardia de la ciudad, haba servido a su propsito. La cabeza segua dolindole, pero su concentracin era suficiente para lanzar un hechizo. En esta ocasin para abandonar Zuu y seguir el rastro de Cabe.
Rastro. El Grifo busc el cuchillo que la mujer llamada Tori haba robado a Cabe, pero no encontr nada. Podra haber sido arrojado a la oscuridad durante la lucha, pero no sospech que volva a estar en manos de la hechicera. De todos modos, sta no obtendra nada de l ahora. En el poco tiempo que lo haba sostenido, el pjaro-len haba realizado en l algunas alteraciones mgicas. Si ella buscaba al hechicero despus de esto, simplemente reaparecera en el mismo lugar del que haba salido. Que buscara a Cabe Bedlam si as lo deseaba, pero tendra que hacerlo por sus propios medios.
Una de las primeras lecciones de la magia es que no se debe dar nunca por seguro que siempre funcionar como se desea.
Era una leccin que intentaba recordar todos y cada uno de los das, una leccin que sin duda tendra que recordar cuando penetrara en los desolados dominios del Dragn de Cristal.
La guardia de la ciudad se encontraba cerca. Con una ltima amarga mirada en direccin al cuerpo desmadejado del pirata, el Grifo volvi a sujetar con fuerza la navaja que le serva de gua y se teletransport lejos de all...
... a las colinas de Esedi.
El rastro era ms fuerte aqu, tal y como haba esperado. Probablemente la navaja lo haba conducido a pocos metros del lugar en el que Cabe se haba materializado. Se permiti una breve sonrisa humana, ya que el teletransporte era algo incierto cuando no se conoca bien el lugar, y dej que su disfraz humano se desvaneciera, puesto que ya no lo necesitaba.
Cabe y Caballo Oscuro haban tenido un gran acierto en su eleccin de lugares. En condiciones normales, habran disfrutado de un panorama excelente de la parte oriental de la pennsula. No toda ella, desde luego, pero lo suficiente para permitirles planear el inicio del viaje. Legar no era una regin tan vasta como Esedi o como el inmenso Bosque de Dagora, pero estaba llena de colinas, grietas y un sistema de cuevas subterrneas que rivalizaba con el de las montaas Tyber. Si se aadan al traicionero e irregular paisaje posibles encuentros con los Quel, y ahora con los piratas-lobos, existan muy buenas razones para avanzar despacio y con cuidado a travs de Legar.
Y ahora esta bruma... Estaba familiarizado con las Brumas Grises, la neblina hmeda y debilitadora de mentes que cubra Lochivar. Lochivar, en el extremo sudeste del Reino de los Dragones, era el reino del Dragn Negro, el cual era la fuente de la que brotaba aquella niebla mgica. Sabedor de lo que las Brumas Grises podan hacer, el Grifo se alegr de no haber decidido simplemente teletransportarse al interior de aquellas tinieblas. Incluso desde aqu poda percibir su maldad. Haba algo salvaje en ella, pero era la fiereza de algo en plena agona, pues tambin se perciba una sensacin de podredumbre.
Si es eso lo que parece bajo la tenue luz de las lunas, cmo ser en pleno da? Cmo ser cuando realmente penetre en ella? No tardara en averiguarlo. No exista un autntico motivo para permanecer aqu ni siquiera una pequea parte del tiempo que haba pasado en la ciudad. Cabe y Caballo Oscuro habran esperado aqu slo el tiempo necesario para prepararse para ir a Legar, y el Grifo estaba ya tan preparado como poda estarlo jams. No averiguara nada nuevo de estas colinas silenciosas, nada que pudiera servir a su misin y a su venganza.
Nada? Se detuvo y observ algo por primera vez. Por qu estaba todo tan silencioso aqu? Era tan poderoso el veneno que cubra Legar que la fauna no poda soportar estar ni siquiera a esta distancia de l? Eso no poda ser. A lo lejos, el pjaro-len poda distinguir unos cuantos sonidos propios de la noche, aves y animales nocturnos que merodeaban. Era slo en esta regin donde las criaturas se haban vuelto silenciosas o haban huido. nicamente la zona en la que l se encontraba.
La espada apareci en la mano del Grifo en un santiamn.
Vaya, debo admitir que no te esperaba a ti!
De la oscuridad surgi una figura enorme ms negra que la noche. Sus fros ojos azules centelleaban sin la ayuda de la dbil iluminacin de las lunas.
Caballo Oscuro!
El negro corcel inclin la cabeza en seal de asentimiento.
Ests lejos de tu guerra, lord Grifo, pero parece como si tu guerra tambin se hubiera extraviado!
Entonces los has visto. A los piratas.
Los he visto y he luchado contra ellos!
Luchado contra ellos... y dnde est Cabe, entonces, diablico corcel? Haba llegado demasiado tarde para salvar al hechicero? Haba aumentado ya D'Farany su lista de vctimas?
La respuesta del enorme semental no lo anim precisamente.
Yo... lo perd.
Est...
No! Caballo Oscuro se torn vehemente. No est muerto! No puede estarlo! Sencillamente la repugnante bruma nos separ! l no dijo nada y yo pens que deba de estar detrs de m, algo alejado!
El Grifo lo ataj con un rpido gesto. La inquietud general que le provocaba la negra criatura haba dado paso a su preocupacin por Cabe Bedlam y la necesidad de saber a qu clase de cosas podra enfrentarse en la brumosa Legar.
Empieza el relato por el principio. Habla con cuidado; dmelo todo, pero hazlo rpido.
La facilidad con que Caballo Oscuro consinti lo sorprendi al principio hasta que record que Cabe Bedlam era uno de los pocos amigos verdaderos del ser eterno. El relato fue corto y rpido. Cuando hubo terminado, qued muy claro que Caballo Oscuro se senta consternado por lo que consideraba su terrible negligencia. Haba algo ms aparte de lo que el negro corcel haba relatado, no obstante; pero, fuera lo que fuera, sus races eran muy profundas. Alguna distraccin de la mente de Caballo Oscuro que le haba impedido advertir que al hechicero y a l los estaban separando adrede.
Curiosamente, darse cuenta de que la criatura del Vaco tambin poda aturdirse hasta tal punto, disminuy un poco la prevencin que el Grifo le tena. Le pareci que comprenda mejor la forma de pensar de Caballo Oscuro de lo que lo haba hecho en el pasado.
La monstruosidad contra la que luchaste era una ilusin, dices?
S, y cuando me volv para comentrselo a Cabe, l tambin haba desaparecido! No lo o gritar!
Puede que lo hiciera, pero sin que t pudieras orlo. En ese lugar, no me sorprendera. El Grifo contempl con fijeza la bruma, tan inquietante, tan vida, incluso en la tranquilidad de la noche. Tampoco pudiste encontrar su rastro.
No detect nada! Yo, Caballo Oscuro, no pude percibir su presencia!
Ya...
El pjaro-len se puso a meditar sobre la situacin. Saber que los piratas-lobos actuaban por todo Legar erizaba su melena y le haca desnudar las garras. Deseaba cazar a todos y cada uno de los forajidos como los animales que eran y saborear sus muertes; pero el Grifo saba que eso no slo no conseguira llenar el hueco que senta en su interior, sino que adems tampoco poda abandonar a su amigo. En eso, l y el negro corcel eran iguales. Cabe Bedlam haba desaparecido y, si lo haban capturado los aramitas, entonces el Grifo tendra oportunidades suficientes para intentar saciar su sed de venganza. Si lo sucedido a Cabe no era eso, entonces los piratas tendran que esperar. No dudaba que seguiran all. Una vez que los aramitas tomaban posiciones, la nica forma de sacarlos era matndolos.
Estaba totalmente dispuesto a hacerlo, pero no ahora.
Crees que puedes encontrar el ltimo lugar donde lo dejaste?
Caballo Oscuro contempl la siniestra masa que cubra Legar.
Puede que lo consiguiera, pero de qu servira?
Puede ser til, creme. El Grifo mostr la pequea navaja que haba estado utilizando para seguir el rastro del hechicero hasta aqu. T no tenas nada suyo que te ayudara en la bsqueda.
Aun cuando lo hubiera tenido no creo que hubiera funcionado. La bruma lleva con ella la corrupcin de Nimth, lord Grifo! T eres uno de los pocos con conocimientos suficientes para comprender lo que significa! Adems conociste a Sombra! El negro equino call un instante, y luego aadi: Nada funciona como debiera ah abajo! No se puede confiar en las leyes de la magia, en las leyes de la naturaleza, mientras esa asquerosidad siga presente all en Legar!
No podemos hacer otra cosa que intentarlo. El pjaro-len contempl la hoja. Esta puede ser la mejor esperanza de Cabe, posiblemente la nica. Nuestros poderes unidos quiz sean suficientes para derrotarla.
Derrotar a Nimth? Debes de estar de broma! Yo conoca a los vraad! Yo conoc a Sombra!
El tono del negro semental cada vez que mencionaba al hechicero de rostro borroso resultaba muy elocuente para el Grifo. Sombra estaba de alguna forma ligado a los problemas de Caballo Oscuro. Qu era lo que haban dicho los mensajes de los Bedlam? Caballo Oscuro continuaba buscando a Sombra como si ste de alguna forma hubiera sobrevivido. Tanto tema al torturado hechicero?
No, no le tiene miedo. Si existiera alguien que pudiera comprender a Caballo Oscuro y lo que es, se habra sido Sombra.
No tena tiempo de reflexionar ms. Los conflictos internos de Caballo Oscuro tendran que esperar hasta que hubiera paz, suponiendo que eso llegara a suceder. Ahora era el momento de ocuparse de Legar.
Esto no es Nimth, y ni el Dragn de Cristal ni los piratas-lobos son vraad. Lo que existe ah abajo no puede ser ms que un reflejo del caos de Nimth. Creo que, si probamos el conjuro lo ms cerca posible del lugar donde os separasteis, tenemos una posibilidad. Si fracasa... tendremos que entrar igualmente. Ya sabes que Cabe habra regresado aqu si hubiera podido. Sabra hacerlo.
Caballo Oscuro pate el suelo con rabia.
Lo s, lord Grifo! Ja! No he dejado de pensar en ello desde que me materialic aqu otra vez! Pens que podra haberse teletransportado accidentalmente, a otra parte, pero no hay lugar que no haya registrado; y, si l de alguna forma hubiera eludido mi registro, sin duda ya habra regresado a este lugar.
En ese caso no debemos vacilar ms.
Muy bien. Caballo Oscuro trot hasta l. Tendrs que montarme como hizo l, majestad! No estbamos seguros de llegar al mismo punto, siendo ste el reino del Dragn de Cristal, y la repugnante niebla aumenta an ms ese peligro.
De acuerdo. Mientras montaba, el pjaro-len pens en lo que su compaero acababa de decir. Y no encuentras curioso que el Rey Dragn se haya mostrado tan poco activo cuando en el pasado siempre se ha ocupado con gran celeridad de aquellos que se atrevan a perturbar su existencia?
Sigo pensando que esto es cosa suya! Respondi el otro con un resoplido. Yo desde luego no dira que esto es no hacer nada!
Nada desde luego no lo es, demonio en forma de caballo, pero es un sistema mal dirigido y peligroso con el que intentar deshacerse de los aramitas. Si esto ha sido cosa del Dragn de Cristal, me gustara saber por qu eligi tal locura como instrumento. Es tan peligroso, puede que ms, como los piratas-lobos.
Sea como sea, todava tenemos que viajar a travs de ello! El enorme corcel volvi la cabeza a un lado para mirar el oscuro territorio de Legar. Dame un momento y estar listo. Caballo Oscuro se agit. Curioso!
El Grifo se inclin hacia adelante e intent descubrir lo que tanto interesaba a su montura.
Qu es? No veo nada.
Caballo Oscuro sacudi la cabeza, haciendo ondear las crines.
Sospecho que no son ms que imaginaciones! Cuando miro la niebla, no me parece tan espesa como era antes! Sin duda se debe a la luz de la luna!
El Grifo entrecerr los ojos pero sigui sin ver nada. Si haba habido un cambio en la densidad de la niebla, no poda decirlo. Por las palabras del siniestro corcel, eso habra sucedido antes de que l se teletransportara hasta all. Tanto si haba sucedido como si no, el pjaro-len an no distingua el menor detalle bajo la capa superior del manto de niebla.
Caballo Oscuro volvi por fin a la realidad.
Bueno! No importa! Hemos de encontrar a Cabe, eso es todo lo que importa!
Eso, una legin de piratas-lobos y un Rey Dragn que no se comporta como uno esperara lo corrigi en silencio el Grifo mientras se sujetaba con fuerza. Aparte de esas insignificancias, no tenemos nada de que preocuparnos.
XII
Cabe despert con la aterradora visin de un rostro Quel cernindose amenazador sobre l. El largo hocico estaba situado a pocos centmetros de su propio rostro. La nariz del hechicero se arrug; el aliento del Quel era putrefacto.
De improviso su cerebro se vio invadido por un sinfn de imgenes superpuestas. Cabe lanz una ahogada exclamacin, se llev las manos a la cabeza, e intent dejar fuera aquellas sensaciones. Se vio a s mismo, a los piratas-lobos, al Quel, una vaga imagen que deba de ser el Dragn de Cristal, una playa... Eran demasiadas cosas!
Alto! No puedo abarcarlo todo!
Misericordiosamente, la presencia del Quel desapareci de su cerebro. Mientras recuperaba el control de sus sentidos, el fatigado hechicero se incorpor y examin su entorno. Se encontraban en una pequea caverna con una nica salida, una salida custodiada por otro de los habitantes de los subterrneos. Cabe cont tres Quel en total, pero entonces se dio cuenta de que el tercero, situado en el extremo ms alejado de la estancia, estaba cado sobre s mismo. Una nica imagen penetr en su mente: la confirmacin, por parte del que tena ms cerca, de que su compaero estaba muerto y lo estaba desde haca algn tiempo.
Se pregunt cunto tiempo haba estado inconsciente. Tena un vago recuerdo de haber sido arrastrado bajo tierra y de haber contemplado cmo la tierra volva a cerrarse sobre su cabeza, pero aparte de eso no recordaba mucho ms, pues algo le haba hecho perder el sentido.
El inquisidor Quel extendi un brazo y seal junto a la mano derecha del hechicero. Cabe baj la mirada y vio una gema. Recordaba vagamente haberla tenido en la mano cuando las imgenes lo haban golpeado por primera vez. Asinti para demostrar al acorazado monstruo que comprenda y la cogi.
Herida... Ayuda urgente... Pregunta?
La combinacin de imgenes, sensaciones y emociones era lo ms parecido a hablar el idioma humano que poda conseguir el Quel. Cabe conoca el funcionamiento del cristal de comunicacin y lo consideraba una herramienta fascinante, pero a veces era necesario pensar con cuidado para descifrar lo que se quera decir. El Quel poda comunicarse con l sin utilizarlo, pero en ese caso las imgenes habran resultado menos detalladas y muchas de las sensaciones proyectadas no habran conseguido penetrar en su mente.
Quieren saber si he sufrido algn tipo de herida. Neg con la cabeza. Si tena en cuenta que cualquier herida habra sido ocasionada por los mismos Quel, Cabe no se sinti demasiado impresionado por la preocupacin de los subterrneos habitantes. De todos modos, resultaba inusual que dieran tanta importancia a su bienestar, a menos que quisieran algo de l.
Algo relacionado con los piratas-lobos?
Las imgenes proyectadas por aquel Quel, una hembra, si el hechicero no se equivocaba, cambiaron nada ms ocurrrsele la pregunta. Aunque tal pregunta haba sido dirigida a s mismo, el Quel respondi lo mejor que pudo.
Caparazones negros... Defensores... La magia hambrienta... Derrota... Perdida la ciudad... Afirmacin.
Afirmacin. La forma en que las criaturas se comunicaban haca que las respuestas parecieran casi triviales hasta que se contemplaban los oscuros ojos inhumanos del Quel y se vea en ellos el sentimiento de prdida. Su ciudad, la ciudad Quel, estaba en manos de los aramitas, que haban utilizado una especie de hechizo mgico para anular las defensas. Imagin que ella y algunos otros haban conseguido evitar caer prisioneros. Slo haba unos pocos Quel activos en un momento dado y por lo tanto haban carecido de recursos para combatir completamente a un enemigo tan decidido como los piratas-lobos. De haberlos tenido, sospech que los piratas se habran encontrado en medio de una de las peores luchas cuerpo a cuerpo con las que haban tenido que enfrentarse jams. Un Quel vala ms que unos cuantos soldados humanos en cualquier situacin, sin importar lo bien entrenados que estos ltimos estuvieran.
Caparazones negros... Caza... Demasiado pocos... Afirmacin.
Los vio acabando con algn soldado solitario de vez en cuando, pero tales ataques no eran suficientes. Uno a uno, los secretos de su ciudad caan en manos de los invasores.
Cabe se qued rgido.
Qu sucede con...?
La respuesta no se hizo esperar.
Sacrificio... oculto... Sospechan pero no encuentran... A salvo... por ahora... Peligro si se piensa... Afirmacin.
Su mayor secreto estaba a salvo, pero los aramitas eran concienzudos y podan descubrirlo en cualquier momento. Los Quel ni siquiera queran pensar en ello, por temor a que al hacerlo provocaran el descubrimiento. Cabe recibi una rpida y lacnica mirada por parte de la hembra informndole que no habra ms preguntas sobre el asunto.
Se daba perfecta cuenta de que los habitantes del mundo subterrneo lo vean como un medio para obtener un fin. Lo que los preocupaba era la supervivencia de los suyos, y l era alguien que comparta un evidente inters en ver que los capazarones negros, como llamaban a los piratas, desaparecan del Reino de los Dragones.
No hacis que la cooperacin resulte muy atractiva comunic categrico a su capturador. De qu me servir ayudaros?
Una nica imagen de una alta esfera opaca centelle en su cerebro. Por primera vez, Cabe se acord de Plool. Los Quel an tenan al vraad oculto e intentaban utilizarlo como pieza de negociacin. La idea estuvo a punto de arrancar una carcajada al hechicero. Por un lado, tena la tentacin de dejar al vraad donde estaba, pues sera la mejor forma de asegurarse de que no provocaba ms caos con su magia surgida de Nimth.
Sin embargo, Cabe saba que no poda hacer tal cosa. Incluso Plool mereca una oportunidad. Adems, los aramitas eran una amenaza an mayor para el continente, al menos ahora. El Reino de los Dragones haba sobrevivido a siglos de existencia de los Quel, limitados como estaban stos a ser slo unos pocos vagando por encima y por debajo de la superficie de Legar. Los piratas jams aceptaran aquello. Intentaran reconstruir su base de poder. Estaba seguro de que otras naves cruzaban los mares, otras naves que buscaban un nuevo puerto. Cuanto ms tiempo tuvieran los piratas-lobos, mejor se atrincheraran.
Colaborara con los Quel tanto tiempo como le pareciera seguro, pero saba muy bien que no poda confiar en ellos.
Qu hay del que estaba conmigo? Qu hay de vuestro prisionero?
La respuesta fue breve, sucinta, y demostracin patente de que esto no iba a ser una colaboracin sino ms bien una situacin que exigira su completa obediencia a su causa. Tras esto, Cabe perdi toda simpata que hubiera podido sentir jams por sus capturadores. Recuerdos de pasadas experiencias con los Quel regresaron a su mente; eran recuerdos muy vvidos y en ocasiones dolorosos.
El hechicero dese que le fuera posible olvidar a Plool, pero no era esa clase de persona... y los habitantes de los subterrneos sin duda estaban enterados.
Su inquisidor se levant y le indic que hiciera lo mismo. Alzndose con cierta dificultad, el cauteloso hechicero sigui al Quel hasta la boca del tnel. La otra criatura, ms alta y definitivamente un macho, esper a que los dos hubieran pasado antes de reunirse con ellos. El macho se mova con cierta rigidez, como si sus msculos llevaran mucho tiempo inactivos. Observ que los Quel tenan buen cuidado de mantenerlo entre ambos. Un breve roce con su mente tambin le indic que stos hacan todo lo posible para sofocar sus habilidades mgicas, pero sus poderes no eran lo bastante fuertes para incapacitarlo por completo. Protegida su mente de modo que la piedra preciosa que an llevaba no lo traicionara, Cabe medit sobre posibles opciones. Aqu abajo, su magia pareca funcionar, pero qu sucedera si intentaba teletransportarse a la superficie? Podra hacerlo sin peligro? Ms importante an, posea la concentracin y energa suficientes para llevar a cabo el conjuro? Lo dudaba. Pero s estaba bastante seguro de poder defenderse cuando llegara el momento en que los Quel se volvieran contra l.
El hechicero se pregunt qu hara con respecto a Plool cuando eso sucediera.
Mientras avanzaban, Cabe, cada vez ms curioso, estudiaba cuidadosamente el tnel. Era terriblemente estrecho, en absoluto parecido a los pasadizos ms amplios que recordaba de anteriores encuentros. Apenas s haba espacio para que pasara uno de los cavadores. Adems, despus de los primeros pasos, las nicas fuentes de iluminacin fueron los cristales que aparecan de vez en cuando incrustados en las paredes. Eran del mismo tipo que los de los tneles ms grandes, pero tan desperdigados y escasos que pareca como si los hubieran aadido recientemente y con gran precipitacin.
Esto es un tnel nuevo, muy nuevo, pens, y en voz alta pregunt:
Adnde vamos?
No recibi respuesta de sus acompaantes. Cuanto ms lo pensaba, ms ansiosos parecan mostrarse, lo que no reconfort en absoluto al hechicero. Cualquier cosa que preocupara a un Quel sin duda deba de ser aterradora.
Slo se le ocurra pensar en una cosa que pudiera crear tal inquietud en las mentes de sus capturadores. Slo una criatura.
nicamente el Dragn de Cristal.
No pueden hacerlo! Sera un suicidio!
Por desgracia, no se le ocurra ninguna otra explicacin. Cabe haba tenido la intencin de buscar al seor de Legar, pero, ahora que posiblemente se encontraba de camino a verlo, la idea no le gustaba en absoluto. Quin poda decir que el Dragn de Cristal no fuera a encontrar su intrusin tan irritante como la de los piratas-lobos? En qu haba estado pensando? Uno no poda simplemente presentarse all y pedir que lo recibiera el Rey Dragn!
Pero eso era lo que los Quel queran que l hiciera. Lo supo en cuanto llegaron al final del tnel. Ante l se abra una caverna que reluca con tanta fuerza que tuvo que protegerse los ojos unos segundos hasta que se acostumbraron al resplandor. Estalactitas y estalagmitas que brillaban como joyas y recordaban los afilados colmillos de alguna enorme bestia, salpicaban la cueva. Las paredes de mltiples facetas se reflejaban mutuamente una y otra vez sin descanso, como un incansable espejo de fra y refulgente belleza. Cabe empez a sudar profusamente, pero no a causa del miedo. El calor en la caverna era espantoso y cuando mir al suelo, que tambin era de cristal, supo por qu. Una fuente de calor subterrnea enterrada profundamente all debajo era la responsable de haber transformado la cmara en un horno. Incluso proporcionaba al suelo un tinte rojizo. No era lo bastante fuerte para que el paso resultara imposible, pero el hechicero no pensaba permanecer mucho tiempo en un mismo sitio sin moverse.
Lo que vio al fondo de la estancia le hizo olvidar el calor. Tallado en la pared opuesta haba un templo que, en muchos aspectos, se pareca a la Mansin, un lugar que Cabe deseaba no haber abandonado nunca. Las columnas eran muy altas, al menos con dos pisos de altura, y haba tres puertas. Smbolos que el hechicero no reconoci formaban un arco sobre cada una de estas puertas Cabe se dio cuenta de que la construccin era antiqusima, pero segua en unas condiciones perfectas. Una sensacin de poder arcano emanaba del templo.
Se encontraba en el umbral del sanctasanctrum del Rey Dragn.
El Quel que tena delante se hizo a un lado y transmiti: Viaje... El seor de cristal... (miedo)... Pedir una audiencia... Afirmacin!
De modo que ste iba a ser su papel. Queran que l hiciera lo que ellos no podan, es decir, presentarse ante el Rey Dragn y pedir su ayuda. El hechicero se sinti divertido. Se esperaba de l que penetrara all donde ellos se negaban a entrar y que buscara ayuda en su nombre. Estuvo a punto de echarse a rer en voz alta. Su captura deba de haber sido para ellos una empresa afortunada pero desesperada. Deca algo en favor de su habilidad para tramar planes en circunstancias desesperadas pero muy poco sobre su valenta.
El macho lo sujet por los hombros y lo sacudi. Nuevas imgenes danzaron por la cabeza de Cabe Bedlam. Audiencia... El seor de cristal en su santuario... dispersando la muerte flotante... arrojando a los caparazones de vuelta al mar... Afirmacin! Pregunta?
Tard algn tiempo en descifrar lo ltimo. El mensaje era sin duda una lista de peticiones que los Quel tenan para el Dragn de Cristal, peticiones que deseaban que Cabe transmitiera. Por la forma en que el macho lo agarraba, comprendi que slo la idea de pedir al seor dragn tal ayuda acobardaba a los habitantes de los subterrneos. Teman enormemente el poder del Dragn de Cristal... y Cabe no poda culparlos por eso.
Lo empujaron desde atrs. Los Quel no lo acompaaran en esta ltima parte del trayecto. Confiaban en que su cautivo obligara al hechicero a hacer lo que queran. Sin duda nunca se les haba ocurrido que Cabe pudiera haber ido incluso sin aquella amenaza.
Muy despacio, penetr en la refulgente sala. Cuntas maravillas contenan los escondites subterrneos de Legar! Era un milagro que la superficie de la zona no se hundiera, si se tena en cuenta lo extenso que era el mundo que se ocultaba debajo. Desde luego, gran parte de l lo haban tallado manos inteligentes, no las fuerzas de la naturaleza, y esas manos se haban asegurado de que sus esfuerzos no terminaran enterrados entre escombros.
Aun as, Cabe segua encontrndolo sorprendente.
La temperatura se mantena, lo que era una suerte; pero de todos modos se vio obligado a desabrochar la parte superior de su tnica. Era horrible, por no decir peor que encontrarse en la superficie durante el medioda.
La caminata hasta el otro lado transcurri sin incidentes, aunque en un momento dado los Quel ulularon algo. Se dio la vuelta, pero, aun con la piedra preciosa en la mano, no pudo comprender lo que queran; como no parecan desear que regresase, Cabe acab por girarse otra vez hacia el brillante templo y seguir adelante.
No fue hasta encontrarse frente a la tallada estructura que advirti que haba un problema. Aun cuando existan hendiduras que representaban ventanas y puertas, ninguna de ellas era una autntica entrada. Por lo que poda ver, el templo no era otra cosa que un inmenso relieve.
Tiene que haber algo! Contempl su reflejo, distorsionado por las mltiples facetas de la pared, y reflexion. Los Quel no lo habran enviado a este lugar si no hubieran pensado que era una forma de llegar al Dragn de Cristal. Sin embargo, si tenan demasiado miedo para acercarse hasta aqu, entonces puede que ninguno de los de su especie se hubiera aproximado lo bastante cerca para darse cuenta de que esto no era ms que la obra maestra de un escultor desconocido. No pareca muy probable, pero...
Quin desea entrar?
La voz, penetrante, reson a su alrededor. Cabe se apart del templo y al hacerlo algo sorprendente ocurri, ya que su distorsionado reflejo, en lugar de copiar sus movimientos, dio un paso al frente. No slo dio un paso al frente, sino que abandon los confines de la pared y sigui avanzando hacia l.
Quin desea entrar? Esta vez, fue sin duda alguna su macabro reflejo el que habl.
Yo respondi Cabe, recuperada por fin la voz.
Aunque el glem de cristal el hechicero no hall mejor forma de definir lo que se encontraba ante l miraba hacia l, los ojos no estaban exactamente fijos en su rostro. Ms bien parecan estar clavados detrs de l, puede que en los Quel.
T solo deseas entrar?
Yo solo deseo entrar, s. Quisiera hablar con el Dragn de Cristal.
El guardin permaneci en silencio. Resultaba horripilante contemplarse a s mismo, en especial cuando lo que se vea era algo retorcido y de afiladas aristas. Cabe levant la mano para acariciarse la barbilla pensativo, una vieja costumbre suya, y observ perplejo cmo el reflejo lo imitaba. Cabe se pregunt qu hara la criatura si l empezaba a bailar.
Transcurri una eternidad antes de que el glem anunciara por fin:
Puedes pasar.
Cabe mir a la espalda del glem, y no vio ninguna puerta.
Adnde voy?
El guardin lo mir con ojos inexpresivos.
Sgueme orden, y empez a andar hacia atrs.
Tras una breve vacilacin, el hechicero obedeci. La criatura de cristal no tuvo ningn problema en avanzar de espaldas, pero el espectculo hizo tropezar a Cabe en dos ocasiones. No haca ms que esperar que un pasadizo se abriera en la pared del templo, pero todo segua igual. Cuando el guardin lleg, Cabe se prepar para la inminente colisin.
El glem se fundi en el cristal.
El hechicero se qued paralizado, no muy seguro de qu hacer ahora. Contempl su reflejo con atencin. Casi pareca como si lo estuviese esperando.
La boca de la figura se abri.
Sgueme.
Seguirte?
Sguete a ti mismo si quieres entrar fue la nica explicacin que recibi.
Crey comprender, pero ello no lo hizo ms fcil. Asintiendo, Cabe clav la mirada en su reflejo, se irgui y avanz al frente.
Cerr los ojos justo antes del momento en que supona que iba a chocar contra la pared y por ese motivo no pudo saber nunca con exactitud qu fue lo que sucedi. En lugar de topar con una dura y muy slida pared, el nervioso mago penetr en una sustancia que le record a un almbar. Apretando los dientes con fuerza, continu avanzando. La voz del guardin lo iba animando a seguir de vez en cuando. A pesar de encontrarse rodeado por aquella curiosa sustancia, el hechicero no experimentaba ninguna dificultad para respirar; aunque eso no significaba que la travesa le resultara fcil. Le recordaba a Gwen, a quien su padre, Azran, haba encerrado en una prisin de mbar, y dejado all durante casi doscientos aos. La idea de verse encerrado as le produjo un escalofro.
Cuando su mano palp el vaco, Cabe lanz un suspiro de alivio. Slo cuando se encontr libre se atrevi a abrir los ojos. No mir a su alrededor sino que ms bien gir en redondo y se qued de cara a la pared por la que haba pasado. El hechicero se qued mirndola fijamente. A primera vista, era lo que se supona que era: una barrera de roca con incrustaciones de cristal. No exista ningn pasadizo y, cuando la toc, sinti lo que se supona que deba sentir: piedra.
Si has terminado, huuuumano...
El guerrero dragn lo esperaba en la nueva sala, un guerrero dragn que no se pareca a ninguno que hubiera visto antes. Delgado, reluciente, su coraza de piel era una coleccin de joyas profusamente talladas, no todas ellas del mismo color. Haba verdes oscuros, dorados cegadores, azules ocano, y muchos ms. Cuando el dragn se mova, lo haca con movimientos elegantes, casi como si la criatura fuera un danzarn, no un luchador.
Majestad?
El inexpresivo y apenas entrevisto rostro reptiliano se quebr en una fina sonrisa.
Te llevar ante l.
Cabe enrojeci ligeramente. No tendra que haberse precipitado en sus suposiciones, ya que esto poda ir en su contra ahora. El Rey Dragn podra mostrarse resentido de que lo hubiera confundido con uno de sus sbditos.
Su nuevo gua lo condujo por un sendero muy desgastado que, como todo lo dems aqu, daba muestras de una increble antigedad. Casi todo lo que haba aqu abajo haba sido construido mucho antes de la aparicin de los Reyes Dragn; Cabe estaba seguro de ello. Se pregunt si lo habran construido los Quel. Era probable. Pero tambin poda ser que hubieran tropezado con ello y decidido simplemente instalarse all. Algunos aadidos parecan ms recientes que otros, pues aqu y all se apreciaban diferencias en estilo. Todo brillaba, pero por suerte sin una excesiva intensidad.
Se cruzaron slo con otros dos dragones los dos, guerreros como el primero y se pregunt qu tamao tendra el clan. Algunos clanes draconianos eran ms grandes que otros. El Dragn de Hielo haba sacrificado a los ltimos miembros de su clan para conseguir su hechizo supremo, y varios otros clanes haban sido ms o menos diezmados durante las ltimas dos dcadas a causa de los enfrentamientos entre ellos y contra los humanos, pero algunos, como el Dragn Verde y el Dragn Azul, estaban por el contrario aumentando su nmero por primera vez en generaciones. Cabe dud que este clan en particular fuera muy grande. Legar no poda alimentar a demasiados. Su principal fuente de alimento tena que provenir del mar, ya que la vida animal no era lo bastante abundante aqu. Cierto que haba cosas que crecan bien bajo la superficie, pero hablaba de dragones, lo que significaba que necesitaban carne de alguna clase.
Su viaje finaliz ante la entrada de otro tnel. Dos guerreros flanqueaban cada lado de la abertura. En su interior, Cabe no pudo ver ms que oscuridad.
l espera dentro, Cabe Bedlam anunci el gua volvindose hacia l.
Sabes quin soy.
l lo saba. Simplemente obedezco. Tras esto, el dragn se dio la vuelta bruscamente y se alej.
Uno de los guardianes utiliz una lanza para indicarle que entrara. Adoptando una expresin resuelta, el hechicero pas por entre los centinelas y penetr en la oscuridad antes de que la vacilacin se apoderara de l. Se sinti agradecido al comprobar que no era como cruzar la pared. En lugar de ello, en cuanto hubo atravesado la entrada, la oscuridad desapareci bajo una brillante iluminacin. Cabe parpade, incapaz de ver nada.
Hay un objeto frente a ti, Cabe Bedlam. Cgelo. Ssssu propsssito te resssultar muy claro.
El cegado hechicero extendi una mano; entonces record que todava sostena el dispositivo de los Quel. Hizo intencin de guardarlo en un bolsillo, pero un siseo admonitorio lo detuvo.
Ya no lo necesssitasss. Tralo.
Cabe lo hizo... y al cabo de un segundo escuch un chisporroteo, como si algo se fundiera. No se atrevi a mirar, y en su lugar busc a tientas la vaga forma del objeto que la voz haba mencionado. Sus manos se posaron sobre un objeto curvo que, tras una ms detallada inspeccin, result ser una especie de visor. Estaba diseado para ser llevado sobre las orejas como las gafas que eran ahora un objeto bastante corriente entre los humanos. Se lo coloc con sumo cuidado, parpade unas cuantas veces, y dej que sus ojos completaran la tarea de ajustarse.
Incluso con el visor puesto, la estancia segua brillando, pero ahora, al menos, poda verla... y tambin a su solitario habitante.
Bienvenido a mi territorio, maessse Bedlam.
Conoca la existencia del Dragn de Cristal, saba qu aspecto tena por las visiones, pero aun as Cabe no estaba completamente preparado para ver al gigantesco ser.
El seor de Legar era posiblemente el ms grande de los Reyes Dragn que haba visto, pero, como su congnere el Dragn Azul, el Dragn de Cristal resultaba ms elegante que algunos de los otros. Sin embargo, no era el tamao lo que abrumaba tanto al hechicero, ni tampoco la imagen de un dragn que pareca tallado del mismo cristal del que tomaba su nombre. Los guerreros draconianos haban deslumbrado los ojos de Cabe, pero su monarca los cegaba rotundamente. De hecho, era el Dragn de Cristal quien provocaba que la sala resultase cegadora.
Lo que lo abrum fue la edad. No exista nada concreto que la indicara, pero, al contemplar a su anfitrin, Cabe comprendi que se trataba del ms antiguo de los actuales Reyes Dragn. Ms viejo incluso que el Dragn de Hielo, que haba reivindicado a menudo el manto de la edad. Se deca que los seores dragones acostumbraban vivir mil aos en el mejor de los casos, en general debido al violento mundo de los de su raza, pero el hechicero dudaba que ninguno de los otros Reyes Dragn tuviera ms de setecientos aos. Puede que poseyeran el potencial para vivir mucho tiempo, pero los dragones siempre acababan por hallar la muerte en algn conflicto... de forma muy parecida a lo que hacan los humanos. Por desgracia para los dragones, su raza no se multiplicaba con tanta rapidez como la de Cabe.
Las afiladas alas diamantinas se desplegaron, y la inmensa cabeza descendi para observar mejor al diminuto humano.
T me hasss bussscado, Cabe Bedlam, y yo te he concedido audiencia. Esss que piensssasss limitarte a mirarme boquiabierto todo el tiempo?
No ayudaba a Cabe el que, mirara a donde mirara, todo lo que vea era o bien la imagen reflejada del incomparable semblante del Rey Dragn o su propio rostro inseguro. Ambos rostros aparecan distorsionados, y le pareci como si todos lo miraran a l, a la espera de su respuesta.
Os pido perdn, majestad. Esto es, espero que lo comprenderis, difcil de aceptar.
Lo esss? Una expresin inescrutable apareci en las draconianas facciones.
Por mucho que lo intentaba, Cabe no consegua tranquilizarse por completo. Esta sala era con mucho lo ms intimidante. Serva para algn propsito concreto, un propsito que no poda evitar pensar que el Rey Dragn intentaba ocultarle. Todo este deslumbrante brillo, producido por el mismo seor dragn, estaba pensado para distraer. El hechicero no saba cmo haba llegado a esta conclusin, slo que tena sentido si contemplaba la estancia y a su seor como un todo.
Lo es respondi por fin. Aclarndose la garganta que repentinamente senta muy seca, Cabe continu: Debis saber, mi seor, que, aunque han sido los Quel quienes me han conducido aqu, yo habra venido igualmente por mi cuenta para pediros audiencia.
Entoncesss estsss aqu debido a la negra plaga que pulula por mi reino.
El Rey Dragn se removi. Aunque finga tener el control, su husped humano encontr sus movimientos forzados, como si el cristalino monarca realizara un gran esfuerzo para aparecer seguro de s mismo. Todo el cuerpo del dragn delataba a una criatura en lucha consigo misma. Incluso su tonillo desinteresado era demasiado perfecto.
Qu est pasando aqu? Esto no era lo que Cabe haba esperado.
Lo estoy, s. Ya deberais saberlo. Es vuestra llamada la que me ha trado aqu en primer lugar.
Mi qu? Los ojos del reptil se abrieron de par en par. Casi pareca como si el miedo fuera la emocin dominante, pero Cabe no poda creer que eso fuera posible. Qu poda atemorizar al Dragn de Cristal?
Vuestra... llamada. La visin y el sueo.
Visiones..., sueos?
Irguiendo a gran altura la cabeza, el reluciente monstruo volvi la mirada hacia las paredes. El Rey Dragn senta una aparente fascinacin por sus reflejos, pero no por vanidad. El mago lo contempl con atencin; aunque no llevaba ante el Rey Dragn ms de un minuto o dos, Cabe empezaba ya a preocuparse por la cordura del monarca.
No los enviasteis vos? inquiri Cabe despus de un largo intervalo de silencio.
Habame de las visiones orden el Dragn de Cristal en voz baja, en lugar de responder a sus preguntas.
Como no tena demasiadas opciones, el preocupado hechicero lo hizo. Describi su primera experiencia y cmo no le haba prestado importancia, aunque tambin haba afectado a Aurim; luego describi el sueo. Al llegar a este punto, el reptiliano monarca desvi la mirada hacia l, pero las imgenes no tardaron en volver a fascinarlo. Cabe finaliz con la visin que haba tenido mientras se recuperaba en las colinas de Esedi. Una vez finalizado su relato, el hechicero aguard sus comentarios.
Sigui otro largo silencio, pero por fin el Dragn de Cristal baj la mirada hacia l. La mirada de aquellas enormes rbitas inhumanas fue suficiente para ponerle los pelos de punta a Cabe. Haba cordura en ellas, pero no demasiada.
Yo no te llam, hechicero... o a lo mejor sss lo hice.
No comprendo. Por qu le pareca como si se pasara la vida diciendo eso? El contrariado hechicero se pregunt si habra alguien que comprendiera lo que suceda en el Reino de los Dragones. A veces pareca como si la vida fuera un juego. Un juego macabro.
El enorme dragn despleg y pleg las alas varias veces. Las garras de sus patas delanteras se hundieron profundamente en el suelo. Cabe mir a su alrededor y se dio cuenta de que la estancia se haba oscurecido.
No..., no podras. Nadie podra, hechicero. sssa esss mi afliccin, la essspada que pende sobre mi cabeza. Nadie comprende con lo que tengo que vivir. La frialdad de su voz no haca ms que aumentar la imagen de una criatura que enloqueca poco a poco. Pensss en llamarte, maessse Bedlam, lo pensss pero no lo hice. Desvi la mirada del diminuto humano y estudi la sala desde la pared al techo. A essste lugar, no obssstante, tal idea le gussst. El Dragn de Cristal lanz un agudo siseo. Fuera de aqu!
La primera reaccin de Cabe fue pensar que su audiencia haba llegado a un brusco final, pero no era a l a quien el seor dragn haba rugido la orden. Fascinado, el hechicero contempl cmo las imgenes que lo rodeaban se desvanecan. Las paredes de cristal se tornaron opacas, y dejaron de reflejar el contenido de la estancia. La iluminacin tambin desapareci, aunque no por completo.
A vecesss pienssso que posssee inteligencia propia murmur el dragn. Continu con la mirada fija en las paredes ahora en blanco. A vecesss pienssso que la sala me controla a m y no yo a ella. El Dragn de Cristal se ri de s mismo. Qu irnico sssi fuera cierto, no crees?
El hechicero permaneci en silencio. Al observar la falta de respuesta, el gigante lade la cabeza de modo que pudiera contemplar a su husped humano con el rabillo del ojo.
Toma misss pensssamientosss, Cabe Bedlam, y losss hace realidad. Puedo ver cualquier cosssa, cualquier lugar, cualquier persssona del Reino de los Dragonesss con la ayuda de esssta sssala. Me muessstra el mundo de modo que no tenga que arriesssgarme y aventurarme al exterior.
Pero tiene otro assspecto, tambin. Otro assspecto. No ssse sssiente sssatisssfecha con mis rdenesss directasss, no! Tiene que controlar misss pensssamientosss msss ntimosss, lo que pienssso mientrasss duermo!
El enorme dragn se removi en su puesto. Cabe hubiera querido retroceder, pero algo en su interior le dijo que era mejor que permaneciera donde estaba. Tena que mantener una apariencia de fuerza.
De modo que pensasteis en llamarme pero no lo hicisteis.
El Rey Dragn se soseg al sonido de su voz. La calma de Cabe le proporcionaba un asidero para su cordura.
Pensss en ti en msss de una ocasssin, recordando la parte que tuviste en la contienda contra el seor dragn llamado Hielo.
Lo que explicara por qu existi ms de una visin, pens Cabe. A lo mejor se le haba enviado una visin cada vez que el dragn haba pensado en l. De modo que haba viajado guiado por una idea falsa. El dragn no lo haba llamado, sino que ms bien se haba limitado a pensar en hacerlo. Si comprenda bien a su anfitrin, entonces la sala haba tomado su deseo de pedir ayuda a Cabe y actuado, segn ste, incluso despus de que el Rey Dragn hubiera decidido otra cosa.
Comprend parte de lo que vi, pero algunas de las imgenes no tenan sentido. Los hombres vestidos con armadura de escamas de dragn, qu tienen que ver con los piratas-lobos?
Nada! le espet el Rey Dragn. Entonces, advirtiendo la forma en que haba reaccionado, volvi a ensimismarse. Nada. Una deformacin de pensssamientosss y sueosss inconexosss. Nada que te incumba.
Puede que s o puede que no, pens Cabe. Tanto si le concerna como si no, daba la impresin de que no iba a recibir ninguna clarificacin por parte de su anfitrin y el hechicero no tena intencin de hacer hincapi en el tema. No tena modo de predecir cul sera la reaccin del Rey Dragn si lo haca.
Entonces no necesitas mi ayuda?
Se produjo una pausa.
Soy el Dragn de Cristal.
Saba lo que se supona que quera decir la respuesta del seor dragn, pero la forma vacilante en que se dijo desmenta tal implicacin. El Dragn de Cristal intentaba ocultar algo y fracasaba miserablemente. No obstante, Cabe no se atreva a mencionarlo. No resultara nada difcil para su anfitrin desatar sobre el hechicero las frustraciones y los temores que lo aquejaban.
Majestad...
Tengo la sssituacin controlada, mago! sssa esss tu ressspuesssta! Date por sssatisssfecho con ella!
Slo tena una pregunta, majestad. Al ver que el Rey Dragn no deca nada, Cabe se atrevi a seguir. Fuisteis vos quien lanz esta niebla devastadora sobre vuestro propio reino?
Lo primero que pens era que se haba pasado de la raya, pues el Rey Dragn se irgui en toda su estatura y empez a sisear con fuerza. La estancia se torn sofocante. El gigantesco ser extendi totalmente las alas, y sus zarpas hendieron el aire ante l. Lanz la cabeza hacia el humano y la detuvo a menos de un metro de Cabe. El hechicero hizo un denodado esfuerzo por mantener la compostura a pesar de que cada fibra de su cuerpo le gritaba que huyera. Cabe no se consideraba un ser valiente en el sentido heroico de la palabra. Se qued all donde estaba bsicamente porque saba que huir habra sido intil. Era mejor enfrentarse a una amenaza que darle la espalda.
Yo la lanc, Cabe Bedlam! Yo lanc la fetidez sssobre mi propio reino y esss mi resssponsssabilidad!
Pero invocar tambin a una sombra de la putrefaccin de Nimth...
Nimth? El Dragn de Cristal se ech hacia atrs como si Cabe acabara de informarle que tena le peste o alguna otra terrible enfermedad.
Es posible que no lo supiera? No era tarea fcil interpretar aquellas facciones draconianas. Exista temor all, pero slo el Dragn de Cristal saba de qu.
S, Nimth, majestad. Un mundo perdido en el tiempo, eternamente moribundo. Exista all una raza de hechiceros, una raza llamada los vraad. Ellos...
S quines eran! Lo s mejor que t! El reluciente gigante se acerc an ms. Conozco todo lo que hay que saber sobre sus asquerosas costumbres! Crees acaso que yo quera hacer esto? Una vez ms, el Rey Dragn desvi la mirada. Su estentrea voz se dulcific. Sssaba qu era lo que iba a lanzar. Sssiempre he vivido con ello. Pero esss nicamente una sssombra, como hasss dicho. Una sssombra! Sssin sssustancia! Volvi a tranquilizarse un poco ms. Pero me temo que no losss detendr. Irn msss dessspacio, pero essso no acabar con ellosss. Tienesss razn al tenerle miedo. No me atrev a dejarlo ir mss lejosss de lo que hice, por temor a que algo cruzara desssde el otro lado. Lasss criaturasss de Nimth no hacen msss que provocar mortferosss essstragosss en essste mundo.
Cabe aspir con fuerza. Tena que decrselo al Dragn de Cristal. Posiblemente, tan slo el seor de Legar podra enviar a Plool de vuelta. No resolvera el problema de los piratas-lobos, pero impedira que el vraad provocara un caos an mayor. Eso, desde luego, era lo que menos necesitaban. Si se hubiera podido confiar en Plool, Cabe podra haber mantenido la boca cerrada, pero no se poda confiar en l y Cabe lo saba.
De... dejasteis pasar algo, majestad. A alguien, debera decir.
Los ojos del dragn se entrecerraron suspicaces. En su voz apareci un leve temblor, un temblor que sobresalt al mago pese a todo lo que ya haba advertido sobre su terrible anfitrin.
Qu... hasss... dicho?
Una criatura..., un hombre... de Nimth cruz cuando abristeis la puerta. Un... Tendra el Rey Dragn conocimientos suficientes sobre la historia de Nimth? Hasta ahora, pareca como si supiera incluso ms que el mismo mago. Un hechicero vraad.
Mientes! Los vraad estn muertos y olvidados! Lo s! Yo...
La negativa del centelleante titn finaliz en un rugido que reson una y otra vez por toda la estancia, y Cabe se vio obligado a cubrirse los odos. Esta vez, se sinti seguro de que el Rey Dragn haba perdido el control de forma permanente. Esta vez no habra forma de escapar a la evidente locura del seor dragn.
Sin embargo... el Dragn de Cristal se tranquiliz. Fue como si una criatura diferente se materializara de improviso ante Cabe, una criatura ms fra, ms fatalista.
Como el Dragn de Hielo?, se pregunt y esper que no fuera as. Una de las pocas razones por las que el Reino de los Dragones no era un territorio muerto y congelado era el gigantesco ser que tena delante. Si el Dragn de Cristal estaba ahora loco en la misma forma en que lo haba estado su congnere del lejano norte, entonces los piratas-lobos podran convertirse en la menos importante de las preocupaciones del continente.
Dooonde? Dnde essst? Una lengua bfida de color escarlata sobresali de sus fauces. Dnde essst el vraad?
Cabe empezaba a lamentar su idea. No deseaba entregar ni siquiera a alguien como Plool al dragn; pero se haba comprometido.
Los Quel lo tienen. Si pudierais enviarlo de vuelta...
Enviarlo de vuelta? Enviar a la monssstruosssidad de vuelta? Las fauces del Rey Dragn se cerraron violentamente. El titn cerr los ojos por un momento; cuando por fin los abri, asinti y dijo: Tienesss razn, desssde luego, Cabe Bedlam. Essso sera lo mejor. Requerira poco esssfuerzo, sss.
Podis arrebatrselo a los Quel? El hechicero se sorprendi de hacer tal pregunta. Haba crecido con el convencimiento de que, si alguno de los actuales Reyes Dragn era omnipotente, ste era el Dragn de Cristal. Unos pocos Quel habran requerido una mnima parte de su poder.
Aqu el titn recuper algo de su aplomo.
No tengo que arrebatrselo. Estoy seguro de que ellos me lo entregarn.
La estancia empez a brillar. Las cristalinas paredes volvan a estar llenas no slo del reflejo del Rey Dragn sino tambin del mago. El seor dragn contempl fijamente una de las paredes, y de improviso el reflejo desapareci para dar paso a otras imgenes. Eran imgenes de otra caverna, un lugar donde un solitario Quel jugueteaba con un objeto. La visin del Quel se repeta desde un millar de ngulos diferentes, pero mezclada con aquellas imgenes haba una ms importante en la que Cabe se concentr: la esfera que encerraba a Plool.
Frunci el entrecejo. Mostraba un tono rojizo, la misma clase de tono rojizo que l asociaba con el calor. Acaso intentaban quemar vivo al vraad?
El brillante dragn se inclin hacia aquella visin concreta.
El esss mo.
Una horda de Quel idnticos dio un respingo como si los acabaran de morder. Una legin de idnticos rostros sobresaltados mir a su alrededor con terror. Cabe experiment una ligera satisfaccin. No le inspiraba ninguna simpata la situacin del Quel.
El Dragn de Cristal volvi a hablar.
Me lo vaisss a entregar.
Las imgenes se desvanecieron. Cabe parpade mientras contemplaba cmo su propio rostro se multiplicaba una y otra vez por las paredes de la estancia. Mirara a donde mirara, no vea otra cosa que su desconcertado semblante.
Extiende lasss manosss, mago.
Cabe obedeci.
Sostienesss la puerta a la condenacin.
En las manos del hechicero se encontraba la misma esfera hasta la que Plool lo haba conducido en lo alto de la colina. Los Quel no se haban apoderado de ella, y el Dragn de Cristal la haba llamado de vuelta a l. Cabe se qued muy rgido, temeroso de que aquel objeto de aspecto frgil se le escapara de las manos y fuera a estrellarse contra el duro suelo. Si la puerta se rompa, todo Nimth fluira al interior del Reino de los Dragones.
El dragn se dio cuenta de su espanto.
La sssimple torpeza no provocar el fin del mundo, Cabe Bedlam. Ssse necesssitara un poder tremendo para araar sssiquiera la sssuperficie de essste juguete. Ssse necesssitara msss poder inclussso que el de un vraad... o un centenar de vraadsss, sssi esss que tal cooperacin fuera posssible.
Resultaba turbador saber lo que sostena entre las manos, turbador saber que lo que vea en su interior era todo un mundo distinto. Un mundo que sus antepasados haban deformado hasta convertirlo en algo irrecuperable y luego abandonado... la mayora de ellos. Sin embargo, Nimth haba luchado y haba sobrevivido, si aquello en lo que Plool se haba convertido poda considerarse un ejemplo de supervivencia. Dese arrojar la horrenda esfera lejos de s, pero al mismo tiempo deseaba sujetarla con fuerza para que nada, por remoto que fuera, pudiera amenazarla.
Esss la hora.
Con estas palabras, la mortfera prisin del vraad tom forma ante ellos. El tono rojizo que Cabe haba observado segua all, pero pareca ms antiguo, como una seal dejada por algo que ya haba sucedido. Haban llegado demasiado tarde? Haban actuado los Quel de la misma forma en que el Dragn de Cristal se haba sentido tentado a actuar?
Cabe ya no estaba tan seguro de querer ver el contenido de la gran esfera.
Sssossstn el objeto ante ti. Preprate.
Para qu? Cmo? Por qu los que dicen eso nunca se explican realmente?
El Rey Dragn contempl con atencin la esfrica prisin. Empez a extender una garra hacia ella; luego vacil y arrug la reptiliana nariz. Una vez ms, el Rey Dragn extendi una garra hacia la esfera y de nuevo volvi a detenerse. Su expresin pas de cauteloso inters a desconcierto y de ah a creciente furia.
Esste cassscarn no contiene nada! Essst yermo!
El hechicero baj el objeto que sostena entre las manos.
Yermo?
Vaco. Unos largos y estrechos ojos se clavaron llameantes en los del hechicero. El vraad ha essscapado!
Cabe contempl la prisin con fijeza. Haba malinterpretado las seales de quemaduras. Las marcas no eran obra de los Quel, sino ms bien de Plool, que haba actuado desde el interior de la trampa. Tanto el hechicero como sus acorazados capturadores haban subestimado los poderes y la tenacidad del excntrico vraad.
Un vraad sssuelto... El Rey Dragn hablaba consigo mismo. Pero no me atrevo... Me atrevo? Debo... a menosss... Parpade y pareci estudiar a Cabe de nuevo. Sss...
Una garra se extendi hacia l, y la malvola esfera se liber de las manos del hechicero para volar hasta su amo. Fue a detenerse a unos cuarenta o cincuenta centmetros del hocico del dragn y se qued flotando all, esperando.
Cabe se tranquiliz ligeramente, comprendiendo ahora que era el objeto y no l, lo que haba interesado al Rey Dragn.
Qu hars?
Lo que debe hacerssse. Debo retirar lo que he liberado. No detendr... a los piratas-lobos, pero se ocupar de esa cosa de Nimth! Ahora que haba decidido una lnea de accin, el Dragn de Cristal hablaba casi como un humano. No pareca que existiera forma de predecir cmo actuara de un momento a otro, aunque Cabe dese que esta nueva actitud permaneciera durante un tiempo. Debo correr el riesgo. No permitir que esa maldicin vuelva a entrar en el mundo. Cuando todo lo que es Nimth se vea arrojado de vuelta a travs del portal, el vraad quedar debilitado. Se volver tan dbil que su amenaza resultar insignificante!
Debilitado... con todo rastro de Nimth desaparecido... Qu era lo que preocupaba a Cabe en relacin con esto? Algo sobre Plool y el teletransporte. Algo... Claro!
Majestad, si pudierais escucharme antes... En lugar de lo que hacis, dejad que intente encontrar a Plool primero. Se lo puede hacer razonar. Si llevis a cabo vuestro plan...
Se har.
La irrevocabilidad en la voz del seor dragn no dejaba lugar al compromiso. A sus ojos, un nico vraad resultaba ms peligroso que una legin de aramitas. Casi pareca ser una venganza personal, como si el Rey Dragn se hubiera enfrentado a los congneres de Plool con anterioridad. Poda ser as?
Qu era lo que se ocultaba tras la mscara que era el Dragn de Cristal?
El reluciente titn cerr los ojos. Ante l, el negro contenido de la esfera se agit y removi. Era un efecto ptico, desde luego. El objeto no era ms que un portal. A lo mejor lo que el Dragn de Cristal haca alteraba una pequea zona de Nimth, pero desde luego no poda controlar todo aquel mundo. Eso resultaba evidente por su temor a cualquier cosa procedente de Nimth, aunque slo fuera un solitario vraad.
Cabe se senta dividido. Por una parte, deseaba que la demencial entidad llamada Plool desapareciera de su mundo a causa del caos que el vraad poda ocasionar incluso limitado a esta nica regin. Por otra parte, el hechicero despreciaba lo que l denominaba asesinato. Plool era peligroso, pero Cabe habra preferido primero intentar convencer al extravagante mago. Plool era lo que era slo a causa del lugar donde haba nacido.
Tena que volver a intentarlo. Si sus palabras no conseguan convencer al Dragn de Cristal, se sentira tentado a actuar? Vala la pena arriesgar todo lo dems por una criatura a la que apenas conoca?
Majestad...
El Dragn de Cristal no lo oy, y Cabe insisti:
Ma...
Cabe Bedlam cerr la boca con fuerza. De improviso las paredes que los rodeaban se haban llenado de rostros, pero no todos iguales. Haba copias del suyo propio, en algunas de ellas ms anciano, en otras ms joven. Vio el rostro del Grifo y eso lo intrig. Pero haba otros, y, con un sobresalto, Cabe contempl el rostro de lo que no poda ser ms que uno de los cabecillas de los piratas. Un hombre alto con una barba corta, muy parecido al pirata-lobo D'Shay, a quien el Grifo haba matado aos atrs. Su rostro era una horrenda mscara enjuta y llena de cicatrices, pero lo que ms lo preocup al verlo fue la expresin, pues en muchos aspectos pareca una variacin humana de la expresin que apareca en aquellos momentos en el reptiliano semblante del Rey Dragn.
Entonces, entre todas las otras caras, vio una que le hizo olvidar la del jefe de los piratas-lobos. Era un rostro que nicamente haba visto en visiones, pero que haba permanecido junto a l. Un hombre enorme, un cabecilla, vestido con una armadura de escamas de dragn. Era el semblante de un conquistador, de alguien que no toleraba la derrota. Haba algo extraordinariamente irresistible en la figura, algo que le record a Sombra. Era el hombre que haba considerado su padre cuando la visin se apoder de l. Era... el padre de quin?
Cabe contempl al extasiado seor dragn. La idea era ridicula. Lo era.
Los Reyes Dragn no viven tanto tiempo... y l es un Rey Dragn.
El Dragn de Cristal sise y sus ojos se abrieron de golpe. Su mirada pas de la esfera a la pared... y a la imagen de la figura enjuta y desfigurada que Cabe haba tomado por el capitn de los aramitas. Los ojos de ambos parecieron cruzarse.
La esfera estall.
XIII
Un escalofro recorri a los durmientes. No despertaron, pero algo en el hechizo que los haba sometido durante tanto tiempo haba cambiado. Habra sido difcil de explicar este cambio excepto diciendo que ahora ya no dorman tan profundamente. En absoluto profundamente.

Qu estn haciendo all abajo con ese maldito juguete? Orril D'Marr se paseaba por el oscuro campamento envuelto en niebla intentando mantener a sus hombres organizados. Aquellos que se supona que deban de estar disfrutando de un sueo precioso estaban an despiertos en su mayora, ya que la niebla y los rumores mantenan a muchos demasiado preocupados para siquiera tumbarse en el suelo. Los soldados de la guardia nocturna, entretanto, no hacan ms que dar vueltas y luchar contra fantasmas y sombras en la niebla. Los centinelas no dejaban de informar sobre la presencia de criaturas que no existan, que no podan existir.
Todo esto lo apartaba de sus tareas ms importantes. D'Marr se haba otorgado unas pocas horas preciosas de sueo para poder estar bien despierto para el proyecto que haba planeado para esta noche. Planeaba abrir una entrada hasta la cmara oculta y descubrir por fin qu era aquello tan valioso por lo que las bestias estaban dispuestas a sufrir bajo sus dulces manos. Los explosivos estaban listos y ya haba escogido los puntos donde los colocara. No provocara grandes daos a las zonas cercanas y ninguno a la valiosa sala de su seor.
Es decir, si consegua tener la oportunidad de colocar los explosivos. Con su seora y el demonio azul all abajo, trabajando an despus de tantas horas, Orril D'Marr era el oficial de ms rango disponible, y eso significaba que deba mantener el control, lo que consista en correr de un lado a otro y golpear a los otros oficiales hasta que stos empezaban a actuar tal y como exiga su rango. Los oficiales eran su deber y los hombres bajo stos, responsabilidad de ellos. No tena tiempo de correr de un soldado a otro.
Algo sucede. La niebla se arremolinaba en una violenta tempestad de sombras y luces. En ocasiones la zona quedaba iluminada durante varios minutos, como si el sol hubiera salido y conseguido por fin atravesar la bruma. Al menos se haba aclarado un poco, pens. Aun estando totalmente a oscuras era posible distinguir figuras situadas a varios metros de distancia.
Si ese cambio se deba a un xito por parte de lord D'Farany o era simplemente un fenmeno natural, al joven oficial no le importaba. nicamente se alegraba de que sucediera.
D'Marr odiaba este lugar, pero el maldito calor y la luz del sol eran preferibles a esta porquera. Durante lo que llevaban de noche, dos hombres haban simplemente desaparecido y un tercero... bueno, haba algunas cosas que incluso a l le revolvan el estmago.
Y aquella patrulla dispersada, ms de una docena de hombres perdidos all, adems. Curiosamente, eso lo irritaba y excitaba a la vez. Los informes hablaban de un enorme semental con un jinete, este ltimo con una docena de descripciones diferentes. Todos los supervivientes parecan haber estado obsesionados con el monstruoso corcel... lo que no era ninguna sorpresa, si era lo que l pensaba que era. Uno de los espas de aquel reino que se llamaba Zou o algo parecido, haba informado de un conflicto relacionado con un mago y un enorme caballo negro.
El Grifo posea un aliado en este reino que coincida con tal descripcin, un demonio llamado Caballo Oscuro. Haba sido D'Rance, desde luego, quien le haba proporcionado aquella informacin.
Dos centinelas se cruzaron torpemente en su camino y retrocedieron al momento. Saludaron, pero el joven oficial se limit a indicar que se apartaran. No tena tiempo para los hombres que realizaban sus deberes. Eran los que no lo hacan los que sentiran su clera si tenan la desgracia de cruzarse en su camino. D'Marr deseaba acabar con aquella tarea. En cuanto tuviera a los oficiales bajo control y stos por su parte a los hombres, podra regresar a los tneles.
Su mente regres al tema del encuentro de la patrulla con el monstruo conocido como Caballo Oscuro. El demonio no poda haber tropezado con ellos por casualidad; tena que haber venido hasta aqu especficamente en busca de los piratas-lobos. Cualquier idea que contradijera esto no era aceptable ni para Orril D'Marr ni para su seor. Hasta el hombre azul haba estado de acuerdo con l en este asunto.
El Grifo tena que estar aqu. Encajaba. La aparicin del corcel negro haba ocurrido casi inmediatamente despus de su desembarco, y adems llevaba un jinete con l. Si el jinete no era el condenado hombre-pjaro, entonces slo poda tratarse de uno de sus amigos. Fuera como fuera, slo podan haber conocido la presencia de los piratas a travs del Grifo. Tena sentido para l.
Cierto es que faltaba cierta lgica en el argumento, pero otra razn deshancaba a todas las dems en esta cuestin. D'Marr record el ataque a la ciudad portuaria. Lord D'Farany haba esperado alcanzar dos cosas all. Una haba sido robar una serie de mapas que los ayudaran en esta empresa y la otra haba sido coger a su mayor adversario desprevenido.
No haban conseguido matar al Grifo aquel da, pero su cachorro haba pagado por las muertes y derrotas que el imperio haba sufrido. No era satisfactorio, pero servira hasta que la cabeza del Grifo decorara la punta de una lanza.
Y ese momento no tardar en llegar. Tal y como se esperaba, el pjaro los haba seguido al otro lado del mar. D'Marr haba predicho que lo hara y por una vez haba vencido al demonio azul a ese respecto. Vienes a m, Grifo, vienes a reunirte con tu cachorro!
Su mano acarici el pomo del cetro. Cuando hubiera terminado con el Grifo, slo quedara la mujer-gato. Ella seguira los pasos de su compaero, pues era tan previsible en su comportamiento como lo era l cuando se trataba de una venganza. As habr acabado con los tres.
Nadie le negara su grandeza, entonces.
Su recorrido lo llev alrededor del campamento hasta que regres a la boca del tnel que conduca a la ciudad Quel. El campamento estaba por fin en orden. Los oficiales estaban en su puesto y ellos, por su parte, tenan a los hombres bajo control. D'Marr haba hecho todo lo que haba podido. Ahora haba llegado el momento de...
Una figura alta surgi del tnel. Por su forma de andar y su actitud, D'Marr no tuvo el menor problema para identificarla como el norteo. El hombre apareca embarrado, agotado. El joven oficial esboz una rpida sonrisa, y luego volvi a asumir una expresin de indiferencia.
D'Rance lo vio y no se molest en ocultar su propio disgusto. Intent pasar junto a su colega de menor estatura como si no lo hubiera visto, pero D'Marr no pensaba permitir nada parecido. Saber que al norteo lo haban puesto a prueba haca ms agradable su propio da de tedio.
Cansado ya?
No juegues conmigo, Orril D'Marr. Nuestro seor ha tenido que luchar durante mucho rato y me vi obligado a ayudar a mantenerlo, s?
Y qu es lo que podas hacer por l, hombre azul? Secarle el sudor de la frente?
D'Rance le dedic una mueca despectiva.
Los conocimientos de un estudioso son una mejor arma en ocasiones que la espada de un simple soldado. T habras golpeado el mecanismo de cristal con ese juguete que llevas al cinto, creo, tal y como hiciste con las paredes. Tanto esfuerzo, pero tan poco resultado.
Eres un estudioso de la magia?
El hombre azul perdi repentinamente el inters por el enfrentamiento verbal.
He dado todo lo que tena para nuestro esfuerzo, hombrecillo, y nuestro lord D'Farany lo sabe. Se me ha dado permiso para descansar y descansar es lo que har.
El agotado hombre del norte dio la vuelta y se perdi en la niebla. D'Marr lo sigui con la mirada hasta que desapareci; luego ech una rpida ojeada a la boca del tnel. Todos los esfuerzos del diablo azul no valdran gran cosa antes de que finalizara la noche. Cualquier favor que hubiera obtenido de lord D'Farany se desvanecera cuando D'Marr descubriera la cueva secreta.
Empez a descender por el tnel, mientras ultimaba sus planes. Necesitara cuatro o cinco hombres, slo para mayor seguridad. Podran colocar los explosivos en los lugares apropiados y encender las mechas. Tambin habra escombros que apartar, lo que significaba que cinco o seis hombres trabajaran mejor. Pero la tarea ms importante se la reservaba para s mismo: sera l el primero en entrar en lo desconocido, l, el descubridor. Y cualquier secreto, cualquier tesoro que se oculte ah, yo ser el primero en conocerlo.
Seor!
Aunque su expresin se mantuvo imperturbable cuando se volvi de nuevo hacia la boca del tnel, en su interior Orril D'Marr se senta encolerizado. Qu es lo que quieren ahora?
S? inquiri en voz alta.
Un oficial comprensiblemente nervioso y ms joven incluso que l se encontraba en posicin de firmes justo en la entrada. No caba duda de que haba sido designado como voluntario para esta misin por sus superiores. De esa forma, si D'Marr decida descargar su clera sobre alguien, no sera sobre ellos.
Seor, se me ha ordenado que os comunique que hay una cierta confusin en el flanco oriental. Varios hombres han informado de una luz errante. Dos fueron a investigar y no han regresado. Otro hombre informa...
D'Marr aguard, pero el otro oficial no sigui adelante.
Informa qu?
Que alguien se rea... por encima de su cabeza.
Las comisuras de la boca de D'Marr se doblaron hacia abajo. Su trabajo empezaba ya, a hacerse pedazos. Si esto era un ejemplo de cmo estaba la situacin bajo el control de lord D'Farany, entonces no haba habido ninguna mejora. Se supona que el xito deba consistir en que la niebla o bien se desvanecera u obedecera las rdenes de su seor. Hasta ahora, no haba hecho ninguna de las dos cosas por lo que D'Marr poda ver. Si acaso, este ltimo informe indicaba que las cosas haban empeorado.
Regres a la superficie y mir en derredor. Cmo se supona que iba a mantener a toda aquella chusma organizada era algo que lo sobrepasaba, pero era su trabajo. Esto significaba dar caza a aquellos oficiales incompetentes y descubrir la verdad sobre cosas que daban tumbos en la niebla. Empezaba a cansarse de esto. Tendran que efectuarse algunos cambios en las filas.
Cmo te llamas?
Jefe de pelotn, nivel base, R'Jerek, seor.
Los superiores de aquel hombre haban escogido al oficial de menor rango que haban podido encontrar. Todava llevaba la designacin de casta R'. Cualquiera por encima suyo habra llevado la D' como la llevaba el nombre de D'Marr. Su opinin sobre el valor de los superiores de R'Jerek descendi an ms.
Tu oficial inmediato?
El capitn D'Lee, seor.
Condceme hasta l, D'Jerek.
S, seor... El joven oficial vacil. Es R'Jerek, seor.
No despus de que haya terminado con tu superior, capitn.
Su gua no dijo nada ms despus de eso.
Orril D'Marr dirigi una ltima mirada al tnel. Maana se jur. Tendr que esperar hasta maana.

Tanto poder! Kanaan D'Rance se encamin tambaleante hasta su tienda, que se encontraba, no por casualidad, alejada del resto. Aunque se habra sentido mucho ms feliz durmiendo entre los fascinantes artilugios Quel, eso no estaba permitido. De todos modos, haba conseguido trasladar clandestinamente unos cuantos objetos a su tienda, donde intentaba descifrarlos y utilizarlos. Sus habilidades aumentaban; incluso haba conseguido curar su mano sin que nadie llegara a descubrir la verdad. Sin embargo, el mechn de su cabeza empezaba a resultar un problema, y estaba seguro de que el jefe aramita sospechaba.
Los secretos que ocultaban aquellas chucheras no eran nada comparados con el combate celebrado esta noche, un combate en el que lord D'Farany haba estado a punto de triunfar. El misterioso adversario haba sido derrotado; ahora, el comandante aramita slo tena que conseguir que la niebla mgica quedara bajo su control. Lord D'Farany hablaba ya de utilizar la mortfera bruma, una idea contraria a sus primeras inclinaciones; pero, pese a la maldad de la magia vinculada con la niebla o quiz debido a ella, el guardin vea en ella ahora un gran potencial como arma para los piratas.
Kanaan D'Rance estaba de acuerdo en gran parte, pero difera de su amo en un aspecto. Deseaba el control de la bruma para s mismo. Hay poder ah. Una magia diferente y extraa! En un principio lo haba repelido, pero ahora lo atraa. El hombre azul senta que poda conseguir grandes cosas con ella una vez que averiguara cmo haba surgido. Necesitaba tiempo, no obstante, pasar un tiempo solo en aquella sala. Estar un tiempo all solo para estudiar.
Apartando a un lado el faldn de la tienda, la elevada figura se precipit al interior. No fue hasta que el faldn se hubo cerrado a su espalda que se dio cuenta de que algo no iba bien. Algo que nicamente sus florecientes sentidos mgicos podan advertir.
Sin el menor esfuerzo, cre una pequea esfera de luz con el suficiente brillo para iluminar gran parte del interior.
Obra de lord D'Farany? Se dedicaba ahora a jugar con l? No le gustaba la idea de acabar como uno de los juguetes del jefecillo. Orril D'Marr era experto en provocar una muerte lenta.
Fue entonces cuando advirti que toda su coleccin de artefactos Quel, cuidadosamente escondida, haba sido sacada y desperdigada sobre la mesa de trabajo.
Quin se habra atrevido a tanto? Esta no era la forma de actuar de lord D'Farany. D'Marr, entonces? Uno de sus espas? No tena sentido; no podan averiguar nada de su coleccin excepto que haba escamoteado algunas piezas. El menudo jefecillo habra comprendido que tales esfuerzos habran sido una prdida de tiempo por parte de todos.
De algn modo, saba que esto no poda ser obra de los aramitas. Pero entonces, a quin dejaba eso?
Una de las estatuillas de la mesa, un pequeo oso de cristal, salt de la mesa y pas rozando su hombro.
Estupefacto, gir en redondo, en un intento de no perderlo de vista. El talismn Quel se encontraba ahora en el suelo a su espalda, tan inmvil como lo haba estado antes de su extraordinaria demostracin de actividad. Con gran cautela, Kanaan D'Rance se agach para recogerlo.
El diminuto oso se apart de l de un salto, para ir a refugiarse en las oscuras sombras de una esquina de la tienda. El hombre azul lanz un gruido y se encamin hacia aquel punto. Aunque no vea al objeto, saba que no poda ir ms lejos. La tienda impedira su avance. Ahora era una simple cuestin de buscar entre las sombras. El estudioso que haba en l se hizo con el control; en cuanto encontrara el curioso objeto, pensaba estudiarlo atentamente hasta descubrir el motivo de tan repentina animacin.
Una carcajada procedente de las sombras le hizo retirar la inquisidora mano.
Una figura rechoncha y grotesca que no poda haber permanecido oculta todo aquel tiempo estaba acuclillada entre las sombras. No poda distinguir nada del rostro excepto una larga barbilla estrecha y la rendija de una boca. La criatura levant un brazo larguirucho hasta el enorme sombrero de ala ancha que llevaba y lo alz lo suficiente para mostrar el resto de su infernal rostro. D'Rance tuvo que hacer un gran esfuerzo para no gritar. Se qued all inmvil, petrificado.
Una lucha fascinante, una lucha fascinante para m dijo el intruso. Especialmente para m.
Quin...?
La boca se torci en una mueca maliciosa. Una mano huesuda se cerr con fuerza, y luego volvi a abrirse. En la palma de la mano apareci la escurridiza estatuilla.
Plool soy; yo soy Plool... La mueca se torn ms amplia. Los ojos, los impos ojos cristalinos, centellearon divertidos. Un amigo.

Algo ha cambiado sin lugar a dudas, lord Grifo, y no necesariamente para mejorar!
El Grifo tambin lo haba notado. Desde luego se haba producido un cambio en el aire, o ms bien en la niebla. Se estremeci y no estuvo muy seguro del motivo. Tal vez el cambio haba sido para mejorar, pero no tenan forma de saberlo.
Era eso pesimismo? Ms bien experiencia y sentido comn. El pjaro-len se haba encontrado en demasiadas situaciones extremas para no esperar lo peor. Por lo general, y sin que mediara ningn esfuerzo propio, comprobaba que sus suposiciones haban sido acertadas.
Qu te parece, Caballo Oscuro?
Nada! resopl el corcel. No me parece absolutamente nada. Proviene de Nimth y, por lo que a m refiere, lo que proviene de all es una amenaza para todos!
Como Sombra? no pudo evitar preguntar al ser eterno.
Algo parecido a un trueno impidi a Caballo Oscuro contestar. La criatura dio un traspi. Toda la zona refulga de improviso a pesar de ser an de noche. El Grifo escuch un retumbar, baj los ojos, y, con la ayuda de la misteriosa luz, vio que la tierra se abra ante ellos. Empez a indicrselo a su compaero, pero el equino retroceda ya. La sima fue ensanchndose, y de ella brot una sustancia griscea muy parecida a la arcilla.
Puedes saltar por encima? Haba visto a Caballo Oscuro saltar hendiduras mucho ms anchas que sta.
Lo har en cuanto est seguro de que no es peligroso hacerlo! No confes en las apariencias en este lugar; generalmente hay siempre algo ms!
Fue entonces cuando la arcilla fundida se volvi hacia ellos.
Del centro de la borboteante masa surgi un tosco y grueso tentculo. Al mismo tiempo, el Grifo sinti que su propio cuerpo se retorca, y contempl con horror cmo sus brazos empezaban a crecer y su torso se curvaba.
Caballo Oscuro! El Grifo intent controlar sus dedos, que intentaban doblarse hacia atrs por voluntad propia.
Su..., sujtate... a m!
Lo hizo. Se agarr con fuerza al negro semental lo mejor que le permiti su distorsionada forma. Los dedos seguan luchando por conseguir la independencia, pero su voluntad era ms fuerte.
El pjaro-len percibi una oleada de movimiento por parte del corcel eterno, y luego una rfaga de aire maloliente, cuando Caballo Oscuro salt.
Tardaron una eternidad en aterrizar, al menos en la mente del Grifo; y, cuando lo hicieron, Caballo Oscuro no se detuvo. Sigui corriendo, sobre colinas y zonas llanas; el terreno no importaba. Y todo el tiempo la luz permaneci con ellos. Galoparon durante lo que debieron de ser varios kilmetros antes de que el Grifo se recuperara lo suficiente para pedir a su compaero que se detuviera. Caballo Oscuro no respondi a sus palabras, pero se detuvo de mala gana al cabo de unos instantes.
El Grifo se examin con cuidado, preocupado por lo que pudiera encontrar pero decidido a ver qu terribles cambios podan haberle ocurrido. Con gran asombro y alivio, comprob que estaba igual que siempre. Abandonar la vecindad de la sima lo haba devuelto a la normalidad.
Grrrifffooo!
Caballo Oscuro? En su alivio al descubrir que haba sobrevivido intacto, el pjaro-len casi haba olvidado al que le haba salvado la vida. No se le haba ocurrido que el negro semental pudiera tambin haber sufrido alguna monstruosa alteracin Caballo Oscuro! Qu sucede?
No obtuvo respuesta del siniestro corcel, pero ste temblaba sensiblemente. El Grifo dirigi una rpida mirada al rocoso terreno a sus pies y, no viendo nada extraordinario, desmont con sumo cuidado. Caballo Oscuro sigui estremecindose. Ni siquiera volvi la cabeza para mirar a su jinete; se limit a mirar con fijeza al frente.
Caballo Oscuro...
No... puedo... combatirlo esta vez! Los temblores empeoraron an ms, y el negro corcel retrocedi tambaleante un paso.
Combatir qu? Cmo poda ayudarlo?
Combatir... lo que casi tom... el control... cuando estaba... con Cabe!
La ltima palabra termin casi en un alarido.
Caballo Oscuro se derriti.
Era como mercurio que flua en todas direcciones. Un charco negro con vagos rasgos equinos. El pjaro-len se apart de un salto, espantado.
Caballo Oscuro! Qu hago, qu puedo hacer?
Urra...
De la horripilante masa se alz una figura de color negro. Unas fras rbitas azules lo contemplaron desde un rostro que era y no era una copia del propio rostro del Grifo. Cada detalle de la figura del pjaro-len haba sido copiado, pero era una reproduccin imperfecta. ste alz una garra hacia aquello en que se haba convertido su compaero.
La figura se fundi, pero volvi a formarse casi al instante. Una criatura con muchos brazos y mltiples ojos azules surgi ante el Grifo, quien no retrocedi ante ella, aunque la experiencia debera haberle exigido lo contrario.
Con la misma rapidez con que se haba formado, tambin esta figura se fundi. Otra nueva, sta humanoide, hizo su aparicin.
El Grifo la reconoci al instante.
Sombra!
Sombra, pero con el definido contorno de un rostro. A pesar de lo veloz que fue el pjaro-len en su intento de ver aquellas ennegrecidas facciones, no fue lo bastante rpido. Sombra, la figura de Sombra, ms bien, se derram sobre el suelo antes de que el Grifo pudiera distinguir los detalles de su rostro. Contempl cmo se derreta con cierta desilusin a pesar de las circunstancias. No obstante los muchos aos que haba conocido al hechicero, jams haba distinguido las autnticas facciones de aquel ser. Ni siquiera Sombra haba sido capaz de recordar qu aspecto haba tenido en el pasado.
Apareci una nueva forma, pero sta, segn result, iba a ser de nuevo Caballo Oscuro. Tard ms tiempo en formarse que las otras, posiblemente porque pareca como si el ser eterno utilizara su fuerza de voluntad para volver a existir, de modo muy parecido a como el Grifo haba luchado por controlar sus dedos.
Cuando por fin estuvo totalmente formado, el negro semental sacudi la cabeza y contempl a su compaero.
Pens que haba vencido el impulso la ltima vez que estuve aqu, pero la niebla, Nimth, es an ms fuerte.
Qu te sucedi?
Caballo Oscuro dio un vacilante paso. Su figura ondul.
An no estoy completamente a salvo! Tendrs que concederme algo de tiempo. Qu me sucedi? Soy an ms susceptible que t a los poderes descontrolados de Nimth! Ja! Soy peor que arcilla hmeda en las manos de esos poderes! Cuando pas por aqu con Cabe, estuvo a punto de suceder. Me resist y tuve xito entonces, pero no ahora! Fracas! Me vi convertido en cualquier forma que pudiera extraer de mis recuerdos. Cualquier recuerdo.
Incluido Sombra?
El corcel eterno se seren.
Me perseguir eternamente! Haba olvidado que llegu a conocer su autntico rostro. Fue en los ltimos das... o... fue hace mucho, mucho tiempo?
Eso era todo lo que su compaero quera decir sobre el tema, de modo que el Grifo se dedic a estudiar los alrededores. La extraa luz de dnde proceda? le permita ver a una distancia de unos cinco metros en cualquier direccin. No tena ni idea de dnde se encontraban excepto que haban ido ms al oeste. Caballo Oscuro no haba pensado en su trayectoria, y, de no haber sido por el hechicero, podran estar an corriendo en medio de la niebla. Se alegr de haber conseguido hablar o de lo contrario habran seguido galopando hasta terminar en medio del campamento aramita. El pjaro-len no deseaba enfrentarse a sus adversarios hasta que supiera que la ventaja estaba de su parte.
Se pregunt si estaran muy cerca. Lo bastante cerca como para que sus garras se abrieran con ansiedad. La pennsula era muy, muy alargada, pero Caballo Oscuro se mova ms rpido que el viento. Lo que a un corcel normal le habra llevado das alcanzar, l poda hacerlo en horas. El Grifo era consciente de que su montura no haba prestado atencin a la velocidad, por lo que no exista un mtodo satisfactorio de calcular dnde estaban.
La misteriosa iluminacin empez por fin a apagarse. Nada permaneca constante aqu. Considerando lo que el negro corcel le haba contado sobre la maloliente bruma, el pjaro-len se senta sorprendido de que la luz hubiera durado tanto tiempo. No lament verla desaparecer. A pesar del momentneo aumento de la visibilidad que haba creado, haca que el Grifo se sintiera ms nervioso. Se supona que la noche era oscura. Estaba ms cmodo as. Durante la noche, sus reflejos y sentidos eran una ventaja sobre la mayora de los enemigos. La caza de piratas-lobos se haca mejor durante la noche.
El Grifo clav la mirada en la cada vez ms oscura niebla. Imaginaba la escena. Soldados solitarios que vagaban en la noche, incapaces de ver mucho excepto con antorchas cuya luz le serva tambin a l para encontrarlos. Si el hechicero era su prisionero, conduciran al Grifo hasta l. Si Cabe no estaba a su merced, eso simplificara las cosas para el pjaro-len, pues no tendra que contenerse.
Las imgenes se volvieron tan reales que el Grifo casi pudo ver las fantasmales figuras y escuchar el tintineo del metal. Su mano buena se cerr sobre la empuadura de la espada.
Se vio sorprendido por un extrao silbido... y de pronto le result imposible respirar, como si algo fino y duro se hubiera arrollado alrededor de su garganta.
Grifo! Ten cuidado!
Sin prestar atencin a la tarda advertencia, el Grifo se agach y sac la espada. Saba que era un ltigo lo que le rodeaba la garganta y saba muy bien quin se encontraba al otro lado. Con lo que contaba era con que el otro subestimara su fuerza. El pjaro-len era ms fuerte que muchos humanos, pese a que una de sus manos slo tena tres dedos ahora. Agarr con fuerza el ltigo y tir, al tiempo que pona en movimiento la espada. Su atacante no tuvo oportunidad de reaccionar; el arma del Grifo le atraves el cuello.
Liberando la espada incluso antes de que el soldado cayera, el Grifo gir en redondo. Aquellos hombres no eran un producto de su imaginacin. Haba visto realmente las figuras y escuchado el tintineo de sus armaduras, pero, como un loco senil, no haba prestado atencin. A lo mejor le haba llegado la hora de morir. Cuando uno se volva viejo y descuidado, eso era lo que suceda.
No! Por ti, Troia, y por el recuerdo de nuestro Demion, no permitir que me maten!
Cayeron sobre l. Caballo Oscuro haba descrito con detalle su primer encuentro con la patrulla, por lo que el Grifo pudo deducir que esta segunda patrulla era mucho mayor y estaba mejor preparada que su antecesora. Alguien entenda muy bien lo que podan estar persiguiendo y haba suministrado a los soldados las herramientas diseadas para seres como Caballo Oscuro y l.
Incluso mientras acababa con un espadachn, el Grifo advirti que solo no podra escapar a los aramitas. Tienen que habernos odo; deben de haber odo a Caballo Oscuro mientras se debata. Poca ayuda le llegara del corcel.
El siniestro equino se encontraba unos metros a su izquierda y se enfrentaba ya a ms de media docena de atacantes. Caballo Oscuro y sus oponentes parecan encontrarse en un callejn sin salida; ellos no podan llegar hasta l, pero el corcel segua demasiado dbil, a causa de su batalla interior, para poder causarles ningn dao.
Tres espadachines lo atacaban ya desde tres ngulos distintos. Consigui mantenerlos ms o menos frente a l el tiempo suficiente para lesionar a uno en la pierna, pero otros acudan ya. Cuatro hombres con una red se colocaron a su espalda. Un lancero y otro espadachn se unieron a sus atacantes, y empez a desarrollarse un esquema de ataque, un golpe de lanza seguido por uno o ms ataques con las espadas, generalmente juntos. El Grifo los rechazaba, pero se vea obligado a retroceder cada vez.
Cuando la red cay sobre l, el pjaro-len comprendi que haba permitido que jugaran con l. Que no hubiera existido otra eleccin, de ningn modo mitig la rabia que senta contra s mismo.
Le arrancaron la espada de la mano, pero tuvo la satisfaccin de hundir profundamente las garras en uno de sus capturadores antes de que lo envolvieran fuertemente con la red. Cuando hubieron terminado, lo ataron como si fuera una pieza de caza... y para los piratas-lobos sin duda deba de serlo. El Grifo oy cmo uno de los aramitas gritaba a Caballo Oscuro.
Qudate quieto, demonio, o cortaremos en filetes a tu amigo aqu y ahora!
Habra instado al negro corcel a que hiciera caso omiso de la amenaza, pero alguien lo golpe en un lado de la cabeza y lo atont por unos instantes. Cuando su cabeza se aclar, Caballo Oscuro ya se haba rendido.
Vigiladlo! orden la misma voz, posiblemente el jefe de la patrulla. El comandante D'Marr lo querr en buenas condiciones para interrogarlo!
El Grifo no poda ver los ojos de sus capturadores, pero not cmo un par de los hombres que lo sujetaban se quedaban muy tiesos a la mencin del nombre. El torturador de D'Farany, pens.
Atadle la boca.
Alguien lo hizo girar de modo que otro guardia pudiera atar una gruesa tela alrededor de su pico. En la oscuridad de la renacida noche, el pjaro-len distingui la silueta del diablico corcel. Caballo Oscuro haba bajado la cabeza y dos aramitas le pasaban algo alrededor del cuello. No poda ser una cuerda de nudo corredizo. Algo tan simple jams habra podido retener a Caballo Oscuro. No, deba de tratarse de una cuerda mgica de algn tipo, un aparejo en cuyo poder confiaban, no obstante los trucos de la niebla. El Grifo no estaba muy seguro de que se pudiera confiar en la magia ni en ningn artilugio mgico mientras se estuviera en el interior de esta bruma. Dese que la fe de los piratas-lobos se revolviera contra ellos antes de que todo esto terminara. Si no era as y sus juguetes funcionaban como deban..., entonces todo haba terminado ya.
A menos que Cabe no estuviera prisionero...
Si no era as, dnde estaba?
Un par de botas cruzaron su limitado campo visual y se detuvieron ante l.
Haced que no cause problemas durante el viaje. Eso mantendr al demonio a raya.
El Grifo saba lo que iba a suceder y se prepar para ello. El golpe en la nuca fue muy preciso; apenas si se dio cuenta, pues bast para enviarlo de golpe a la inconsciencia. No tendra ms que un chichn del tamao de un puo cuando despertara.
Siempre y cuando el Grifo despertara.

S despert, pero no fue ningn alivio hacerlo, pues descubri que ya haban llegado al campamento aramita. Era todava de noche, supuso, pero muchos estaban despiertos. Percibi una cierta tensin que impregnaba la zona. Los piratas no se sentan a gusto en este lugar. Tal informacin no le sirvi de gran consuelo, ya que sus capturadores estaran mucho ms inquietos y ms dispuestos a matarlo. Aunque saba que le esperaba una dolorosa agona a manos del inquisidor aramita, el pjaro-len estaba dispuesto a sobrevivir. Ya haba dado parte de la mano y estaba dispuesto a dar mucho ms si con ello obtena las muertes de lord D'Farany y sus hombres.
Con los ojos tan entrecerrados que no eran ms que rendijas, el cautivo continu examinando los alrededores. Faltaba algo de capital importancia. No vea ni oa a Caballo Oscuro. Qu le haba sucedido al corcel eterno? Sin duda era consciente de que los piratas mataran al Grifo de todos modos. Probablemente stos estaban buscando formas de someter al negro semental a su voluntad. El Grifo tena la seguridad de que encontraran algn sistema adecuado; esta partida deba de haber robado todo lo que haba podido antes de abandonar a sus compatriotas all en el imperio. He aqu la tan famosa lealtad de la jaura!, se dijo.
Lo arrastraron por el suelo sin piedad; lo hicieron durante tanto tiempo, que casi pens que tenan la intencin de arrastrarlo hasta que muriera. No sera una muerte muy imaginativa, en ese caso. De D'Farany, el Grifo haba esperado ms. Algo lento y muy doloroso.
Esto no era como lo haba planeado. De improviso, el Grifo se vio arrojado sobre el duro suelo. Sofoc un gruido y permaneci tan inmvil como le fue posible.
Qu es ahora? La voz son indiferente, casi aburrida.
Seor, un trofeo increble! Es...
No te molestes en contrmelo; mustramelo.
Sss, comandante D'Marr!
Manos poco amables lo hicieron rodar sobre su espalda.
No perdis el tiempo hacindolo rodar hasta que quede libre; tengo otras cosas que exigen mi atencin. Sacadlo cortando las cuerdas de la red.
Evidentemente, en la oscuridad resultaba difcil distinguir algo ms que su figura. Una posible ventaja? El Grifo escuch el sonido de una daga al ser desenvainada. Una hoja centelle junto a su rostro, pero no se movi. Con muy poco cuidado por su bienestar, el soldado empez a cortar la malla. El pjaro-len se puso alerta; si iba a existir una oportunidad de escapar, sta sera cuando estuviera casi libre de la red. l era muy rpido, mucho ms rpido de lo que ellos crean. Era una pobre esperanza, pero, si lo ataban despus de esto, sus posibilidades se tornaran casi nulas.
Una pesada bota aterriz sobre su garganta. El Grifo se qued sin respiracin. Sobre su frente se pos la punta de una maza. A su alrededor todo era silencio.
Qu es lo que ests mirando, idiota? Termina de soltar a nuestro amiguito. Haba acaso un cierto matiz de excitacin en la por otra parte montona voz del oficial?. Ahora no intentar ningn truco.
Sujetaron al Grifo por brazos y piernas en cuanto fueron cortados los ltimos restos de la red. D'Marr no retir el pie de la garganta del pjaro-len hasta estar seguro de que el prisionero no podra soltarse de las manos de los guardas.
Ya puedes abrir los ojos del todo, hombre-pjaro.
El Grifo lo hizo. Un rostro redondo y bien afeitado lo contemplaba desde arriba. Tras una primera ojeada, estuvo a punto de preguntarse si los aramitas se habran visto reducidos a promocionar nios al rango de oficiales. Luego, cuando tiraron de l para que se pusiera en pie, pudo ver mejor los ojos. D'Marr poda ser joven, pero desde luego no era una criatura; haba ms muerte en sus ojos que en los de la mayora de los hombres a los que el Grifo se haba enfrentado durante su vida.
Y es mi hijo una de esas muertes?, se pregunt.
El comandante aramita se acerc ms, y el Grifo lade la cabeza con repentino regocijo al comprobar que D'Marr slo le llegaba a la barbilla.
El pomo de la maza se hundi en su estmago.
Sus guardianes no le permitieron doblarse al frente ni sujetarse el estmago para aliviar el dolor. Mientras jadeaba, oy decir al joven comandante:
Has convertido lo que habra sido una noche larga y fastidiosa en algo que ha valido la pena, hombre-pjaro. No tienes ni idea de lo mucho que he esperado esta confrontacin.
Aviso a su seora, seor?
D'Marr mir a su prisionero, luego a los guardas, y por ltimo al hombre que haba hablado. El Grifo observ que jams pareca mirar nada durante mucho tiempo, ni siquiera el rostro de un adversario cuya imagen se haba convertido en sinnimo de las derrotas aramitas.
No; ahora no sera el mejor momento. Lord D'Farany se acaba de retirar y su victoria sobre la niebla lo ha dejado exhausto. Los hombres parecieron desconcertados con respecto a la ltima parte de su declaracin, pero D'Marr hizo como si no se diera cuenta. Dedic una apenas perceptible sonrisa al pjaro-len. Estoy seguro de que podremos encontrar alojamiento para nuestro invitado especial hasta entonces. Necesitamos tiempo para prepararle el mejor de los recibimientos; tiempo para planear su muerte como es debido. Para esto ltimo, lord D'Farany desear estar totalmente despabilado y en condiciones de disfrutar con sus sufrimientos.
Espero resultar una desilusin consigui responder el Grifo. Segua sintiendo dolor, pero ste haba menguado lo suficiente para que pudiera fingir que haba desaparecido.
Hablas... D'Marr alz la punta de la maza hasta apoyarla en la parte inferior del pico del Grifo. El pjaro-len percibi un hechizo de algn tipo, un hechizo poderoso y complicado, encerrado en el interior del arma. A juzgar por su propietario, no dudaba que la maza era un objeto traicionero. Qu divertido. Haba empezado a pensar que no podas. No te preocupes, majestad..., se supone que eras un rey o alguna cosa parecida, no es as?... Mi seor no se sentir en absoluto desilusionado. Si crees que yo anso tu compaa, te sorprender su entusiasmo. Eres la causa de todos sus sufrimientos. Aos de sufrimientos.
Estupendo.
Una sacudida le recorri todo el cuerpo. Habra cado de no haber sido por los guardas. D'Marr esper a que se recuperara; luego le acerc el pomo de la maza lo suficiente para que el Grifo pudiera ver cmo estaba diseado.
se fue uno de los niveles inferiores. Probars los otros, tantos como puedas aguantar, cuando te lleven ante nuestro seor.
Siempre estoy ansioso por conocer a los hombres que quiero matar. De hecho, ha sido un placer encontrarte.
D'Marr empez a sonrer de nuevo, pero entonces sus ojos se clavaron en el rostro de rapaz que tena delante y la sonrisa se esfum.
Con el nico con el que tendrs el placer de encontrarte ser con ese chiquillo tuyo. El que muri demasiado deprisa.
Demion... Fue como si le acabaran de arrancar el corazn. La sed de sangre se apoder de l. El mundo del Grifo se encogi. Era un mundo en el que slo caban dos personas: una era l y la otra..., la otra era la bestia que haba matado a su hijo.
No, dos eran demasiados. No se dara por satisfecho hasta que slo quedara uno.
Demion...
Nada poda mantenerlo apartado de la bestia. Sinti una cierta resistencia que lo mantena inmovilizado, pero con una contorsin de los brazos se solt. El monstruo retrocedi, la mirada cautelosa y lista para el combate. Perfecto; hara que su muerte resultara mucho mejor.
El Grifo sinti que algo volva a tirarle de los brazos y esta vez se defendi con las garras, que alcanzaron carne y hueso. Ni una sola vez volvi la mirada para ver el origen de tal interferencia; sus ojos no vean ms que la negra figura que tena delante. Al chacal.
Salt, pero la bestia lo golpe con el cetro, lo que le produjo una nueva oleada de creciente dolor. Enfurecido an, el Grifo se neg a aceptar la derrota. El dolor dio paso a la clera, a la amargura. Lanz las garras contra su adversario, pero las afiladas uas chocaron con el duro metal de la armadura de la bestia.
La red cay sobre l antes de que pudiera volver a atacar. Sin dejar de forcejear, el enloquecido pjaro-len se vio arrojado al suelo. Un fuerte golpe en la cabeza consigui por fin disminuir parte de su sed de sangre.
No lo matis. Mantenedlo atado. La bestia se coloc all donde saba que el Grifo no podra evitar mirar. Su rostro plcido volvi a iluminarse con aquella breve sonrisa. Eres un tipo belicoso, no es as?
Te atrapar, D'Marr respondi el prisionero en tono mucho ms tranquilo.
Se senta furioso consigo mismo por haber permitido que sus bajos instintos lo dominaran de aquella forma. No haba hecho ningn bien a la memoria de su hijo ni al amor de su compaera convirtindose en un animal salvaje. Exista una frontera entre lo animal y lo humano donde el Grifo siempre se haba mantenido. Ahora, se haba permitido caer presa del lado inconsciente. Nunca era correcto permitir que uno u otro lado tuvieran el control completo; nicamente con ambos lados en equilibrio poda triunfar.
Te atrapar a ti y a tu amo.
D'Marr se acuclill y le apunt con el extremo de la maza. La punta roz apenas el costado del rostro del Grifo, pero ste se ech hacia atrs instintivamente antes de darse cuenta de que no haba dolor esta vez.
No, eso es para despus, hombre-pjaro. Eso y mucho ms. El oficial aramita se puso en pie. Atadlo bien esta vez y llevadlo con las otras bestias. Est el demonio bajo control?
Lo hemos atado como ordenasteis respondi el jefe de la patrulla. No parece que pueda ser capaz de liberarse.
Vigiladlo. Aseguraos de eso. El juvenil pirata bostez mirando al Grifo. Ahora que tengo las cosas resueltas, me perdonars si me retiro. Tengo tanto que hacer maa... perdn, ms tarde, hoy mismo. Seal a los guardas con su cetro. Estos hombres se ocuparn de que ests incmodo. Si necesitas algo, por favor, pdelo.
Simplemente tu cabeza.
D'Marr se golpe la palma de la mano con un lado del arma. Contempl pensativo al prisionero, y luego inquiri con toda educacin:
Y cunto tiempo crees que tardaremos en vernos honrados con la presencia de tu gata? Tengo muchsimas ganas de tener el juego completo.
Esta vez el Grifo no respondi. D'Marr se esforzaba por mantener su cerebro en un estado de confusin y consegua su objetivo demasiado bien. No obstante lo desesperado de su situacin, la nica esperanza del Grifo estaba en conservar la calma.
Bien, sospecho que no tardar demasiado en estar aqu. Me asegurar de recibirla con amorosos brazos abiertos. Con el semblante una vez ms como una mscara de impasibilidad, el joven oficial dedic al amarrado pjaro-len un saludo burln y se alej.
Mientras lo vea partir, el Grifo comprendi que tena que conseguir liberarse a pesar de sus pocas posibilidades. Si no lo haca, Troia lo seguira, tal y como haba pronosticado D'Marr. El solo pensamiento de verla en manos de alguien como el sdico aramita le produjo un escalofro.
Tengo muchsimas ganas de tener el juego completo, se haba burlado D'Marr. Si el Grifo no encontraba algn modo de escapar a su destino sin la ayuda de Caballo Oscuro, como pareca, era muy posible que el implacable pirata consiguiera exactamente eso.
XIV
Levntate, Cabe Bedlam.
La voz resultaba familiar, pero a la vez no lo era. Cabe intent ponerse de pie, pero su cuerpo respondi como si hiciera tiempo que hubiera cedido el paso al rigor mortis, y apenas consigui incorporarse hasta una posicin de sentado. Se encontr contemplando las imgenes borrosas de un semblante, un semblante que se repeta en cada faceta de cada cristal reflector. Era el rostro de un hombre muy parecido al que el hechicero haba visto en sus visiones, pero, a pesar de sus vagos contornos, poda apreciar que sta era una copia diferente, algo ms joven. Un hijo, quizs. Hasta que pudiera apreciar ms los detalles, no poda hacer ms conjeturas.
Eres resistente, hechicero.
Se volvi hacia el origen de la voz y fue entonces cuando descubri que no eran las imgenes las que aparecan borrosas, sino ms bien su propia visin. No fue exactamente una sorpresa, si tena en cuenta lo sucedido.
Los Reyes Dragn acabarn siendo mi muerte... aun cuando no sea se el resultado que busquen obtener.
Ma... majestad? Parpade varias veces, pero sin un efecto perceptible.
Aguarda un momento. Tu visin debera aclararse. Por suerte para ti, no recibiste heridas en los ojos. Por otra parte, hice todo lo que pude por ti.
Qu significaba eso? Cabe empez a levantar la mano izquierda y se vio sacudido por terribles cuchilladas de dolor. Baj el brazo rpidamente y lo sujet con la otra mano, la cual, por fortuna, no le doli.
Qu..., qu sucedi?
Desviaste la mayora de los fragmentos, pero algunos de los ms fuertes atravesaron tus escudos. nicamente unos pocos te atravesaron; fue la fuerza de la explosin, que yo intent contener, la que te dej inconsciente.
Los fragmentos. La esfera. Uno de los pedazos me hiri en el brazo?
Saba que era el Dragn de Cristal quien le hablaba, pero la voz sonaba completamente distinta de cualquier otra que hubiera escuchado antes. Qu nuevo cambio haba provocado la explosin en la personalidad del Rey Dragn?
No te hiri en el brazo. Lo atraves, hechicero. La herida traspasa por completo tu antebrazo. Hice lo que pude, pero no logr que cicatrizara totalmente. Puede que nunca cicatrice, comprendes?, no del todo.
Que nunca cicatrice... As como el rostro y el brazo del rey Melicard nunca curaron despus de la explosin mgica que lo mutil. Cabe se daba cuenta de que su propia herida ni siquiera se aproximaba a la gravedad de las de Melicard, pero no pudo evitar sentirse trastornado por ella.
Tambin hay cicatrices en tu cuello. Tuviste mucha suerte, hechicero. Tus facultades son impresionantes.
Facultades? Ms bien pura suerte!, pens Cabe mientras apartaba a un lado la tnica para poder examinar la herida. Una cicatriz verdosa y zigzagueante rodeada de piel roja e inflamada indicaba el punto por el que haba pasado el fragmento. Algo tembloroso, la toc con la otra mano. El leve roce fue suficiente para hacerle lanzar un gruido de dolor. Armndose de valor, el herido mago toc la parte posterior del mismo brazo; el dolor volvi a sacudirlo.
Que nunca cicatrice?
Segua contemplando la herida cuando el Dragn de Cristal volvi a hablar.
Los dos hemos tenido suerte, Cabe Bedlam. Cuando la esfera se hizo pedazos, el portal que conduca a Nimth se cerr, en lugar de quedar abierto. As es como se dise el mecanismo, pero no haba ningn modo de ponerlo a prueba excepto mediante un suceso parecido a esta explosin.
Cabe levant la cabeza. Su visin se haba aclarado bastante y ahora poda ver con claridad al Dragn de Cristal. El seor dragn pareca ileso, pero eso no quera decir que no hubiera resultado herido. Ms importante ahora era su estado mental. Pareca bastante cuerdo.
Qu sucedi?
Subestim al jefe de los piratas-lobos. Lo subestim demasiado. Me ha arrebatado el control de la bruma. Dentro de poco habr aprendido algo de cmo utilizarla. Las cosas van de mal en peor. El reluciente dragn cerr los ojos.
La mirada del hechicero empez a pasear rpidamente del enorme dragn al rostro que lo contemplaba desde todas direcciones, pero su atencin permaneci en el tema que los ocupaba.
Qu haris ahora?
Nada.
Nada?
No debo hacer nada! Los largos y entrecerrados ojos del Rey Dragn volvieron a abrirse... y fue sta la primera vez que Cabe observ lo cristalinos que parecan? Eran casi como las enloquecidas rbitas de Plool. No me atrevo! No pienso perderme!
La mirada de Cabe volvi a desviarse hacia el rostro mil veces repetido que cubra las paredes, pero esta vez lo estudi con ms atencin. No pienso perderme, acababa de decir la gigantesca criatura. Significaba eso lo que Cabe pensaba?
Quin sois?
El Dragn de Cristal se recost. Casi pareci agradecer la extraa pregunta. La enorme cabeza se volvi y seal los rostros.
En una ocasin... yo fui l.
l. Los rostros en las visiones. Los ojos de Plool. La obsesin con la fetidez de Nimth. Todo empez a tener sentido para el hechicero.
Sois un vraad.
Advirti que en realidad no se senta tan asombrado por la revelacin. Tantas cosas haban sealado en esa direccin... Sin embargo, si el saber que el Dragn de Cristal haba tenido en una ocasin forma humana no era sorprendente, el hecho de que siguiera vivo s lo era. Cunto tiempo haca de la aparicin de los Reyes Dragn?
Cmo sucedi? Cundo?
La risa del dragn fue spera y sin humor.
Por el estandarte familiar, que ya no lo s, hechicero! Siglos, s. Milenios, s. Cuntos fueron, lo he olvidado! He contemplado cmo generaciones aparecan y desaparecan, vivan y moran! He contemplado la ascensin de los Reyes Dragn y he sido testigo de su lastimosa decadencia! Los otros han pasado a mejor vida, pero yo segu viviendo! Ja! Vivir? Tengo suerte de no haberme vuelto loco!
La ltima palabra reson por la estancia. Cabe se puso en pie, teniendo buen cuidado de no apoyar el peso en el brazo herido. Tena que enterarse.
Contadme.
Contarte? El Dragn de Cristal medit la idea. Su expresin era desconfiada. Hablarte de Logan de los Tezerenee? El hijo obediente, uno de los muchos hijos de lord Barakas Tezerenee, era l. No se pareca a Gerrod, Rendel o Lochivan. Logan obedeca ciegamente, como deba ser. Cuando Barakas reclam esta tierra en nombre del estandarte del dragn, Logan estaba all para hacer respetar esa reclamacin.
Cabe Bedlam escuchaba extasiado cmo la historia de los primeros Reyes Dragn iba revelndose a sus odos. La herida qued totalmente olvidada mientras el deteriorado gigante revelaba el fatal error que lo haba conducido a su existencia actual.
Fueron los cuerpos, los cuerpos que su padre y maese Zeree y sus hermanos Gerrod y Rendel haban creado, creado a partir de dragones! Tenan forma humana, pero eran dragones en esencia. Los espritus, el ka, de los Tezerenee cruzaron la senda de los mundos hasta llegar a ste e hicieron suyos aquellos cuerpos. Hicieron suya su propia destruccin final.
Los cuerpos modelados mgicamente haban funcionado bien para los Tezerenee. La mayora de los otros vraad haban cruzado fsicamente, pero aquella puerta no haba estado abierta cuando los Tezerenee haban cruzado. As pues, el pueblo del estandarte del dragn se convirti realmente en hombres-dragn, lo que sirvi para aumentar su poder y presencia entre los otros refugiados.
No fue hasta algunos aos ms tarde que la gente, no tan slo los Tezerenee, empezaron a observar algunos cambios. Sus habilidades mgicas disminuyeron, pero ni siquiera eso fue un obstculo tan insalvable para los Tezerenee, que siempre haban abrazado lo fsico incluso mientras utilizaban la magia. Durante un tiempo, sirvi para hacer que los vraad fueran ms dependientes del clan; aunque no lo suficiente para aceptar el mando de lord Barakas.
Cuando ste intent ocupar el puesto que le corresponda, encontr resistencia. Fuerte resistencia. Fue esto lo que finalmente forz a lord Barakas a buscar un nuevo reino al otro lado del mar.
Reclamaron esta tierra.
El Rey Dragn no pareci considerar importante una explicacin de cmo los Tezerenee haban efectuado la larga travesa de un continente a otro sin barcos y sin poderes mgicos. Recordando lo poco que haba averiguado de Caballo Oscuro durante todos aquellos aos, el hechicero se pregunt si no habra sido entonces cuando el eternal haba sido vctima de los vraad. Eso explicara la amargura del siniestro corcel, as como el temor a todo lo que se relacionaba con Nimth y los vraad.
Lord Barakas haba esperado tener que enfrentarse a los Rastreadores, pero la civilizacin de aquellos seres-pjaros se haba desmoronado en alguna guerra anterior y slo quedaban unas pocas bandas lo bastante fuertes como para causarles problemas. Rebosantes de orgullo por su xito, conquistaron la fortaleza montaosa de aquellas criaturas e hicieron suyos sus antiguos secretos.
Kivan Grath. Cabe reconoci el lugar por la descripcin del Rey Dragn. Kivan Grath, la montaa cuyas cavernas se convertiran en la ciudadela del Emperador Dragn. Es curioso cmo recuerda tantas cosas pero no el tiempo que ha transcurrido desde entonces. Aunque tambin puede que desee recordar que fue humano, pero no el tiempo que hace que perdi su humanidad, se dijo el mago.
Mientras hablaba, el Dragn de Cristal pareci encogerse un poco. Cada vez se converta ms en un hombre que contemplaba algo horrible que les esperaba y no en un gigantesco monstruo que gobernaba y era temido. Con gran inquietud, el hechicero observ tambin cmo la multitud de rostros copiaba las emociones del seor dragn. Era como verse rodeado por un milln de fantasmas atormentados.
Quiz fue que este mundo los tema y, al no poder destruir a los Tezerenee, los hizo suyos. O a lo mejor los mismos cuerpos, formados de algo que era draconiano, buscaron regresar finalmente a lo que deban haber sido. Al final, todo lo que importa fue el cambio. Primero uno, luego otro. Nadie lo comprenda entonces. Nadie se dio cuenta de que les suceda a todos, no slo a unos pocos.
Se estremeci, parpade y mir directamente a Cabe con algo que se aproximaba a una desesperada envidia.
Recuerdo el dolor que sent aquel da. Recuerdo haber chillado cuando mis brazos y piernas se estiraron y torcieron en ngulos para los que no estaba diseada ninguna extremidad humana. Sabes qu se siente al notar que unas alas empiezan a removerse y crecer bajo la carne de tu espalda y luego sentir cmo se abren paso totalmente formadas a travs de tu piel? Sentir y ver cmo tu cabeza cambia de forma y entonces advertir que tambin tus ojos se alteran, cambian? Chillar y chillar sin parar mientras la transformacin se abre paso a travs de la armadura y te derriba al suelo a cuatro patas...
... y luego conocer el olvido.
Cabe, pensando en su propio temor a incluso los ms nimios cambios de forma, trag saliva.
El reptiliano monarca baj la mirada al suelo.
Recuerdo imgenes vagas, los pensamientos de una bestia que intenta razonar. Cunto tiempo dur, no lo s. Slo recuerdo que un da empec a pensar como un hombre, pero no era yo mismo. Yo era una criatura. Yo era... un dragn. Este territorio se supona que era mi reino. Tard aos en recordar que lo haba escogido para m mi padre, que todos nosotros, a pesar de convertirnos en bestias, reclamamos nuestros reinos particulares. Su risa son llena de amargura. Jams he sabido si me dio esta pennsula porque conoca las maravillas que existan aqu o simplemente porque, de entre sus muchos hijos, yo era uno de los menos importantes.
Fue un juego de nios para l apoderarse de las cavernas. La civilizacin Quel estaba en peores condiciones que la de los Rastreadores, desorganizada y muy ocupada intentando encontrar una forma de salvar a la raza como para advertir el peligro hasta que fue demasiado tarde. El autoproclamado Rey Dragn explor sus nuevos dominios y al hacerlo encontr un lugar que los Quel haban evitado. No haba seales de actividad reciente. Nada excepto un oscuro pasadizo delante de l, un oscuro pasadizo que conduca a la entrada de una cueva an ms oscura. Su arrogancia y curiosidad pudieron ms que l. El pasadizo era lo bastante ancho para permitirle el paso y, como no tena ningn motivo para retroceder, el dragn entr.
No se produjo una rfaga de recuerdos, ni una avalancha de evocaciones. Entr en la sala y avanc hasta el centro, fascinado por el brillo. Yo todava no era lo que ves ante ti, aunque mi forma ya se haba adaptado a mi reino. Girando en redondo, estudi este lugar desde el suelo al techo y de pared a pared; cuando termin, se me ocurri que esto podra ser una ciudadela muy adecuada para un ser gigantesco tan magnfico como yo. Esta estancia, decid, sera mi refugio.
Y entonces fue cuando la verdad cay sobre m. Entonces record quin haba sido.
Cabe aguard, pero el Dragn de Cristal apoy la cabeza en el pecho, como si aquel lejano momento fuera an demasiado terrible para hablar de l incluso ahora. El hechicero crey saber lo que haba ocurrido. Las imgenes empezaron a rodear al sobresaltado dragn, imgenes de lo que haba sido. Recuerdos que surgan de la parte enterrada de su cerebro. Debi de ser como despertar de un largo y profundo sueo, pero un sueo cuya paz se haba visto desintegrada al fin por una pesadilla de un horror indecible. Slo que ste era un horror que resultara ser muy real.
nicamente puedo decir, hechicero empez de nuevo el Rey Dragn, alzando la cabeza justo para contemplar a su invitado, que fue tan aterrador como la transformacin, que era lo ltimo que recordaba. Ahora vea en lo que me haba convertido. Rug enfurecido y enloquecido y no exagero si te digo que ese da consegu que todo lo que habitaba en Legar sintiera terror del Dragn de Cristal. Ara el suelo con las zarpas. Aunque no es que eso me importara. Mi propio miedo era todo lo que importaba. Intent destruir este lugar, pero ya puedes ver lo bien que result. Aunque se parece a otras cavernas de este mundo subterrneo, creo que est viva, en cierta forma; vive y trama cosas y hace todo lo que puede para darse a s misma una razn de ser. Si el Reino de los Dragones no es algo vivo, entonces puede que sea esta sala lo que gua el curso de nuestro mundo. A lo mejor inclussso compite con el Reino de losss Dragonesss para obtener el poderrr.
Cabe se puso en tensin al percibir el cambio en la voz del Dragn de Cristal. Su timbre humano haba dado paso al tono sibilante ms reptiliano al que lo tenan acostumbrado los otros Reyes Dragn.
Cada vez con un aspecto ms agotado, el seor dragn se dej caer pesadamente hacia atrs. El siseo se volvi ms pronunciado a cada minuto.
Yo era un hombre que era una bessstia, pero ahora sssaba quin era y por lo tanto crea que exisssta esssperanza para la humanidad. Losss otrosss deban de haberssse transssformado en lo misssmo que yo. Decid llamar a los otros dragones, a losss que estaba seguro que pertenecan a los Tezerenee, y traerlos a esta sala de uno en uno. Sin duda, una vez que todosss supiramos quines ramos, podramos trabajar para volver a transssformarnosss en lo que habamos sido.
No result. Aquel que en una ocasin haba sido el vraad llamado Logan hizo entrar a un dragn tras otro en la estancia, para descubrir que ni uno solo guardaba el ms ligero recuerdo del pasado. Una decepcin tras otra. Tras marcharse el ltimo, volvi a intentar hacer pedazos el lugar y otra vez fue derrotado por el poder que mantena en una pieza a la sala. l y slo l era al parecer el nico destinatario de la poderosa magia de la cristalina sala. Haba sido elegido; era la nica respuesta que poda encontrar. Resultara intil convocar a sus hermanos, en el supuesto de que pudiera encontrarlos. No seran diferentes de los pobres locos que formaban ahora su clan.
La humanidad volvi a instalarse brevemente en la voz del Rey Dragn. Era como si existiera una lucha constante entre las dos partes de su mente.
Y as pues he permanecido solo durante milenios, con mi cerebro de hombre y mi forma de monstruo. La estancia ofrece mucho: la capacidad de contemplar todo el reino, poder que llega ms all de las fronteras de mis dominios, y, ms diablico que todo lo dems, vida eterna. Dej que Cabe meditara sobre las ramificaciones de aquel don, y luego sigui: Pero no me concede el poder de convertirme en el hombre que fui. Nada lo puede lograr. Si intento transformarme, me arriesgo a perder el control de mis pensamientos. Todo lo que me queda es mi cerebro. Despus de tanto tiempo, eso no es un gran consuelo, pero no quiero renunciar a ello. He contemplado cmo los otros daban paso a una generacin tras otra de herederos, cada uno ms monstruoso an que el ltimo. He contemplado la ascensin de la humanidad, que piensa que ella, por su parte, ha heredado de las bestias y no de sus propios antepasados. He observado... y observado... y observado.
Sigui un prolongado silencio. Fue un silencio que el hechicero comprendi que indicaba el fin del relato, o al menos de todo aquello que el dragn pensaba contarle. Existan muchas preguntas que Cabe deseaba hacer, incluidas si Sombra era uno de los Tezerenee y cmo haba conseguido el Dragn de Cristal mantener en secreto su inmortalidad ante sus congneres, e incluso mantener hasta aquel punto su existencia de ermitao. Puede que algn da averiguara las respuestas a sus preguntas, pero no hoy. Lo que saba ya era bastante sorprendente. El Reino de los Dragones no cesaba de ser una ilimitada fuente de sorpresas.
El silencio continu sin un final previsible. Por fin, incapaz de soportarlo por ms tiempo, Cabe se atrevi a hablar.
Majestad...
No hubo respuesta por parte de la inmensa mole.
Majestad... El hechicero hizo una pausa y luego grit: Logan Tezerenee!
La cabeza del Dragn de Cristal sali disparada hacia arriba. Unos llameantes ojos reptilianos se clavaron en la menuda figura de pie delante de l. El monarca de Legar sise:
Tienes mi atencin. Haz que valga la pena el riesgo.
Pero Cabe Bedlam ya estaba harto. Dio un paso al frente y replic:
No me asusta el riesgo. Si fuerais realmente una amenaza, actuarais contra el autntico problema, los piratas-lobos. En lugar de ello, os quedis aqu, dando vueltas a un pasado que ya no existe. Si tan poco os importa vuestra existencia, entonces debierais haberle puesto fin hace tiempo.
Ten cuidado de cmo hablasss, humano!
Escchate a ti mismo! Hablara as un hombre?
El reluciente monstruo se alz en toda su estatura, pero aun as el hechicero se neg a retroceder. No se atreva.
Intentas molestarme a propsito! Por qu?
Habis visto lo que hay ah fuera respondi Cabe, sealando las paredes. Vos soltasteis la niebla. Ahora, en lugar de acabar con los aramitas, puede convertirse en un arma que ellos puedan utilizar. Tenis que hacer algo.
La niebla acabar disipndose! Debe hacerlo! No puede continuar su existencia, aunque l se lo ordene. Los piratas se destruirn a s mismos intentando conquistar esta tierra y eso resolver la situacin. Vacil. Ahora, djame... El Rey Dragn empez a darse la vuelta. Debo descansar.
Cabe no recordaba haberse sentido jams tan furioso con un Rey Dragn. La idea misma lo sorprendi, pero saba que de todos modos se acercaba rpidamente al punto en que perdera los estribos... y probablemente la vida. Sin embargo, demasiadas personas dependan de l para que el encolerizado hechicero se diera por vencido.
Habis permanecido oculto aqu durante demasiado tiempo, dndoos por satisfecho con observar el mundo a travs de este artilugio en lugar de hacerlo con vuestros propios ojos! Tenis miedo del exterior, miedo de convertiros en parte del Reino de los Dragones!
T no comprendes nada! rugi el Dragn de Cristal, No comprendes nada! No puedo abandonar esta sala! Si lo hago, lo pierdo todo! Me convertir en lo que se convirtieron los otros, en lo que fui en una ocasin! Ser una criatura, un monstruo, en forma y en mente! Me perder! Y esta vez ser para siempre, lo percibo! El colrico dragn intent tranquilizarse. Esss lo misssmo que sssi ejerzo mi poder demasiado a menudo, como casssi hice cuando Hielo intent acabar con todo con sssu repugnante hechizo! He descansado mucho desde entonces, pero an no es suficiente!
Casi sucedi una vez, cuando decid buscar a los otros y comprobar si, tambin ellos, podan recordar el pasado con la ayuda de esta sala. Pero, cuando ya sala, la cabeza empez a darme vueltas y mis pensamientos se transformaron en los de un animal. Apenas consegu regresar aqu. Pasaron tres das antes de que mi cerebro estuviera lo bastante calmado para poder meditar sobre lo sucedido; fue entonces cuando me di cuenta de que slo aqu era yo mismo. Slo aqu podra sobrevivir intacto.
Intacto? Cabe encontr aquello discutible. Dej caer los hombros con resignacin. No habra una alianza con el seor de Legar. Ahora, Cabe se encontraba realmente solo a menos que de algn modo pudiera encontrar a Caballo Oscuro.
En ese caso, no hay necesidad de que me quede aqu declar el hechicero. Se prepar para enfrentarse a lo peor. Soy libre para marcharme o me habis contado esta fantstica historia con la intencin de mantenerme aqu?
El Dragn de Cristal ya no pareca interesado en l. Se enrosc en lo que evidentemente pareca el preludio a una siesta. Cabe se sinti consternado al ver en lo que se haba convertido el Rey Dragn.
Eras libres de marcharte cuando despertaste. Eres libre de marcharte ahora.
A qu esperas?, se pregunt el hechicero. Ante su propia sorpresa, intent una vez ms convencer al Rey Dragn de que viera las cosas a su modo.
Si quisierais tan slo considerar...
Unos relucientes ojos inhumanos que haban estado ya casi cerrados se abrieron de par en par.
He dicho que te fueras!
Con estas palabras, el hechicero empez a girar sobre s mismo. Cabe lanz un gemido e intent parar, pero no poda hacer nada. Giraba cada vez ms deprisa como una enloquecida peonza viviente. La caverna se convirti primero en una brillante mancha y luego en una oscura nada. Intent concentrarse, pero las constantes vueltas amenazaban con hacerle perder el sentido. Tuvo que realizar un gran esfuerzo para permanecer consciente.
De improviso, sencillamente dej de girar.
Con un gruido, el aturdido mago cay al suelo, pero a un suelo que era duro y, curiosamente, muy desigual. Cabe sacudi la cabeza y enseguida lo lament porque volvi a acometerle la sensacin de vrtigo. Decidi entonces sujetar la cabeza entre las manos y aguardar a que el mundo se detuviera por s solo; nicamente cuando eso sucedi se mostr dispuesto a levantar la mirada.
En un principio no vio nada. Donde fuera que hubiera ido a aterrizar, estaba negro como boca de lobo. Cabe hizo aparecer una esfera de tenue luz azul, y esboz una mueca de desagrado ante lo que la iluminacin le mostraba. Se encontraba en otro tnel, pero, a diferencia de los que conducan a la guarida del dragn, la maligna niebla dominaba aqu, lo que indicaba que Cabe deba de encontrarse ms cerca de la superficie. Ms cerca de la superficie y, sospech, casi debajo del campamento aramita.
Sin la esperanza de la ayuda del Dragn de Cristal, el hechicero estaba solo. Ahora deba llegar a la superficie, pero qu era mejor?, se pregunt. Viajar en la direccin en que ya se hallaba o dar la vuelta y averiguar adonde conduca el otro extremo del tnel? Deseaba realmente continuar hasta la superficie o le resultara ms beneficioso descender ms al interior de la tierra? En este punto, era imposible saber qu sendero conduca a la superficie y cual no, aunque una cosa era segura: tomara la direccin que tomara, el mago tendra que andar. Mientras los tentculos de Nimth siguieran dominando Legar tanto arriba como abajo, el hechicero no se atreva a intentar un teletransporte excepto en un caso de extrema necesidad. Existan demasiadas probabilidades de que algo fallara en el conjuro. Refunfuando, Cabe eligi por fin la direccin en que miraba y empez a andar. No poda decir qu esperaba conseguir sin la ayuda del Dragn de Cristal, pero, aun sin el respaldo del poder del Rey Dragn, el hechicero saba que deba intentar algo.
Cuando llegara a la superficie, Cabe esperaba saber ya exactamente qu se supona que era ese algo.

Una hora para amanecer, pens el hombre azul. Era difcil estar seguro en este maldito lugar, pero pareca un buen clculo. Kanaan D'Rance se dijo que tena dos horas como mximo para terminar su tarea antes de que lord D'Farany despertara. Si todo iba tal y como su grotesco visitante deca, puede que le sobrara an una hora.
D'Rance no confiaba completamente en la macabra criatura que lo haba visitado en su tienda, pero Plool saba cosas sobre hechicera de las que el norteo no haba odo hablar jams. Lo que ms le interesaba, no obstante, eran los conocimientos del extrao sobre la magia que compona la niebla. Con eso para aadir a sus propios poderes cada vez mayores, el hombre azul no necesitara a nadie. Podra dejar a los perros que se las apaaran solos.
El hombre azul penetr en la boca del tnel y descendi apresuradamente por la inclinada pendiente. Los centinelas de los pasadizos no daran importancia a su regreso ya que su otro trabajo se encontraba aqu abajo, pero los que vigilaban la cmara y los alrededores sospecharan si entraba sin lord D'Farany. Ningn aramita confiaba en l hasta ese extremo. De no haber sido porque sus poderes no eran an suficientes para ocuparse de tanta gente, habra podido realizar esto sin la ayuda de Plool.
Una de las cosas que le daban que pensar era por qu su estrafalario aliado no poda accionar l mismo el dispositivo de los Quel. Plool se negaba a entrar en la estancia, no porque no quisiera, sino porque no poda hacerlo sin ponerse en peligro. sa, al menos, era la humilde opinin de Kanaan D'Rance. La criatura necesitaba a D'Rance slo por esa razn y era esa sola razn la que indicaba al hombre azul que la ventaja era suya. Estaba lo bastante familiarizado con el dispositivo mgico para saber algunas de las cosas que poda hacer con l, las necesarias para estar preparado cuando su aliado se volviera en su contra.
Plool segua siendo un enigma para l en la mayora de los dems aspectos, y D'Rance estaba dispuesto a admitir que quiz se haba precipitado un poco al unirse al horrible mago deforme. Sin embargo, cuando Plool haba hablado del poder que podran obtener trabajando juntos, aquello haba resultado demasiado tentador. El poder que el horroroso Plool haba dejado entrever era ms que suficiente para que los peligros resultaran insignificantes.
El ser era parte de la bruma; el hombre azul haba llegado al menos a esa conclusin a pesar de la confusa manera de expresarse de su aliado. Plool haba venido de algn sitio, atrado hasta este lugar al mismo tiempo que la niebla. En un principio, Plool haba querido regresar a su hogar, pero no pudo. Para abrir aquel portal se requera un esfuerzo mayor del que l y D'Rance juntos podan realizar. La bsqueda de tal poder era lo que haba llevado al hechicero al campamento y a las cavernas, donde, por todo lo visto, saba que en algn lugar bajo la superficie haba un objeto de gran potencial. No obstante, se trataba de una creacin de una magia extraa. Plool no comprenda aquella magia, y por ello haba buscado a alguien que lo hiciera. Alguien que adems tuviera inters en ayudarlo. A cambio, l podra mostrar a aquella persona cmo manipular la magia de su mundo. Luego, cumplida esa parte del trato, regresara al otro lugar Nimth se llamaba? y dejara el botn a su temporal aliado.
La tcnica y los conocimientos para controlar dos clases diferentes de magia. El hombre azul haba picado el anzuelo... pero tena buen cuidado de limitarse a sostenerlo, y no morderlo. Por su estudio de los esfuerzos de lord D'Farany y la concepcin de algunas teoras privadas propias, estaba seguro de tener los conocimientos necesarios para asegurar que la asociacin terminara a su favor. No slo conoca todo lo que era preciso sobre la magia de Plool, sino que, en su propia y magnfica opinin, saba sin lugar a dudas lo suficiente sobre la creacin Quel para garantizar que, sucediera lo que sucediera, Plool no podra traicionarlo.
Ninguno de los dispersos centinelas puso trabas a su presencia en los pasadizos. De igual forma, cruz la ciudad abandonada de los cavadores sin el menor problema, excepto que la condenada bruma, que de algn modo segua siendo espesa aqu abajo, converta el andar en un constante traspi cada pocos metros. Por suerte no era tan densa como para no permitirle distinguir a los hombres situados ms adelante. No habra resultado muy agradable chocar contra uno de los guardas; alguno podra haberse visto tentado a atacar primero y preguntar despus.
En cada ocasin, los centinelas se ponan firmes a su paso, estrictamente debido a su posicin como ayudante de su jefe, como D'Rance saba muy bien, y ninguno hizo nada por interceptarlo. Salud a cada uno con un gesto de cabeza. Con un poco de suerte, sta sera la ltima vez que vera sus feos rostros rosceos.
Entonces, casi sin darse cuenta, el hombre azul se encontr ante su objetivo. La entrada de la sala se abra frente a l. Vio a dos guardas all de pie, aparentemente indiferentes a su presencia. D'Rance saba que eso cambiara en cuanto diera unos pasos ms, pero, para su desconcierto, no fue as. Dnde ests, mi deforme amigo? Algo debiera haberme sucedido ya, no?
Entrar puedes, cuando gustes susurr a su derecha una voz conocida. Puedes entrar cuando gustes.
Aunque le cost un gran esfuerzo de autocontrol, D'Rance ni dio un salto ante el repentino sonido ni se volvi en la direccin de la que ste haba surgido. El hombre del norte ya saba que no vera a nadie. Si Plool hubiera sido visible, los centinelas lo habran visto desde lejos, al menos como una curiosa sombra que requera investigacin.
Te has ocupado de los centinelas, no es as?
Molestarte a ti no harn; no te molestarn.
El hombre azul hizo una mueca burlona. Si los aramitas pensaban que su forma de hablar era extraa, deberan escuchar a aquel payaso.
Irguindose ms, Kanaan D'Rance avanz hacia los dos silenciosos guardas. Incluso con la bruma, su identidad tendra que haberles resultado evidente; sin embargo, no se movieron para impedirle el paso. Como mnimo su obligacin era darle el alto e inquirir qu lo llevaba all a l solo.
No fue hasta encontrarse cara a cara con uno de ellos que advirti que el hombre pareca diferente. Sus ojos tenan una mirada vidriosa y vacante y la piel era lisa y de un brillante tono rosa, casi como si estuviera tallada en madera y la hubieran pintado encima.
La boca... realmente estaba tallada como...
El centinela se inclin de improviso al frente en una cmica reverencia, a la vez que un brazo caa inerte a un lado, y dijo en un familiar sonsonete:
Pasad, oh buscador de conocimientos!
D'Rance casi se atragant. Se apart bruscamente de la horrorosa monstruosidad, y el guarda volvi a enderezarse. D'Rance casi pudo imaginar las cuerdas que sostenan en pie a la inerte figura y la hacan moverse.
La mandbula inferior de la macabra marioneta se desliz hacia abajo, y la risita ahogada de Plool inund el tnel.
No puede entrar en la sala! Recurdalo!, se dijo el aspirante a hechicero y, algo ms transtornado de lo que le habra gustado admitir, se encamin a la entrada. Al otro lado de la puerta, el segundo guarda volvi lentamente la cabeza para mirar al recin llegado. D'Rance se estremeci cuando la cabeza del hombre sigui girando ms all de las limitaciones normales. El semblante del centinela era una monstruosa copia del primer hombre.
Qu pasara con los guardas del interior? No haban escuchado nada? Se habra encargado tambin Plool de ellos? Cmo?
No exista ms que un modo de averiguarlo, claro. Penetr en la estancia.
Por los dioses! Con qu clase de criatura se haba aliado? El hombre azul inspeccion la carnicera con creciente horror. Se haba preparado para lo peor despus de haber visto a los guardas del exterior, pero era la naturaleza juguetona de Plool lo que lo intimidaba. Los dos centinelas haban sido convertidos en marionetas, pero aqu, donde el alocado monstruo no poda penetrar fsicamente, Plool haba escogido una forma de eliminacin diferente pero igual de efectiva.
Al igual que con los centinelas del exterior, cada soldado pareca encontrarse en posicin de firmes, y lo estaran para siempre, o hasta que alguien tuviera la sangre fra para sacarlos de all, ya que haban sido atravesados de los pies a la cabeza por proyectiles de metal largos y delgados como agujas. Tal haba sido la velocidad de las mortferas agujas que los guardas apenas si deban de haber tenido tiempo de percatarse de lo que suceda, ya que varios todava sostenan sus armas. Ojos vidriosos miraban al frente, ojos que sin duda ni haban visto a la voladora muerte antes de que golpeara. Curiosamente, apenas si haba sangre, lo que slo contribua a hacer la escena ms aterradora ya que daba al espectculo un aspecto irreal. Recordando el poco dao que el cetro de Orril D'Marr haba conseguido hacer en el lugar, D'Rance estuvo a punto de maldecir en voz baja. Las lanzas de Plool haban atravesado la armadura y la roca sin el menor esfuerzo.
Plool en persona quiz no poda entrar, pero su poder llegaba fcilmente hasta all. D'Rance hizo un esfuerzo para controlarse. Tendra que estar alerta.
La admiracin ms tarde musit la peculiar voz a su espalda, y el hombre azul not los terribles ojos torcidos clavados en su nuca.
No deberas haber hecho esto. Al haber daado las paredes puedes haberlo estropeado todo!
Funcionar; a funcionar va. A tu tarea.
Evitando los acusadores ojos que lo rodeaban, el hombre azul se acerc al enorme juguete de los Quel. Aqu era donde el deforme hechicero estaba en una posicin de desventaja, se record otra vez el hombre azul. Plool quiz fuera capaz de matar a una docena o ms de hombres de un solo golpe, pero no se atreva a utilizar sus poderes en el mgico instrumento, pues, al carecer de informacin sobre su funcionamiento, probablemente lo habra destruido. Este era un mecanismo que precisaba de una cuidadosa manipulacin fsica de los diagramas y los cristales.
Al pensar en los cristales, D'Rance pase rpidamente los ojos por la disposicin. El talismn aramita segua all, listo para ser utilizado como su llave para descubrir los secretos de la hechicera. Haba sentido el ligero temor de que el jefe de la manada hubiera decidido llevrselo con l al retirarse, pero, al parecer, D'Farany haba decidido que estaba seguro aqu. Kanaan D'Rance sonri ante tan egosta ingenuidad. Mientras se inclinaba sobre la plataforma, el hombre azul vari de posicin para ocultar una parte de la disposicin a los ojos de su compaero. Haba algunos ajustes que no quera que Plool conociera. Resultaran valiosos cuando llegara el momento de la traicin.
Tard varios minutos en organizar los cristales segn el diagrama deseado. Hasta ahora, no haba necesitado utilizar demasiado poder para fijar la nueva disposicin, tan slo el necesario para mantenerla estable. No obstante, incluso el poco que tuvo que absorber hizo que la sala adquiriera un brillo rojizo. El hombre azul senta cmo las fuerzas se removan sobre su cabeza y tambin a su alrededor, volvindose ms poderosas con cada segundo que pasaba. Pronto tendra que pasar a la siguiente fase... lo que significaba incluir a Plool en el conjuro.
Hasta qu punto haba sido un loco al seguir adelante con aquel plan insensato? Realmente un loco de marca mayor, pero saba que eran a menudo los locos los que se convertan en amos.
Estoy listo anunci D'Rance, irguindose.
Hazlo, entonces dijo la voz desde el pasillo. Todo te fue explicado.
La niebla misma sera la llave. Lord D'Farany haba ligado la mortfera niebla a la creacin Quel. No saba exactamente cmo haba conseguido tan fantstica hazaa el comandante aramita, pero eso no importaba; todo lo que necesitaba era hacerse con el control de la nube mgica, extender su poder hasta esta sala, que hasta ahora la niebla haba pasado por alto, y utilizarla para abrir paso. l tendra su poder, y el monstruo el camino de vuelta a casa.
El aspirante a mago acarici el brillante talismn del guardin. Mientras combinaba ambas magias, se asegurara tambin de que Plool no le arrebatara todo aquel poder. El hombre azul haba visto a D'Farany utilizar el talismn lo suficiente para saber que resultara muy fcil dirigir todos aquellos poderes lejos del punto al que su contrahecho compaero esperaba que fueran. D'Rance sonri, y su inseguridad dio paso a una gran confianza al comprobar que todo estaba bajo su control.
Sus dedos se movieron con suavidad sobre la disposicin de cristales. Cada movimiento que lord D'Farany haba realizado estaba grabado en su cabeza. Ahora, toda aquella cuidadosa observacin iba a serle de utilidad.
Voy a ser el mayor mago que haya vivido jams, s! Qu otro mago haba tenido en sus manos, figurativamente hablando, dos diferentes y mortferas variaciones de hechicera? Qu otro hechicero poda afirmar poseer tal poder? Traz el ltimo dibujo.
Un resplandor azulado rode el ingenio Quel, consumiendo la luz rojiza y baando toda la habitacin en su magnfico color. S, muy apropiado!
Ten cuidado! grit Plool. Debes tener cuidado!
D'Rance hizo caso omiso de la advertencia. Saba bien lo que haca! Mientras el resplandor iba aumentando, levant los ojos para contemplar la macabra legin que lo rodeaba. Los ojos de los centinelas muertos lo observaban. El momento ms importante y todo lo que hay aqu para ver mi triunfo es una veintena de fantasmas azulados!
D'Rance volvi a bajar la mano para tocar el talismn aramita. Sera el receptculo de todas aquellas fuerzas unidas, y que slo l manejara. Al cabo de un segundo lanz un gruido y apart los ennegrecidos dedos. Haba sangre all donde la piel haba quedado ms agrietada.
Esto no debera estar caliente mascull el norteo mientras intentaba eliminar el dolor.
Lord D'Farany haba tocado el talismn innumerables veces durante sus experimentos y nunca haba existido el menor signo visible de tan terrible calor. El guardin no era ningn dios; sus dedos deban quemarse con la misma facilidad con que se haban quemado los de D'Rance. Qu era lo que no iba bien?
Escupi sobre los dedos heridos y limpi la sangre con cuidado. Curara la herida cuando el poder fuera suyo. El dolor no era tan extremo que no pudiera utilizar aquellos dedos. Un ligero ajuste en el artilugio era todo lo que se necesitaba. No era ms que un simple error.
Kanaan D'Rance volvi a extender la mano hacia el talismn. Esta vez, el hombre azul aull de dolor.
La mano que apart violentamente estaba quemada, desgarrada y retorcida. Sin dejar de gritar, Kanaan D'Rance cay hacia adelante, y su brazo fue como una ola que derrib un cristal tras otro de la delicada combinacin. Haces de luz azul surgieron del mecanismo en direccin a las paredes y regresaron luego a l. El norteo se apart tambaleante del estropicio, slo consciente en parte de lo que haba hecho.
Plool! consigui gruir.
Con los ojos nublados, el hombre azul busc la inhumana figura de su aliado en esta empresa. Oleadas de dolor le recorran todo el cuerpo; la parte inferior del brazo no slo estaba quemada, sino totalmente desgarrada. El hombre no se molest en preguntarse cmo haba ocurrido; la magia era as. Todo lo que saba era que necesitaba ayuda de inmediato y que slo Plool poda drsela. No obtuvo respuesta. Se escuch un sonido como un trueno, un tronar que resonaba dentro de la misma estancia. Incluso mutilado y malherido como estaba, D'Rance se dio la vuelta lleno de curiosidad.
Se haba formado un agujero encima de la destrozada disposicin de cristales. Dentro de aquel agujero poda ver otro mundo, un mundo oscuro, violento y nebuloso que ola a descomposicin.
Lo he con... conseguido, s! sise mientras el dolor desapareca por un momento. Sss!
Era hermoso a su manera. Hermoso y seductor. Kanaan D'Rance se acerc tambaleante a los derribados cristales, dejando un reguero de sangre tras de s, y levant la cabeza. Una sonrisa apareci en el rostro empapado de sudor.
Ss... sss!
La sonrisa permaneci en su rostro incluso mientras caa de espaldas al suelo.
XV
Atado y arrojado en medio de los Quel cautivos, el Grifo sinti un terrible cambio en el ambiente. La niebla empez a moverse con mayor violencia, hasta convertirse a veces en un autntico torbellino. Un escalofro le recorri la espalda. Contempl a los prisioneros que lo acompaaban, quienes, como uno solo, levantaron los ojos al cielo y luego se miraron entre s.
El pjaro-len estudi con atencin a los prisioneros. Parecan esperar algo. Los Quel estaban excitados, casi... esperanzados?
Reanud los esfuerzos para liberarse. El collar que llevaba alrededor de la garganta le impeda concebir hechizos, pero eso no significaba que no lo intentara. Lo que fuera que estuviera sucediendo, el Grifo no quera estar atado y amordazado cuando llegara a su punto culminante. Qu poda ponerlos tan...?
El Grifo solt un ahogado graznido. Slo poda haber una cosa que interesara tanto a sus compaeros de cautiverio, pero... poda ser cierto? Exista la posibilidad de que el hechizo se hubiera roto?
Acaso los piratas-lobos, en su arrogante ignorancia, haban conseguido despertar a los durmientes?
Forceje con ms fuerza. El amanecer se aproximaba y el Grifo tena la sospecha de que ste iba a ser un da de ajustar cuentas.
Para todos.

Despertaron.
No hubo ningn prembulo, ni un lento desperezarse. Los ojos simplemente se abrieron y tomaron nota de la oscuridad. Formas entumecidas se agitaron lentamente mientras intentaban hacer trabajar a los msculos tras miles de aos de sueo embrujado.
Ninguno de los durmientes saba cunto tiempo haba transcurrido. Slo saban que todos estaban despiertos. Slo saban que estar despierto significaba que haba llegado el momento de reclamar lo que haba sido suyo.
Era tiempo de reclamar su mundo.

En los tneles, un agotado Cabe se detuvo al llegarle las primeras sensaciones del cambio. El hechicero lanz un ahogado jadeo ante la intensidad y el origen de tales emanaciones. A estas alturas, reconoca muy bien el contacto de Nimth. Algo haba provocado un resurgimiento de la niebla, un terrible aumento. Era como si Nimth intentara penetrar ms en el Reino de los Dragones.
Los piratas-lobos! Tenan que ser ellos. Posean el control de la mgica niebla. El Dragn de Cristal no se habra atrevido a intentar abrir una nueva puerta hasta el repugnante Nimth. Los experimentos de los aramitas deban de haberlo hecho. A lo mejor haban intentado descubrir el origen o puede que hubieran deseado fortalecer el poder de la niebla.
El motivo no importaba. Lo que importaba era que todo el mundo, absolutamente todo, poda estar en peligro. Esto pareca casi descontrolado; aunque los aramitas tuvieran su propio hechicero, no parecan comprender con qu estaban jugando.
Cabe perciba la direccin de la que procedan las oleadas mgicas, pero segua dudando en teletransportarse. Era debido a esa vacilacin por lo que haba pasado un tiempo tan valioso deambulando en lo que esperaba fuera la direccin correcta. El teletransporte no haba funcionado la primera vez que lo intent en la niebla y, por ms que lo hiciera ahora, poda ir a parar muy lejos de su proyectado destino. Sin embargo, no haba forma de saber si sera posible trazar un sendero a travs de los tneles. Por lo que saba, podan conducirlo lejos del peligro.
Lo ltimo result un pensamiento tentador, pero el obstinado mago saba que no poda evitar la amenaza del mismo modo que no haba podido evitar el resto de su misin. La magia era cada vez ms salvaje. Era imposible que estuviera bajo el control de nadie con los poderes y conocimientos necesarios. Cabe ni siquiera estaba seguro de poseer l tales conocimientos, pero no haba nadie ms. El Dragn de Cristal haba dejado muy claro que no quera tener que ver nada ms con el mundo exterior.
Tengo que intentarlo mascull por fin Cabe. Entre las oleadas del recin liberado poder parecan existir momentos en los que las cosas casi volvan a la normalidad. Si intentaba un conjuro, entonces...
Se encogi sobre s mismo cuando la siguiente oleada de energa cay sobre l. Hasta ahora, nada haba cambiado. No surgan manos de las paredes, ni se materializaban criaturas de la nada. Pareca como si Nimth no afectara inmediatamente a lo que lo rodeaba, pero aquella pizca de buena suerte no poda durar mucho ms.
La oleada pas y una zona de calma lo rode.
Cabe se teletransport...
... y se encontr frente a frente con los ojos muertos de un soldado que haba sido clavado al suelo a modo de espeluznante decoracin. Cabe sofoc un grito y desvi la mirada, para encontrarse con otro espantoso espectculo similar. Examin la estancia con morbosa fascinacin. No tena la menor duda de quin era responsable de esto. Ni siquiera los piratas-lobos toleraran tal demencia en sus comandantes. Los Quel no habran matado de esta forma; el dao ocasionado en la sala era amplio.
Plool haba dejado su firma aqu. nicamente un vraad poda matar as.
Fue entonces cuando el hechicero vio el agujero.
Un espacio ovalado y negro rodeado por una aureola de violenta luz flotaba en el centro de la sala. Era pequeo, pero su simple presencia era ya peligro suficiente. Cabe perciba el mismo poder malvolo que impregnaba la niebla, el poder del antiguo Nimth. Cada vez que el agujero vibraba, aquel poder se filtraba en el Reino de los Dragones, aadindose a la fetidez que el Dragn de Cristal haba dejado pasar ya. Exista un leve atisbo de bruma en la sala, pero nada parecido a las condiciones de la superficie.
No tuvo que preguntar cmo haba sucedido. Cabe reconoci el objeto situado en el centro como una creacin Quel. Era un artefacto nuevo, ya que no recordaba que hubiera estado aqu durante un encuentro anterior con la raza subterrnea. Cul haba sido su propsito original era imposible decirlo, aunque el hechicero tena sus sospechas. Los piratas-lobos lo haban usurpado para sus propios deseos, reconociendo evidentemente su potencial pero sin hacer caso del posible peligro si intentaban utilizarlo.
Junto a l yaca otro cuerpo, pero ste era diferente del resto.
Cabe jams haba visto a un hombre azul, aunque en uno o dos despachos del Grifo se los haba mencionado brevemente. Acercndose al cadver, inspeccion el cuerpo. La capucha del traje del hombre haba cado hacia atrs y dejaba a la vista el mechn blanco de hechicero de sus cabellos. Su mano era una masa quemada y destrozada que hizo que Cabe deseara enormemente mirar hacia otro lado. La conmocin y la prdida de sangre eran lo que sin duda haban acabado con l. A juzgar por el rastro que vea, el hechicero extranjero haba andado en direccin a la boca de uno de los tneles y luego vuelto atrs, como si ni siquiera se hubiera dado cuenta de que la vida se le escapaba. Evidentemente, su difunto colega haba sobrestimado su destreza para manipular el poder y haba pagado con la vida... o quizs era Plool quien la haba sobrestimado. Levantando la cabeza hacia el agujero otra vez, empez a tener una cierta idea de lo que el vraad podra haber querido y de lo que el hombre azul podra haber ofrecido.
Pero dnde estaba el vraad? Cabe no perciba su presencia en las cercanas, pero con Plool eso no quera decir gran cosa. El vraad no se pareca a nada que hubiera conocido antes; pudiera ser que el hechicero de Nimth resultara invisible a sus sentidos la mayor parte del tiempo.
Levantndose, estudi los daos sufridos por el mecanismo. La magia con cristales no era el fuerte de Cabe, pero comprenda los puntos bsicos. Para su pesar, lo que saba no lo ayudaba a descifrar la diseminada disposicin que tena delante. En la agona de la muerte, el hechicero azul lo haba derribado casi todo. Cabe no tena ni idea de cmo empezar a recrear el diseo original.
Sin embargo, al tocar algunos de los cristales, ciertas imgenes aparecieron en su cerebro. Levant una pieza, no sin una breve mueca de dolor al alzar demasiado el brazo, y la coloc. Una vez hecho esto, el hechicero seleccion otra pieza y la puso en una posicin que describa un ngulo con la primera. A su alrededor, relmpagos azules empezaron a chisporrotear pero, como estaban muy por encima de su cabeza, no les prest atencin. Tras asegurarse de que la pieza estaba en su lugar correcto, Cabe rebusc de nuevo en el montn. Casi pareca lgico que los siguientes dos cristales que escogi encajaran donde los puso. As sucedi tambin con los dos que siguieron.
Contempl cmo la disposicin iba tomando forma ante sus ojos. Todo lo que coga tena su hueco. Haba algunos cristales que no parecan importar, por mucho que Cabe intent encontrarles un lugar. Le pareca como si alguien guiara sus manos, pero no alguien de fuera; ms bien, el hechicero tuvo la impresin de que lo guiaba alguna fuerza interior.
Haba conocido la magia con cristales su abuelo, Nathan? Era eso lo que guiaba las manos del hechicero? La idea de que pudiera estar utilizando el pasado de Nathan no sorprendi en absoluto a Cabe. Nathan Bedlam haba sabido un poco de todo y haba intentado transmitir a su nieto tanto de s mismo como era mgicamente posible. No parecan tener fin las habilidades que el mayor de los Bedlam haba posedo. El hechicero se pregunt si, en caso de llegar a los trescientos aos de edad, podra considerarse digno del legado de su abuelo.
Mientras recreaba el diagrama, Cabe observ que las vibraciones del agujero menguaban. Los relmpagos, que haban recorrido la estancia durante toda su obra, cesaron ahora. Alentado, Cabe trabaj ms deprisa, en un intento de reorganizar todo. No tard en acabar con su suministro de cristales utilizables, pero la disposicin segua incompleta. Estudiando el suelo, el hechicero localiz varias piezas alrededor del cuerpo del hombre azul. Se inclin para recogerlas, y se detuvo. Apenas visible bajo el cuerpo y el brazo del cadver haba algo que no era cristal pero que de todos modos le gritaba que lo utilizara. Cabe apart el cuerpo a un lado con sumo cuidado.
Se trataba de un objeto tallado. Un talismn. Quienquiera que lo hubiera tallado le haba dado la forma de un diente afilado que recordaba el de un perro o un..., un lobo.
Un talismn aramita. Para ser ms precisos, el talismn de un guardin. El objeto emita tal poder que casi apart la mano. Pero un sentimiento interior insista en que el hechicero aadiera ste a la coleccin. El diseo no estara completo sin l.
Cabe estir la mano y empez a cerrar los dedos alrededor de la talla.
sta sali disparada de su mano, para dirigirse hacia una de las entradas de la caverna que tena a la espalda. Cabe se volvi con la intencin de perseguirla.
Una mano atrap el talismn. Una elegante figura ataviada con la negra armadura del imperio de los piratas-lobos se adelant. A pesar de las aristocrticas facciones, exista un claro rastro de demencia en sus ojos. Algunas veces los ojos miraban directamente, pero la mayora de las veces no lo hacan; casi pareca como si el recin llegado no estuviera muy seguro de qu camino prefera en la vida. Fra cordura o una an ms fra demencia. Cabe reconoci el rostro cubierto de cicatrices por las breves imgenes que haba captado en el refugio del Dragn de Cristal durante el combate de voluntades. Ante l se encontraba el vencedor de aquella batalla.
Mi precioso... trofeo! Mi tesoro! Qu... has... hecho... a mi... trofeo?
Apunt con el talismn a Cabe.
Apenas sin pensar, el hechicero alz ante l un escudo protector. Unos tentculos intentaron arrollarse a sus brazos y piernas, pero su hechizo se mantuvo; los tentculos no consiguieron aferrarse a su persona y resbalaron al suelo. Volvieron a intentarlo con el mismo resultado, y luego se desvanecieron.
El hechicero aramita ni siquiera se detuvo a pensar antes de volver a atacar con un veloz mandoble. Cabe rechaz la larga y refulgente espada aparecida de la nada con otra espada propia. Intercambiaron golpes durante varios segundos antes de que el pirata-lobo retrocediera. Cabe, con el corazn y la cabeza martillendole y el brazo casi insensible por el dolor, no intent aprovechar la ventaja. El rostro desfigurado del pirata mostraba una expresin demasiado astuta. Quera que Cabe fuera hacia l.
El aramita acarici la talla.
Quin eres, hechicero? Sent cmo el diente me llamaba, ya que estamos ligados el uno al otro como dos mitades de un mismo espritu. Creste que no me dara cuenta? Kanaan debi haber sido ms listo, pero veo que eso ya no importa. Es una lstima para l.
Cabe no se molest en contestar al pirata-lobo, pues en aquellos momentos reflexionaba sobre sus posibilidades de teletransportarse lejos de all, mientras continuaba rechazando los ataques del aramita. A juzgar por el breve intercambio de conjuros, su oponente era rpido y experto, y dud de sus posibilidades de escapar y al mismo tiempo defenderse del hechicero. Eso significaba que tomar la ofensiva lo beneficiara.
Una lluvia de piedras golpe al aramita desde atrs. Mientras ste se dispona a defenderse, Cabe lanz la segunda parte del ataque. Sobre la cabeza de su adversario se materializ un objeto correoso, tan grande como un escudo y con el aspecto de una sbana. El pirata-lobo, ocupado en repeler la tormenta de rocas, no observ el peligro hasta que de improviso su cabeza qued cubierta. Alz las manos para quitar la sbana, pero la funda se neg a salir y se arroll con fuerza alrededor del rostro y casco del pirata, impidindole la respiracin.
Entonces, sbitamente, la sbana se disolvi.
Cabe dio un paso atrs. Los espantosos ojos se volvieron de nuevo hacia l. En la mano del aramita, el talismn brillaba ligeramente.
Vuelvo a preguntar, hechicero. Quin eres? Creo que debes de conocer al Grifo, nuestro amigo. Supongo que por eso ests aqu, y eso te convertira en un mago concreto. Cul era el nombre? S... Cabe Bedlam.
Detrs del pirata se escuch el ruido de muchos hombres con armadura que corran. El primero de los soldados lleg a la entrada, pero, cuando intent trasponerla, el hechicero aramita le orden retirarse con un gesto de la mano. Por la rapidez con que el soldado obedeci, resultaba evidente quin era el jefe de los invasores.
Tu oportunidad de rendirte ya ha pasado, Cabe Bedlam. El talismn brill con fuerza.
Cabe se puso a la defensiva, pero no se produjo ningn ataque contra su persona. Pase la mirada a un lado y a otro de la estancia, sin permitir que sus ojos perdieran totalmente de vista al pirata, pero sigui sin ver ni percibir nada.
Entonces, a su alrededor, empezaron a sonar los terribles sonidos de algo que se desgarraba. No poda situar los sonidos pero le recordaron los del metal al araar la piedra. Dio un paso atrs y lade la cabeza de modo que pudiera ver una zona ms amplia del lado derecho de la habitacin sin por ello perder de vista a su enemigo.
Lo que descubri le revolvi el estmago y casi hizo que olvidara la amenaza que tena delante.
Forcejeaban para liberarse del suelo, con una energa muy superior a la de cualquier hombre vivo. Con la mirada tan vaca como la del hechicero que controlaba sus hilos, los centinelas muertos, con las lanzas atravesando an sus cuerpos y extremidades, avanzaron hacia Cabe arrastrando los pies. Algunos tenan las armas listas para atacar, pero otros simplemente extendan los brazos para cogerlo. Sangre reseca salpicaba suelo y paredes.
El hechicero luch para contener el irracional pnico que empezaba a apoderarse de l. La nigromancia era la ms siniestra de las artes de hechicera. La primera introduccin de Cabe a ella haba sido cuando Azran haba enviado las putrefactas apariciones de dos antiguos compaeros de Nathan Bedlam, los hechiceros Tyr y Basil, a secuestrar al joven Bedlam y llevarlo a la fortaleza del demente mago. El horripilante encuentro haba dejado una marca permanente en l, aunque jams lo haba admitido ante Gwen. La magia que alteraba el aspecto fsico desagradaba a Cabe, pero la nigromancia lo aterraba.
Miedo, no obstante, no equivala a pnico. No del todo. Se coloc a un lado de modo que el mecanismo de los Quel quedara entre l y el aramita. El pirata-lobo se movi, pero, como Cabe haba suplicado que sucediera, su adversario an mantena cierta esperanza de utilizar el artilugio y por lo tanto no estaba muy dispuesto a lanzar un hechizo que el otro pudiera desviar hacia la mquina. Esa vacilacin proporcion al hechicero el tiempo que necesitaba para combatir la amenaza ms inmediata. Incluso aunque las barreras que haba alzado se mantuvieran, el ejrcito de cadveres resultaba una distraccin excesiva. Si Cabe permita que lo rodearan y acosaran, acabara por ser vctima de su autntico oponente.
Fueron las lanzas metlicas que ensartaban a cada uno de los no muertos lo que finalmente lo inspir. Cabe se lanz al frente y extendi las manos por entre los cristales que haba alineado antes. Utilizando los conocimientos que le haban permitido crear del diagrama que tena delante, traslad tres de las piezas.
Una tormenta estall sobre su cabeza. Una tormenta de relmpagos que recorra a tal velocidad la habitacin de un extremo a otro que creaba una telaraa siempre cambiante. El hechicero se ech hacia atrs cuando los rayos cayeron tambin sobre la disposicin de cristales y crearon un fulgor azulado alrededor del artefacto. Desde el otro lado del ingenio Quel, oy cmo el guardin lanzaba un grito de consternada comprensin.
Por sus estudios, Cabe estaba familiarizado con la atraccin que los rayos sentan por las varas de metal. Por lo que pareca, tambin lo estaba el pirata-lobo.
La estancia se estremeci azotada por los rayos. No exista escapatoria para los no muertos, acribillados como estaban por tantas lanzas. Algunos recibieron varios impactos a la vez mientras que a otros slo les cay uno; pero tanto si era uno como si eran cien, el efecto fue el mismo. El poder en bruto de aquellos rayos era ms que suficiente para incinerar los tambaleantes cadveres. Unos pocos se convirtieron en antorchas humanas mientras que otros simplemente se desplomaron en el suelo con los cuerpos carbonizados. Ms de uno estall en una lluvia de fragmentos.
Cabe se agazap en el suelo y utiliz la capa para protegerse del terrible chaparrn. Desde donde se encontraba vio que el otro hechicero haba retrocedido por completo hasta el tnel. El pirata poda estar protegido por sus hechizos pero, cubierto como estaba por una armadura, era evidente que se consideraba un blanco demasiado tentador para los rayos mgicos.
El ltimo de los muertos andantes cay al fin. Cabe sinti una cierta lstima por los desdichados, pero se record lo que haban sido. Cualquier decencia que hubiera existido en ellos cuando vivan, el lobo guerrero aramita ya se haba ocupado de eliminarla. El Grifo haba mencionado la existencia de personas muy valerosas entre la raza de los piratas, pero, con muy pocas excepciones, los soldados del imperio no se contaban entre ellas.
Pese al peligro de la tormenta que todava crepitaba sobre su cabeza, el hechicero se puso en pie. Con gran desaliento por su parte, el guardin escogi tambin ese momento para volver a entrar. Cabe jams podra describir exactamente la expresin de aquel rostro desfigurado, pero comprendi que el siguiente duelo entre ambos sera el definitivo.
Ese duelo no se celebrara jams, ya que, justo cuando el comandante pirata levantaba el talismn, la estancia se estremeci de nuevo con una violencia que casi los hizo caer a los dos al suelo. Alguien grit algo sobre un terremoto, pero ste no era un temblor producto de la naturaleza. Paredes, suelo y techo eran zarandeados desde el interior, casi como si un puo fantasmal intentara abrirse paso fuera de la caverna. nicamente el escudo que Cabe haba alzado contra el mago aramita impeda que el hechicero se viera zarandeado y golpeado como una fruta madura, aunque, tal y como estaban las cosas, cada momento que pasaba lo debilitaba ms, ya que el martilleo aumentaba con cada oleada.
Frente a l, el pirata-lobo luchaba tambin contra el temblor. Su mano aferraba con fuerza el talismn. Detrs del aramita, Cabe distingui los rostros y figuras de varios de los soldados que, para su sorpresa, se movan como si el temblor de tierras apenas los afectara. Su virulencia estaba confinada a la sala, al menos por el momento; pero, una vez que las cristalinas paredes empezaran a desplomarse, era imposible decir hasta dnde se extendera.
El motivo, desde luego, era el agujero abierto entre Nimth y el Reino de los Dragones. Sintindose como un estpido, Cabe se dio cuenta de que el combate entre el aramita y l haba trastornado el equilibrio que haba conseguido crear. No tan slo haba vuelto a vibrar, sino que ahora lo haca con una intensidad mayor. Peor an, aunque el temblor impeda contemplar claramente el horrible agujero durante un tiempo demasiado largo, las dimensiones de aquella cosa parecan ampliarse.
Daadas como estaban por las sacudidas, las paredes no tardaron en empezar a desmoronarse. Pedazos enormes de cristal de roca se desprendan y rodaban al suelo. Largas y terribles grietas se abran de un extremo a otro de la estancia; daado ya y ahora con sus puntales debilitados, el techo tambin se agriet y tembl.
Toda la habitacin estaba a punto de desplomarse.
Tras conseguir enderezarse, el hechicero aramita retrocedi de nuevo hasta la entrada de la cueva. Aunque su mirada no se clav exactamente en su adversario, los ojos del pirata no abandonaron ni un momento la zona prxima al lugar donde se encontraba Cabe. El talismn segua apuntndole.
Su intencin es retenerme aqu!, se dijo Cabe; pero, atrapado entre el peligro del techo a punto de derrumbarse y la amenaza de la magia del guardin, en un principio se limit a quedarse donde estaba. Su adversario retrocedi hasta quedar totalmente fuera de la estancia y, una vez all, se detuvo y aguard. El hechicero maldijo a su oponente. El guardin intentaba asegurarse de que el dilema de Cabe se convirtiera en una dilacin fatal.
El hechicero saba que no poda esperar escapar a travs de ninguna de las otras salidas, no con el guardin listo para atacar. Sin embargo, eso no dejaba ms que el teletransporte y, aunque el hechizo le haba sido til para llegar a este lugar, saba que en las actuales circunstancias tena ms posibilidades de materializarse a treinta metros por encima de la superficie que de llegar al punto al que deseara ir. Eso si el hechicero no se teletransportaba al interior de un pedazo de roca slida en lugar de al vaco.
Fue el techo el que tom la decisin por l. Incapaz de resistir el torpedeo, todo l se vino abajo.
Cabe jams supo si el mago aramita intent impedir que escapara. Slo fue consciente de un repentino deseo de estar en otro lugar y que, combinado con su destreza y su afinidad natural para la hechicera, fue suficiente para llevar a cabo el conjuro. En el mismo instante en que el techo caa, el hechicero se desvaneci.
No reapareci en el interior de una pared de roca ni se materializ en el aire, encima de la superficie de Legar. Ms bien, fue a detenerse de forma poco elegante contra un pequeo promontorio rocoso. Lanz un aullido de dolor cuando el brazo top brevemente contra la dura superficie; luego gru quejumbroso mientras segua rodando hacia el suelo.
El promontorio no era muy alto y por lo tanto el descenso fue corto aunque prdigo en magulladuras. Conteniendo un quejido, Cabe Bedlam levant los ojos.
El hechicero no se haba materializado en el aire a treinta metros del suelo, pero s lo haba hecho a unos tres o cuatro metros de los pies de un soldado muy vehemente.
El espectculo de un mago apareciendo de la nada deba de ser familiar para este veterano, pues incluso casi antes de que Cabe advirtiera su presencia, el pirata ya cargaba contra l, consciente sin duda de que su nica posibilidad contra un hechicero era atraparlo mientras sus facultades estaban algo confusas. Cabe vislumbr una hoja muy afilada que se alzaba, y reaccion instintivamente levantando el brazo para parar el golpe. Para cualquier otro que no hubiera sido un hechicero, esto no habra sido ms que un dbil y fatal intento. En el caso de Cabe, en cambio, el gesto fue lo que le salv la vida. El cuchillo del soldado descendi... y se detuvo a medio metro del antebrazo del hechicero.
Cabe no aguard a que el soldado se recuperara de la sorpresa. Con el brazo realiz un ademn como si cortara algo.
La cabeza del pirata-lobo se dobl hacia atrs. El soldado lanz un gruido sordo; luego cay de espaldas y se qued tendido en el suelo, el cuello roto con la misma facilidad que si el hechicero hubiera pisado una ramita seca.
Nunca me acostumbrar a matar. Eso poda ser cierto, supuso Cabe, pero ya no le impeda hacerlo. Este viaje empezaba a ser demasiado para l. Mientras que antes haba intentado evitar matar a sus adversarios a menos que fuera preciso, ahora lo consideraba la nica solucin en este caso. Los piratas-lobos eran despiadados; lo mataran al momento o lo reservaran para una muerte lenta. Peor an, estaban ms que dispuestos a permitir que amigos y parientes compartieran esa muerte lenta.
Los hijos del lobo deban ser rechazados de vuelta al mar. Incluso uno solo de ellos era un nmero excesivo.
Empiezo a parecerme al Grifo, pens. Por qu no? Haba vivido la guerra a travs de las misivas del pjaro-len, por las que le llegaban noticias de las batallas y las muertes. Aunque la guerra haba estado desde el principio a favor de la rebelin, el inmenso tamao del imperio haba significado aos y aos de contienda para conseguir liberar al continente. Aos y aos de personas dando sus vidas para derrotar a soldados de negro y a sus seores.
La breve tregua contemplativa le permiti recuperarse lo bastante para seguir. Que se encontraba en Legar era evidente. Que la bruma pareciera menos densa y el terreno algo ms visible le hizo sospechar que el amanecer se acercaba rpidamente. Cabe se haba preguntado cunto tiempo haba permanecido inconsciente despus de la explosin de la esfera del Dragn de Cristal y la respuesta era: ms tiempo del que haba imaginado.
Dnde se encontraba en relacin con el campamento aramita? sa era la autntica cuestin. Era el pirata muerto un soldado aislado que haba quedado separado de su patrulla, o era un explorador?
Se levant y dio un paso en la direccin de la que haba venido el pirata. A pesar del pedregoso suelo, consigui distinguir una especie de rastro aqu y all, al menos lo suficiente para tener por dnde empezar. Lo fue siguiendo unos pasos, pero se detuvo al recordar algo. Dndose la vuelta, contempl el cadver. Quiz nadie descubriera el cuerpo durante algn tiempo, pero no poda arriesgarse.
El conjuro era simple, como lo haba sido el que tan diestramente haba matado al soldado, y por lo tanto corra menos peligro de salir mal. La niebla de Nimth pareca casi aletargada ahora, pero aquello no durara; la calma actual probablemente era la quietud que precede a la tormenta. Cabe no haba olvidado la destruccin que campeaba en algn punto bajo sus pies, destruccin que no tardara en afectar la superficie. Ese era otro problema que precisaba de una rpida solucin, pero el hechicero no conoca ningn modo de cerrar el portal sin el ahora enterrado mecanismo de los Quel. Adems, ya tena demasiadas cosas entre manos en aquel momento. Todo lo que poda hacer era esperar que apareciera alguna solucin antes de que todo Nimth se filtrara por la abertura.
El hechizo comenz con un diminuto remolino cuyo alcance era justo lo necesario para incluir los restos del soldado. A medida que el remolino giraba, se levantaba polvo y arena que iba cubriendo el cuerpo; el compacto tornado fue girando cada vez ms deprisa, levantando ms arena y piedras. Al poco rato, era ya imposible ver nada en su interior. Cabe dej que girara sobre s mismo unos segundos ms, y luego lo detuvo.
Cuando el polvo se hubo asentado, no haba la menor seal del cadver. En su lugar se alzaba un pequeo montculo no muy diferente de los muchos otros que formaba el irregular terreno. Un examen cuidadoso habra revelado la verdad, pero Cabe confiaba en que la niebla actuara en su favor. A menos que uno de los soldados tropezara contra l, no era probable que nadie encontrara los restos durante bastante tiempo. Para entonces, el hechicero ya habra acabado aqu... o estara muerto.
Hizo una mueca. Cada vez se pareca ms al Grifo.
El rastro serpenteaba a un lado y a otro, pero Cabe consigui no perderlo de vista. No pas mucho rato sin que encontrara otros muchos rastros, tambin de soldados aramitas. Las marcas de las botas eran ms o menos identificables, y Cabe puso en duda que hubiera muchos ejrcitos deambulando por Legar. La mayora de los rastros provenan de una misma direccin. En un principio lo sorprendi la facilidad con que poda seguir los rastros, pero, cuando tropez con otros muchos, se le ocurri de repente que los piratas-lobos no eran muy cuidadosos con respecto a ocultarlos. No pareca probable que fueran tan descuidados a menos que l estuviera...
A lo lejos, escuch el familiar sonido del entrechocar del metal.
Cabe localiz una elevacin cercana y se ocult tras ella. Con sumo cuidado asom los ojos por encima, listo para agacharse si alguien miraba hacia all.
El tintineo del metal se vio acompaado ahora por el sordo golpear de botas contra el suelo. En medio de la bruma, el hechicero apenas consigui vislumbrar los contornos de cuatro figuras tocadas con yelmos que empuaban espadas o lanzas. Eran piratas-lobos; tenan que serlo. Tal y como Cabe haba pensado, los aramitas no seran tan descuidados con respecto a ocultar sus huellas a menos que aquellas huellas estuvieran en una zona muy, muy prxima a su campamento.
Un poco ms all y podra haber aterrizado justo en el centro de su ejrcito! Se consider afortunado de haberse visto obligado a ocuparse slo de un soldado. A tan poca distancia, podra haber tenido que enfrentarse a otra patrulla..., una patrulla mejor preparada, esta vez.
Cabe dej pasar al cuarteto. Una vez que lo hubieron hecho, el mago sigui su camino. No estaba muy seguro de lo que esperaba conseguir, pero cuanto ms se acercaba, ms senta que algo nuevo lo iba atrayendo hacia el campamento. Era casi como si alguien lo llamara. No era alguien maligno; sus sentidos eran lo bastante agudos para captarlo. Era alguien que necesitaba su ayuda; sa era la sensacin que tena. Aun cuando estuviera equivocado y la sensacin de necesidad fuera tan slo producto de su imaginacin, Cabe habra seguido dispuesto a invadir el campamento aramita. Tena que averiguar cuntos hombres haba y lo bien armados que estaban, y, lo que era ms importante, tena que averiguar cules eran sus planes. Qu otros lugares podan atacar aparte de Zuu? Sin el refugio mgico del Dragn de Cristal, que lo vea todo y a todos, infiltrarse en el campamento era la nica forma en que poda esperar reunir la informacin necesaria.
Hasta el momento, sus ltimos conjuros haban funcionado tal y como se supona que deban funcionar. Cabe se pregunt si deba atreverse con otro. Se arriesgaba mucho con ste, ya que requera una duracin ms larga y existan muchas probabilidades de que se deteriorara inesperadamente en medio de la bruma mgica.
Los sonidos propios de un campamento llegaron hasta l. Incluso durante la noche habra quienes estaran de guardia y quienes simplemente no pudieran dormir. Sospechaba que a los aramitas no les sera fcil conciliar el sueo, no en esta niebla artificial.
Tendra que arriesgarse con el conjuro. Si funcionaba, le proporcionara libertad de accin. Si no era as, el guardin aramita an podra acabar con su vida.
Lanz el conjuro a su alrededor, pero, desgraciadamente, no tena modo de saber si haba salido bien hasta que se encontrara con alguien. En circunstancias normales, Cabe habra estado seguro del xito; pero, mientras Legar estuviera cubierta con aquel manto, nada era seguro.
Con sumo cuidado, el hechicero se encamin al campamento. Descubri que no estaba muy lejos. Los primeros centinelas hicieron aparicin al cabo de pocos minutos: un tro de piratas-lobos que conversaban entre ellos. Era la hora del cambio de guardia, y con los dos centinelas haba un oficial, sealado como tal por la capa que llevaba. Qu decan, Cabe no poda orlo, pues hablaban en voz muy baja. El hechicero se arm de valor y se dirigi hacia ellos.
El conjuro funcionaba. A menos que Cabe atrajera una indebida atencin hacia su persona, podra pasar por entre todo el ejrcito sin que advirtieran su presencia. No es que fuera realmente invisible, pero, tal como Sombra haba hecho innumerables veces en el pasado, ahora se funda con lo que lo rodeaba. Era un conjuro fcil y que no exiga demasiada fuerza de voluntad y energa para mantenerlo. Tambin resultaba algo peligroso.
Tuvo buen cuidado de evitar al tro y, una vez que lo hubo dejado atrs, Cabe no volvi la cabeza. Haba demasiadas cosas delante de l que requeran su atencin.
Cabe haba visto campamentos armados antes, pero la organizacin y eficiencia de ste lo dej consternado. Haba supuesto que los piratas-lobos seran un grupo ms anrquico despus de su huida de la guerra, pero, aunque hombres y equipo s tenan aspecto agotado y desgastado por el combate, ste no era un ejrcito de refugiados. Estos soldados estaban aqu para luchar. Refunfuaran y sus oficiales tendran que golpear a alguno de ellos, pero sin lugar a dudas se trataba de una fuerza temible.
Mientras deambulaba por entre un ejrcito que lo habra matado en un instante si su hechizo fallaba, Cabe no pudo evitar sentirse incmodo. No obstante, cruz el campamento sin demasiadas vacilaciones, tomando nota del nmero de tiendas y hombres que vea y calculando cuntos ms podra haber. El hechicero capt fragmentos de conversaciones sobre la guerra en el imperio y las decisiones de los jefes de la expedicin; tambin escuch utilizar el nombre D'Farany en ms de una ocasin y siempre con temeroso respeto. Por lo que pudo colegir, Cabe se sinti seguro de que aquel hombre que mencionaban era el hechicero aramita, y eso hizo que su inquietud se acrecentara mucho ms. Con un jefe como el guardin, los piratas-lobos se convertan en una amenaza an mayor. D'Farany era la clase de comandante que arrastrara a sus hombres ms all de los lmites normales, aunque slo fuera por el temor que les inspiraba.
En varias ocasiones, soldados que estaban de guardia se cruzaron en su camino y durante uno de tales incidentes uno de ellos se detuvo ante l y entrecerr los ojos. El hombre apret la mano alrededor de su espada, pero, tras mirar fijamente al frente durante unos segundos, parpade y sigui su camino. El corazn de Cabe no volvi a latir hasta que el centinela estuvo muy lejos.
El hechicero se encontraba en lo que imagin que era el centro del campamento cuando, con gran sorpresa, percibi una presencia muy conocida. Slo poda achacrsele a la niebla que no la hubiera percibido antes. De hecho, Cabe no dud que la sensacin de necesidad que haba notado antes nicamente poda haber salido de aqu.
Caballo Oscuro musit. Tienen a Caballo Oscuro!
Como un faro, la presencia del siniestro corcel empez a atraerlo. Cabe se vio obligado a rodear varias tiendas y esquivar a numerosos centinelas, pero por fin distingui una enorme figura a lo lejos. El mago mir a su alrededor. La luz no haba cambiado demasiado en los ltimos minutos; evidentemente el da no sera mucho ms luminoso. Cabe se sinti aliviado. Ya resultara bastante difcil rescatar a Caballo Oscuro, estando como estaba a la vista de todos, sin que adems una luz ms brillante aumentara la visibilidad. Por una vez, la niebla lo beneficiaba.
La distancia que quedaba la cubri con bastante rapidez, pero los ltimos metros resultaron los peores. No debido a ningn encuentro con centinelas, sino ms bien a que alcanz a ver lo que haba sido de su viejo amigo.
El negro corcel se alzaba en silencio en un terreno despejado lejos del campamento principal. Dos centinelas montaban guardia desde una distancia ms que respetable, pero estaban all ms bien como elemento decorativo y ni siquiera miraban al prisionero. Lo que realmente mantena prisionero al equino era una curiosa especie de arns metlico que le colgaba del cuello. Del arns salan cuatro finos cables cuyos extremos estaban anudados alrededor de sus patas justo por encima de los cascos. Aun desde lejos, Cabe detect la energa que estaba consumiendo a Caballo Oscuro. El funesto artilugio aramita estaba diseado no slo para inmovilizar al cautivo, sino tambin para irle arrebatando poco a poco toda voluntad o energa para escapar. A juzgar por la forma en que estaba inclinada hacia el suelo la cabeza del eternal y por lo apagados que aparecan sus siempre llameantes ojos, la repugnante creacin de los piratas-lobos realizaba su trabajo a la perfeccin.
Los guardas no advirtieron su presencia, pero, cuando el hechicero se hallaba slo a unos metros de Caballo Oscuro, el negro corcel alz la cansada cabeza. No mir al mago, pero Cabe percibi un leve roce en su mente, y se estremeci ante lo dbil del contacto. Cmo haba llegado a esto el ser eterno?
Sigui adelante, dejando atrs a los guardas, que parecan demasiado inmersos en su desgracia por verse obligados a estar de guardia nocturna como para percibir la presencia de un espectro que pasaba ante ellos. El silencioso hechicero sigui andando hasta llegar junto al prisionero; luego se dio la vuelta para poder seguir vigilando a los centinelas mientras l y Caballo Oscuro conversaban.
Puedes hablar? susurr Cabe.
Ese... poder todava lo conservo. Haba... perdido la esperanza... con respecto a ti, Cabe. Mi corazn se siente aliviado.
El tono de voz del corcel no contribuy precisamente a aliviar el corazn del hechicero. A esta poca distancia, poda distinguir mejor el perverso efecto del arns, que con cada momento que pasaba absorba un poco ms del poder de su compaero. Caballo Oscuro era casi todo l mgico y, si se permita que el arns continuara con su tarea, ste acabara finalmente absorbiendo y eliminando la esencia misma de que estaba creado el corcel eterno.
No puedes cambiar de forma?
No, el arns lo impide.
Cabe estudi la diablica creacin mientras hablaba.
Cmo has venido a parar aqu? Te captur la patrulla despus de que nos separramos?
Un poco de la actitud bravucona de Caballo Oscuro hizo acto de presencia. Puede que el arns minara sus fuerzas, pero el regreso del hechicero era una energa revitalizadora.
Esa chusma? Huyeron en todas direcciones y no regresaron.
Uno de los centinelas volvi la cabeza, y una mirada curiosa apareci en su rostro, desfigurado por la guerra. Su compaero tambin se gir, pero pareca sentir ms curiosidad por lo que haca el otro centinela. El primer hombre dio dos pasos en direccin al corcel y lo mir con fijeza. Con un despreocupado giro de la cabeza, el negro semental le devolvi la mirada. El guarda trag saliva y retrocedi dando un traspi, ante el regocijo de su compaero. Ambos hombres intercambiaron miradas y luego retornaron a su guardia.
Habla ms bajo! sise Cabe. Al nivel que hablo yo.
Me he vuelto... descuidado... pero me alegro de verte, Cabe! Cre que mi obsesin te haba costado la vida. Mientras perda el tiempo pensando en la prdida de mi amigo y enemigo Sombra, no prest atencin cuando otro amigo me necesitaba.
Intentabas protegerme protest el humano, mientras segua intentando encontrar algn modo de retirar el arns.
Tena que tener cuidado, pues haba hechizos de alarma intercalados en la disposicin del mecanismo. Por fortuna, eran antiguos, instalados probablemente cuando se haba creado el arns. Si tena cuidado, Cabe saba que no tendra problemas para evitarlos. En realidad, desembarazar a Caballo Oscuro de las mgicas cadenas era ms conflictivo, pues la magia utilizada para la diablica creacin del mecanismo estaba tambin ligada al prisionero. Al intentar liberar a su amigo, Cabe poda matarlo.
Tienes alguna idea de cmo se puede sacar esto?
No la voz de Caballo Oscuro son ms enrgica, aunque no ms segura de s misma. Olvdame, Cabe. Hay otras cuestiones de las que deberas ocuparte.
El hechicero pens en la descontrolada magia de Nimth desencadenada bajo tierra, pero no lo mencion a Caballo Oscuro. No poda dejar al animal aqu. Adems, con la ayuda del equino, quiz podra encontrar una salida a la situacin.
No voy a abandonarte.
Los dos centinelas volvieron la cabeza, y Cabe se peg todo lo que pudo a su compaero. Caballo Oscuro mir fijamente a los dos piratas y, tal y como haba sucedido antes, los soldados se apresuraron a girarse. Las fras rbitas azules del negro semental se iluminaron divertidas.
El equino inclin la cabeza hacia Cabe.
Entonces escucha esto. Me preguntaste cmo fui a parar a esta horrible situacin. Cuando descubr que nos habamos separado, te busqu. Como no pude hallar ningn rastro, regres a Esedi, con la esperanza de que tambin regresaras all. Pero no fui a aparecer donde haba querido. Pens que lo mismo..., lo mismo te haba ocurrido, y registr cuidadosamente las colinas. Al regresar a mi punto de partida, me encontr con una sorpresa.
A pesar de lo desesperado que estaba por llegar al meollo de la historia, Cabe no intent dar prisas a Caballo Oscuro. Saba que se explicara a su manera y a su ritmo.
Por suerte, no se trataba de una larga historia.
Esperndome en las colinas estaba nada ms y nada menos que lord Grifo.
El Grifo! El asombrado mago estuvo a punto de gritar el nombre. Lo nico que no haba esperado era que el pjaro-len regresara de la guerra.
El Grifo, s. Fue l quien vino conmigo cuando penetr en Legar por segunda vez. Era l quien me acompaaba cuando una segunda patrulla mejor equipada nos encontr. El enorme equino baj la cabeza, y el fulgor de sus ojos se apag ligeramente. l tambin est prisionero de estos chacales.
Motivo por el cual el negro corcel se haba rendido, sin duda. Cabe olvid el arns. Volviendo la mirada hacia la niebla, pregunt:
Dnde? Lo sabes?
Hay una tienda grande a tu..., tu actual derecha. Est algo lejos de aqu. Cuando me traan, vi cmo lo metan all dentro.
Despus de que te libere, lo rescataremos. Su rostro estaba sombro. El hechicero haba deseado ayuda en su misin y la haba recibido en forma de dos prisioneros, uno debilitado casi hasta la extenuacin y el otro... Cabe prefiri no pensar en lo que los piratas-lobos podran haber hecho a su ms odiado enemigo.
No me has... entendido, Cabe. Rescata al Grifo ahora, por dos motivos. El primero es que a lo mejor sabe cmo liberarme de este repugnante artilugio. l conoce a estos perros mejor que ninguno de nosotros. El segundo motivo es el ms importante; esta maana un despreciable monstruo llamado D'Marr va a llevarlo ante el jefe. Eso es lo que o. Si no lo rescatas muy, muy pronto, me temo que vamos a perder nuestra nica posibilidad. Este D'Marr parece muy dispuesto a ofrecer al Grifo los tiernos cuidados del imperio en la confrontacin de hoy. No creo que se espere que nuestro amigo sobreviva al acontecimiento.
Cabe no lo dud. Pese a lo terrible de la situacin del diablico corcel, era indiscutible que el Grifo se enfrentaba al peligro ms inmediato. Durante aos, espas y asesinos aramitas haban intentado acabar con lo que consideraban el peor enemigo del imperio. Ahora, ese enemigo estaba en su poder. Resultara una inspiracin para el ejrcito de D'Farany y sin duda un modo de vengar sus propias prdidas personales si el guardin consegua presentar el cuerpo apaleado y destrozado del Grifo a sus seguidores.
Vuelve a indicarme la direccin susurr finalmente.
Caballo Oscuro inclin la cabeza hacia la invisible tienda.
El campamento empieza a despertar. No han dormido bien esta noche. Ve rpido pero con sumo cuidado.
Cabe se coloc frente a su viejo amigo.
Regresar a buscarte.
Lo creo. El que ests aqu me da nuevas fuerzas con las que combatir este objeto torturador. Ahora vete!
Deslizndose por entre los dos centinelas, el hechicero volvi a moverse de forma casi invisible por el campamento. Le satisfaca ver que el hechizo an se mantena, pero era consciente de que con cada momento que pasaba las posibilidades de un contratiempo eran mayores. Tena que encontrar al Grifo, liberarlo y regresar junto a Caballo Oscuro. Con la ayuda del Grifo, sin duda encontraran algn modo de libertar al corcel; adems, ste era lo bastante grande para transportarlos a los dos, lo que sera imprescindible en cuanto se advirtiera la huida de cualquiera de los dos prisioneros.
Acababa de divisar la tienda cuando un leve temblor sacudi la zona. Fue corto y dbil, pero su aparicin provoc murmullos entre los soldados cercanos, incluidos los que haban estado dormidos antes del inicio de la sacudida. Haba intentado D'Farany detener la destruccin y fracasado o haba sencillamente abandonado el mundo subterrneo bajo la errnea impresin de que la violencia no afectara la superficie?
Intentar adivinar era intil, y Cabe volvi sus pensamientos a la tarea que tena entre manos. Primero el Grifo, luego Caballo Oscuro, y por ltimo la huida. Una vez que estuvieran a salvo, podran discutir el siguiente paso.
Aunque estaba seguro de haber encontrado la tienda correcta, el hechicero decidi, no obstante, sondear con su cerebro para descubrir quin o qu estaba en su interior. Poda darse el caso de que el pjaro-len hubiera sido trasladado a otro lugar. Tambin poda ser que Cabe hubiera dado con la tienda equivocada. Sin duda deba de haber ms de una tienda de aquel tamao. Deslizndose hasta otra tienda, mucho ms cercana, slo para confirmar su deduccin, el hechicero lanz su sonda.
Grifo? Percibi ms de un ser en la tienda. Haba varios, de hecho, y la impresin de Cabe fue que todos eran prisioneros de los piratas-lobos. El mago investig una de las otras mentes, para retroceder inmediatamente lleno de repugnancia. Quel! Haban puesto al Grifo junto con un grupo de Quel.
Al menos s que l tambin est aqu. La sonda haba conseguido verificarlo a pesar de que Cabe no haba podido establecer contacto con su antiguo camarada. De todos modos, sera ms sensato alertar al Grifo de su llegada para que el pjaro-len estuviera listo cuando llegara el momento de escapar.
Entonces, antes de que pudiera actuar, una nueva presencia invadi sus sentidos. Cabe se peg contra la tienda e intent ocultar su propia existencia al otro. Rez para que no fuera demasiado tarde. Si lo descubran ahora, sera el final de todos ellos.
De la bruma surgi la alta y familiar figura de lord D'Farany. El guardin atravesaba el campamento acompaado por varios hombres, incluido un oficial mucho ms menudo pero de aspecto inquietante que llevaba al cinto un cetro con un pomo de cristal del que emanaba magia. El pirata de menor estatura se ajustaba el yelmo y tena el aspecto de acabar de despertarse. Murmur algo a lord D'Farany, quien asinti una vez pero no contest.
De improviso el guardin se detuvo. Mientras todos menos el delgado oficial intercambiaban miradas de desconcierto, el comandante aramita dirigi la mirada hacia la tienda donde se ocultaba Cabe. El talismn que sostena brill, pero no fue lanzado ningn hechizo perceptible. Junto a l, el siniestro ayudante tambin estudi el punto donde se ocultaba el hechicero.
Aunque le parecieron aos, slo transcurrieron unos segundos antes de que el comandante pirata volviera la cabeza. El otro aramita continu observando un poco ms; pero, cuando su seor reanud la marcha, el oficial tuvo que seguirlo.
No fue hasta que el peligro hacia su persona hubo pasado que Cabe vio hacia dnde se diriga el grupo. Cerr las manos con fuerza lleno de frustracin y maldijo en silencio en el nombre de sus antepasados vraad.
Haba llegado demasiado tarde. Los piratas-lobos iban en busca del Grifo.
XVI

A medida que se iba haciendo de da, todos los soldados del campamento observaron cambios con respecto a das anteriores. La niebla se mova con renovada virulencia y esta vez con un potente viento tras ella; tambin se producan temblores de vez en cuando, cada uno ms fuerte que el anterior. Algunos de estos temblores dejaban tras ellos curiosos montecillos de tierra que casi parecan la tierra removida dejada por el paso subterrneo de un topo o ardilla, slo que de mayor tamao. Eso inici los murmullos sobre la necesidad de carne fresca, que fueron rpidamente sofocados por oficiales, que interiormente estaban de acuerdo con ellos.
Nadie prest demasiada atencin a los cambios. Nada poda hacer el ejrcito con respecto a ellos, y corra el rumor de que la expedicin finalmente iba a dirigirse a climas ms benignos.
Esa clase de rumor fue mejor recibida y pronto fue el nico tpico importante.
Entretanto, los temblores aumentaron y los montculos, que aparecan a veces cuando ni siquiera haba un temblor, no tardaron en entrecruzar todo el campamento.

El Grifo dej de forcejear con sus ligaduras en cuanto oy que hombres armados se acercaban a la tienda. Con gran desaliento por su parte, el pjaro-len no haba realizado grandes progresos en su intento de soltarse. Los hombres de D'Marr haban realizado un buen trabajo con l; por mucho que lo intent, las ataduras no se aflojaron ni un milmetro. Que adems no tuviera completa una de las manos no ayud demasiado tampoco.
Tanto l como los Quel levantaron la vista cuando un soldado retir el faldn de la tienda. Una columna de seis hombres penetr en el interior; los dos ltimos eran D'Marr y una figura alta y llena de cicatrices que slo poda ser lord Ivon D'Farany.
Uno de los guardas retir la mordaza del pico del Grifo, y ste abri y cerr la boca varias veces para comprobar si an funcionaba.
No has cambiado mucho en estos aos, Grifo observ el comandante aramita en tono educado.
Al prisionero le record a D'Rak, el gran guardin en la poca de su llegada al otro continente. Hablaba con el mismo tonillo, aunque en este caso posea un matiz que bordeaba la locura. El Grifo no tuvo que mirar los malvados ojos de D'Farany para reconocer la enfermedad.
As que nos hemos visto antes respondi.
El guardin juguete con su talismn, uno de los llamados Dientes del Devastador ms grandes que el prisionero recordaba haber visto jams.
Bajo las calles de Canisargos, en la poca en que el autntico gran maestre de la manada todava gobernaba, el gran Dios Devastador sonrea a sus hijos, y yo fui elegido para ser el sucesor de mi seor D'Rak.
Bajo las calles?
El Grifo record combates y una huida mientras l y el dragn Morgis, este ltimo bajo un aspecto humanoide, eran perseguidos por los esbirros del imperio. Los guardianes en particular haban sido cazadores vidos; pero aquella persecucin haba finalizado en caos y destruccin, cuando haban conseguido romper el hechizo que impeda a Morgis convertirse en dragn. Abrindose paso hacia lo alto a travs de las calles mismas de la enorme ciudad, el dragn, con el pjaro-len sobre su lomo, se haba alejado volando, dejando ruinas tras de s.
Una fina sonrisa apareci en el semblante del jefe pirata.
Yo conduca la patrulla que se enfrent a ti. Cuando el dragn derrumb la ciudad sobre las catacumbas que haba debajo, estuve a punto de ser aplastado. Sobreviv, no obstante..., para sufrir an ms despus, cuando se nos arrebat el don de nuestro seor el Devastador.
El Grifo segua sin poder recordar las facciones de D'Farany, pero eso haba sido casi veinte aos atrs y los humanos acostumbraban cambiar con el tiempo. Los hechiceros, incluso los guardianes, vivan ms, pero el comandante aramita haba sufrido tambin la retirada del poder de su siniestro seor. Eso probablemente haba hecho ms para desfigurar sus facciones que toda la guerra.
Paseando la mirada a su alrededor, D'Marr se atrevi a interrumpir a su comandante.
Lord D'Farany, dijisteis que debemos tener el campamento listo para ponernos en marcha lo antes posible. Puesto que ya se ha dado la orden, no nos quedar mucho tiempo.
S lo que dije, Orril, lo s. Pero es una lstima. De pronto los ojos miraron directamente. Es una lstima, Grifo, que no podamos realizar una gran ceremonia de tu muerte. Yo, al menos, lo habra encontrado inspirador. Pensaba primero ofrecer a mi verlok unos instantes de tu tiempo y luego permitir que Orril nos mostrara sus habilidades en el arte del dolor inacabable.
Eliminado por sabandijas. Mis disculpas por la decepcin.
No se produjo una gran reaccin visible por parte de D'Marr, aunque sus ojos parecieron centellear enfurecidos por un instante. El pjaro-len intent calcular la distancia entre l y lord D'Farany. Incluso atado como se hallaba estaba seguro de que un buen empujn lo enviara rodando contra D'Farany. Era una empresa desesperada; pero, si tena que morir ahora, al menos deseaba una ltima oportunidad de acabar con uno de sus enemigos. Despus de lo que D'Marr haba dicho al Grifo sobre su hijo, habra preferido la garganta del joven oficial, pero estaba demasiado lejos para intentarlo siquiera.
Vivir con ello... Lord D'Farany juguete suavemente con el reluciente talismn. A propsito, conoc brevemente a un amigo tuyo. Un hechicero de cabellos oscuros... Cabe Bedlam era su nombre.
El Grifo se qued rgido.
Habra resultado muy agradable reunir a tan viejos amigos, pero l no quiso venir... de modo que lo dej enterrado bajo los cascotes de una cueva derrumbada.
Ladeando la cabeza a un lado, el pjaro-len estudi a su capturador con atencin. El rostro enjuto, las manos siempre en movimiento, y el cuerpo rgido le dijeron ms cosas que las palabras del guardin. Cabe poda estar muerto, pero esa muerte haba costado un alto precio al comandante aramita. Empez a meditar sobre la repentina decisin de levantar el campamento cuando era evidente que la ciudad Quel no poda haber sido despojada de todos sus tesoros. Cabe, o su muerte, haba instigado algo que preocupaba a lord D'Farany lo suficiente para decidir sacar de all a todo su ejrcito sin previo aviso.
D'Farany interpret errneamente su silencio.
Pensaba que te importaban ms los amigos. No eres mucho ms que un animal, hombre-pjaro. Sera mejor si acabramos con tus sufrimientos.
En el rincn, Orril D'Marr sac el cetro del cinturn, pero una mano detuvo al oficial.
No morir hoy. Prepralo para el viaje. Su muerte nos distraer maana.
Algo decepcionado, D'Marr asinti. Su mirada se pos brevemente en los Quel, quienes se la devolvieron con expresin inescrutable. El Grifo pens que se mostraban demasiado tranquilos si se tena en cuenta su situacin.
Qu hago con estas bestias?
Lord D'Farany no les dedic ni una mirada.
Mtalas antes de que nos vayamos, Orril. A su prisionero, el aramita aadi con suavidad: Quiero pasar algn tiempo contigo antes de tu muerte, hombre-pjaro. Quiero que conozcas el dolor y el sufrimiento que me causaste todos estos aos... y s que fuiste t. Tuviste que ser t. Jams he vuelto a estar completo desde el da en que a mi espritu le arrancaron los dones del guardin. Acarici el talismn, y de nuevo apareci la fina sonrisa en su rostro. Pero aqu me he acercado bastante.
Tras esto, el guardin dio media vuelta y abandon la tienda. Sus ayudantes, con la excepcin de Orril D'Marr, lo siguieron apresuradamente. Slo permanecieron el joven oficial y los guardas. El primero estudi a los atados prisioneros y se acarici la barbilla pensativo.
Debera hacer esto yo mismo, pero no tengo tiempo. Es una pena; habra sido divertido. Balance la punta del cetro a un lado hasta que sta apunt al pjaro-len Al menos tendr el placer de ocuparme de ti ms tarde. Veremos si puedes gritar tanto tiempo como lo hizo tu hijo.
Conteniendo la clera que se alz en su interior, el Grifo respondi en voz baja y reposada:
Mi hijo no grit.
No era slo lo que crea. Saba a ciencia cierta que Demion no haba gritado. Demion jams lo habra hecho, y adems el Grifo saba que su hijo haba muerto deprisa y en el calor del combate. D'Marr no haba tenido tiempo de torturarlo.
Esto no impidi de todas formas que el pjaro-len deseara vengarse del pirata-lobo. De algn modo, acabara con el hombrecillo.
Al ver que su intento de erizar las plumas de su adversario haba fracasado, Orril D'Marr volvi a guardar la maza en el cinturn y llam a los dos guardas.
Atadle la boca y matad a esas bestias repugnantes. Creis que entre los dos seris capaces de realizar esas rdenes? Quiero decir que estn atados de manos y pies.
Los soldados asintieron. D'Marr se volvi para salir; entonces se detuvo y volvi a mirar a los Quel. Introdujo la mano en una bolsa y sac algo demasiado pequeo para que el Grifo pudiera distinguirlo; agachndose, el aramita dijo a uno de los machos Quel:
He decidido daros una ltima oportunidad de salvar vuestras miserables vidas. Qu hay en esa caverna? Qu ocultis? Habladme!
El Grifo adivin que el objeto que no poda ver en la bien cerrada mano de D'Marr tena que ser un artilugio mgico similar a los cristales que la raza subterrnea utilizaba para comunicarse con los que no eran de su especie. La mencin de la caverna oculta le interes, en especial el desdeoso silencio que provoc en el Quel que D'Marr interrogaba.
Result interesante contemplar cmo desapareca la mscara de impasibilidad del rostro del joven oficial. Era evidente que estaba obsesionado con esa caverna.
Bah! El aramita se levant y se volvi hacia el pjaro-len. Las bestias estpidas no son capaces de hablar ni para salvar sus intiles vidas.
Posiblemente porque saben el valor de tus promesas. Al menos morirn sabiendo que te han frustrado en esto. En voz alta, coment con irona:
Pareces un poco enfadado. Qu es lo que no te quieren decir?
El rostro de D'Marr recuper la acostumbrada expresin trivial.
A lo mejor t lo sabes. Se inclin sobre el prisionero. Bajo la superficie, ms all de la ciudad Quel, haba una sala con una especie de enorme mecanismo mgico.
Fascinante.
El aramita pareci a punto de golpearlo, pero se contuvo.
Es lo que est al otro lado, lo que slo yo en todo el campamento sabe que se encuentra al otro lado, lo que me interesa. Yo fui testigo de la fase final del conjuro que utilizaron las bestias para convertir la entrada en pared slida. Hay algo tan valioso all dentro que estn dispuestos a morir por conservar el secreto. Yo planeaba colocar algunos explosivos en una de las paredes exteriores, pero las circunstancias me fueron desfavorables. Algo me ha ido siempre en contra. Ahora lord DFarany dice que el tnel ha desaparecido y que debemos marcharnos, pero todava sigo queriendo saber qu haba all dentro. Mientras hablaba, Orril D'Marr haba guardado el diminuto talismn y sacado de nuevo el cetro del cinturn, con cuyo pomo empez a golpear al pjaro-len en el pecho, pero, por suerte para el Grifo, sin utilizar el aspecto ms diablico del arma. Sabes t qu secreto me ocultan?
Seguro como estaba del contenido de la cueva, el Grifo no tena la menor intencin de pasar tal informacin al pirata-lobo. D'Marr no poda ofrecerle nada. El Grifo no senta ningn cario por los Quel y stos desde luego tampoco le tenan mucha simpata, pero aqu, por el momento, tenan un enemigo comn. Que a D'Marr lo corroyera la curiosidad. Era una pobre e insignificante venganza, pero al menos era algo.
Jams he estado en los dominios de los Quel.
Era una afirmacin sincera, hasta cierto punto. El oficial pirata pareci a punto de golpearlo, pero su conversacin se vio interrumpida por otro temblor, ste ms violento que sus predecesores. D'Marr estuvo a punto de caer sobre el hechicero, quien de buena gana habra abierto la garganta al aramita con el poderoso pico de haber tenido oportunidad. Uno de los Quel s que intent rodar contra un guarda, pero el soldado se apart y, sin cumplidos, hundi una buena parte de la espada en la desprotegida garganta de la criatura. La acorazada bestia humanoide lanz un chillido ahogado y muri. Sus compaeros se balancearon violentamente a un lado y a otro, pero no haba mucho que pudieran hacer.
El temblor tard ms en apaciguarse. Ahora el Grifo comprendi mejor el motivo por el que los piratas levantaban el campamento. Esta parte de Legar ya no era estable. Eso no debiera haber sido as, a menos que... Los muy idiotas deben de haber estado jugando demasiado con cosas que no comprendan!, se dijo.
Recuperando la calma, D'Marr retrocedi hasta la entrada de la tienda. Pas la mirada de su adversario a los centinelas; slo sus ojos mostraban la frustracin que senta.
Acabad con el resto de esas bestias y preparadlo para el viaje. Quiero que se desarme esta tienda en cuanto lo hayis hecho. Partimos en media hora. Cualquier cosa o cualquier persona que no est lista entonces se queda aqu.
Con una ltima mirada al Grifo, D'Marr desapareci por entre los faldones de la tienda. Los dos soldados intercambiaron una mirada, debatieron entre ellos durante medio minuto la mejor forma de acabar con los Quel, y luego se volvieron con sombra determinacin hacia los prisioneros.
El Grifo sinti cmo el suelo se alzaba bajo l y se prepar para otro temblor. Al ver que ste no se produca inmediatamente, baj los ojos y descubri que ahora se encontraba sobre el extremo de un montculo de tierra cada vez ms alargado, como si se tratara del rastro de un topo. La amplitud del montculo aument al acercarse a los soldados y sus vctimas, y acab por convertirse en el doble de ancho que cualquiera de los dos hombres.
Arrojndose a un lado, el pjaro-len se apuntal en el suelo.
Su repentina y peculiar accin llam la atencin de los dos piratas justo cuando estaban a punto de despachar a una pareja de Quel. Uno de los guardas envain la espada y se dirigi hacia el Grifo.
El aramita grit de sorpresa al verse arrojado hacia el techo de la tienda cuando el suelo estall ante l y varios cientos de kilos de destruccin acorazada surgieron de las profundidades de la tierra.
El Quel era enorme, incluso segn los patrones de la raza. En una zarpa gigantesca empuaba una afilada hacha de doble hoja que haba conseguido arrastrar con l mientras abra el tnel. El primer soldado an no se haba recuperado, pero el segundo atacaba ya. No obstante, para desgracia suya, hundi la espada demasiado abajo y sta se parti contra el caparazn, duro como una roca, del recin llegado. El Quel, sin mediar el menor sonido, hizo girar el hacha y procedi a partir casi en dos al soldado. Sangre y mucho, mucho ms decor el interior de la tienda, pero slo pareci importarle al Grifo.
Dndose la vuelta, la armada criatura avanz a grandes zancadas hacia el pirata que quedaba y enterr un extremo de su mortfera arma en el pecho del desconcertado hombre, el cual emiti un corto grito antes de morir.
El Quel arroj el arma al suelo y empez a liberar a los prisioneros. Arrastrndose como una serpiente, el Grifo intent alejarse todo lo posible de la vista del Quel. Por el momento, nadie le prestaba atencin, pero uno de ellos poda decidir no dejar testigos de la huida.
Un soldado penetr a travs del faldn.
Qu suce...?
Extendiendo el brazo para recoger su hacha, el rescatador se alz para enfrentarse al perplejo recin llegado. Dos Quel cuyas manos haban sido desatadas se apresuraron a deshacer las ataduras de sus piernas. Pero el aramita no se vio cogido tan por sorpresa que no pudiera defenderse; desenvain su espada y atac antes de que su imponente adversario pudiera utilizar su arma. Esta vez, el Quel no tuvo tanta suerte. El pirata-lobo le acert en una zona bastante desprotegida cercana al cuello y consigui rebanar un buen pedazo de carne. El Quel reprimi un grito de dolor y atac a su vez. Su hacha atraves el lugar donde debiera haber estado el pecho del humano, pero el cauteloso pirata se haba agachado al tiempo que empezaba a gritar con toda la potencia de sus pulmones.
Entretanto, el pjaro-len, que haba seguido alejndose de la batalla, se encontr pegado a un costado de la tienda. Rod sobre s mismo para que el rostro estuviera de cara al material y, tras sujetar la gruesa tela con el pico, intent abrir un agujero en ella o arrancarla del suelo. No haba otra forma de salir.
Un temblor autntico sacudi la tierra. La tela se le escap del pico pero no tard en recuperarla. Por desgracia, el temblor sigui creciendo en intensidad y apenas si pudo hacer otra cosa que mantenerse bien sujeto.
Entonces, alguien tir de la tela desde fuera. El Grifo se sorprendi tanto que se le volvi a escapar el pedazo que sostena. Una figura vestida con una tnica atisb al interior.
Grifo? inquiri una voz nada silenciosa. El terremoto continuaba con un sordo tronar que impeda escuchar nada que no fuera dicho a gritos.
El pjaro-len levant la cabeza y se encontr con el rostro cansado pero decidido del hechicero Cabe Bedlam.
Resultara agradable que de vez en cuando nos reuniramos en circunstancias ms placenteras consigui articular el maniatado pjaro-len.
Sus palabras hicieron aparecer una leve sonrisa en el rostro de su viejo amigo. Cabe hizo intencin de arrastrarse al interior, pero el Grifo sacudi la cabeza.
Tira de m hacia afuera! Hay Quel aqu dentro!
Cabe ech una mirada detrs del Grifo y asinti, pues probablemente ya lo saba. El Grifo se alegr de que los temblores y los ansiosos esfuerzos de los piratas-lobos impidieran que otros se hubieran dado cuenta ya de la batalla, pero estaba seguro de que eso cambiara dentro de pocos segundos. El hechicero agarr con fuerza al pjaro-len y lo arrastr al exterior. Luego apunt con la mano a las cuerdas que rodeaban los brazos y piernas del Grifo y las ligaduras se aflojaron y cayeron al suelo. Tras frotarse las muecas, el antiguo mercenario intent quitarse el collar que le rodeaba el cuello, pero un inmediato y agudo dolor a ambos lados del cuello lo oblig a parar.
Djame. El hechicero extendi las manos y toc ambos lados del collar con sus dedos ndices. Se produjo un breve resplandor rojizo. Entonces Cabe agarr con fuerza el artilugio aramita y lo abri.
Tienes toda mi gratitud. El Grifo se frot el dolorido cuello y observ que Cabe miraba su mano mutilada. Un regalo de la guerra. Un regalo del que culpo a hombres como Ivon D'Farany y Orril D'Marr,
Yo ya conozco al primero. El segundo es un oficial ms joven y bajo?
El mismo. Hay un hombre azul del norte del imperio que completa el juego.
No. Ese est muerto. Un aprendiz de hechicero. Creo que se mat l mismo por un exceso de confianza. Estos temblores son el resultado.
El Grifo se irgui satisfecho, pues la noticia le proporcionaba una cierta alegra. Pero no haba tiempo para saborear la muerte.
Temblores aparte, no podemos quedarnos aqu. La lucha habr atrado a otros.
Tengo un hechizo. Uno que hace que los dems no me presten atencin a menos que me enfrente a ellos. Deja que te incluya bajo su cobertura.
Cansado como estaba, el pjaro-len se limit a asentir a la sugerencia del hechicero. Cabe parpade y, al cabo de un momento, sonri satisfecho. Luego, su rostro volvi a ensombrecerse.
Ahora hemos de regresar junto a Caballo Oscuro y rescatarlo.
Caballo Oscuro? El Grifo se sinti demasiado avergonzado para admitir que haba estado pensando en ir en busca de D'Marr y su amo. Al parecer no era slo el negro corcel el que viva obsesionado.
No est lejos. Por ah continu el hechicero, sealando con la mano. Lo encontr a l primero, pero el problema es que no puedo liberarlo tan fcilmente como hice contigo. La especie de arns que le han puesto est ligado a su propia esencia. No haba visto nunca nada parecido.
Yo s. En el imperio lo denominan un arns de dragn. Absorbe el poder y la fuerza de voluntad de los dragones menores y los vuelve dciles. Los piratas-lobos tambin lo utilizan con otras criaturas ms inteligentes. Tuve suerte de que consideraran que el collar era suficiente en mi caso. Est claro que me queran en buenas condiciones para disfrutar de mi prolongada ejecucin.
Puedes soltarlo?
Eso creo. Me parece saber cmo. Se dispona a dirigirse en la direccin indicada por el mago, cuando Cabe lo sujet del brazo. Espera! Hay algo que deberas saber sobre estos temblores...
Cuntamelo. Deprisa.
Limitando el relato a tan slo los detalles ms bsicos, el agotado hechicero cont su encuentro con el Dragn de Cristal, el combate de voluntades entre el Rey Dragn y el guardin, la expulsin de Cabe del reino del seor dragn, y, por ltimo, su descubrimiento y el duelo en la cueva.
Y, a medida que el agujero se vuelve ms inestable, tambin se vuelve ms inestable esta zona de Legar observ el Grifo. El temblor haba empezado a apaciguarse, pero ambos saban que el siguiente no tardara en aparecer... y sera ms temible que el anterior. Exista un punto del que no era posible volver atrs, al que deban estar acercndose a gran velocidad. Es eso todo lo que sabes?
Todo lo que es necesario.
Cabe Bedlam ocultaba algo, algo concerniente al Dragn de Cristal, pero el pjaro-len se dijo que, fuera lo que fuera, el hechicero no lo consideraba importante con respecto al peligro inmediato que corran. Conoca a Cabe lo suficiente para confiar en esa decisin. Ms adelante, ya hablaran.
Nos preocuparemos por... Por el Dragn de los Abismos!
El suelo estall, y ambos salieron despedidos en diferentes direcciones. Nada ms aterrizar de espaldas contra el suelo, el Grifo comprendi lo que suceda. Esto no era un temblor, sino una amenaza mucho ms localizada.
Otro Quel haba surgido violentamente a travs del pedregoso suelo. El Grifo continu retrocediendo... y descubri que el suelo a su espalda se elevaba tambin en un nuevo montculo. Rod a un lado justo cuando un segundo Quel se abra paso hasta la superficie.
Lo mismo suceda por todo el campamento aramita. Aparecan montculos que se transformaban en crteres, y de cada uno de estos crteres surga un Quel. Donde fuera que hubiera un rastro de arena atravesando el campamento de los piratas-lobos, all brotaba la acorazada y ululante figura de uno de los habitantes del mundo subterrneo. Uno a uno, y luego por docenas, se abran paso desde las profundidades hasta la luz del da. Muchos empuaban hachas de armas, pero otros tenan suficiente con utilizar las garras. No importaba dnde aparecieran; fuera en terreno abierto o bajo un montn de armas, los Quel seguan saliendo. El Grifo saba que habra cientos de ellos, cientos de enormes monstruos rojizos cuya nica intencin era deshacerse de los habitantes de la superficie. Como un ejrcito de muertos vivientes liberado por los seores de los no muertos, las criaturas seguan saliendo.
Los durmientes no slo estaban despiertos; estaban furiosos.
Pocos seres vivos conocan toda la historia, aunque la leyenda se haba extendido por todo el Reino de los Dragones. Hubo un tiempo, antes de los Reyes Dragn y antes de los Rastreadores, en que la tierra haba estado gobernada por los Quel. La raza prosper durante un tiempo, pero, como muchas otras antes que ella, las criaturas con aspecto de armadillo hubieron de presenciar cmo su imperio se desmoronaba. La raza area de los Rastreadores se hizo con el dominio.
Los Rastreadores y sus inmediatos antecesores compartan una caracterstica comn: no aceptaban rivales en lo referente al poder. La raza de aves trat de eliminar el ltimo bastin del dominio Quel, la pennsula. Pero lo que los Rastreadores hicieron fue lanzar un hechizo tan terrible que no slo estuvo a punto de conseguir la extincin de los Quel sino tambin la de los seres areos. Los Rastreadores se retiraron a las pocas colonias que les quedaban e intentaron reconstruir su reducida poblacin. Jams consiguieron aumentar su nmero, ya que muchas de las hembras acabaron muriendo.
En cuanto a los Quel, stos buscaron una solucin diferente al desastre. Con su ya inhspito territorio arrasado y las regiones vecinas en un estado poco mejor, los supervivientes idearon un plan mediante el cual la raza, a travs de hechicera de nivel superior, dormira hasta que llegara el da en que pudiera reclamar su reino. La idea ya haba pasado por sus mentes antes de toda aquella destruccin, pero el monstruoso conjuro de los Rastreadores convirti el hechizo en una necesidad.
De modo que la raza Quel, excluidos los hechiceros que haban creado el conjuro, se reuni en una de las ms grandes de las salas subterrneas. Los hechiceros y sus aprendices permaneceran despiertos el tiempo suficiente para completar el gran conjuro y preparar a los que iban a sucederlos, ya que siempre deba haber unos cuantos para estar al tanto de los acontecimientos, mantener a salvo a los durmientes, y saber cmo despertarlos cuando llegara el gran da.
Sin embargo, algo sali terriblemente mal, y los que saban cmo funcionaba el hechizo perecieron mientras lo lanzaban. Hizo que la raza se sumiera en un profundo sueo, pero se perdi el secreto de cmo despertarla. Una parte del hechizo s funcion, no obstante; por cada Quel que mora, un sucesor despertaba. Habra guardianes, vigilantes, pero nadie que comprendiera lo que haba sucedido. El Grifo saba que, durante siglos, los Quel haban probado una infinita variedad de mtodos para volver a revivir a los suyos, pero jams haban tenido xito.
Hasta hoy.
Tena que ser Nimth y los piratas-lobos los que despertaran a algo tan indeseable como la raza Quel!, pens. Qu sucedera al Reino de los Dragones con los Quel despiertos, el pjaro-len no poda decirlo. En su opinin, slo podan ser cosas malas. Dudaba que el largo sueo hubiera enseado a los gigantescos armadillos el concepto de compartir su mundo.
Slo en la zona cercana al Grifo haban surgido ms de una docena de Quel. Busc a Cabe con la mirada pero no vio al hechicero, lo cual no lo sorprendi. El Grifo haba sido arrojado hacia atrs varios metros. Mucho tena que decir en favor de la sorprendente constitucin del pjaro-len el que fuera capaz de alzarse relativamente ileso, aunque bastante aturdido, de su violento aterrizaje. Con gran consternacin por su parte, sin embargo, comprob que el Quel que lo haba derribado deseaba cambiar su buena suerte. Unas afiladas garras intentaron alcanzarlo.
Se hizo a un lado y grit el nombre de Cabe, temeroso de que su compaero estuviera inconsciente o algo peor. No obtuvo respuesta. El creciente tumulto impeda or ninguna voz a menos que quien hablaba se encontrase a pocos centmetros de distancia. Se dio por vencido justo cuando el monstruo volva a atacar, esta vez lanzando sobre l las terribles zarpas. Una vez ms, el Grifo consigui esquivarlo, pero por muy poco.
Se escuchaban ms estrpitos de batalla. Los piratas-lobos se haban recuperado con rapidez. Aos de guerra los haban convertido sin duda en gentes preparadas para cualquier eventualidad. Tendran que agradecrmelo, se dijo.
Esquiv un nuevo ataque de las zarpas del monstruo, al tiempo que buscaba algo con lo que combatir al Quel. La extensin de su brazo no poda compararse con la de su adversario, de modo que el combate cuerpo a cuerpo era algo que el Grifo deseaba reservar para el ltimo momento.
El pjaro-len encontr el arma que buscaba en la forma de una estaca enredada entre los restos de una tienda que alguien haba estado desmontando. Contempl el afilado extremo del poste con lgubre satisfaccin. Slo los aramitas haran postes de tienda de campaa con las puntas afiladas. Mejor an, la improvisada lanza estaba hecha de buena madera dura. Metal habra sido mejor, pero el Grifo no estaba en condiciones de quejarse. Desenred la estaca, la empu y sin demora intent clavrsela al Quel. Esta vez fue la criatura la que retrocedi.
Aprovechando la ventaja, sigui con su ataque. E1 Quel aull y asest un golpe a la lanza de madera.
sta se parti en dos.
Tomando la iniciativa, la enorme criatura avanz pesadamente hacia el Grifo, muy segura de s misma ahora. El pjaro-len mir a su alrededor pero no vio ningn otro objeto que pudiera utilizar en lugar del poste roto. Era la lanza o nada.
En su larga, largusima historia, haba matado con mucho menos.
El pjaro-len embisti. Sorprendido por la temeridad de la pequea criatura, el Quel no se cubri bien, y el Grifo, bien enterado de los puntos dbiles de la raza, apunt al no tan acorazado cuello.
Gracias al impulso, el roto extremo de la estaca se clav en la blanda garganta y sali por la parte posterior de la cabeza. El Quel lanz un chillido quejumbroso y forceje con la improvisada lanza, pero la herida era mortal. Resollando y con la sangre corriendo por el pecho, el cavador acab por desplomarse al frente. El Grifo apenas tuvo tiempo de apartarse de un salto antes de que varios kilos de gigante muerto chocaran contra el suelo.
La cada de la bestia puso fin a cualquier otra utilizacin de la estaca, ya que el peso del monstruo tritur el bastn en varios pedazos diminutos e insignificantes.
Slo cuando su propia batalla hubo finalizado, pudo advertir realmente el Grifo la intensidad de los combates que se desarrollaban a su alrededor. Los hombres chillaban o aullaban o hacan ambas cosas, y, de vez en cuando, el agonizante ulular de un Quel se dejaba or por entre los dems ruidos. Por todas partes resonaba el constante entrechocar de las armas y las rdenes que gritaban los oficiales de los piratas-lobos. Sobre su cabeza, el pjaro-len escuch el retumbar del trueno, como si fuera a llover, excepto que el retumbo no termin, sino que sigui sonando interminable. Relmpagos verdosos cruzaban el cielo intermitentemente.
El suelo empez a temblar otra vez. Por la virulencia del nuevo temblor, el pjaro-len supo que el final estaba muy prximo. El mundo de los Quel debe de encontrarse ya en plena destruccin!, se dijo.
Motivo por el que han salido a combatir a la superficie, respondi en su cerebro una voz espeluznante que le result vagamente familiar.
Yo te conozco!, proyect el Grifo, con los ojos abiertos de par en par. Sinti la boca seca. Todava recordaba los detalles del enfrentamiento con el Dragn de Hielo.
Entonces sabes que podra ser un aliado.
Cabe dijo...
La voz se torn defensiva.
He cambiado de idea. Os ayudar.
Porque los dominios del propio Dragn de Cristal tambin estn en peligro? pregunt en voz alta el Grifo sin poder evitarlo.
El seor de Legar no contest a la pregunta. En su lugar, actu como si todo estuviera arreglado.
Puedes estar tranquilo en lo que concierne a Cabe Bedlam. El hechicero sabr qu parte debe representar en esto. Si todo va bien, todo ssse sssolucionar dentro de poco!
Al Grifo no le pas por alto el siseo de la ltima parte de la frase. Record que Cabe haba mencionado la lucha del Rey Dragn para conservar la cordura, pero se cuid de ocultar ese pensamiento al seor dragn. En aquel momento estaba dispuesto a aceptar casi cualquier ayuda, incluso la de una criatura demente como el Rey Dragn.
Qu quieres de m?
Debes liberar al caballo diablico. Te mostrar cmo puede quitarse el juguete de estos perros.
Es eso todo? Qu pasa con todo esto?
La voz del Rey Dragn empez a desvanecerse.
Volveremosss a hablar cuando hayasss llegado hasta el corcel...
Regresa! grazn el pjaro-len. No sirvi de nada; el contacto que el Dragn de Cristal haba creado ya no exista.
El seor dragn haba mencionado que Cabe tena un papel, y el Grifo temi por el humano, pues saba por acontecimientos pasados cmo solan jugar los Reyes Dragn con los que consideraban sus inferiores. Aun as, el Dragn de Cristal haba ayudado a salvar el reino de su glido congnere.
Fuera como fuera, el Grifo haba perdido a Cabe, y la confusin total reinaba ahora en el campamento de los piratas-lobos. Liberar a Caballo Oscuro era el nico camino que le quedaba. Tal vez Cabe estuviera all, a pesar de las insinuaciones del Dragn de Cristal.
Saba que habra elegido rescatar al ser eterno, sin importar qu otra cosa sucediera. No tan slo deba mucho al negro corcel, sino que, por sorprendente que resultara de creer a veces, Caballo Oscuro era un amigo. Un amigo leal. Habra sido tan incapaz de abandonarlo como de abandonar a Cabe o a su propia esposa.
El Grifo empez a andar hacia la zona donde se supona que Caballo Oscuro estaba retenido. En cada mano empuaba una espada recuperada de los cadveres destrozados de unos aramitas. El camino no fue fcil. No slo haba dejado de protegerlo el conjuro lanzado por el hechicero, sino que adems una lucha sin cuartel se haba extendido por todo el campamento. Los aramitas luchaban contra los Quel con lanzas y flechas. Se escuchaban incluso explosiones de vez en cuando. Lo ms curioso de todo era que poda or una serie de notas agudas emitidas por cuernos de batalla. No comprendi qu propsito perseguan hasta que descubri soldados con cuernos de batalla que actuaban en conjuncin con una hilera de lanceros. Los lanceros se esforzaban por acorralar a dos o tres Quel, mientras que los soldados con los cuernos se turnaban para extraer de sus instrumentos la nota ms larga y aguda que podan. Ante la sorpresa del Grifo, los Quel situados a una cierta distancia caan de rodillas mientras intentaban taparse los odos. Desarmados y vctimas de un insoportable dolor auditivo, las criaturas subterrneas resultaban presa fcil para los lanceros.
En las guerras puede verse de todo, se dijo el Grifo. Los aramitas se mantenan firmes, pero era un combate sangriento. El pjaro-len no senta la menor simpata por ninguna de las dos partes mientras se abra paso por entre tiendas destrozadas y cuerpos retorcidos de humanos y Quel. Se pregunt si lord D'Farany o el traicionero D'Marr estaran entre los muertos. Posiblemente no. Los diablos como esos dos siempre parecen sobrevivir hasta el ltimo momento, refunfu para s. Si escapaban, tendra que cazarlos aunque eso significara registrar todo el Reino de los Dragones. Los hombres as tenan la virtud de atraer a nuevos seguidores que reemplazaran a los que haban perdido. Aun sin un ejrcito, el guardin y su ayudante eran peligrosos para todos.
No tard en descubrir que la lucha lo favoreca. Los piratas-lobos y los Quel estaban demasiado ocupados en luchar entre ellos y contra los temblores cada vez ms fuertes para prestarle demasiada atencin. Se vio obligado a luchar en ms de una ocasin, pero ninguno de sus adversarios igualaba su destreza, ni siquiera el segundo Quel al que se enfrent. A este ltimo lo elimin justo cuando an no haba acabado de salir del suelo. Le cost una de las espadas, ya que la punta de la hoja qued incrustada entre las placas de la armadura natural de la criatura, pero dej al difunto Quel cado de espaldas, con la mitad del inmenso cuerpo todava bajo la superficie.
Finalmente consigui llegar hasta Caballo Oscuro.
El negro semental forcejeaba dbilmente con el arns que lo mantena inmovilizado, pero sus esfuerzos no servan de nada. El Grifo examin la zona y no vio guardas, que era lo que haba esperado. Por qu, despus de todo, custodiar algo que estaba impotente cuando monstruos surgidos de las profundidades de la tierra invadan el campamento? De todos modos, no dej de pasear la mirada a su alrededor mientras completaba la ltima parte del trayecto. Nunca se poda ser lo bastante cuidadoso.
Caballo Oscuro levant la cabeza.
Lord... Grifo. Estupendo... verte. Dnde est Cabe?
A salvo. Qu poda decir al corcel? Que el hechicero era supuestamente un pen del Dragn de Cristal? Y, hablando de ste, dnde ests, Rey Dragn? El pjaro-len necesitara inevitablemente ayuda con el arns, pues poda percibir que el hechizo era ms complejo que el de los que l conoca.
Segua sin haber respuesta por parte del Dragn de Cristal. El Grifo volvi a intentarlo pero sin xito. Mientras lo haca trat de descubrir el patrn del hechizo que haca funcionar el arns.
No puedes soltarme?
Debiera poder, pero voy a tardar ms de lo que haba esperado. Se supona que tendra ayuda.
Caballo Oscuro ni siquiera se esforz por comprender esta ltima declaracin, pero inclin la cabeza para indicar que haba comprendido la primera parte.
Har lo que pueda, lord Grifo, desde dentro. A lo mejor si los dos lo..., lo atacamos, nos resultar ms fcil.
Eso espero. El Grifo dio un traspi. Cada vez resultaba ms difcil mantener el equilibrio.
Los ojos del negro corcel se cerraron y la cabeza cay inerte. De no haberle advertido Caballo Oscuro lo que hara, el pjaro-len se habra desalentado, pero en realidad el equino haba entrado en el equivalente de un trance superficial con la esperanza de poder ayudar a su propia liberacin. Ponindose al trabajo con renovada confianza, el inhumano mago empez a recorrer las lneas del hechizo. En algn punto se le haba escapado el inicio del hilo. En algn punto...
Ya lo tena! El Grifo utiliz sus sentidos mgicos para seguir el hilo. Vea ahora cmo se arrollaba alrededor del collar del arns y se divida, pero los nuevos hilos no se dirigan a las ligaduras que rodeaban las patas de Caballo Oscuro. Ms bien, regresaban al principio. Sonde un poco ms y encontr el lugar donde se volvan a conectar. El secreto del hechizo empez a revelarse ante sus ojos.
Entonces, un millar de agujas convirtieron sus nervios en gelatina.
El dolor fue tan intenso que estuvo a punto de hacerle perder el sentido, pero el Grifo haba luchado contra el dolor en el pasado. Cay de rodillas, pero no se permiti caer ms.
A su espalda, el pjaro-len escuch el sonido de botas que araaban la roca. Esta vez consigui rodar a un lado antes de que el arma lo golpeara en la nuca. Tras acabar de rodar, se coloc en una posicin acuclillada, aunque algo vacilante. Fue entonces cuando se dio cuenta de que no tena la espada; sta yaca ahora a los pies de su atacante, al que no haba odo a causa de lo absorto que haba estado en el estudio del arns.
Me vuelvo viejo pens. Pero parece como si no fuera a llegar a mucho ms viejo!
Estaba seguro de que te encontrara por aqu. Incluso en medio de todo este caos y peligro, has venido a ayudar a un amigo. Qu adorable.
Orril D'Marr describi crculos en el aire con su cetro mgico, crculos o quiz dianas, ya que el dibujo se centraba alrededor del pecho del Grifo.
No puedes marcharte ahora. Ha llegado el momento de acabar con esto, hombre-pjaro. Ha llegado la hora de morir. Despus de todo, tu hijo te espera.
XVII
Cabe recordaba haber sido arrojado a un lado cuando el Quel haba surgido del suelo. Lo que no consegua recordar eran los varios segundos transcurridos despus de eso; slo saba que abri los ojos y se encontr con una esculida blancura. Tard unos cuantos segundos ms en descubrir que haba quedado enredado en una tienda. El mago se abri paso por entre la lona, y luego mir apresuradamente a su alrededor para detectar si se hallaba en un peligro inmediato.
No era as. La batalla se haba alejado de donde estaba. Al Quel que haba cogido por sorpresa a los dos amigos no se lo vea por ninguna parte. Tampoco al Grifo.
Cabe empez a sospechar que haba estado inconsciente durante ms de un minuto. Se llev la mano a la nuca, lo que result ser un doloroso error, pues el hechicero utiliz el brazo herido. Eso le provoc unos cuantos segundos ms de lucha para superar el nuevo dolor.
No puedo hacer nada con el brazo, pero me he ocupado de la herida de la cabeza.
Qu...? empez a decir Cabe; luego cerr la boca con fuerza. Por qu lo hicisteis?
En realidad eran dos preguntas en una. La voz, el Dragn de Cristal, contest a ambas.
Te golpeaste la cabeza con un pedazo de madera de la tienda. La herida era lo bastante grave para exigir tratamiento inmediato. Te necesito lo ms entero posible para lo que hasss de hacer.
El Rey Dragn haba decidido ayudarlo despus de todo. No resultaba demasiado sorprendente para el hechicero, no cuando el propio reino del Dragn de Cristal deba de estar sin duda en peligro. Cabe tuvo buen cuidado de omitir cualquier comentario o pensamiento sobre la anterior reluctancia del Dragn de Cristal. El hechicero necesitaba una solucin y pareca como si tan slo el seor de Legar tuviera una. Al menos, confiaba en que el Dragn de Cristal tuviera una solucin.
Pero el Grifo...
Ssse dirige a liberar al corcel diablico. Sssabe cul ssser tu tarea.
Mi tarea?, inquiri el hechicero en silencio.
Ssslo existe una fuerza capaz de enviar la maldad de Nimth de vuelta a sssu lugar de origen! Essso esss el mal misssmo! Puesto que la esfera y la plataforma Quel ya no exisssten, ssslo queda un objeto con vnculosss lo bastante fuertesss con la maldita hechicera de Nimth que podamosss utilizar! Hemosss de conseguirlo!
Slo un objeto. A Cabe nicamente se le ocurra uno, pero no poda creer que se tratara de se.
No te referirs al talismn de lord D'Farany?
El silencio que salud a la pregunta le confirm que el talismn del guardin era exactamente a lo que se refera el Dragn de Cristal. El hechicero sacudi la cabeza. Tena que haber alguna otra cosa.
No hay nada msss! Tiene que ssser el diente!
Cabe se mantuvo firme.
Aun cuando pueda encontrarlo en medio de todo esto, l jams me lo entregar de buena gana!
Har lo que pueda para ayudarte. Te prometo, Cabe Bedlam, que sssi hubiera otra forma, la essscogera! Esssto o nosss salva a todos... o acabar con todosss nosotrosss!
No era precisamente una afirmacin que comunicara confianza, se dijo con irona el hechicero. De todos modos, su contacto con el Rey Dragn era lo bastante fuerte para saber que el otro no menta. El talismn era la nica posibilidad que tenan.
Primero, no obstante, Cabe tena que encontrar el diente y arrebatrselo a un hechicero sumamente capaz de matarlo a l con el talismn.
El se encuentra a tu derecha en el otro extremo del campamento. Te guiar hasta l, pero debesss darte prisssa!
Desde luego se dio prisa, pero no antes de volver a lanzar el hechizo que lo haca pasar inadvertido ante los que lo rodeaban. Podra o no podra funcionar en medio de toda aquella anarqua, pero Cabe se senta ms seguro. Un escudo de invisibilidad lo protegera mejor, pero quera ahorrar fuerzas para su enfrentamiento con el comandante aramita. Las peculiaridades de la hechicera exigan que, as como el poder se extraa del exterior, la fuerza de voluntad y la energa del mago eran a menudo lo ms importante para mantener muchos de los hechizos. No pretenda comprenderlo; Cabe slo saba que sas eran las reglas.
Se rega el guardin por las mismas reglas?
El camino que sigui estaba sorprendentemente desprovisto de enfrentamientos, pese a todo lo que oa y vea a su alrededor. Todava no haba forma de saber si alguno de los dos bandos contendientes iba ganando. Un Quel cay vctima de tres saetas en el cuello; los aramitas aprendan con rapidez los puntos dbiles de sus gigantescos enemigos. No obstante, los Quel aprendan tambin. Aquellos que no llevaban armas arrancaban del suelo enormes pedazos de roca, que arrojaban con extraa puntera sobre sus ms menudos y veloces oponentes. Cabe tropez con un cadver cuyo rostro y parte superior del pecho haban quedado aplastados bajo una roca que deba de pesar tanto como el hechicero. Siempre haba sabido la sorprendente fuerza de los cavadores, pero este nuevo recordatorio lo dej anonadado.
En algunos lugares, la amenaza no provena de ninguno de los dos bandos, sino del mismo terreno. Se haban abierto grietas en toda la zona y se abran otras nuevas a cada minuto que pasaba. Cabe vio cmo un hombre se precipitaba a la muerte cuando el suelo desapareci bruscamente bajo sus pies. El mismo hechicero tuvo en ms de una ocasin que saltar barrancos que aparecan inopinadamente. Tan slo las orientaciones del Rey Dragn consiguieron mantenerlo en la direccin correcta.
Entonces, en medio de los ejrcitos contendientes y el tembloroso suelo, Cabe distingui a lord D'Farany. El guardin y otros tres piratas, todos ellos oficiales, intentaban hacerse con el control de varios caballos atados no muy lejos de all, pero sin demasiado xito. Dos animales estaban ya casi ensillados, pero los otros estaban demasiado sobreexcitados y luchaban contra los piratas.
D'Farany se dispona a montar uno de los dos animales preparados para huir.
Cabe ech a correr. Quera estar lo ms cerca posible antes de invocar un conjuro en este caos, pero su tiempo era limitado. El comandante aramita pareca ms que dispuesto a abandonar a sus hombres si stos no se daban prisa. Evidentemente, lord D'Farany haba decidido que el ataque Quel significaba un retraso demasiado largo para arriesgarse. Incluso aunque sus hombres derrotaran a los seres subterrneos, lo que no era una certeza, el tiempo perdido sera excesivo. Toda esta regin estaba al borde del colapso.
En su ansiedad por acortar la distancia entre el guardin y l mismo, el hechicero no prest la suficiente atencin al suelo. Tropez con algo grande y en movimiento, y fue a estrellarse de cara contra el inhspito suelo.
Con un gemido, Cabe levant la cabeza, temeroso de que el comandante aramita hubiera huido ya. Lo que vio no fue al pirata-lobo, sino ms bien una hilera de afilados dientes amarillentos. Los dientes se encontraban en el interior de las abiertas mandbulas de una monstruosidad del tamao de un perro pequeo, pero ms parecida a un roedor. Sin lugar a dudas, aquello tena el rostro ms horrendo que el magullado mago haba visto en su vida, y eso inclua criaturas como los Quel y los ogros. El ser pareca hambriento. Muy, muy hambriento.
Intent rodar a un lado cuando la criatura salt, pero el monstruo se retorci en el aire y, en cuanto Cabe gir sobre su espalda, le cay sobre el pecho. Cabe jade con fuerza al quedarse sin aire, y apenas si tuvo tiempo de levantar las manos para impedir que la bestia le mordiera la garganta. El animal cerr los dientes en el aire, y su ftido aliento fue casi suficiente para matarlo, con dientes o sin ellos.
El brazo le dola terriblemente y un segundo mordisco de la criatura aument el dolor con una herida superficial. Consigui echarla hacia atrs lo justo para que las fuertes mandbulas no pudieran aferrarse. La saa del animal era tan sorprendente que Cabe apenas tena tiempo de concentrarse. Fall en dos ocasiones y en ambas las horribles fauces de la monstruosidad se acercaron un poco ms a su garganta.
Con un desesperado empujn, Cabe consigui por fin sujetar a aquel animal parecido a una rata. Sin prestar atencin al punzante dolor de su brazo, el hechicero mir fijamente a su presa.
Esta chill. Chill presa de temor, y l se permiti una leve sonrisa. Resultaba agradable que algo sintiera miedo de l por una vez. Pero, a pesar del quejumbroso chillido, el mago no cambi de idea. Ya haba decidido el castigo. El animal se retorci y revolvi en su mano y, a medida que lo haca, fue encogiendo hasta tener el tamao de un conejo, luego el de un petirrojo, y enseguida el de la rata a la que tanto se pareca. Ni siquiera eso fue suficiente. Cabe no se detuvo hasta que su atacante qued reducido al tamao de una bellota. En este punto, el hechicero cerr la mano con fuerza alrededor de l y, echando hacia atrs el brazo sano, arroj al bicho todo lo lejos que pudo. El diminuto animal se perdi en la niebla.
Cabe se volvi, temiendo que fuera demasiado tarde, pero advirti que lord D'Farany no se haba ido an. En realidad, el guardin miraba hacia l y no sonrea precisamente.
El hechicero registr su cerebro en busca de la presencia del Dragn de Cristal pero no consigui restablecer contacto. Al parecer, el Rey Dragn lo haba abandonado en el peor momento posible.
D'Farany espole su montura y la condujo despacio hasta su enemigo. No intent ningn conjuro pero el hechicero percibi el poder que flua alrededor del pirata-lobo, poder cuyo origen se encontraba en una bolsa colgada a la cadera del aramita. Tras l iban los tres oficiales, uno a caballo y los otros dos a pie. Ellos, al contrario que su seor, estaban armados y listos para matar.
Deberas estar muerto, como yo lo estuve en una ocasin. Pero yo regres a la vida y t tambin lo has hecho. Creo que, a tu manera, debes de ser un enemigo tan tenaz como el Grifo coment D'Farany, la fina sonrisa apenas perceptible.
En cierto modo, an ms. Es lealtad pirata lo que tengo ante m? No tardasteis mucho en abandonar a vuestros hombres, verdad?
Los oficiales tomaron esta ofensa como el insulto definitivo y avanzaron para acabar con l. Lord D'Farany alz una mano para detenerlos.
Yo no abandono a mis hombres. Abandono guerras que estn perdidas y, en el pasado, abandon la cordura, pero no abandono a mis hombres. Poseo el poder de salvarlos ahora mismo. Dio una palmada en la bolsa. Y, mientras tenga esto conmigo, puedo hacer cualquier cosa.
La tierra intent tragarse a Cabe... literalmente. El barranco que se abri tena rocas por dientes y una sinuosa y vida columna de arcilla que actuaba a modo de lengua prensil. Cabe se haba preguntado si el guardin poda controlar su poder incluso cuando el talismn no estaba en sus manos; ahora lo saba, aunque esta nueva informacin haba estado a punto de llegarle con un segundo de retraso.
Sin embargo, el hechicero haba esperado lo peor y por lo tanto estaba preparado. Cabe se alz en el aire sobre la abierta boca y fuera del alcance de la rastreadora lengua. Not cmo D'Farany volva a hacer uso de su poder, y la lengua, como una serpiente, se estir tras l y lo sigui hasta donde el mago de oscuros cabellos se atrevi a subir.
Un violento vendaval convirti el vuelo de Cabe en un aterrador torbellino. En un principio pens que era cosa del aramita, hasta que una ojeada casual le mostr que D'Farany tambin tena problemas para controlar su magia. Mientras que el hechicero era casi incapaz de dirigir su vuelo, los piratas-lobos se vean obligados ahora a luchar contra la creacin de su seor. La columna de arcilla se mova de un lado a otro, primero intercambiando golpes con los dos oficiales a pie, para luego intentar atrapar a uno de los dos jinetes.
Nimth los aplastaba a todos.
Rey Dragn, dnde estis?
Yo... hechizoooo... podr...
El mensaje en su mente era de una incongruencia total. Cabe luch por forzar su voluntad por encima del hechizo que haba iniciado y, en cierto modo, acab por conseguirlo, ya que de improviso el sobresaltado mago se encontr cayendo en picado hacia el suelo.
Cabe fue incapaz de mantenerse a flote; pero, en el ltimo instante, su fuerza de voluntad consigui crear un cojn de aire, lo que permiti que su aterrizaje fuera menos brusco. La creacin de lord D'Farany no se apoder de l cuando lleg al suelo, lo que lo hizo suponer que segua peleando con los aramitas. Descubri que efectivamente era as. En realidad, el sinuoso apndice se haba arrollado alrededor de uno de los caballos y arrojado al suelo al oficial que lo montaba, e intentaba en aquellos momentos introducir a la aterrorizada criatura en sus fauces.
Dos soldados persiguieron al animal, pero lord D'Farany les ladr una orden que los hizo retroceder. Entre relinchos, el corcel se vio introducido en la mgica boca. Nada ms desaparecer la infortunada bestia en su interior, la boca sencillamente se desvaneci. No qued seal del barranco ni del desgraciado animal.
Aparentemente satisfecho, D'Farany seal al tercer hombre, el que haba sido desmontado del caballo, y dijo algo ininteligible que el hechicero imagin que era una orden para que averiguaran el estado del oficial herido. Los dos oficiales que quedaban obedecieron al momento.
El guardin mir entonces hacia l. Una mano se introdujo en la bolsa donde guardaba el talismn. Lord D'Farany deseaba un control ms directo sobre sus conjuros. El talismn era til como punto de enfoque, pero Cabe tambin saba que era una especie de muleta para la imaginacin de un hechicero. Los que confiaban en los talismanes se concentraban a veces excesivamente en lo que tenan delante, pues era all donde estaban dirigidos sus juguetes. Eso significaba que en ocasiones sus otras defensas quedaban debilitadas.
Eso al menos esperaba.
El hechicero no aguard a que su adversario sacara el diente. De improviso, aparecieron diez Cabes en la zona, cada uno movido por un propsito diferente del de sus gemelos. Algunos permanecieron donde estaban mientras que otros avanzaron hacia el guardin y sus hombres.
Entre estos ltimos estaba Cabe, quien ahora se encontraba ms a la derecha de su anterior posicin. Era un hechizo arriesgado, como lo eran todos en este lugar, pero haba funcionado a la perfeccin. Los falsos Cabes movan las manos en el aire en pases msticos que en realidad no tenan el menor significado. La creacin y el control de las ilusiones no le significaba en absoluto un gran esfuerzo, ya que requeran menos poder que un autntico conjuro. Ahora slo tena que esperar que su adversario cayera en la trampa.
D'Farany se detuvo, y perdi uno o dos segundos preciosos mientras estudiaba a su multiplicado oponente. Luego sac el talismn y apunt a una de las imgenes ms lejanas. Por el rabillo del ojo, Cabe contempl cmo el duplicado se estremeca, para luego desaparecer. Avanz ms deprisa. Tena que acercarse un poco ms...
Balanceando el brazo a un lado y a otro, el guardin utiliz el talismn contra una imagen tras otra. El corcel, asustado por la furia desencadenada a su alrededor, forcejeaba con el aramita, lo que retras a D'Farany unos crticos segundos ms. El hechicero se acerc ms, dirigiendo de vez en cuando la mirada hacia los otros piratas. Los dos oficiales seguan inclinados sobre el tercero, que tardara bastante en levantarse, si es que se levantaba, a juzgar por su aspecto. Cabe no tema a los dos que quedaban; slo su seor representaba un peligro.
En ese momento, el mortfero talismn de lord D'Farany apunt directamente a l... para luego continuar hasta que el guardin lo fij sobre un ilusorio Cabe situado a la derecha del autntico.
El aramita haba supuesto que uno de los diez tena que ser su adversario, pero se equivocaba. Aunque Cabe se mova por entre sus duplicados, ante los ojos de todos excepto los suyos propios l no estaba all. No a menos que miraran con mucha atencin. Cabe haba confiado en los temblores y en sus duplicados para desviar la atencin de s mismo. Entretanto, el mismo hechizo que le haba permitido entrar en el campamento de los piratas-lobos le permita ahora acercarse al guardin. Mientras D'Farany tuviera otras cosas en las que ocupar su visin, no vera al hechicero. Desde luego, existan limitaciones. Cuanto ms se acercaba Cabe, ms posibilidades haba de que la voluntad del hechicero aramita venciera al hechizo. Si hubiera intentado llegar junto a lord D'Farany y derribarlo de la silla, era probable que Cabe hubiera sido atacado mucho antes de estar lo bastante cerca para hacer nada. Por suerte, no tena intencin de acercarse tanto.
Al menos, no al principio.
Lleg a su destino justo antes de que D'Farany, que segua forcejeando con el nervioso caballo, dirigiera el talismn hacia el ltimo de los duplicados de Cabe. El guardin tena problemas para apuntar, que era lo que haba esperado el hechicero; eso le daba el tiempo suficiente para prepararse y luego lanzar su propio ataque.
El suelo frente al inquieto equino estall en estridentes explosiones cegadoras. Las explosiones de luz se repitieron todo en derredor del corcel, volvindose ms ruidosas con cada estallido. Asustado como estaba ya, el animal no pudo soportar ms lo que suceda a su alrededor. Corcove y se alz sobre los cuartos traseros en un intento de huir de las explosiones.
Lord D'Farany luch en vano por mantenerse en la silla. En un principio resbal hacia atrs; luego cay hacia adelante mientras intentaba asirse a la silla con la mano que no sujetaba el colmillo tallado. Mientras trataba de sujetarse, las riendas escaparon de las manos del guardin.
No atrevindose a perder ni un momento, el hechicero atac ahora a los dos piratas-lobos que quedaban, que en aquellos momentos se alzaban para ayudar a su seor. Cabe se ocup de ellos del modo ms simple, utilizando una diminuta parte de sus habilidades para levantar dos pesadas piedras y arrojarlas contra los dos. Ninguno de los hombres tuvo la ms mnima oportunidad de desviar los proyectiles que caan sobre ellos. Con cascos o sin ellos, las piedras los golpearon con tanta fuerza que los dejaron inconscientes.
Incapaz de poner orden suficiente en sus pensamientos para poder controlar al animal, lord D'Farany se vio finalmente desmontado del caballo. La cada no fue tan dura como Cabe haba esperado en un principio, pero el desbocado animal consigui arrojar al guardin casi justo donde Cabe quera.
Al instante salt sobre l.
El decidido hechicero cay encima de su adversario. D'Farany, aturdido an por la cada, fue incapaz de evitar que Cabe le sujetara las muecas. Slo cuando se dio cuenta de que su precioso talismn ya no estaba en su mano, empez realmente el guardin a debatirse. Ni siquiera intent un hechizo, y Cabe se dijo que tal vez necesitaba tener el amuleto sobre su persona. La nica magia que el hechicero recordaba haber visto utilizar a D'Farany por su cuenta y riesgo fue cuando ste haba atrado hacia s el talismn, y eso poda muy bien haberse debido al vnculo que exista entre el objeto y l. Haba muchas cosas que no saba sobre los hechiceros aramitas.
Cabe, buscando mientras luchaba, vio el objeto de la disputa a slo un metro ms o menos de distancia. Consternado, advirti que ste se iba arrastrando poco a poco hacia los dos y, recordando cmo el diente haba volado a las manos del hechicero aramita, comprendi que, mientras el guardin pudiera pensar, D'Farany poda llamar al talismn. Tan slo el estar luchando con Cabe le impeda haber recuperado ya el maldito cachivache. Un minuto o dos ms y volvera a controlarlo.
Esta vez el hechicero no lo permitira. A la corta distancia a que se encontraban, l, al menos, saba lo arriesgado que era lanzar cualquier clase de conjuro potente. Sin embargo, exista otra ilusin que pensaba probar. Slo confiaba en que su imaginacin y las descripciones vertidas por el Grifo en una carta recibida muchsimo tiempo atrs seran suficientes.
El rostro de Cabe se difumin, para convertirse en el siniestro y lbrego contorno de una enorme y terrible criatura lobuna de ojos llameantes y una boca llena de afilados dientes capaz de abarcar toda la cabeza de un hombre.
El rostro de lord D'Farany se qued sin expresin; luego se contorsion en una horrible mscara de veneracin por la bestia que vea sobre l.
Soltando una de las muecas del guardin, Cabe form un puo con la mano y golpe a D'Farany en la mandbula con todas sus fuerzas. La mano le sigui doliendo un buen rato despus de ello, pero los resultados valieron la pena.
A veces el camino directo es el mejor camino murmur al inconsciente guardin.
Slo contra un hombre como D'Farany podra haber funcionado una ilusin como la que Cabe acababa de proyectar. El Grifo haba descrito su encuentro con la feroz deidad de los aramitas, el lobuno Devastador, dedicando bastante tiempo a la horrenda imagen del monstruo y a la devocin que los guardianes mostraban por su siniestro dios. D'Farany haba reaccionado exactamente como el hechicero haba calculado. Una buena cosa, adems; no habra sabido qu otra cosa hacer si el truco hubiera fallado.
El talismn!, grit de improviso en su cabeza una voz conocida. No queda mucho tiempo para corregir el dao causado!
Si hubiera tenido un poco ms de ayuda con esto gru el hechicero, pasando por encima de D'Farany, habra acabado antes.
Debo conssservar misss fuerzasss!
Y qu pasa con las mas?
El talismn!, rugi la voz interior.
Lo tengo!, transmiti, con bastante enojo. En voz alta, Cabe pregunt:
Ahora qu?
Ahora, dijo la voz, curiosamente vacilante pero a la vez inslitamente calmada, del Rey Dragn. Ahora debes mantenerlo de una pieza pase lo que pase. No debes permitir que se rompa, no sea que todo lo que consigamos sea liberar ms descomposicin y caos del reino de mi pasado!
Eso no sonaba como algo en lo que Cabe deseara participar, pero de todos modos sujet el talismn con fuerza.
Qu vas a hacer?
El juguete del guardin es la nica cosa que an mantiene contacto con Nimth y el siniestro poder de ese desdichado mundo. No confo por completo en que pueda resistir el esfuerzo, pero es todo lo que tenemos. Tomar el poder de Nimth y lo utilizar como slo alguien nacido de los vraad puede hacerlo. Tomar ese poder y llevar la paz a mi reino..., la paz o la muerte.
Pero...
La protesta de Cabe muri en sus labios cuando sinti cmo la primera oleada de poder flua al interior del talismn y luego sala de l. Casi de inmediato comprendi lo que el Rey Dragn haba querido decir sobre mantener el objeto de una pieza. Se le estaba transmitiendo tanta energa, se introduca tanta magia equivocada a travs de l, que el diente se vea forzado ms all de sus posibilidades. El Dragn de Cristal lo utilizaba como algo ms que un simple receptculo o un punto focal, ms an que ambas cosas a la vez, y la tensin lo estaba rompiendo.
La voz del Dragn de Cristal se torn indiferente, distante.
Dejemos que el poder de Nimth haga al fin algo digno. Hagamos que Legar escuche su poder... y que luego Nimth quede en silencio para siempre!
En todo a su alrededor, se escuch un sonido, un sonido penetrante que de improviso simplemente estaba all. Sacaba su fuerza de los inmensos poderes que surgan a borbotones por el agujero abierto entre ambos mundos, pero se transmita desde todas partes. Las tormentas, el viento y la salvaje y cambiante magia dieron paso a un temblor. No era un terremoto. Cabe slo pudo definirlo como una vibracin de toda la zona, y, cuanto ms rpida era la frecuencia de la vibracin, mayor era la intensidad del sonido.
Mantn tu mente en el talismn! Deja que el sssonido passse! Yo...
El ensordecedor ruido hizo caer de rodillas al hechicero, pero ste no perdi el control. No se debi a que supiera que el hechizo se desvanecera sin finalizar, sino a que saba que hacerlo significara su muerte. nicamente esperaba que el xito del hechizo no significara tambin su muerte.
Entonces, ya no fue posible seguir pensando con coherencia. No haba ms que el sonido. El condenado sonido.

Mientras Cabe luchaba contra el verlok, daba comienzo tambin el combate del Grifo. Se inici con una serie de crculos, mientras los dos cautelosos contendientes se medan mutuamente. El pjaro-len lo hizo en silencio; Orril D'Marr hizo todo lo contrario.
Cuando encontr la tienda hecha pedazos y los cuerpos de los guardas ah cados, pero no el tuyo, me enfurec. Haberte capturado al fin y que te escaparas luego... era demasiado. Haba esperado demasiado!
El Grifo mir por encima de la espalda de D'Marr a Caballo Oscuro, que permaneca inmvil. No obtendra ayuda por aquel lado, aunque no es que la desease. D'Marr era suyo y slo suyo. El Grifo quera al pirata-lobo ms an de lo que el joven oficial lo quera a l. Aun cuando la sensatez les gritaba que huir era la nica opcin para ambos, ninguno pensaba retroceder ahora.
El cetro de D'Marr brillaba como haba brillado Legar en una ocasin. El aramita intent golpearlo con l por dos veces, pero siempre se retiraba antes de que el Grifo tuviera la posibilidad de agarrar la pequea arma por el mango. El pjaro-len era consciente de lo intil de su poder contra el pirata-lobo mientras D'Marr empuara la maza, aunque eso no era una gran desilusin para l. La muerte de Demion exiga un combate ms personal. Orril D'Marr tena que averiguar lo que significaba matar a un miembro de la familia del Grifo; adems, no quera confiar demasiado en la magia en este lugar. Algo como el cetro poda funcionar aqu, pero los hechizos podan matar al que los haba lanzado.
A su alrededor, el suelo tembl y se abrieron grietas, mientras rayos verdes seguan cayendo en la llanura. Ninguno de los dos contendientes hizo el menor caso. Haban llegado a un punto en el cual la interferencia de cualquiera, fuera Quel, pirata-lobo, o uno de los aliados del Grifo, habra dado paso a una sorprendente alianza entre los duelistas en contra de los intrusos. Tan slo la violencia destructora que se haba apoderado del reino tena alguna posibilidad de interponerse entre ambos.
Te gustara tener tu espada, hombre-pjaro? A lo mejor si la pides con educacin la obtendrs. El rostro del aramita era una mscara de indiferencia. Sus ojos no.
Tengo esto. El Grifo le mostr las afiladas garras. Son todo lo que necesito para ti.
Bueno, toma la espada de todos modos observ D'Marr, empujndola hacia su enemigo de una patada.
Desconcertado y con cierta desconfianza, pero sabiendo que la espada eliminara el mayor alcance que el pirata-lobo tena en aquellos momentos, el antiguo mercenario recogi el arma. No hubo ningn ataque por parte de D'Marr entonces; simplemente la sombra de una sonrisa. El pjaro-len haba conocido a pocos hombres que pudieran trastornarlo como lo haca ste. No se poda confiar en nada de lo que hiciera el aramita, ni siquiera en la forma en que respiraba. De todos modos, ahora el Grifo tena un arma que poda utilizar sin acercarse peligrosamente al cetro.
Cuando ests listo, D'Marr.
El pirata-lobo lanz una carcajada... y puso en movimiento la maza mientras el Grifo segua maravillndose ante la peculiar reaccin del normalmente reservado oficial. Descubri la razn de la carcajada al alzar su espada para rechazar el ataque. Cuando las dos armas entraron en contacto, Orril D'Marr hizo retroceder la suya de forma que la cabeza del cetro entrara en contacto con la hoja de metal.
El Grifo fue incapaz de reprimir un grito.
Solt la espada y retrocedi tambaleante tan rpido como pudo, sin dejar que sus ojos anegados en lgrimas perdieran de vista al aramita. D'Marr no lo persegua, no obstante. Se limitaba a sonrer ante la desdicha del Grifo y el xito de su jugarreta.
Comparado con el ataque actual, el golpe recibido mientras estaba absorto en la tarea de liberar a Caballo Oscuro no haba sido ms que un aguijonazo. El pjaro-len no poda dejar de temblar. La cabeza le martilleaba y las piernas amenazaban con doblarse.
Eso fue una especie de punto medio, hombre-pjaro se mof el oficial pirata. El autntico Orril D'Marr empezaba por fin a salir a la superficie. No sabas que todo lo que tengo que hacer es tocar algo que t ests tocando? Podra ser metal. Podra ser ropa. Si lo sujetas o lo llevas puesto, sentirs la mordedura de la maza. Mi predecesor fue maravilloso con este tipo de detalles.
Qu..., qu le sucedi?
Fue lento en comprender mi potencial, pero el accidente se ocup de ese descuido.
Aun cuando las palabras del pirata no hubieran tenido un significado tan claro, el Grifo habra comprendido lo que D'Marr deca. El camino de la promocin en el imperio aramita estaba cubierto de los cadveres de aquellos que no haban sido lo bastante despabilados para averiguar cul de sus congneres deseaba su cabeza. Era lo que se esperaba de todos; de hecho, era la ley de la jaura. Los mejores oficiales eliminaran a los peores.
Ante l se encontraba un excelente ejemplo de lo primero. La tradicin de la obediencia ciega era para los rangos inferiores, los soldados de a pie, y aquellos a los que se tema lo suficiente para servirlos.
D'Marr balance perezosamente el cetro.
Volvemos a intentarlo?
El aramita dio una estocada con la maza, una maniobra que habra sido estpida de no haber sido por el aterrador poder de la cabeza. Echndose a un lado, el Grifo utiliz sus excepcionales reflejos y lanz las garras sobre el brazo de su adversario que empuaba el arma. Las afiladas uas araaron la negra armadura sin conseguir nada. La coraza del oficial era de una calidad mucho mayor que la de un guarda normal. Aun as, D'Marr retrocedi al darse cuenta de que se estaba volviendo excesivamente descuidado.
A pesar de todo, y bajo la creciente presin del cetro, el Grifo se vio obligado a retroceder ms y ms. Cada paso era una empresa precaria en s misma, ya que no slo el suelo era cada vez ms irregular, sino que la intensidad de los temblores haba aumentado hasta tal punto que incluso en la superficie ms plana habra resultado un desafo mantener el equilibrio. Hasta el propio Orril D'Marr, que se hallaba en una situacin mucho ms ventajosa que el pjaro-len, tena dificultades para mantenerse en pie.
Por qu no me atacas, pjaro? Eres medio gallina, acaso? Es eso lo que significan todas esas plumas? El oficial aramita fingi atacar. Vas a resultar tan cobarde como ese chiquillo tuyo?
Si esperaba volver frentico al Grifo tal y como casi lo haba conseguido la ltima vez que haba mencionado a Demion, el pirata-lobo estaba equivocado. Por la memoria de su hijo, el pjaro-len luchaba con todas sus fuerzas para mantener controlados sus instintos. Tendran su utilidad cuando llegara el momento, pero no se les poda permitir que se hicieran con el control.
En ese momento, su pie se hundi en una pequea grieta del suelo, una grieta lo bastante ancha para atrapar el taln. El Grifo se balance adelante y atrs, en un intento por recuperar el equilibrio. Orril D'Marr carg entonces contra l, blandiendo el brillante cetro con odiosa satisfaccin.
Pero no fue el Grifo quien cay al suelo. Agachndose, consigui a duras penas estabilizarse. Por el contrario, el ansioso pirata pis un trozo de terreno que el temblor haba dejado suelto pero no roto. La pesada bota de D'Marr fue un peso ms que suficiente; un buen pedazo de suelo cedi, hecho aicos, y el aramita resbal y cay de espaldas.
Era todo lo que la furiosa masa de plumas necesitaba. Cambi su posicin agachada por un salto sobre la garganta del asesino de su hijo. Con una exclamacin ahogada, D'Marr se revolvi a un lado, pero no lo suficiente para salir ileso. El Grifo se estrell violentamente contra el duro suelo, pero las uas de su mano mutilada dejaron su marca en el cuello del pirata. D'Marr lanz un grito de agona. El olor a sangre lleg hasta el Grifo, que sinti cmo su tacto hmedo corra por sus dedos.
No hubo tiempo de saborear el golpe, ya que el aramita no estaba muerto ni mucho menos. Orril D'Marr sigui rodando hasta quedar otra vez de cara a su adversario. A pesar de la cada, no haba soltado el cetro, que inmediatamente blandi en direccin a la figura cada a su lado. El Grifo lo intercept con el brazo, teniendo buen cuidado de tocar el cetro por el mango; luego intent torcer la mano y agarrarlo, pero D'Marr no se lo permiti. El pirata-lobo se arrastr hacia atrs y se puso en pie. La sangre rezumaba por las dos heridas idnticas que le recorran un lado de la garganta, y la sonrisa haba sido reemplazada por una furia creciente y puede que una pizca de temor.
Ponindose en pie a su vez, el pjaro-len mostr al oficial sus dedos manchados de sangre.
La primera degustacin, D'Marr. La primera degustacin de mi venganza. No parar hasta que toda la piel de tu cara haya sido arrancada de la misma forma en que se despelleja a un lobo muerto. Dudo que se pague demasiado bien tu piel, pero conozco a dos, contndome a m, que valoraran la experiencia.
Antes ver tu cabeza colgada de una pared, hombre-pjaro! El pirata-lobo volvi a lanzarse contra l.
El Grifo esquiv la primera embestida, y lanz la zarpa contra D'Marr cuando el brazo del pirata pas junto a l. Una vez ms, sus uas se hundieron en la armadura, pero se apart antes de que el aramita pudiera volver el cetro contra l. D'Marr consigui no obstante patearle una pierna, pero subestim la fuerza de su adversario y, en lugar de hacer caer a su enemigo, fue l quien casi perdi el equilibrio.
El Grifo volvi a saltar, y esta vez Orril D'Marr no consigui bajar la maza a tiempo. Ambos chocaron y cayeron, enzarzados en una batalla mortal. D'Marr no soltaba el cetro y el Grifo tena que utilizar todas sus fuerzas para mantener inmovilizado aquel brazo con la mano de tres dedos. Rodaron varios metros, primero con el pjaro-len encima, luego con D'Marr, y as sucesivamente.
Fue el sonido lo que casi puso fin a la batalla para los dos. Un sonido agudo y terrible que atravesaba odos y cerebros. Los dos contendientes se separaron y cada uno busc nicamente cubrirse los odos y mantener la cordura. El Grifo apenas se dio cuenta de que la tierra ya no temblaba, sino que ms bien vibraba, un movimiento bastante diferente y desconcertante.
Orril D'Marr se haba quitado el yelmo y revolva en las bolsas que colgaban de su cinturn en busca de algo. Haba dejado caer el mazo, pero el Grifo fue incapaz de actuar en un principio. Apenas si poda mantenerse en pie. Sin embargo, una parte de su cerebro lo impeli a seguir al recordarle que, si l mora, Troia sera la siguiente. Se enfrentara sola a Orril D'Marr. Por ella y por la criatura que haba de nacer, no poda permitirlo.
Dio un paso al frente... y a punto estuvo de perder la vida. Agrietado y destrozado por los temblores, el suelo plagado de cavernas de Legar ya no poda soportar la constante vibracin. Zonas enteras de la superficie empezaban a desplomarse al interior del sistema de tneles subterrneos que los Quel haban establecido a travs de los siglos. El suelo cedi ante l justo cuando su pie iba a posarse encima. Fue gracias a sus reflejos que consigui salvarse, pero perdi el equilibrio y resbal; sus piernas colgaron sobre el nuevo precipicio durante unos instantes hasta que, con un esfuerzo, consigui retroceder.
Una gruesa bota lo golpe en el costado.
Orril D'Marr se encontraba de pie a su lado, con unas curiosas envolturas sobre las orejas. El Grifo record que el pirata-lobo haba mencionado sus trabajos con explosivos; D'Marr deba de haber diseado las envolturas para sus proyectos. Estaba claro que no filtraban por completo el sonido, pero funcionaban lo bastante bien para que el aramita pudiera moverse sin tener que taparse los odos.
Incapaz de concentrarse lo suficiente para cambiar de forma, el pjaro-len no poda hacer nada para mejorar su actual situacin. Era un milagro que no se hubiera quedado ya sordo. Sin duda se deba en parte a su estructura mgica, pero, de todos modos, la sordera no era su preocupacin ms inmediata. La ms importante era que D'Marr volva a sostener su maldito juguete y esta vez pareca dispuesto a poner a prueba el nivel mximo.
Como saba que no podra hacerse or por encima del horrible sonido, el pirata-lobo se inclin sobre su tembloroso adversario y articul una arrogante despedida. Eso result ser un terrible error. Pese a todo lo que saba del Grifo, Orril D'Marr desconoca sin duda la energa y resistencia del pjaro-len, y pens que el ser estaba demasiado abrumado para que le quedaran nimos.
Eso era exactamente lo que el Grifo quera que creyera.
El pjaro-len rod sobre s mismo y golpe al pirata-lobo en las piernas. El oficial aramita cay al suelo debajo de l, pero no solt la maza mgica. El Grifo intercept fcilmente el torpe golpe que el otro intent, y luego empez a torcer el brazo del pirata hacia atrs para acercar el cetro al rostro del aramita. Aunque se senta a punto de perder el conocimiento, el antiguo mercenario empuj con todas sus fuerzas; haba llegado el momento de que Orril D'Marr supiera por lo que haban tenido que pasar sus vctimas. El suelo se movi y se hundi ligeramente a un lado de los duelistas.
Con un juramento, el cada vez ms dbil pjaro-len intent un ltimo esfuerzo. Apoyando todo su peso sobre l, apret el cetro contra el enfurecido rostro del pirata-lobo. D'Marr, no obstante, consigui contorsionarse a un lado, y la brillante cabeza pas a milmetros de su rostro. La mueca se transform en sonrisa.
La punta del cetro roz el hombro del pirata.
Cado como estaba a medias sobre su adversario, una punzada de dolor recorri el cuerpo del pjaro-len, pero no fue nada comparado con lo que D'Marr debi de sentir. A tan corta distancia, el Grifo no pudo por menos que escuchar el grito. El aramita haba dicho que una armadura no serva de nada y no se haba equivocado.
Impelido por el terrible dolor, el pirata-lobo consigui sacarse de encima al Grifo. Tambin se le escap el cetro de las manos. El suelo se hundi an ms, pero Orril D'Marr apenas lo advirti. Segua doblado sobre s mismo, luchando por recuperarse.
El pjaro-len haba hecho todo lo posible, pero ahora se daba cuenta de que haba llegado el momento de salir de all. La zona se hunda y no servira de nada morir aqu si poda evitarlo. Tambaleante y medio a gatas, abandon al aramita a su destino. Si ambos sobrevivan, el Grifo estara ms que dispuesto a recomenzar la pelea. Quedarse era una estupidez.

A su espalda, D'Marr se recuper lo suficiente para percatarse del peligro. Busc su maza, la encontr, y coje en pos de su enemigo. Al ver que la punta del cetro se diriga hacia l, haba conseguido disminuir la intensidad del arma y era eso lo que lo haba salvado. Ahora D'Marr dej que el cetro recuperase todo su poder. De una forma u otra matara al hombre-pjaro. Lo hara.
A punto de perder el sentido, el Grifo rod sobre s mismo y vio cmo el pirata-lobo lo persegua tambaleante. Tambin vio que el suelo empezaba a agrietarse justo ante sus pies. El pjaro-len retrocedi a rastras un poco ms y contempl fascinado la escena que se desarrollaba ante l.
Orril D'Marr, evidentemente, not cmo la tierra se hunda, ya que empez a correr hacia su enemigo. Alterado todava por los efectos de su propio juguete, el aramita dio un traspi y cay de rodillas. Se le escap el mazo otra vez y, mientras tanteaba el mango en un intento de volver a sujetarlo, el suelo sobre el que se arrodillaba acab por ceder por completo.
Lo nico que el Grifo pudo ver de Orril D'Marr fue la imagen del pirata-lobo, que, con el rostro transformado de nuevo en una mscara de impasibilidad, levantaba el cetro para arrojarlo contra su maldito enemigo.
Luego... no se vio ms que una nube de espeso polvo mientras toneladas de pedregoso suelo se hundan para formar un enorme crter.
Demion... consigui pensar el Grifo. Demion..., l ya no existe, hijo. El monstruo ha muerto...
Se dej caer, dispuesto a dejar que la inconsciencia se apoderara de l, cuando una profunda oscuridad lo envolvi de la cabeza a los pies. Haba en ella un maravilloso silencio y una total ausencia del opresivo calor de Legar. Demasiado dbil para poner reparos, el Grifo simplemente aceptaba cualquier cosa.
Una voz estentrea rompi el silencio.
Yo... te proteger lo..., lo mejor que pueda, lord Grifo! No puedo... prometrtelo... pero puede que an podamos sobrevivir a esto!
En aquellos momentos a l no le importaba. Todo lo que deseaba era dormir; dormir por primera vez en casi dos das... y dormir bien por primera vez desde la muerte de su hijo.
XVIII
El sonido no dej sin afectar ninguna zona de Legar; sin embargo, justo al otro lado del extremo interior de la pennsula, la regin de Esedi y el reino de Zuu en especial no oyeron nada. Aquellos que pudieran haber sentido la suficiente curiosidad por la niebla para intentar una excursin al interior de Legar se habran visto obligados a regresar presas de gran temor. Incluso los agentes de lord D'Farany que intentaron regresar al campamento se encontraron sin valor para intentarlo, y, en su lugar, se desperdigaron hacia el norte, repentinamente seguros de que sera ms sensato no regresar jams al inhspito territorio de Legar.
En el interior de ste, el hechizo del Dragn de Cristal cumpli con su cometido. Los Quel, cuyo odo era mucho ms sensible que el de la mayora de las criaturas, incluidos los humanos, cayeron al suelo vctimas de un dolor insoportable. Los piratas-lobos fueron incapaces de sacar provecho de sus sufrimientos, porque tambin ellos se vieron afectados por el terrible y penetrante sonido. Algunos aramitas simplemente cayeron por el borde de precipicios recin formados y se precipitaron al fondo de grietas y crteres. A algunos Quel les sucedi lo mismo, pero el dolor era tan intenso que la mayora de los rojizos monstruos se limitaron a agazaparse sobre el suelo e intentaron impedir que el sonido penetrase por sus odos. Perforar tneles hacia el interior de la tierra no era una escapatoria, ya que las vibraciones derrumbaban tneles con la misma facilidad con que un pie aplasta una hormiga. Los caparazones de los Quel eran resistentes, pero no hasta tal punto, y, aun si sobrevivan, no podan contener el aliento tanto tiempo. Lo cierto, es que no haba escapatoria.
Cabe, casi inconsciente a lo que suceda, segua esforzndose por mantener el talismn aramita de una pieza. Prooonto..., haba prometido el Dragn de Cristal; pronto todo esssto terminar.
A la mente conectada a la suya le estaba sucediendo algo extrao y aterrador, pero Cabe no tena muchas oportunidades de intentar analizarlo. Todo lo que importaba era impedir que el diente fuera destruido... e impedir que l mismo acabara muerto en el intento.
Alrededor del campamento, los Quel empezaron a morir. El sonido sacuda todo su ser y los destrua a travs de los odos. Aumentado por la magia, el sonido era un cazador al que nada escapaba, pues no exista nada en la superficie de Legar que pudiera amortiguar su intensidad.
Sigui y sigui, imparable. Lo que hubiera sucedido al Grifo y a Caballo Oscuro preocupaba a Cabe, pero en estos momentos saba que nada poda hacerse si no se haba hecho ya antes. El Dragn de Cristal no le haba advertido sobre la enormidad de lo que estaba haciendo, y por ese motivo Cabe estaba furioso. De todos modos, las recriminaciones tendran que dejarse para ms tarde.
Eso siempre y cuando ese ms tarde llegara a tener lugar.
El primer... passso essst terminado! Ahora, ha llegado el momento... de cerrar... para sssiempre el... portal!
Ahhh!
Todo el cuerpo de Cabe Bedlam se estremeci cuando el flujo de poder se invirti de improviso. Antes haba considerado que la tensin era terrible, pero ahora resultaba tan impresionante que casi perdi el control. Durante un segundo, el talismn se encontr fuera de su dominio. Entonces, justo antes de que se hiciera aicos, el hechicero consigui recuperar el control sobre l. El mago estaba baado en sudor, y el dolor del brazo era una ridiculez comparado con lo que arrasaba su cuerpo en esos momentos. Estaba seguro de que iba a morir, pero por algn motivo segua resistiendo.
Despacio, casi de forma imperceptible, las vibraciones disminuyeron. La sensacin de que algo no iba bien en el aire, la sensacin de la intromisin de Nimth, se debilit.
Casi... se dijo Cabe, intentando darse nimos. Casi!
Un brazo largo y delgaducho le arranc el diente de la mano.
Recuperada totalmente la conciencia merced a la violenta sacudida, la primera reaccin de Cabe fue chillar cuando el sonido puro invadi su cerebro. Se llev las manos a los odos, lo que no sirvi de mucho para aliviar el dolor, y se volvi para ver qu haba sucedido.
Plool, al parecer inmune al hechizo, correte alegremente fuera del alcance de Cabe. La macabra figura sostena el diente en alto. El sombrero de ala ancha estaba echado hacia atrs, mostrando una sonrisa en forma de v y unos relucientes ojos cristalinos que centelleaban triunfales. Si haba robado el talismn simplemente para poder sobrevivir o si haba pensado que poda utilizarlo para convertir el Reino de los Dragones en otro Nimth, slo el vraad lo saba. Plool se detuvo finalmente, dobl las piernas bajo el cuerpo, y, flotando en el aire, se pas el diente de una mano a otra.
Cabe era consciente de haber gritado, pero ni siquiera l pudo or su advertencia.
El vraad baj el talismn y sus inquietantes ojos se entrecerraron en intensa concentracin. Zarcillos de niebla se extendieron hacia l como nios en busca de su padre. Una aureola se form alrededor de Plool, y el objeto que sostena empez a brillar con tanta fuerza que deslumbraba.
De improviso, el diente estall.
Al no estar ya controlado ni por Cabe ni por el Rey Dragn, el poder que inundaba el talismn haba conseguido extender la capacidad del juguete de D'Farany ms all de sus lmites. El vraad no deba de haber comprendido por completo los peligros del hechizo cuando haba robado el talismn a Cabe. La magia de Nimth no siempre segua las mismas reglas que la magia del Reino de los Dragones; el escaso conocimiento que el hechicero tena del otro mundo inclua al menos esa poca informacin.
Por desgracia, tal informacin ya no poda salvar al ansioso Plool.
Energa pura envolvi al vraad y, por un corto instante, Plool pareci un saco que se deshinchaba. El espectculo horroriz de tal manera al hechicero que casi olvid el dolor que lo sacuda. Plool no chill; ni siquiera pareci tener tiempo de darse cuenta de su propia destruccin. La enloquecida figura sencillamente se vino abajo convertida en una horripilante masa informe que, por suerte, se disolvi casi al instante. El hechizo iniciado por el Dragn de Cristal estaba diseado para absorber y utilizar la magia de Nimth. A lo mejor Plool haba sido, literalmente, demasiado parte de aquella hedionda magia.
Desaparecido el vraad, la comprensin de lo que Plool haba hecho penetr en la mente del dolorido mago. El talismn haba desaparecido y no haba forma de completar el hechizo. Puede que ni siquiera hubiera una forma de apagar el horrendo ruido.
HECHICERO!, la voz se abri paso a travs del ruido. TU PODERRR! DEBO TENERRR TU PODERRR! CASSSI LO HEMOSSS CONSSSEGUIDO!
No discuti. A decir verdad, Cabe no tena fuerzas para ello. En aquel momento, el Dragn de Cristal podra haber obtenido de l cualquier cosa. Lo nico que Cabe deseaba era que el ruido se acallara.
Lo hizo, sbitamente. La niebla se extingui ante sus propios ojos, devolviendo el gobierno del da al refulgente sol. El suelo dej de vibrar. Todo qued como haba estado antes de la llegada de los piratas-lobos..., slo que ahora existan nuevos barrancos y valles por toda la pennsula, y los cadveres decoraban el nuevo paisaje.
Cabe Bedlam se dej caer al suelo hecho un ovillo, repentinamente agotado. Record la splica hecha a gritos en demanda de su poder, de su energa. El Rey Dragn haba tomado prestado poder a travs de l para conseguir finalizar lo que haban empezado, pero haba estado a punto de agotar demasiado a Cabe. Introducir tanta energa mgica en el hechicero y luego utilizarla a travs de l, casi haba consumido a Cabe durante el proceso. Lo entusiasmaba que hubieran podido consumar el grandioso hechizo, pero realmente deseaba que hubiera existido otra forma de hacerlo.
No obstante, por mucho que el hechicero humano hubiera sufrido, el Dragn de Cristal deba de haber padecido mucho ms. Era l quien haba conducido el hechizo todo el tiempo. Fue su voluntad ms que la de Cabe la que haba soportado la tensin. Como saba en qu frgil estado se encontraba la mente del seor dragn antes de todo esto, el hechicero se pregunt si quedara gran cosa ahora.
Majestad?
Silencio. Tal vez el Rey Dragn se haba limitado a romper el contacto, pero Cabe estaba seguro, sin saber cmo, de que su ermitao aliado haba sufrido de verdad. Cul era la gravedad de los daos, no haba forma de averiguarlo a menos que Cabe regresara al refugio. Por lo que haba visto, tambin esa sala poda ser ahora un recuerdo aplastado bajo toneladas de rocas.
Toda la maldad de Nimth, a excepcin de unos pequeos restos, haba desaparecido. Aun sin estar all, Cabe saba que el agujero haba quedado sellado y que el poder que lo haba logrado haba sido la magia inherente a la niebla. Se haba utilizado el propio poder de Nimth para obligar a ste a abandonar el Reino de los Dragones. El Rey Dragn haba empleado adems la energa de Cabe para obligar a la magia venida de fuera a hacer lo que se le ordenaba, algo que slo l, que era el nico que comprenda ambos poderes, podra haber hecho. Todo esto lo entenda el hechicero aunque no se le haba dado ninguna explicacin; lo saba sencillamente porque haba sido parte de ello.
Grifo! Caballo Oscuro! Las imgenes de sus dos amigos aparecieron en su cerebro. Cmo poda haberlos olvidado? Gracias en parte a l, podan incluso estar muertos, ya que el Dragn de Cristal no haba revelado al hechicero si haba protegido a ambos del sonido asesino como haba hecho con Cabe. Cabe no confiaba lo suficiente en el Rey Dragn como para creer que estuvieran a salvo. Se dio la vuelta, con la intencin de dirigirse al lugar donde haban tenido prisionero al negro corcel.
Lord D'Farany se encontraba de pie ante l. Otra cosa ms que Cabe haba olvidado. Maldijo su suerte en silencio y se prepar para enfrentarse, aunque dudaba de tener siquiera la fuerza de voluntad necesaria para levantar una pluma un centmetro del suelo y mucho menos para enfrentarse en duelo a muerte con el guardin.
D'Farany, sin embargo, se limit a permanecer all inmvil; los vacuos ojos miraban en direccin a Cabe pero no a l. El hechicero dio un cauteloso paso en direccin al pirata y observ que la boca de ste se mova. Lord D'Farany murmuraba, pero slo al acercarse ms consigui Cabe comprender algo de lo que deca.
Se ha ido... diente... Vaco... tan... vaco... No puedo... no puedo...
El guardin haba sobrevivido a una prdida de poder, pero slo despus de que la locura lo hiciera suyo durante un tiempo. Cabe, contemplando el despojo que en una ocasin haba sido un hombre temible, tuvo la certeza de que la locura se haba instalado definitivamente. El hechicero mir a su alrededor. Los otros piratas haban desaparecido; un pozo negro ms grande que la Mansin y sus terrenos juntos revelaba el destino tanto de los oficiales como de los caballos que sus espas haban comprado o robado para la supuesta invasin de Zuu, que ahora ya no tendra lugar, o para lo que fuera que hubieran planeado los aramitas. De los dos grupos, Cabe senta mucha ms lstima por los caballos que por los piratas.
Se volvi de nuevo hacia el guardin y extendi una mano. Por mucho que despreciara a aquel hombre, no poda dejarlo all, no en estas condiciones.
Venid conmi...
Apartando su mano de un manotazo, D'Farany, con el plido rostro lleno de cicatrices contorsionado en una expresin de derrota y sufrimiento, exclam:
Vaco! No podr llenarse jams! Nunca podr estar completo! Nunca podr..., podr...
El comandante pirata se desplom en los brazos de Cabe, quien dobl la rodilla en tierra bajo el impacto de su peso. Tras un breve forcejeo, el hechicero consigui depositar el cuerpo inerte sobre el suelo. Cabe examin con atencin el desfigurado rostro de D'Farany, y luego le busc el pulso en el cuello. Tras destaparle la mueca, busc el pulso tambin all.
Ivon D'Farany, cuyo nombre haba inspirado terror durante casi una dcada a los que luchaban contra el herido imperio, estaba muerto. Sencillamente no haba podido soportar la prdida de poder por segunda vez, concluy Cabe. Ningn hombre tan esclavizado por su poder podra haberlo hecho. Al menos el Grifo se sentir satisfecho, pens.
Eso lo devolva otra vez a la cuestin de lo que habra sido de sus compaeros. Tras dejar el cuerpo donde se encontraba, el hechicero se abri paso de vuelta al campamento. Comparado con este avance, la primera vez que lo haba cruzado haba sido tarea facilsima. Legar era ahora una ruina, y partes de l seguan an desmoronndose. No encontr ni rastro de vida en las zonas por donde pas en primer lugar; casi toda esta parte se haba hundido en el reino subterrneo de los Quel, llevndoselo todo con ella.
Unos cuantos cadveres, humanos y no humanos, yacan todava por all. Algo ms all, no obstante, Cabe pudo ver cientos de silenciosas figuras inmviles. De vez en cuando, distingua unos cuantos piratas-lobos, pero no haba voluntad en ellos. O bien salan huyendo si lo vean o se limitaban a seguir adelante sin prestarle atencin, de la misma forma que no la prestaban a nada de lo que los rodeaba; el hechicero dud que a estos ltimos les quedara algn pice de cordura. No todo el mundo haba muerto a causa del agudo sonido, pero, al mirar a los supervivientes, Cabe no se sinti muy seguro de que los que an seguan en pie fueran los ms afortunados.
De Quel vivos, Cabe no vio ms que seales. El destrozado campamento estaba salpicado de grandes agujeros; al menos varias docenas, probablemente ms, de los cavadores haban conseguido regresar a la seguridad de su mundo subterrneo. Varios cientos ms, tanto en la superficie como debajo, ya no volveran a amenazar Legar o el Reino de los Dragones. Los supervivientes desde luego tampoco lo haran, al menos no durante los muchos aos que an le quedaban a l de vida. Cruz los dedos a ese respecto, pero, a juzgar por lo que haba visto antes y vea ahora, los Quel necesitaran varias generaciones tan slo para reparar los daos, y varias ms para reconstruir su poblacin, si es que eso era posible. Cierto que, mientras existiera uno, seran peligrosos, pero sin duda no tanto como lo habran sido si nada hubiera detenido su vuelta.
Aun as, nadie comprender jams realmente el peligro que por un momento estuvo a punto de surgir de aqu. Resultaba irnico. Los durmientes Quel haban sido una leyenda para muchos y una autntica amenaza para los pocos que conocan la verdad. Los aramitas, en tan gran nmero como haban llegado aqu, podran haber convertido en ruinas la parte occidental del Reino de los Dragones, aunque finalmente hubieran sido derrotados. El agujero que se haba abierto, el agujero que haba permitido que una buena parte del desdichado y descompuesto Nimth extendiera su maldad...
No quera ni pensar en lo que habra sucedido si no se hubiera acabado con aquello.
Con inmenso alivio, Cabe detect de improviso una presencia conocida no muy lejos de l.
Caballo Oscuro?, proyect.
Durante un momento no recibi respuesta. Luego le lleg un lento roce vacilante, seguido por una respuesta igual de dubitativa.
Cabe? Ests realmente vivo?
Lo estoy! Dnde ests?
Sigue..., sigue el hilo. Cabe, lord Grifo est herido.
El ser eterno tampoco pareca estar en muy buenas condiciones. Reuniendo las pocas energas que le quedaban, el hechicero se transport de inmediato.
La devastacin que encontraron sus ojos era an peor que la que ya haba visto. La carnicera provocada nicamente por la batalla resultaba nauseabunda. A pesar de toda su ferocidad, los Quel haban encontrado la horma de su zapato en su enemigo. Su tamao y sus acorazados cuerpos no haban proporcionado a los habitantes del mundo subterrneo la ventaja que habra sido dado esperar, pero, al mismo tiempo, la rapidez y preparacin en las artes marciales de los piratas-lobos tampoco haban salvado a stos. Era un milagro que hubiera quedado alguno vivo para perecer en el derrumbamiento de la superficie.
Sin embargo, fue Caballo Oscuro lo que horroriz a Cabe an ms que el terrible espectculo que lo rodeaba. En lugar del valiente semental negro al que el mago estaba acostumbrado, una criatura grotesca con unas extremidades primitivas y un vago aspecto de animal ondeaba ante l. Slo los fros ojos azules seguan all, pero tan plidos que ahora parecan casi blancos.
Caballo Oscuro?
Lo que queda de..., de m, amigo Cabe. Incluso la voz sonaba apagada. Con... la ayuda de... lord Grifo, conse... consegu liberarme... pero result casi excesivo...
A Cabe no se le ocurra nada que pudiera hacer por el corcel eterno, pero estaba dispuesto a probar.
Qu puedo hacer? Hay algo?
T no puedes ayudarme, Cabe. Ser cosa... ma recuperarme... Eso llevar tiempo. Ser mejor que veas..., veas qu puedes... hacer por lord Grifo...
El Grifo? Dnde est?
Dentro de m... La oscura forma ondulante se hizo a un lado y, al apartarse, result visible el contorno de la figura del pjaro-len. Cabe trag saliva al ver lo inmvil que estaba su compaero.
Es demasiado tarde?
Vive... pero como yo... se ha quedado sin..., se ha quedado casi... sin energa. Yo lo proteg del... del sonido, que a m no me... da como a... l. El caballo guard silencio.
El hechicero se arrodill junto al Grifo y le busc el pulso. Estaba all, lento pero firme. Entonces se aceler un poco, y el Grifo abri de repente los ojos.
Cabe?
Sera agradable que de vez en cuando nos reuniramos en circunstancias ms placenteras replic el hechicero con una sonrisa.
Los aramitas! El Grifo trat de incorporarse.
Cabe lo oblig a tumbarse otra vez.
Muertos o desperdigados. Lo mismo sucede con los Quel. La mayora ha muerto, creo.
Mi hijo..., su asesino...
Demion? Ni Caballo Oscuro ni el Grifo haban mencionado antes tan terrible noticia. Cundo? Quin lo hizo? La furia se apoder del hechicero. Si el pjaro-len no poda vengar a su nico hijo, Cabe intentara reunir las fuerzas necesarias para hacerlo.
No obstante, el pjaro-len neg con la cabeza.
No, Cabe. El asesino de Demion..., Orril... D'Marr... La expresin de repugnancia en aquel rostro rapaz lo deca todo con respecto al pirata-lobo. Yace en ese crter de ah... enterrado bajo varias toneladas... de tierra. El Grifo seal al agujero con la mano mutilada. D'Marr no consigui descubrir... que el gran secreto de los Quel... eran los mismos Quel. Me habra gustado... ver si eso hubiera podido agrietar esa... mscara suya. Lanz una breve carcajada, y luego se seren. Mi hijo puede descansar. Yo puedo descansar... pero slo por un tiempo. Lord D'Farany...
Tu hijo, t y Troia podis descansar, Grifo. El guardin est muerto. Lo s. Muri justo ante mis ojos. En respuesta a la inquisitiva mirada de su compaero, el mago explic el hechizo del Dragn de Cristal y cmo se haba utilizado el talismn de D'Farany. Tambin mencion a Plool y la rpida y tonta muerte del vraad. Concluy el relato refirindose a la incapacidad de Ivon D'Farany para soportar una prdida tan grande por segunda vez en su vida. Convertido en un adicto a su poder, no haba podido sobrevivir al vaco de perderlo por segunda vez. Se desplom en mis brazos y, cuando lo examin con atencin, comprob que estaba muerto.
Un... final apropiado para l. Gracias, Cabe.
El hechicero sacudi la cabeza negativamente.
Yo slo fui una parte de todo ello. Quien me gui a travs de gran parte de todo esto, aunque no siempre con mi aprobacin, fue...
Cabe! grit de improviso Caballo Oscuro, con una voz que empezaba a recordar ya a la suya de siempre. Todava era una criatura cambiante y apenas sin forma, pero los ojos parecan ms vivos... y ahora muy preocupados, adems. Creo que veo..., veo soldados que se acercan!
Con el Grifo demasiado dbil para ser de utilidad, Cabe hizo todo lo posible por distinguir las lejanas figuras. An no era medioda en Legar, lo cual era una suerte, pero el sol era ya lo bastante fuerte para obligarlo a entrecerrar los ojos. Tendra que crear copias de los protectores oculares del Rey Dragn cuando tuviera la oportunidad. Es decir, si es que tena la oportunidad. Las figuras parecan soldados y sus altos yelmos, al menos desde aquella distancia, parecan tener una forma similar a los yelmos con cabeza de lobo de los aramitas.
Algn oficial superviviente debe de haber... reorganizado a los supervivientes opin el pjaro-len, a quien el simple esfuerzo de intentar hablar con coherencia agotaba. Tendremos que enfrentarnos... a ellos.
Dirigiendo una rpida mirada a sus amigos, Cabe no se sinti exactamente animado. El quiz podra producir un conjuro, pero no estaba seguro de la potencia que podra imprimirle. Si los piratas-lobos posean algn tipo de proteccin mgica, entonces ninguno de los tres tena muchas probabilidades. Su mayor esperanza, Caballo Oscuro, ni siquiera tena fuerzas para recuperar su antigua forma.
Podran ser soldados de Zuu? Las figuras se encontraban an demasiado lejos para distinguirlas bien.
Van a caballo? pregunt el Grifo a modo de respuesta.
No, van a pie.
Entonces, no son... de Zuu. Un soldado de... Zuu siempre tiene... su montura con l. Adems, no... llevan... armaduras que se parezcan..., que se parezcan en nada... a las de los piratas.
Cabe coincidi con l. Continu observando, con la esperanza de que los soldados no los vieran. De pronto distingui la presencia de un recin llegado. Se trataba de un jinete montado sobre un animal que no era un caballo. Cabe arrug el entrecejo. Entonces el jinete se volvi un poco en la silla y de improviso se convirti en un centelleante faro cegador. Los otros soldados, al volverse, tambin parecieron encenderse sbitamente con la furia del sol.
No son piratas-lobos inform a los otros. Son aliados. Espero, aadi para s.

El refulgente guerrero montado en la montura-dragn podra haber sido el mismo que Cabe haba tomado por el Dragn de Cristal, pero el hechicero no pudo estar seguro hasta que ste le habl.
Maese Bedlam; soy Gemmon, primer duque de mi seor. Alegre me siento de haberos encontrado a vos y a los vuestros vivos en medio de toda esta destruccin.
Nos buscabais?
La perfeccin con que el dragn hablaba no sorprendi realmente a Cabe tanto como el interesante hecho de que los hombres dragn no utilizaban las formas con las que haban nacido, lo que habra hecho ms fcil y rpido el registro de Legar. Los gustos humanos del Rey Dragn se haban extendido sin duda a sus sbditos.
Os buscbamos a vosotros y a supervivientes de ambas abominaciones. Mi seor no deja nada al azar, aunque los humanos se habrn dispersado hacia el este y los malditosss Quel se habrn enterrado en lo ms profundo de la tierra. Carecemos de la energa para cazarlos, pero quedan algunos heridos entre los muertos de los que hay que ocuparse y otros que vagan por ah a los que hay que reunir y eliminar de algn modo.
Cabe no estaba muy seguro de si los dragones remataban a los heridos por un sentimiento de piedad o por su propia satisfaccin. El hechicero era consciente de no poseer energas suficientes para luchar por aquellas vidas y, a decir verdad, le costaba encontrar un motivo para salvar las vidas de aramitas o Quel. De todos modos, aquello lo preocup...
Se me han dado instrucciones continu el dragn de ayudaros a cruzar la frontera con Esedi. Sirvientes del seor Verde estarn all para ayudaros a regresar junto a vuestros seres queridos. Mir a Caballo Oscuro con cierta confusin. Aunque en cuanto a lo que...
Yo me las arreglar lo interrumpi el negro corcel. Su voz sonaba ms potente, pero Cabe sospech que buscaba mantener las apariencias ante los subalternos del Rey Dragn.
Tenis nuestra gratitud interpuso el hechicero para evitar un enfrentamiento. Pero hay algo que debo pedir.
Qu es?
Me gustara hablar con vuestro seor. Insisto en ello.
El guerrero pareci incmodo.
Ssse ha... aissslado de todos por el momento. El hechizo fue agotador, aun para l.
Cabe not el nerviosismo, pero no estaba dispuesto a que los temores del dragn lo intimidaran.
Dile que mi visita ser corta.
No puedo decirle nada. Ni sssiquiera me habla a m, humano.
En ese caso ocpate de mis amigos repuso Cabe, dirigiendo una rpida mirada al Grifo y a Caballo Oscuro. Aydalos a cruzar la frontera. Me reunir con vosotros en cuanto pueda.
El Grifo intent levantarse.
Cabe, sin duda no... pensars sencilla... sencillamente materializarte ante un Rey Dragn..., en especial este Rey Dragn.
El hechicero se pona ya en pie.
Es lo que pienso. Llmalo preocupacin.
Preocupacin... por el Dragn de Cristal? Incluso el guerrero draconiano encontr esto un poco difcil de creer.
Encogindose de hombros, Cabe respondi:
Si no por l, al menos una cierta preocupacin por un hombre que se llamaba Logan.
Se desvaneci mientras los otros seguan intentando comprender aquella ltima declaracin.
XIX
Qu esss lo que quieresss, hechicero?
Cabe, que acababa de materializarse, qued anonadado ante el horrible cambio en la voz del Dragn de Cristal, que ahora recordaba mucho ms a la de un autntico Rey Dragn. Impvido, el hechicero respondi: Vine a ver cmo os encontrabais. Creo que s algo de lo que padecisteis, no os parece?
El Dragn de Cristal era una montaa de piedras preciosas apretujada contra el otro extremo de la estancia. Haba poca luz, y las paredes eran objetos opacos y apagados. Cabe ni siquiera poda ver el semblante del seor dragn.
Sssobreviv. No necesitas saber nada msss.
De nada servira insistir sobre la cuestin, decidi Cabe. Se senta desilusionado, pero saba que no haba nada que pudiera hacer. En su lugar, pregunt:
Qu haris con respecto a vuestro reino? Legar est en ruinas. Si mi ayuda sirviera de algo para...
De la oscuridad se alz la cabeza del seor de Legar. Una furia inhumana se reflejaba en su rostro de dragn. Unos ojos entrecerrados con tan slo un leve indicio de cristal contemplaron colricos a la presuntuosa figura menuda.
Esss que no lo entiendesss? No quiero nada de ti, huuumano! Slo quiero dessscansar! Intimidad y dessscanso! Por qu te empeassste en venir aqu?
A causa de Logan Tezerenee.
Sus palabras apagaron, por un tiempo, el fuego de la clera. El Dragn de Cristal se enrosc sobre s mismo, lo que le dio un aspecto mucho ms pequeo.
Conozco el nombre..., miii nombrrre... Sssoy yo...
Logan el hechicero se atrevi a usar el nombre, vuestro reino est sumido en el caos y vos os pusisteis en peligro al final. De ningn modo olvidar que en el fondo fue todo en vuestro propio inters, pero lo que hicisteis afect tambin al resto del Reino de los Dragones. Vuestros sbditos necesitarn ayuda para reconstruir Legar. Hay prisioneros y heridos pertenecientes a los piratas-lobos que lo mejor sera entregar a otros humanos. Tal vez mis amigos y aliados estn dispuestos a ayudaros. En lugar de los escombros que ahora gobernis, puede incluso existir una posibilidad de convertir a la pennsula en una tierra llena de vida. Podran entrevistarse con vos y quiz...
No! No fue clera esta vez, sino ms bien temor lo que empuj al Rey Dragn. Sus ojos se abrieron de par en par y sise enloquecido: No. Si les permito que se acerquen tanto, descubrirn la verdad y entonces yo estar en peligro! Se enfurecern al ver que los he engaado a todos! Me ver obligado a abandonar este lugar y no puedo! No puedo! Me he agotado msss de lo que jamsss me haba atrevido a hacerlo! El mundo exterior esss ahora un peligro para m! Ssslo aqu y a solas essstoy ssseguro!
Cabe no poda creer lo que oa.
Os equivocis! Escuchaos a vos mismo...
Con tan slo una terrible mirada, el reluciente gigante lo acall.
Tu ayuda ha sssido de mucho valor, maessse Bedlam, pero te irsss ahora! Misss sbditosss ssse ocuparn de tus necesidadesss hasssta llegar a Esssedi! Ahora vete! Tengo que dormir!
Logan...
Soy el Dragn de Cristal! rugi el monstruo, y las draconianas mandbulas se abrieron de par en par...
Cabe se teletransport lejos de all antes de que el Rey Dragn hiciera algo que ambos pudieran lamentar.

Encontr al Grifo y Caballo Oscuro esperndolo, este ltimo de nuevo bajo su apariencia favorita. A poca distancia de ellos, su reptiliana escolta aguardaba con creciente ansiedad.
Qu sucedi? pregunt el Grifo, que se encontraba tumbado sobre el negro corcel.
Caballo Oscuro, como averigu Cabe ms tarde, no haba confiado en los dragones. Su obsesin con Sombra haba desaparecido, y ahora su mayor preocupacin eran sus amigos vivos, incluido el Grifo. As pues, utilizando su increble fuerza de voluntad, no slo haba conseguido recuperar su forma acostumbrada, sino que la haba alterado de forma que el pjaro-len pudiera descansar cmodamente sobre su lomo. Resultaba un espectculo muy curioso, pero agradable precisamente por tal peculiaridad. La visin casi hizo olvidar al mago su entrevista con el Dragn de Cristal.
Deberamos marcharnos. Puede que nos hayamos quedado ms de lo conveniente.
Qu sucedi?
Cabe mene la cabeza.
No puedo estar seguro..., an no.
Los otros no comprendieron, pero probablemente eso era lo mejor, ya que ni siquiera Cabe estaba seguro de hacerlo. Slo saba que, ahora ms que nunca, la lnea divisoria entre Logan Tezerenee y el Dragn de Cristal haba quedado difuminada. En qu direccin, si es que escoga alguna, acabara por volverse el seor de Legar era algo que nadie poda adivinar. Lo nico seguro era que tanto si era dragn como hombre, el solitario habitante del oscuro refugio no abandonara aquel lugar pasara lo que pasara. Aquello no se deba slo a la salvaguarda de la mente de un hombre; el Dragn de Cristal haba estado aislado durante tanto tiempo que no poda soportar ni la idea de abandonar su sala ni la de permitir que el mundo entrara.
Uno de los guerreros le ofreci una bestia. Cabe tom la montura-dragn que le ofrecan y mont, sin apenas prestar atencin a lo que haca. Sus ojos no dejaban de contemplar el desolado Legar, mientras mentalmente se imaginaba al Rey Dragn soando con el rostro que en una ocasin haba lucido en un mundo que ahora le estaba vedado para siempre..., que l mismo se haba vedado para siempre.
El duque draconiano hizo una seal al grupo para que iniciara el viaje hacia el este. Cabe dej que todos lo precedieran, incluso Caballo Oscuro y el Grifo, y slo de muy mala gana espole al dragn que montaba para que los siguiera. Legar segua obsesionndolo. De no haber sido por el Dragn de Cristal, ni siquiera lo poco que quedaba intacto existira. El hechicero dudaba que hubiera podido conseguirlo por s solo.
Tanto poder y una vida tan larga pens cuando por fin se vio obligado a volver la mirada hacia el camino que tena delante. Sin embargo, a pesar de eso, se ha convertido para siempre en prisionero de s mismo, aterrorizado por la idea de perder una humanidad que puede que haya perdido ya hace mucho, mucho tiempo.
Esta sola idea fue suficiente para hacerlo cabalgar en meditabundo silencio durante el resto del viaje hasta Esedi... y durante bastante tiempo despus.
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